¿Qué mundo quieres? Autor: Iván Uranga

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Si te pone feliz el vuelo de los demás, entendiste todo
I.U.

FINN de la educación
El talento
El inconsciente colectivo
Inteligencia emocional.

Cuando en un primer ejercicio de consciencia en algún momento todos los seres humanos pensamos o dijimos que “yo creo en un mundo mejor” el problema como en todo es la preposición, porque si tuviéramos la fuerza, la convicción, el conocimiento y motivación necesaria para quitar la palabra “en” de esa frase, entenderíamos cuál debe ser la función de nuestra especie en el planeta, pero todo es cosa de empezar a caminar; ten la certeza de que el primer paso no nos llevará a donde queremos ir, pero seguro nos sacará de donde estamos, del statu quo, del confort de la ignorancia de pensar que se pude vivir sin consciencia. Debemos entender que si no cambiamos nuestros niños y niñas no pueden cambiar, porque para su desgracia serán un reflejo de lo que somos.

“Quiero hacer contigo, lo que la primavera le hace a los cerezos”
P.Neruda

En cada sociedad, los niños harán el papel social que actualmente desempeñan los adultos. Nuestros sistemas de aprendizaje tienen la tarea de preparar a los niños y a las niñas para esta responsabilidad final. Por lo tanto, en todo el mundo las personas buscan mejoras en la educación. Algunos buscan fortalecer sus habilidades académicas básicas y otros buscan enfocarse en el pensamiento crítico. Otros buscan promover el civismo o el carácter, y otros buscan proteger a los niños y a las niñas de las drogas, la violencia y el alcohol. Algunos padres quieren tener un papel más relevante, mientras que otros opinan que la comunidad en general debería involucrarse.

Existen áreas de consenso entre la mayoría de las personas a las que nos interesa el tema, tenemos claro lo que queremos que aprendan y sean capaces de hacer nuestros hijos e hijas y de esta manera definimos lo que buscamos que aprendan para la vida. En mi experiencia lo que necesitamos que nuestras niñas y niños aprendan es:

  • Aprendan a pensar;
  • Estén totalmente alfabetizados y sean capaces de utilizar el poder de la palabra escrita y hablada en diferentes formas;
  • Entiendan las matemáticas y las ciencias en niveles que los preparen para el mundo del futuro y fortalezcan su capacidad para pensar de manera crítica, cuidadosa y creativa;
  • Tengan gran capacidad para resolver problemas;
  • Asuman la responsabilidad por su salud y su bienestar personal, cuidando cada elemento de su consumo, y sean responsables de su cuerpo y sus emociones;
  • Desarrollen relaciones sociales efectivas tales como aprender a trabajar en equipo y aprender a relacionarse con los demás y con personas de culturas y orígenes diferentes a los propios;
  • Sean individuos comprensivos, considerados y respetuosos consigo mismos y con los demás;
  • Comprendan cómo funciona su sociedad y estén preparados para asumir los papeles que les sean necesarios para transformarla positivamente;
  • Desarrollen un buen carácter y que tomen decisiones moralmente sólidas;
  • Sean solidarios;
  • Desarrollen sus diversas capacidades de expresión creativa;
  • Sean autosuficientes y sepan construir autonomía en comunidad;
  • Se entiendan como seres temporales y asuman el cuidado y tutoría de la vida que les rodea y del planeta para su bien vivir y el de la generaciones futuras;
  • Desarrollen resistencia a la frustración;
  • Aprendan a sentir.

Todos estos son aspectos de lo que llamo “Formación Integral del Niño y de la Niña-FINN” jugando un poco con la pregunta que todo pedagogo, psicólogo, filósofo o sociólogo me ha hecho en mis diferentes áreas de formación: ¿Cuál es el fin de la educación? pues ahí está el FINN.

Educar integralmente al niño y a la niña no es una idea reciente, ya que se remonta a las obras y enseñanzas de diferentes culturas antiguas. De manera que lograr el tipo de equilibrio que motiva a todos a aprender, a trabajar y a contribuir con todo su potencial ha sido un reto continuo, a medida que nuestro mundo se hace más complejo y nuestras comunidades se fragmentan más. La mayoría de los puntos del FINN señalan aspectos de la educación que se consideran vinculados a la formación del carácter, al aprendizaje de servicio, al civismo y a la inteligencia emocional. Todos estos elementos pueden expresarse en un solo concepto: aprendizaje socioemocional.

Desde donde puedo ver, estos elementos deben ser el modelo educativo primario de cualquier ser humano en cualquier nación, a los que en un segundo nivel, cada ser humano integrará a su formación las habilidades, conocimientos científicos y/o formación académica que decida. Con esta formación primaria cada ser humano podría decidir desde el principio de su adolescencia una tendencia para su siguiente ámbito de formación, pero ya entendería básicamente cuál es su talento, es decir; la suma de lo que le gusta, lo que aporta a los demás y lo que se le da de forma natural.

Explico: Si un ser humano se dedica a lo que “le sale bien” y “le guste” sin aportar a su comunidad es sólo una afición. Si un ser humano se dedica a “lo que aporta a la comunidad” y “le sale bien” pero no le gusta, será convertirá en una labor rutinaria. Si un ser humano se dedica a “lo que le gusta” y “aporta a otros” pero no se le da o le sale bien, habrá frustración y será vulnerable, así que el “talento” es la suma de lo que nos gusta, con lo que nos sale bien, con lo que aporta a su comunidad. Por lo que la propuesta es que para el segundo nivel formativo ya que se formaron en el FINN se trataría de fomentar el talento.

El principal problema que enfrenta la formación integral es la visión adulta de la vida.

