Fuga de Cerebros | En Los Pinos, se inaugura El Cencalli: la casa del maíz y la cultura alimentaria. Autor: Daniel C. Santander

Foto: Conabio.

Por Daniel C. Santander[1]

“Durante milenios, la historia del maíz y la de los seres humanos corren paralelas en estas tierras. Más que paralelas: están indisolublemente ligadas. El maíz es una planta humana, cultural en el sentido más profundo del término […]” Guillermo Bonfil Batalla.

Hoy miércoles 29 de septiembre se inaugura un nuevo espacio en el Complejo Cultural Los Pinos: El Cencalli, la casa del maíz y la cultura alimentaria. Este nuevo museo no sólo es indiscutiblemente la carta fuerte de la actual administración federal en materia de Cultura, es al mismo tiempo, una reivindicación del maíz como el elemento central de la identidad, cultura, alimentación y economía de los mexicanos.

Y es que muchas veces, se olvida que tan importante es para nosotros. Lo comemos diario en miles de presentaciones y platillos, se siembra en todo el territorio nacional junto a las más de 59 razas de maíces, es el elemento central en cientos de fiestas y celebraciones y es la base de la economía de millones de habitantes. Es, ante todo, una parte fundamental de ser y reconocernos como mexicanos. 

📱 Suscríbete a #AstilleroInforma en Telegram y recibe las noticias

Anuncio

Y es tan importante que, desde un punto de vista histórico, México es el centro de origen del maíz: aquí nació y se extendió por todo el mundo. Misma situación que ocurrió con el jitomate, el chile, la vainilla o el aguacate. Fue el resultado de un largo proceso de domesticación por cientos de generaciones de antiguos mexicanos que utilizaron variedades de teocintle hasta lograr el maíz como lo conocemos. Fue largo y complicado proceso y no debemos dejar de reconocérselo a nuestros pueblos originarios.

Foto: Conabio.

Pero el Cencalli no sólo reivindica nuestro propio pasado, sino que también nos da posibles soluciones para problemas actuales y del futuro como el cambio climático o la desnutrición mundial. Nos demuestra las ventajas de la agricultura tradicional o agroecológica basadas en los policultivos (aquellos donde se siembran más de una especie vegetal) sobre la agricultura industrial basada en monocultivos (sólo una especie). Mientras que en la primera se aprovechan el intercambio y las características de la biodiversidad para el crecimiento (como ocurre en la milpa con el maíz, el frijol, la calabaza y los quelites), en la segunda, el suelo se desgasta más y se erosiona por el uso de maquinaria industrial. Esto, sin hablar del uso de agrotóxicos y semillas transgénicas.

Por ejemplo, un dato sorprendente expuesto en el museo basado en estudios de la FAO[1] (ONU), es que a pesar de que la mayoría de las personas piensan que los alimentos que consumimos en nuestras casas provienen de la agricultura industrial (aquella con largas extensiones de tierra, con maquinaria pesada y sofisticados sistemas de riego), en realidad, el 70% de nuestra comida la producen familias agriculturas en menos de 5 hectáreas, muchas veces en tierras de menor calidad o difícil acceso. También, este tipo de producción tradicional utiliza los policultivos: pensemos en México con la milpa, en Estados Unidos con las “Tres hermanas”, en China con las terrazas de arrozales o en los andenes andinos del Perú.

El Cencalli también nos invita a reflexionar acerca del daño ambiental y nuestro futuro. Para ponerlo en perspectiva, si calculamos el costo del daño ambiental mundial causado sólo por la agricultura industrial (desde la contaminación de suelos, agua, aire, pérdidas vegetales y desperdicio masificado), es equivalente al Producto Interno Bruto (PIB) de México en un año. Cifra que va de la mano con el atroz desperdicio de alimentos: 1 de cada 3 alimentos producidos a nivel mundial se desperdician.

En nuestro caso, el Banco Mundial calcula[2] que cada mexicano desperdicia en promedio 158 kilos de alimentos al año, es decir medio kilo al día. Pero eso no para ahí: para producir esos alimentos tirados a la basura se utilizó ¡el consumo de agua potable por más de dos años de todos los mexicanos! Esto sumado a la huella de carbono producida que equivale a la emisión de dióxido de carbono (CO2) de 16 millones de vehículos en movimiento. Por ello, el Cencalli no sólo es información, es un espacio para la reflexión y la acción social.

