Habrá que creer. Autor: Iván Uranga

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Las creencias, las supersticiones, la muerte, las cuatro transformaciones, Madero y el prócer.

Ante la pregunta de que si Dios existe
la respuesta más sensata sería:
Si lo necesitas, existe.

La necesidad de los seres humanos de creer es una característica intrínseca presente desde que somos especie, y se debe en una primera etapa a la transmisión del ejercicio de creencias de nuestro medio social inmediato (familia, etnia y sociedad) que conforme vamos adquiriendo algún grado de conciencia cada uno va definiendo y redefiniendo sus creencias más que por certezas, por nuestra infinita ignorancia que al ir descubriendo todo lo que no sabemos, no queremos saber o no podremos saber tenemos que –por sobrevivencia– depositar nuestra creencia en algo que puede ser la religión, seres sobrenaturales incluidos dioses y fantasmas, hadas, ángeles y demonios, almas y espíritus, aliens, vampiros, monstruos, zombis, equipos deportivos, ídolos, estrellas deportivas y de telenovelas, partidos y dirigentes políticos y hasta los ateos que creen que dios no existe, Santa Claus, los Reyes Magos o animales prehistóricos, la ciencia y lo más común es representarlo con cosas, objetos tangibles que se convierten en los receptores de esta adoración.

La superstición y la idolatría se encuentran presentes a lo largo de la historia y en todas las culturas. Toda creencia es y debe ser respetable. Así que no es extraño escuchar al presidente López Obrador decir que él se “hinca en donde se hinca el pueblo”, esta frase más que una demostración de creencia en las creencias del pueblo, lo que afirma es una creencia en el pueblo mismo y el que participe y promueva su participación en rituales de las culturas originarias, se convierte no sólo en un evento mediático, es un mensaje implícito de sometimiento a la creencia de estas comunidades, para crear afinidad. Lo que sí llama la atención son los pequeños sesgos de supersticiones personales muy repetitivas, como tocar madera cada vez que habla de algo que no quiere que suceda o el dólar en su cartera que es una creencia para que no falte dinero o fortuna.

Muerte, cultura y poder

Cada cultura humana conocida tiene su propio mito sobre la creación y sobre la muerte. Las actividades religiosas más tempranas aparecen como respuesta a cambios materiales en el ciclo de la vida humana, principalmente la muerte y lo podemos afirmar porque los rituales de duelo son las formas más antiguas de experiencia religiosa, por nuestra necesidad instintiva de sobrevivir y nuestra necesidad genética de trascender, por lo que muchos seres humanos no creen que la muerte sea necesariamente el final de la vida. Esta es una noción verdaderamente poderosa. La idea de que los muertos o hasta los dioses están con nosotros y pueden intervenir en nuestras vidas es reconfortante, pero también contiene mucho de las acciones y nos vuelve más cuidadosos con lo que hacemos. Tal vez la muerte (o su cercanía) es lo único que nos permita valorar las cosas importantes de la vida, por lo que la permanente y cotidiana exposición a la muerte que vivimos los mexicanos, nos lleva a optar por un cambio de creencias.

Los humanos somos esencialmente seres sociales, y como grupos sociales tendemos a la jerarquía. Cuando hay un sistema jerárquico, hay un sistema de poder y esa jerarquía localiza a su miembro más poderoso en la cima: la deidad o su representante. Si las condiciones económicas y sociales son desfavorables, la creencia se volcará hacia las religiones como necesidad de amparo, pero si la percepción popular sobre un futuro mejor se focaliza en las palabras de un ser humano, no es difícil que el ejercicio de creencias se asiente en esa persona haciéndola depositaria de su fe. Es así que surgen los mesías, los profetas y los líderes supremos en nuestras sociedades, gracias a nuestras neuronas empáticas.

