Agua, AMLO y Nestlé. Autor: Iván Uranga

“López Obrador es un populista de derechas de manual”
Roger Bartra

Mientras López Obrador pide a los ciudadanos cuidar el agua, la industria consume 86% del vital líquido. Y luego, en el mismo discurso, pregunta el presidente: “Pero ¿por qué no usar el agua del sur y del sureste, que hay tanta agua que se padecen de inundaciones? Esto tiene que ver con lo irracional que es el modelo neoliberal”. La respuesta, estimado presidente, es porque ya la usan, ya la explotan, ya la agotan. El modelo neoliberal ya está incrustado en lo más profundo del sur sureste de México con el permiso de usted, y lo que ahora quiere es multiplicar esa explotación en las zonas más pobres del país, como lo hizo con sus amigos de Nestlé en Veracruz. En Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Tabasco y Veracruz, donde se concentra la mayor cantidad de agua dulce de México, 10% de la población no tiene acceso a ella, y por cierto, son los mismos que padecen de las inundaciones, muchas veces provocadas por acción u omisión del mismo gobierno.

¿Para qué quiere que las empresas neoliberales exploten más el agua en el sur-sureste? ¿Para que la se la vendan al pueblo quinientas veces más cara?

El agua es un derecho humano y el artículo 4º de la Constitución mexicana dice que “toda persona tiene derecho al acceso, disposición y saneamiento de agua para consumo personal y doméstico en forma suficiente, salubre, aceptable y asequible.” Sin embargo, 100% de los mexicanos no tiene acceso permanente al agua bebible. Y digo agua bebible porque en México el agua “potable” no es agua que se pueda beber.

Según acuerdo en las normativas de la Organización de la Naciones Unidas se establece que el agua potable debe tener un contenido de sales, minerales e iones (sulfatos, cloratos, nitritos, amonio, calcio, fosfato, entre otros) que esté dentro de los rangos aceptados, lo cual supone un pH entre 6.5 y 9.5.

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Por otro lado, debe estar lo más libre de bacterias y microorganismos patógenos (virus, etc.), así como de partículas en suspensión y sustancias orgánicas o radiactivas. Esto implica unos estándares de pureza media que la hacen apta para el consumo libre y cotidiano. Es decir, el agua potable se puede beber directamente de la llave y en México esto no sucede.

Toda la inversión del Estado durante los últimos 30 años de gobiernos del PRI, PAN y Morena, es para el suministro deficiente de agua no bebible, no potable; sólo 50% de la población nacional tiene acceso permanente a esa agua que es ideal para la industria y la agricultura, pero no para consumo humano.

Esta violación del Estado de uno de los derechos humanos fundamentales, es en absoluta y franca complicidad con el neoliberalismo más criminal representado en las empresas trasnacionales, a las que se les regala el agua de ríos, pozos y manantiales para que con un simple proceso de “purificación” en donde además de quitarle las partículas suspendidas y las sustancias orgánicas, también le roban los minerales y la matan para venderla embotellada con un sobreprecio de 500%.

Hasta 1992, habían otorgado 2 mil concesiones de agua, pero en lo últimos 30 años la privatización del agua ya es una realidad, porque el Gobierno de México (en todos sus niveles), según Inegi entregó 536 mil (quinientas treinta y seis mil) concesiones más, es decir, privatizaron el agua a un ritmo de 50 concesiones diarias de explotación del agua que era de todos.

Así fue como Bachoco, Cemex, Nestlé, Bimbo, cerveceras Cuauhtémoc Moctezuma y Modelo, Compañía Maya de Agua Purificada, Envasadoras de Aguas de México, Aga, Femsa Coca-Cola, Pemex y CFE encabezan la lista de acaparadores de agua en el país; a éstas se suman mineras y la agroindustria.

Todos los presidentes neoliberales, incluido López Obrador que entregó el agua y el territorio de los veracruzanos a la trasnacional Nestlé, son cómplices de este criminal despojo, no sólo por robar el agua, sino porque convirtieron a los mexicanos en los mayores consumidores de agua embotellada en el mundo. Cada mexicano debe comprar a estas empresas 274 litros de agua al año, según datos de Statista una base de datos global con información de 150 países. Esta “omisión” del gobierno, le genera una ganancia de más de 30 mil millones anuales a las empresas trasnacionales.