El proyecto del Cencalli fue encabezado por Cristina Barros, una reconocida especialista de la cocina mexicana y activista de la protección del maíz y las semillas nativas en México. En 2018, fue la primera mujer condecorada como Caballero de la Orden Mundial por la Academia Culinaria de Francia. Sin duda, no pudieron hacer mejor elección para la curaduría general. En sus palabras, el objetivo final del Cencalli fue que éste se convirtiera “como en un polo de radiación respecto a lo que es nuestra cultura, pero también de lo que es nuestra alimentación y de cómo esa alimentación nos da raíz, nos da cara, nos da identidad. Que nos reapropiemos de lo que somos.”[3] Y ese parece ser precisamente el eje narrativo del nuevo museo de Los Pinos.

El Cencalli se divide en ocho salas diferentes que abarcan desde el origen del maíz, la milpa, la nixtamalización, la cocina del maíz, el maíz alrededor del mundo, los dilemas y retos actuales, el valor simbólico y las expresiones culturales y artísticas del maíz. Esta última sala, contó con el apoyo de dos grandes del arte en México: Luis Rius Caso y Jorge Ismael Rodríguez. La propuesta museográfica del Cencalli fue hecha por Juan Manuel Garibay y su equipo de la Coordinación Nacional de Museos y Exposiciones del Instituto Nacional de Antropología e Historia. El proyecto también contó con la asesoría de reconocidos especialistas como la museógrafa Isabel Stivalet, asesores culinarios como el chef Ricardo Muñoz Zurita o académicos como el Dr. Luis Zambrano de la UNAM.

La colección del museo tiene destacadas obras como “Mazorcas (Cien mil granos de maíz contra los transgénicos)” de Javier del Cueto, “Notlallo” de Elizabeth Ross, “Casa Elote” de Damián Ortega y siete obras de Francisco Toledo. Además, una gran colección de fotografías de Rafael Doniz, David Lauer, Carlos Hahn, Agustín Estrada, Ignacio Urquiza, Fabiola Flores y Michael Calderwood, entre muchos otros. Igualmente, una colección de arte popular como “El ecuaro” de bordadoras purépechas de Tzintzuntzan (Michoacán) o el “Huerto de traspatio maya” de la comunidad de Xocén (Yucatán).

En suma, el Cencalli, inaugurado en el antiguo Molino del Rey, es un recorrido para conocer al maíz en todos sus aspectos. Es un espacio para reforzar nuestra propia identidad como mexicanos. Es una invitación a conocer, reflexionar y actuar en defensa de nuestra propia cultura e identidad, de cambiar nuestra forma de alimentación y atender los retos del mañana revalorando nuestros conocimientos antiguos.

Esto último se expresa claramente en palabras del afamado intelectual Guillermo Bonfil Batalla (1935-1991), que están escritas en las paredes del museo. El Cencalli se centra en un dilema sobre cómo queremos ver al maíz. Hay dos caminos diferentes: un proyecto popular con una base cultural, alimenticio, económico y social, y otro, abiertamente opuesto que pretende “desligar al maíz de su contexto histórico y cultural para manejarlo exclusivamente en términos de mercancía y en función de intereses que no son los de los sectores populares. Hace del maíz un valor sustituible, intercambiable y prescindible.”[1] Está en nosotros decidir cuál camino tomar.

La Casa del Maíz y la Cultura Alimentaria abrió sus puertas, que sea bienaventurado para que sigamos haciendo milpa, revalorando nuestro pasado indígena y reconocer nuestras riquezas culturales, históricas y simbólicas. Porque, sin lugar a duda: sin maíz, no hay país.


[1] Guillermo Bonfil Batallla, “El maíz”. Discurso pronunciado en el Museo Nacional de Culturas Populares, 1982.


[1] Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura.

[2] Banco Mundial, “Pérdidas y Desperdicios de Alimentos en México. Una perspectiva económica, ambiental y social”. Noviembre, 2017.

[3] Secretaría de Cultura, “Cristina Barros habla sobre la creación de La Casa del Maíz.” Link: https://contigoenladistancia.cultura.gob.mx/detalle/cristina-barros-habla-sobre-la-creacion-de-la-casa-del-maiz


[1] Profesor de la UNAM y la Universidad Anáhuac de México. Historiador, escritor y consultor de estrategia. Twitter @dc_santander

Comenta

Deja un comentario