El Pax (Paz) es una moneda símbolo del Imperio romano que circuló entre el año 27 a.C. y el 180 d.C. en el periodo histórico conocido como la Pax Romana. Éste fue un largo periodo de paz del que gozaron los pueblos sometidos al Imperio romano durante dos siglos. Estos pueblos habían sufrido interminables disputas entre jefes, tribus o ciudades rivales. Los romanos impusieron la paz dentro de sus dominios logrando así, el orden, la prosperidad y el respeto a las miles de creencias de ese tiempo. Se fortalecieron las vías de comunicación e intercambio, lo cual hizo florecer el comercio y las ciudades y también fue lo que dio al César la calidad de Dios en la tierra y es sólo hasta que se pierde este largo periodo de paz que pueden aflorar las religiones y posicionarse como jerarquías de poder en esa región del mundo.

Las tres transformaciones y la tentativa de una cuarta

En México no ha existido ninguna transformación sin esa carga de creencias en lo sobrenatural: en la primera transformación después de la Conquista, Morelos e Hidalgo, próceres de la Independencia, eran sacerdotes. En la segunda transformación, Benito Juárez, prócer de la Reforma, era seminarista y en la tercera transformación, Francisco I. Madero, prócer de la Revolución, era espiritista. Por lo que no es extraño que el líder y que podría ser el próximo prócer de la “cuarta transformación”, tenga sus propias creencias. Estas transformaciones han sido sumamente violentas y han involucrado a dos o más ejércitos en pugna por el poder y que en el caso de estos próceres, se convirtieron en mártires de sus causas. El caso más reciente fue el de Francisco I. Madero, que según la doctora Beatriz Gutiérrez Müller especialista en historia, maderista y esposa de López Obrador, ella afirma que la causa real del fusilamiento de Madero a espaldas de la prisión de Lecumberri fue que el pueblo dejó solo a su presidente. Y me permito transcribir fragmentos de sus argumentos esgrimidos en el debate sobre la figura de Madero con Paco Ignacio Taibo II y Pedro Salmerón en 2016 en Texcoco.

Entre sus argumentos Gutiérrez Müller dice –abro comillas–: “Ningún líder, caudillo…se  mueve solo con móviles político ideológicos, atrás hay creencias, una especie de espiritualidad… las creencias en cosas no materiales son las que acaban moviéndonos a muchos de nosotros… la vinculación entre la espiritualidad y la política no debe estar peleada… en la medida que él cree (Madero) que hemos nacido libres y que somos un alma que camina hacia lo perfecto, debemos en la vida terrestre liberarnos de toda cadena… para imponer la libertad del alma y del hombre, por lo tanto en la corriente espiritista y en Madero en particular… el error de Madero fue creer en ese momento que así como él concebía la democracia la iban a concebir los demás, un país que venía de 30 años de dictadura –no creo que ningún país– en un año y medio entren al nuevo redil democrático que propuso Madero, no creo posible eso… él ya destapó la revolución social sin querer y él estáa proponiendo una revolución de conciencias que es algo superior a la revolución social,… pero el pueblo no está para eso… una servidora se siente muy en deuda con Madero… Madero se quedó solo como empezó, solo…”cierro comillas. (En este enlace pude ver el debate completo)

Más allá de las aportaciones importantes de Salmerón y Taibo II en este interesante debate, destaco la palabra de Gutiérrez Müller porque con mucho, es la persona más cercana al ser humano del cual depende el destino de más de 120 millones de mexicanos y que desde mi punto de vista, dice mucho del perfil y las motivaciones de AMLO en su gobierno, en el que me queda claro que no pretende acumular dinero ni enriquecerse a costa de los más pobres, todo indica que sus aspiraciones son de índole espiritual, trascendental e históricas y que para ello necesita contar con el apoyo incondicional de millones, para que le avalen lo que él cree que es lo mejor para México, por lo que se entiende el dinero que dará a millones de mexicanos en pensiones y becas, más el dinero a campesinos para sembrar frutales y maderables, los miles de empleos en proyectos como el Tren Maya, el corredor Transístmico, y el proyecto en la frontera norte, el incremento del presupuesto al ejército y los 50 mil jóvenes incondicionales que formarán parte de su Guardia Nacional. Aunque no sean los proyectos que necesita la construcción de una nación autónoma, sí serán la garantía para una base social que le permita convertirse en el prócer de la cuarta transformación, por lo menos hasta que la historia diga otra cosa.

Así que si el pueblo lo necesita, existirá. Habrá que creer o no.

La vida es una construcción consciente.

Iván Uranga.

@CompaRevolucion

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