#ElEspejo/La tregua/Es tiempo de florecer. Autor: Iván Uranga

Pero no era la felicidad, era sólo una tregua.
Ahora estoy otra vez metido en mi destino.
Y es más oscuro que antes, mucho más.
Martín Santomé.

La Tregua-Mario Benedetti.

Durante la crisis mundial a causa del coronavirus hemos mostrado lo mejor y lo peor de la humanidad, desde increíbles muestras de solidaridad, hasta la publicación permanente de noticias falsas con los más mezquinos intereses. Hemos sido testigos de treguas entre adversarios políticos para priorizar el bien común, pero también hemos visto cómo los más miserables quieren aprovechar una enfermedad mundial para atacar a sus contrincantes locales. En medio de toda esta crisis, lo más significativo ha sido ver maravillados como la Tierra, con muy pocos días de ausencia humana, recobra rápidamente su belleza y esplendor, y ver cómo las demás especies que para su desgracia comparten el planeta con nosotros, disfrutan de unas merecidas vacaciones al tener para ellas como hace cientos de años a la Tierra sin humanos.

La Tierra sin humanos.

Mientras el precio del petróleo se hunde, mueren de desolación las grandes avenidas, y la ausencia habita los museos y edificios majestuosos, de las enormes ciudades construidas durante siglos por el talento y el esfuerzo de nuestra especie. Hoy en el mundo nuestra ausencia física, evoca una hermosa nostalgia de tiempos, en donde el saludar al extraño en la calle, era una costumbre que nos fortalecía como humanos.

Hoy, la Tierra comenzó una especie de carnaval, en el que festejan sus cielos limpios, con una danza interminable de aves que cantan con una alegría que no conocían; porque festejan la falta de la bruma pestilente que salía de millones de automóviles que ahora callan. En su lagos, manantiales, ríos y mares, sus aguas se regocijan con las especies acuáticas por su limpieza, en una bacanal incontenible dirigida por los delfines, que llegan hasta los muelles humanos a supervisar que la bestia siga encerrada y descubrir maravillados, cómo la criminal bestia, ahora encerrada, ha recordado su humanidad, porque encerrada se ayuda, encerrada no cobra por ayudarse, porque encerrada canta a la esperanza, porque ante la epidemia se descubrieron iguales y ahora dentro de sus casas la feminidad humana florece y quieren cuidarlo todo; se ha corrido la voz entre las demás especies que hay un grupo de humanos que quiere reaprender a ver, porque“…la ceguera también es esto, vivir en un mundo donde se ha acabado la esperanza(1) y cada noche, en punto de las 8, se acercan a las jaulas humanas, para escuchar sus lindos cantos, disfrutando lo que pudiera ser la última oportunidad de renacer a través de esta tregua.

La tregua

Durante los últimos 100 años los seres humanos hemos dañado más al planeta que durante los 20 mil años de nuestra existencia como especie. A finales de la Edad Media en el Siglo XIV en Europa murió la tercera parte de la población a causa de La Peste, enfermedad que se transmitió vertiginosamente gracias a la suciedad en la que se vivía; atacó primero a los pudientes, porque era propio de la clase trabajadora bañarse seguido, porque sudaba. La clase en el poder acostumbraba darse un baño una vez al mes, si se bañaban seguido eran estigmatizados como pobres, después fueron contagiados los habitantes de las urbes que vivían alrededor y bajo la protección de los feudales; la gente del campo sobrevivió y la humanidad salió de la era de la ignorancia caracterizada por la superstición y la mitología cristiana, para dar paso al llamado Renacimiento. En América a finales del Siglo XVI la viruela traída por los conquistadores acabó con más de la mitad de la población indígena.

Hoy se presenta una nueva y extraña enfermedad que está afectando más a los países más poderosos del planeta, los del norte y a la clase económicamente más favorecida por el capitalismo, los que están contagiando a los que viven en las grandes ciudades, los que viven bajo el protectorado del capital. Los campesinos y los que vivimos en comunidades autónomas autogestivas estamos a salvo, por la distancia que tomamos hace mucho años de los dueños del poder, porque cultivamos nuestra comida, porque no consumimos transgénicos, porque no somos susceptibles por enfermedades prexistentes provocadas por la comida capitalista, porque vivimos sin estrés, porque reaprendimos a convivir con la tierra. Porque al trabajar la tierra con mis manos “las palmas de mi mano tienen una memoria más fiel que mi memoria” (2) y porque comemos autonomía.