En 2002, 5 millones de familias gastaban 6 mil 600 millones de pesos en agua embotellada, que para 2020 pasó a 14 millones de familias gastando 30 mil millones de pesos. Según Inegi en 2015 el 70% de los hogares en México compraba agua embotellada, ahora más de 76% de los hogares consumen agua embotellada y gastan cada tres meses 11 mil 306 millones de pesos, en el mismo periodo se gastaron en los hogares 29 mil 107 millones de pesos en cuidados de la salud, que también es un derecho humano y que se supone gratuito en México.

Según el Registro Público de Derechos de Agua (Repda) de la Comisión Nacional del Agua (Conagua) las embotelladoras de agua figuran entre las más beneficiadas del robo neoliberal. Esa base de datos da cuenta de más de 1000 concesiones en manos de esa industria. Coca-Cola, por medio de Ciel, Dasan, Compañía Topo Chico, Smart-Water; Pepsi Cola con E-pura, Santorini, Gatorade; Danone con Bonafont, Evian, Voltic; y Nestlé con Santa María, Perrier, Pellegrino.

En el caso de Coca Cola, ésta posee títulos de explotación para la producción de refrescos de diversas marcas, como Sprite, Fanta y Mundet. A través de Femsa y Arca Continental, la empresa de origen estadunidense tiene más de 100 concesiones en el país.

En el caso de Nestlé 90% de la extracción del agua de los manantiales de México se va al extranjero.

  • Cada empresa para hacer una botella de plástico de 1 litro requiere: 3 litros de agua, más 250 ml de gasolina; una vez desechada la botella tardará hasta 400 años en degradarse.

Las transnacionales del ramo no sólo se benefician por el acaparamiento de las reservas del país, sino también por el aumento en las ventas de agua embotellada: México es el primer país en el mundo con mayor consumo, lo que genera un desecho diario de 50 millones de envases PET.

En esa lista también figuran las nacionales Envasadoras de Agua de México y Embotelladora Aga, que cuentan con 30 y 24 títulos de explotación, respectivamente. Además está el caso de la Compañía Maya de Agua Purificada, con 69; y el Grupo Modelo, con 11.

Las cerveceras son también grandes privilegiadas en este sistema de concesiones. Nada más en el Estado de México, la Cervecería Cuauhtémoc Moctezuma posee 22 títulos de explotación para agua superficial y subterránea. De esa veintena de títulos, la compañía que distribuye la cerveza Heineken, tiene dos concesiones para explotación de agua subterránea, la primera por 2 millones y la segunda por 1 millón de metros cúbicos al año.

Euromonitor que hace investigación de mercado sobre productos de consumo, dice que las trasnacionales Coca-Cola (Ciel), Danone (Bonafont) y Pepsico (E-pura) concentran 80 por ciento de un mercado que se encarga de extraer agua en el país y venderla 494 veces más cara por ponerla en una botella porque de acuerdo con registros de Conagua, en 44 ciudades de México el costo promedio de un litro de agua potable para uso doméstico es de 2 centavos, mientras las principales embotelladoras venden este mismo volumen 8 pesos promedio.

México recibe un promedio de 1,489 mil millones de metros cúbicos al año de agua en forma de precipitación, de los cuales 67% cae entre junio y septiembre, sobre todo en la región sur-sureste (Chiapas, Oaxaca, Campeche, Quintana Roo, Yucatán, Veracruz y Tabasco), donde se recibe 49.6% de la lluvia.

De este total 73% se evapotranspira y regresa a la atmósfera, 22% escurre por los ríos o arroyos y 6% se infiltra al subsuelo de forma natural y recarga los acuíferos.

Tomando en cuenta las exportaciones e importaciones de agua con los países vecinos, según estos datos México tiene 471.5 mil millones de metros cúbicos de agua dulce renovable por año y está considerado como un país con baja disponibilidad de agua.

Un aspecto importante a considerar en la disponibilidad de agua es el incremento de la población y su concentración en zonas urbanas. Según estimaciones del Consejo Nacional de Población (Conapo), entre 2020 y 2030 la población del país se incrementará en 20.4 millones de personas. Además para 2030, aproximadamente 75 por ciento de la población estará en localidades urbanas. El incremento de la población ocasionará la disminución del agua renovable per cápita a nivel nacional.

Y si todo esto fuera poco, México es el principal consumidor de refrescos embotellados. Cada mexicano consume un promedio de 170 litros de refresco por año, muy superior a los 120 litros promedio que consumen los estadunidenses, más 70 litros promedio de cerveza por año, producida con agua que en muchos estados no pagan como incentivo, lo que implica un problema muy serio de salud pública y un incremento en la explotación de los mantos acuíferos.

