El Estado como empresa social; Yunus y AMLO salvando al capitalismo. Autor: Iván Uranga

Orden, honradez y ornato.
Sin oposición.
Vociferadores virtuales.

Nobel para AMLO

Ante el colapso del capitalismo y de todo el sistema civilizatorio han surgido modelos complementarios al sistema económico global, que busca prolongar su inevitable caída con programas cuya función principal es capitalizar a todos aquellos que han perdido su poder adquisitivo, con la finalidad de reactivar la economía capitalista que ha estado estancada porque al haber despojado totalmente a las grandes masas de sus bienes, la cúpula de la pirámide capitalista ha disminuido su ganancia y sus formas de control a través del consumo. Así es como surgen los conceptos de capitalismo humano o social.

Bertolt Brecht afirmaba que es mayor crimen crear un banco que robarlo, esta aseveración también aplica para los bancos sociales como el “Banco de los Pobres” de Muhammad Yunus en India y el “Banco del Bienestar” de Andrés Manuel López Obrador en México. Ganador del Premio Nobel de la Paz por crear el Banco Grameen en 2006 (mismo premio que ganaron los ex presidentes Barack Obama en 2009 y José Manuel Santos en 2016) Yunus es el creador de los microcréditos a través del concepto de capitalismo humano; Yunus dedica su vida a la construcción de empresas sociales cuya intención es solucionar un problema social y no a maximizar su riqueza. Estas empresas son financieramente sostenibles, pero no reparten beneficios y todas las utilidades se reinvierten en la sociedad. Las empresas sociales trabajan bajo la premisa de un valor económico, social y ambiental. Yunus apoyado por las macro empresas como las criminales Nestlé, Bayer y Monsanto se ha dedicado a crear millones de microempresas en donde los más pobres son socios de esta especie de cooperativas que les permiten ganar lo suficiente para subsistir y toda la ganancia después de haber cubierto los salarios de los cooperativistas pasa a un fondo común en el Banco de los Pobres que sirve para financiar otra nueva cooperativa para otros pobres, su flujo económico funciona a través de millones de tarjetas bancarias.

Así a simple vista pareciera un modelo de poscapitalismo orientado hacia una economía alternativa y solidaria; el problema comienza cuando los cooperativistas socios de esas microempresas se dan cuenta que su empresa obtiene grandes ganancias que jamás llegarán a ellos y que aunque sus empresas puedan crecer gracias a su trabajo, ellos están destinados a ganar lo mínimo. Este gran modelo económico altamente premiado, ha logrado que los pobres sean quienes capitalicen a los miserables para que lleguen a ser pobres con una capacidad adquisitiva limitada pero funcional, para que la rueda del capitalismo no se detenga. Cuando los grandes empresarios cuestionaron a Yunus por su modelo, reclamándole que a ellos en qué les conviene apoyar ese modelo en el que no hay ganancia, Muhammed descarada y públicamente les contestó: “Déjeme primero que los saque de la miseria, ya después les venden lo que quieran”.

En México, Andrés Manuel López Obrador se vincula con Nestlé y pone como responsable de la agricultura a un incondicional de Bayer-Monsanto y es apoyado por los Salinas, crea el Banco del Bienestar y alrededor de él una serie de programas sociales que tienden a capitalizar a los más pobres para que tengan una mínima capacidad adquisitiva a través de millones de tarjetas bancarias, que permitirá que la rueda del capitalismo siga moviéndose con sus consumidores cautivos. El concebir al Estado como una empresa social aplicando los recursos del erario para pagar a empleados al servicio del capitalismo, es una inversión que debiera tener a todos en paz. Son 25 millones de tarjetas (de inicio) que se distribuirán a los más pobres a cambio de que siembren, trabajen y compren. Más de 2.2 millones de jóvenes trabajarán para empresas durante este año, empresas que recibirán todo el beneficio del usufructo de este trabajo y por supuesto contarán de nuevo con consumidores con un poco de dinero dado de cobro de impuestos al mismo pueblo, es decir; no es el Presidente el que paga estos 25 millones de salarios sociales, quien lo paga es el esfuerzo y el trabajo de todos los mexicanos, de nuevo vemos –como en el modelo de Yunus– que son los pobres los que con su trabajo capitalizan a los miserables para darles poder adquisitivo y volver a hacerlos consumidores activos para el capitalismo.