Esta extraña enfermedad, está dando una pequeña tregua a la Tierra para recuperase de nosotros los humanos como plaga, es una tregua que podría durar aproximadamente 3 meses en cada región; sí, sabemos pudiera ser como afirma Noam Chomsky que toda la crisis puede ser parte de una guerra de baja intensidad creada por Estados Unidos para quitar a China poder económico y acabar con los adultos mayores “porque viven demasiado y son un riego para la economía mundial” como lo afirmó Christine Lagarde presidenta del Fondo Monetario Internacional, pero si ese fue el plan de EU ya se le salió de las manos, porque ahora en el Continente Americano 90% de los infectados y muertos son norteamericanos. Sí, también sabemos que en miles de comunidades está afectando a los humanos pobres y viejos, pero también está salvando a miles de personas de “la más horrible variante de la soledad: la soledad del que ni siquiera se tiene a sí mismo(3) con una tregua comunitaria.

Tregua comunitaria

Cada pequeña comunidad que sufre ahora el aislamiento producto de la cuarentena por el Covid-19, ha encontrado la forma de encontrarse, descubriendo en el camino, que antes de la aparición del terrible virus estaban aislados, solos, en donde cada persona tenía“…un silencio que parecía estar ocupando el espacio de una ausencia,…(4): Porque de repente en su aislamiento se identificaron y se unieron y se reconocieron como iguales, como nunca se había conocido, y conversaron entre ellos a gritos, balcón a balcón, ventana a ventana, corazón a corazón, lograron estar más cerca que nunca, porque entendieron que “sin futuro, el presente no sirve para nada, es como si no existiese,…”(5) y hoy los podemos ver tocar, cantar, bailar, aplaudir, jugar juntos.

Toda su vida saliendo aprisa, habitando cajones, viviendo la vida de sus vecinos en silencio a través de sus muros compartidos, compartiendo alegrías, disgustos y sexo, que los llevó a repudiarlos sin saber por qué, y hoy después de tantos años de salir y ver la cara del vecino de enfrente y mirar a otro lado para comenzar un mal día, por fin se hablan, por fin ríen juntos, cantan juntos, juegan juntos; es gracias a un virus, que hoy por fin comparten y se conocen.

Quiero decir que no teníamos palabras de más, que lo que teníamos eran sentimientos de menos, porque dejamos de usar las palabras que los expresaban y los fuimos perdiendo, no nos dimos cuenta que durante años nos convertimos en la imagen encontrada que salía de nuestro espejo, mientras nuestro yo, quedaba atrapado cada mañana tras del vidrio que nos reflejaba, y salíamos monótonos, automatizados a sobrevivir como nos dijeron que debíamos sobrevivir, a trabajar para que otros se enriquecieran con nuestro esfuerzo y regresar cansados intentando recuperar –a veces sin logarlo– ese yo secuestrado tras el vidrio del espejo, para rascar un poco de amor y compartir un momento con nuestros seres queridos, antes de caer agotados en nuestros lechos nocturnos, para despertar y repetir y repetir hasta que llegó esta bendita tregua y hoy sin vernos “…tener la certeza de que la vida existe, porque cuatro sentidos nos lo dicen(6) y podemos imaginarnos buenos, nuevos y solidarios en una tregua social.    

Tregua social

Profesionales contrarios al grupo político que gobierna en su país, hacen pública su adhesión a las medidas adoptadas por el Estado, convencidos de que: o ponemos por delante la salud de nuestro pueblo, o lo condenamos. Periódicos de todas las tendencias en el mundo publican una misma portada en apoyo a las medidas mundiales y gubernamentales para enfrentar al virus, planteando de facto una tregua social que permita que juntos como sectores sociales enfrentemos la pandemia. Miles de profesionistas ofreciendo sus servicios gratuitos. Un millonario ofreciendo viajes gratis en servicio de transporte privado, otro, traslados de paquetería o enfermos sin costo y muchos más. Tal vez porque entendieron que “la consciencia moral, a la que tantos insensatos han ofendido y de la que muchos más han renegado, es cosa que existe y existió siempre, no ha sido un invento de los filósofos del cuaternario, cuando el alma apenas era un proyecto confuso.”(7).