Estamos ya en riesgo inminente de escasez de agua, el gobierno actual al igual que los anteriores, no tienen ninguna intención de regresar a los mexicanos el agua regalada a las trasnacionales, y aun más que eso, ahora invita a las empresas extractivistas trasnacionales a que exploten todavía más el sur-sureste de México.

El presidente argumenta que el Estado debe dictar y no el mercado, el consumo del agua, y en la misma oración dice que las empresas cerveceras deben instalarse en el sur-sureste de México. Un gobierno que realmente vele por los intereses de sus ciudadanos no estaría recomendando fábricas de cerveza y menos ofreciéndoles el agua de zonas en donde sus pobladores sólo tienen acceso cuando se inundan.

El caso de Nestlé, empresa protegida por el gobierno de López Obrador es muy singular, porque está extinguiendo la reserva hídrica de 15 regiones en por lo menos 10 estados del país y dejando sin abasto a cientos de comunidades indígenas.

Paga al gobierno 10 pesos por metro cúbico de agua que una vez embotellada le genera una ganancia de 8 mil pesos. Nestlé tiene el control de casi 32 por ciento del agua que se vende en botellas y garrafón, bajo las marcas Nestlé Pureza Vital, Perrier, S. Pellegrino, Nestlé Agüitas, Gerber y Sta. María, esta última envasada directamente de las aguas que le regaló Enrique Peña Nieto de los manantiales del volcán Iztaccíhuatl, en la zona limítrofe de los estados de México y Puebla, en la comunidad náhuatl de Santa Rita Tlahuapan.

Como resultado de la apropiación del principal manantial natural que tiene la zona, el Gobierno y Nestlé han dejado sin posibilidad de agua para el riego a dos mil hectáreas de cultivos de granos básicos, con una afectación directa a cerca de 250 ejidatarios y pequeños propietarios, quienes han tenido que dejar la actividad productiva para dedicarse a la prestación de servicios turísticos a través de la promoción del Santuario de la Luciérnaga, una iniciativa comunal para abatir el alto índice de desempleo que se ha comenzado a asomar en la región ante la falta de agua.

Frente a este panorama, los comuneros, ejidatarios y pequeños propietarios de Santa Rita Tlahuapan han intentado dialogar con los directivos de la planta embotelladora de Nestlé, pero como se da en la mayoría de los negocios de George Soros, esta es una empresa que se muestra oscura y sin rostro, y no solo no existe un responsable visible para atender el diálogo reclamado.

De manera oficial, en el Registro Público de Derechos de Agua de la CNA, se sabe que la Nestlé, solo en su planta de Santa Rita Tlahuapan, está haciendo uso de cinco manantiales, los que han sido totalmente privatizados, negando a los pobladores de la zona el acceso al líquido que de allí brota, del que oficialmente se tiene manifiesto que son 2 millones 095 mil 896 metros cúbicos (dos veces el agua que podría caber en un recipiente del tamaño del estadio Azteca) al año. Solo una tercera parte de toda el agua que a nivel nacional utiliza Nestlé para sus procesos industriales, la elaboración de alimentos marca Gerber, su Noescafé, paletas y nieves Nestlé, jabones y champús L’Oreal y alimentos para ganado y mascotas de la marca Purina. La otra tercera parte la exporta. Nestlé ofreció como compensación a la comunidad indígena a cambio de los 2 millones 095 mil 896 metros cúbicos de agua 17 mil pesos, es decir que por el agua que la trasnacional obtendrá 17 billones (17 más 12 ceros) en el mercado internacional, ofrece a los indígenas 17 mil pesos, con el aval y complicidad del mismo gobierno que nos pide que cuidemos el agua y que le ofrece toda el agua del sur-sureste a los neoliberales.

Este es sólo uno de los cientos de casos de comunidades, regiones y estados afectados por la esclavista Nestlé, que ha tenido todo el apoyo de los gobiernos neoliberales y hoy tiene todo el apoyo del gobierno conservador de derecha populista de Andrés Manuel López Obrador.

La vida es una construcción consciente.

Iván Uranga
Iván Uranga

Especialista en Ciencias Sociales, promotor de comunidades autónomas autogestivas, investigador social, docente de Permacultura, escritor de
ensayos, novelas, cuentos, teatro y poesía.

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