Manifiesto por la Tierra. Autor: Iván Uranga

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“La alternativa al neoliberalismo se llama conciencia”
José Saramago

A los nacidos en el Siglo XXI.

Los revolucionarios, activistas y progresistas de izquierda nacidos en el Siglo XX luchamos, soñamos y pensamos que cambiando las relaciones de producción y distribución en el mundo habría un hombre nuevo y nos equivocamos, porque nos olvidamos de cambiar la forma de relacionarnos con la naturaleza; la esencia misma de nuestra cultura. Nos olvidamos de la construcción del hombre y la mujer nueva de la piel para dentro, pensamos que con la distribución equitativa de las riquezas era suficiente para transformar la conciencia colectiva hacia lo humano, sin importar tu nivel económico, académico, político o social. Éramos millones queriendo cambiar al mundo sin cambiar nosotros, y sólo logramos dividirnos en decenas de ismos: comunismo, anarquismo, gramscianismo, leninismo, estalinismo, marxismo, guevarismo, trotskismo, maoísmo, socialismo, progresismo, zapatismo, hasta  nietzscheanismo y más ismos. Hasta que lo humano se fue convirtiendo cada vez más hacia un solo ismo: el egoísmo.

Y comienzo así esta reflexión, porque en el siglo pasado nuestras conciencias se estremecían ante la injusticia social, y hoy con la conciencia crecida, nos siguen indignando las injusticias, pero ahora, con lo que nos queda de vida, debemos acompañar a los nacidos en el Siglo XXI en una lucha mucho más importante, que es la sobrevivencia de la vida en el planeta, en donde ya no caben los ismos, ni siquiera cabe la lucha de las izquierdas contra las derechas. El planeta está muriendo, el campo de batalla se acaba, si queremos continuar el debate sobre las diversas formas de ver el mundo, primero necesitamos un mundo que ver. Hoy, es más importante luchar por la vida que por la justicia. No podemos seguir dividendo a los seres humanos en negros, rojos, amarillos, blancos o cafés, no tienen sentido las razas, ni el sexo, ni la preferencia sexual, ahora sólo hay dos tipos de seres humanos posibles, los que tienen conciencia de lo que pasa y los que no, los que luchan por salvar al planeta y los que no, los que con sus acciones cotidianas lo calientan o lo enfrían; pero tengan mucho cuidado porque ningún cordero se salvó balando, no es lo mismo luchar que gritar, no es lo mismo dar click, like o decir me gusta, que luchar.

Hasta hace poco escribía sobre la necesidad de adquirir una conciencia como especie, una conciencia como tutores de las demás especies, conciencia de género, conciencia social, conciencia ambiental, conciencia ecológica, individual, colectiva, laboral, temporal, emocional, moral, de clase, económica o política y la importancia de ser feministas. Pero ahora no existen más que dos caminos: o continuamos aniquilando al mundo hasta su extinción en nombre del mercado, del empleo, del concepto de desarrollo extractivista, de las necesidades de lo inmediato o defendemos la vida del planeta.

Cuando nos dicen que el humano ha destruido al planeta no creas que fuimos todos los humanos, fue ese 10% de miserables privilegiados que imponen su forma de hacer las cosas por la fuerza del dinero y del poder, fueron sus políticas económicas, fueron sus agronegocios, la explotación desmedida de los recursos naturales para su comodidad, porque creyeron que podían diseñar el planeta para ellos, donde los pobres somos desechos de sus gustos, fue su necesidad de poder y dinero, fue su necedad de “tener”, lo que llevó al límite de la extinción al mundo y a todo lo que sobre él existe. Millones de minas, de pozos petroleros, de monocultivos, de fábricas. Por la concentración de la riqueza se perdió el vínculo natural, en donde el ser humano convivía en armonía con las plantas y los animales, y separaron el cultivo de los alimentos, del hogar, de los seres humanos y crearon los monocultivos para mejorar el rendimiento y el negocio, aunque esta práctica aniquile la biodiversidad y la riqueza natural de los suelos y concentraron al ganado en grandes extensiones, que desforestaron millones de hectáreas para alimentarlo y contaminan con sus desechos más que los automóviles. Las termoeléctricas usan miles de millones de litros de agua que regresan a la tierra totalmente muerta, sigue la contaminación por carboeléctricas y el absurdo de seguir generando electricidad con carbón, las fábricas, el uso de automóviles, la minas, bajo el pretexto de que dan miles de empleos como seudoesclavos o maquilador de sus productos para domesticar las mentes.