Vemos un cartón político sin firma en donde se puede apreciar a la Peste Negra y la Gripe Española escuchando al Coronavirus decir “Mi visión no es matar a los humanos per se, sino crear conciencia sobre el acaparamiento de los bienes de consumo y el acceso a la salud pública” y pareciera un buen chiste de humor negro, pero la realidad siempre nos supera; hombres y mujeres peleando por comprar papel higiénico, como si les hubieran informado que los dinosaurios murieron por no tener papel higiénico cuando cayó el meteorito que los extinguió (es una broma. Realmente comprar compulsivamente papel higiénico, es un síndrome del miedo, las personas buscan llenar el vacío y la ansiedad de la impotencia y deben sentir que tiene el control, por lo que compran por imitación como reflejo de sobrevivencia y el papel higiénico en sus cabezas es una buena decisión, en tanto que no es perecedero, no es tan costoso y hace el volumen suficiente para sentir que tienen bastante para enfrentar la crisis) y así aflora la mezquindad. Pero también vemos el otro extremo, la indiferencia total, miles y miles de personas divirtiéndose en festivales, en la playa o incluso ya contaminados haciendo vida social, lo más importante es ver que también “de esa masa estamos hechos, mitad indiferencia y mitad ruindad(8) que se magnifica en sus gobernantes al no poder ver una tregua política.

Tregua política

El presidente de los Estados Unidos de Norteamérica en su enferma locura pretendió comprar la investigación alemana para producir la vacuna contra un virus que el gobierno de China afirma que fue esparcido por soldados norteamericanos. Los gobiernos entran en pánico y cierran sus fronteras dejando varados a millones de viajeros de todas las nacionalidades en total indefensión. Aplican toque de queda, detienen y agreden a todo aquel que circula por las calles. Los partidos políticos aprovechan para usar la pandemia para agredirse entre sí. Nos muestra que en la política actual en el mundo no hay cuartel, es una guerra que no quiere tregua, que no toma prisioneros, que secuestra la salud y la seguridad. En China, país donde oficialmente comenzó la epidemia, hoy ya no registra casos nuevos y después de tres meses está en franca recuperación y ayudando a otras naciones. Italia se ha convertido ya en el país con más decesos por la pandemia. Cuba ayuda en América y Europa y hablan de tener ya una cura y una vacuna, pero no se socializa la información porque se mantiene el criminal bloqueo por parte del gobierno de Estados Unidos.

Los sistemas de salud en el mundo de los gobiernos neoliberales están colapsados, el presidente de México sigue repartiendo abrazos y besos en actos masivos sin temor al virus, y ahora es ridiculizado en todo el mundo por usar estampas de santos religiosos contra la pandemia, con la certeza de que el sistema de salud mexicano no podría colapsarse, porque ya está colapsado desde hace muchos años por el capitalismo criminal y en lo que va de su gobierno las cosas siguen igual; ya hay muertos por el virus y los familiares dan fe de que no hay insumos y que son obligados a comprar hasta lo mínimo para sus pacientes, mientras los dueños del capital en el mundo sufren un brutal receso.

Este virus matará a miles, pero nada comparado con los 100 millones de pobres que mueren al año y que no importan a los gobiernos, porque no afectan la macroeconomía, pero ahora el virus les ha pegado en el interior de las familias neoliberales y tiemblan ante una no prevista tregua económica.

Tregua económica

El colapso del sistema capitalista y del sistema civilizatorio es inminente, el coronavirus ha venido a acelerar el proceso, la crisis económica por la emergencia sanitaria ha afectado principalmente a los grandes capitalistas del mundo como nunca, todas las bolsas de valores del mundo presentan grandes pérdidas, por lo que ahora lo nombran como crisis económica mundial. Pero ¿qué es lo que está en crisis verdaderamente?, lo que está en crisis es un modelo de vida caduco, una industria que produce veneno y “bienes” de consumo innecesarios, toda una industria de la transformación y servicios, que se ha montado y enriquecido a costa de las riquezas naturales primarias, que ha dejado a la gente del campo, a los verdaderos productores en la miseria.