AMLO en sus palabras pretende “purificar la vida pública” y se ve a sí mismo como el redentor de los pobres que vino a salvarlos del salvaje neoliberalismo y tal vez lo sea, porque representa un modelo económico de capitalismo moderado mucho más parecido al del México antes de Salinas que al posterior, en donde las ganancias del gran capital y la corrupción no eran tan descaradas. Ninguna fuerza partidaria, política, social o económica capitalista se opondría a tales intenciones porque esto es la garantía de que este modelo económico siga funcionando por algún tiempo más, por lo que es entendible que no se estructure ninguna oposición real desde ningún partido político y sólo se limiten a mostrarse como una oposición formal y virtual, azuzando a sus seguidores para que usen a las redes sociales como un gran vociferador catártico, en donde todos los sin voz ahora pueden decir lo que quieran, a quien quieran, sin filtro; y descargar todas sus frustraciones y rencores y proyectarlos contra el personaje o la opinión que consideren contravenga su pensar (un servidor, en un mismo artículo ha sido acusado de pejelover y pejefóbico al mismo tiempo). El problema de la vociferación en las redes sociales virtuales es que la gente saca su indignación virtual y esta ya no le alcanza para salir a las calles a protestar, por lo que el activismo político se va reduciendo a mentar madres en la redes o poner me gusta o no me gusta a una información u opinión.

López Obrador pretende poner orden con toda la fuerza militar posible, a través de la honradez personificada por él y el ornato de los demás funcionarios y poderes que sólo lo ven disponer y decidir por todo y por todos. Nadie en su sano juicio podría pedir o apostar a que este gobierno fracase, porque aun siendo un modelo centralizado de redención capitalista, significa un respiro para los más necesitados y un desahogo para el gran capital, que sin invertir, puede seguir obteniendo ganancia de la explotación de los pobres mientras esta ganancia no los lleve a la miseria.

La izquierda tendría que oponerse a cualquiera de estas medidas, en tanto que perpetúan el mismo modelo económico que dio origen a su oposición histórica, pero en México hace mucho que no existe ningún grupo de izquierda organizada, lo que existe es este gobierno capitalista liberal, una centro-izquierda moderada zapatista, semi-izquierdas en pequeños grupos autónomos y algunos intelectuales de izquierda de papel o de bytes, en donde hemos escuchado locuras como que es necesario que se colapse ya el capitalismo para que surja de sus cenizas –como el ave fénix– un pueblo libre. Nada más lejano a la realidad, porque si permitimos que se colapse este sistema de golpe, habrá guerras por comida y agua, millones de muertos con la posibilidad de que de sus cenizas surjan hordas inconscientes como las que se pueden ver ya matando vacas a palos y machetazos en una autopista o las que se abalanzan por un poco de gasolina a costa de morir calcinadas.

Así que esta orden, honradez y ornato post-porfirista que nos ofrece hoy AMLO es la menos peor de las realidades posibles que podrían enfrentar los mexicanos. Para aquellos que pretendan un sistema diferente los invitamos a construir su propia autonomía. Es posible ser autosuficiente y vivir en comunidad a través de una sociedad solidaria que produzca lo que consume y comparta e intercambie sus excedentes por lo que no produce, con modelos de salud y educativos propios para los que ya existen formas de certificación. Si no quiere entrarle a esta chamba que de verdad dignifica a quien la hace, y quieren seguir siendo “anarquistas” con auto último modelo e iPhone y anticapitalistas viviendo de los impuestos o recibiendo créditos o réditos de los bancos, lo único que les queda es sobrevivir dentro de este sistema lo mejor que puedan mientras termina de caer poco a poco amortiguado por iniciativas como las de Yunus o AMLO que intentan desde su visión de vida, hacer que el capitalismo no sea tan criminal pero que siga siendo capitalismo. Acciones que son tan bien vistas por el mismo sistema global, que no duden ni por un momento que el mismo Andrés Manuel López Obrador con todo y su Ejército en la calles, sea el próximo Premio Nobel de la Paz en 2023.

La vida es una construcción consciente.

Iván Uranga

@CompaRevolucion

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