Necesitamos forjar nuestra conciencia y no comer carne, no beber sus venenos, ni su comida chatarra, no usar plásticos ni unicel, practicar la meditación, el yoga, el taichí, andar en bicicleta porque crea conciencia y salud, hacer consciente todo lo que comes, lo que respiras, lo que portas, lo que usas, lo que hablas; trasforma tu medio, construye tu conciencia, para ello debemos formarla todos los días: reflexionar, debatir, analizar a profundidad todo. No tenemos el poder, ni el dinero, nuestra única herramienta es la conciencia y que somos millones queriendo un cambio de paradigma. La conciencia de mí, de mi derecho y del derecho de todos y de todo. Sabiendo que todo lo que está en el mundo es responsabilidad de todos y por lo tanto tenemos autoridad sobre ello, nada nos puede ser ajeno.

Pero la conciencia no se gana un día y ya permanece ahí inmaculada, la conciencia se gana y se pierde todos los días y se debe luchar todos los días por ella, estudiar, leer, conocer, porque la conciencia sí tiene niveles y estos dependen de la información; cada día se sabe más sobre cómo podemos afectar menos al planeta. No podemos seguir permitiendo que se crea que el nivel de vida es igual a la capacidad de consumo y que la calidad de vida tiene que ver con la cantidad de cosas que posees. No existe mejor nivel de vida que vivir sano y en comunión con la naturaleza y la mejor calidad de vida te la da tu autonomía, el producir lo que consumes en armonía y respeto a todo lo vivo. La comida, el agua, el resguardo, la información y la comunicación no pueden seguir siendo una mercancía, porque son derechos fundamentales. Si tu gobierno sigue con políticas que dañan el ambiente, con energía fósil, con megaproyectos extractivistas, combátelo, lucha para que cambie sus políticas públicas, por políticas de vida que ayuden a enfriar el planeta.

Es tiempo de hacerle caso a la sabiduría milenaria que llevamos en cada célula, que sabe cómo deben ser las cosas y no al ego artificial, necesitamos evolucionar hacia nuestro pasado, necesitamos perder el miedo a cambiar, porque amamos tanto a nuestro niño caprichoso, que no queremos que nada cambie y nos negamos a darle espacio al niño descubridor y creativo que construyó este mundo con los antiguos. Sólo en los últimos 50 años hemos dañado más al planeta que en sus 5 mil millones de años de existencia. Debemos parar ya, porque a este paso, en sólo 30 años el daño será irreversible.

La relación de los pueblos originarios con el medio ambiente crea equilibro y respeta la biodiversidad; aprendamos de ellos, defendamos sus territorios, necesitamos liberar cada palmo de tierra del neoliberalismo, del capitalismo criminal que ve a la naturaleza como mercancía, impulsado por seres hedónicos que solo ven sus satisfacción personal inmediata y no les importa los millones de seres que necesitan la tierra, las otras 30 millones de especies que para su desgracia comparten el planeta con nosotros y no les importan la generaciones que vendrán.