Nos dicen que el humano ha destruido al planeta, pero no creas que fuimos todos los humanos, fue ese 1% de miserables privilegiados que imponen su forma de hacer las cosas por la fuerza del dinero y del poder, fueron sus políticas económicas, fueron sus agronegocios, la explotación desmedida de los recursos naturales para su comodidad, porque creyeron que podían diseñar el planeta para ellos, donde los pobres somos desechos de sus gustos, fue su necesidad de poder y dinero, fue su necedad de “tener”, lo que llevó al límite de la extinción al mundo y a todo lo que sobre él existe. Piensen; ahora encerrados en sus casas, y recuerden cuando: “A veces hacíamos cuentas. Nunca alcanzaba. Acaso mirábamos demasiado los números, las sumas, las restas, y no teníamos tiempo de mirarnos nosotros(9).

Pero, ¿qué se necesita realmente para tener una vida plena? ¿Quién produce lo que comen? ¿Quién lo que visten? ¿No podrían ustedes organizados producir lo que necesitan, junto con sus vecinos con los que ahora cantan? ¿No podríamos ser felices en pequeñas comunidades autónomas, produciendo lo que consumimos e intercambiando con otras comunidades nuestros excedentes por lo que no producimos? ¿En qué supermercado comprarían esa convivencia, ese amor, esa solidaridad, esas sonrisas que ahora tienen?, ¿Si la madre Tierra se harta de nosotros y prolonga este u otro virus por un año, qué haremos? ¿Están muriendo los que tienen enfermedades preexistentes creadas por este enfermo modo de vida? Acaso no escuchan “es un chirrido, acompañado del golpe hueco, se cierra una ventana, en un golpe hueco acompañado del miedo, se cierra la casa, en un largo silencio se cierran calles, ciudades, pueblos, países. Cerrar para fortalecer, para crecer, para que lo maravilloso ocurra” (10) hoy comienza la primavera, es tiempo de florecer.

Es tiempo de florecer

Bienvenida sea la primavera, no será la primavera más fácil de la historia, tendremos miles y miles de enfermos y muertos pero podría ser el parteaguas para que construyamos una realidad diferente, una sacudida a lo que somos, sacar la basura y dejar de producirla, cambiar nuestro consumo, lograr nuestra autonomía. La muerte es la única oportunidad real que tenemos los humanos de saber qué importa en la vida, hoy ante la crisis, me importa más mi salud, la vida de mis seres queridos, la de mi vecino, hasta mi perro importa más que mi auto. Y si no es así piensa, es el gran tiempo para reflexionar, para corregir, para enderezar el rumbo. A la humanidad, se le está dando una nueva y última oportunidad de renacer, sino cambiamos hoy radicalmente, nuestro único futuro posible es la auto-extinción, porque “…hasta este punto puede engañarse el espíritu cuando se rinde a los monstruos que él mismo ha creado(11)

Es tiempo de hacerle caso a la sabiduría milenaria que llevamos en cada célula, que sabe cómo deben ser las cosas y no al ego artificial, necesitamos evolucionar hacia nuestro pasado, necesitamos perder el miedo a cambiar, dejar de alimentar a nuestro lobo caprichoso y fútil, que busca la falsa felicidad en las cosas y comenzar a alimentar a nuestro lobo niño, al creativo, al que ama, al que quiere cuidarlo todo.

Lo que veo es hoy un acto de amor de la Madre Tierra, la gran oportunidad para cambiar, la disyuntiva última de nuestra especie de despertar a la vida o morir. Hoy como nunca y por última vez, la re-evolución es posible, la bestia está herida de muerte, están dadas las condiciones para nuestra primavera global. Es tiempo de florecer.

La vida es una construcción consciente.
Iván Uranga
@CompaRevolución
iuranga@cnpm.mx

P.D. aquí les dejo las ligas para que puedan leer gratuitamente las dos novelas de las que se tomaron las citas para este artículo:

La Tregua. Autor: Mario Benedetti. 1959

Ensayo sobre la ceguera. Autor: José Saramago. 1996

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