Somos intelecto, corazón, sexo y cuerpo luchando en direcciones opuestas por falta de conciencia, las necesidades de tu mente, son diferentes a las de tus emociones, que son diferentes a las de tu sexo, que son diferentes a las necesidades básicas de tu cuerpo, cada segundo de tu vida son cuatro potentes caballos que tiran en direcciones opuestas; medita, piensa y aplica tu convicción para que tus cuatro rumbos sean uno: salvar al planeta. Todos necesitamos pertenecer y ya pertenecemos, somos hombres y mujeres que pertenecemos a ese pequeño lugar que no es un país, un estado, una ciudad, un pueblo, un barrio, es ese pequeño pedazo de tierra, de cemento, un adoquín, un ladrillo o un punto en una pared de nuestra primera infancia, pero todo está en el mundo, sólo existe una nacionalidad posible, todos somos ciudadanos del mundo. No somos seres abstractos, pero podemos ser seres universales, deja que tu niñez creativa pertenezca al universo; es tu niñez intransferible de ese punto en la pared, la que debe integrarse a la conciencia universal a la que pertenecíamos antes de los tres años, regresemos a nuestra consciencia colectiva de antes del ego y luchemos juntos por la felicidad, porque somos seres sociales, nada valemos sin el otro, el valor lo adquirimos juntos.

Ya no necesitamos más padres que dan su vida porque a sus hijos no les falte nada, porque no podemos seguir alimentando esta gran soledad colectiva, que viene de adentro de seres a los que no les faltó nada excepto sus padres, no necesitamos más huérfanos de la planta laboral. Sería bueno regresar a cantarle a cada mañana como los pájaros, disfrutando el amanecer, disfrutando el estar vivos; es tiempo de festejar al sol cada día, como si con el ocaso existiera la posibilidad de no volverlo a ver, porque vivir con entusiasmo es eso; la palabra entusiasmo es de origen griego y significa tener a los dioses adentro, no puede existir otra forma de vivir, no permitas que te roben la vida con consumo. Decía Séneca que pobres son los que necesitan mucho, sólo necesitas creer en ti y en los que vienen después de ti, como yo ahora creo en ti, porque si dejamos de creer, nos enamoramos de las cosas para intentar llenar ese vacío, que no se llena más que luchando por lo que crees; Todo derecho humano que conoces es porque hubo gente que luchó por él; el que puedas leer esto, tu derecho a saber, a disentir, a la salud, a la educación, a la alimentación, a votar, etcétera. Todos y cada uno de tus derechos fueron ganados por la lucha y entusiasmo de los hombres y mujeres de antes, que dieron su vida para que tú, hoy puedas luchar por el planeta, nada nos fue dado, te toca ganar nuevos derechos para los que vienen.

Necesitas una causa, cometer tus propios errores, y si caes, se ha demostrado que tenemos la capacidad de volver a empezar mil veces, si no te gusta tu vida siempre te puedes hacer otra y las que necesites, pero no pierdas tu causa y si no puedes cambiar al mundo, puedes cambiar tu vida, tu entorno, no te tragues el capitalismo consumista, si no luchamos por enfriar al planeta, si no hacemos conciencia de todo nuestro quehacer, de todo nuestro consumo, estamos contribuyendo a la muerte, si sigues consumiendo energía fósil, plásticos, desechables, comida de supermercado, muerta, con agroquímicos, estas contribuyendo a la muerte. Ya no basta con dejar de hacer, necesitamos pasar a la lucha, a sembrar nuestra comida, a producir lo que consumimos, a cultivar la solidaridad y no permitir más políticas asesinas, crea tu propia corriente de pensamiento, júntate con tus pares y lucha.

Si eres joven la vida se te escapa minuto a minuto, y no puedes ir al supermercado y comprar más vida, entonces lucha por vivirla, dale contenido a tu vida. Si tuviste un sueño y luchaste por él, siempre quedará en ti ese aliento de dignidad que le dio sentido a tu existencia.

Lo importante es el camino, la utopía es la única meta y es necesariamente inalcanzable, porque existe sólo para poder caminar hacia ella. Si luchamos por encontrarnos, hasta nuestros desaparecidos nos encontrarán. Seamos imperfectos, dejemos la aburrida perfección a los dioses, y vivamos cada día como si fuera el último con alegría desmedida.

Deliremos y creamos que otro mundo es posible. Vivamos por vivir nomás, fluyamos constantes como río, como ola, como viento, sin aspirar a tener nada que no sea un cuerpo desnudo entre los brazos y un planeta donde amarlo.

La vida es una construcción consciente.

Iván Uranga

@CompaRevolución

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