Hasta que no hagas consciente lo que llevas en tu inconsciente,
el inconsciente dirigirá tu vida y lo llamarás destino

Carl Gustav Jung

Como bien señala el maestro Jung el problema real de toda la humanidad es la falta de consciencia, son tantos y tan sutiles los elementos que componen el inconsciente individual y colectivo. Cuando veo tantas autofotografías o selfies en las redes sociales me muestra un mundo de personas gritando su miseria antropológica de quienes son, aparentando quien quieren ser; que cuando escriben no hay forma de conocerlos. Mientras no se entienda que el primer punto real de contacto entre las personas, no son las palabras, ni las fotografías, ni siquiera el contacto físico, el primer punto de contacto entre las personas es la energía, y como algunos y algunas de ustedes lo han descubierto la intención de las palabras también viaja en los bytes y se pueden transmitir virtualmente, como ahora, lo que usted está sintiendo al leer este texto es la intención de mis palabras, no el significado de ellas.

En los estudios realizados por Emoto Masuru nos demostró hace algunos años que los pensamientos dirigidos al agua cambian su estructura y las investigaciones del año pasado de Giacomo Rizzolatti sobre las neuronas espejo como fuente de la empatía demuestran que es mucho más importante la intención que las palabras o las acciones mismas. (Si quiere saber más de este tema siga este enlace https://julioastillero.com/el-nombrador-de-las-cosas-autor-ivan-uranga/). Desafortunadamente las estructuras de la mente inconsciente compartidas entre los miembros de la misma especie lo inconsciente del colectivo humano, está poblado por instintos y arquetipos: símbolos universales como la gran madre, el viejo sabio, la sombra, la torre, el agua, el árbol de la vida y otros que por regiones determinan el comportamiento de las masas y los llevan a determinar los estereotipos de pareja, familia, comportamiento, sociedad y de hasta qué tipo de gobierno eligen, que sin entender su propio subconsciente y el inconsciente colectivo con la suma de los paradigmas impuestos se llega a pensar que es el destino tener un líder religioso, un rey o un presidente. El problema de esta visión adulta de la vida, radica en todos y cada uno de los presupuestos forjados en el subconsciente a partir de la experiencia propia en donde por falta de una inteligencia emocional desarrollada significamos y exponenciamos las experiencias negativas sobre las positivas.

Por lo que un primer “parche” para la Formación Integral de las Niñas y los Niños FINN, es trabajar la inteligencia emocional de los adultos bajo 5 competencias básicas:

  • Manejo del estrés: se requiere formar el pensamiento flexible, optimista y la capacidad para gestionar el estrés entendiendo los elementos internos y externos que lo provocan;
  • Percepción de sí mismo: se necesita asumir la consciencia sobre sí mismo, la autorrealización, y la consciencia emocional, con prácticas como el yoga y la mediación para fortalecer la autoestima;
  • Expresión de sí mismo: logrando la independencia, la autogestión, la autonomía o mínimamente suplir con asertividad su estructura verbal y alejando la relaciones tóxicas de tu vida;
  • Desarrollo interpersonal: desarrollando trabajo comunitario, responsabilidad social y empatía, para lo que será necesario fortalecer la resiliencia;
  • Toma de decisiones: comenzando con el control del impulso, talleres de resolución de problemas o conflictos, y análisis permanente de la realidad.

El problema principal es que cuando no podemos poner en palabras lo que sentimos nos apropiamos de esos sentimientos, y se vuelven parte de nuestro ser cotidiano, por ejemplo: si a tu ira no le puedes poder nombre, te vuelves iracundo; es absurda la idea que nos han inculcado de esperar a tener “todo” para disfrutar de la vida, cuando ya tenemos la vida para disfrutar todo. Si me preguntan les diría que el principal problema de salud en el mundo es la deficiencia emocional, porque cada vez que no podemos expresar, o verbalizar alguna de nuestras emociones algún órgano de nuestro cuerpo “las verbaliza” las expresa, llora y se refleja en una falta de equilibrio físico de origen emocional que se diagnostica como enfermedad a la que insisten en curar con químicos y no con formación integral, con aprendizaje o con desarrollo de la inteligencia emocional. Los estragos que la ineptitud emocional causa en el mundo son más que evidentes. Basta con abrir un diario (o Twitter o Facebook) para encontrar consignadas las formas de violencia y de degradación más aberrantes, que no parecen responder a ninguna lógica. Hoy por hoy no nos genera mayor estupor escuchar que un corredor de bolsa se haya arrojado de un rascacielos tras una repentina caída de la bolsa, que un marido haya golpeado a su esposa o que, tras haber sido despedido, un empleado haya entrado en su compañía armado hasta los dientes y haya asesinado a varias personas indiscriminadamente.

Estas evidencias se suman a la ola de violencia que asuela al planeta, al alarmante incremento de la depresión en todo el mundo, a los niveles de estrés que van en franco aumento y a una interminable lista de síntomas: todos ellos dan cuenta de una irrupción descontrolada de los impulsos en nuestras vidas y de una ineptitud generalizada, y acaso creciente, para controlar las pasiones y los arrebatos emocionales.

Tradicionalmente hemos sobrevalorado la importancia de los aspectos puramente racionales de nuestra psiquis, en un afán por medir y comparar los coeficientes de la inteligencia humana. Sin embargo, en aquellos momentos en que nos vemos arrastrados por las emociones, cuando un chico golpea a otro por burlarse de él o un conductor le dispara a aquél que le ha cerrado la vía, la inteligencia se ve desbordada y los esfuerzos por entender la capacidad de análisis racional de cada sujeto no parecen tener mayor utilidad.

La abundante base experimental existente permite concluir que, si bien todas las personas venimos al mundo con un temperamento determinado, los primeros años de vida tienen un efecto determinante en nuestra configuración cerebral y, en gran medida, definen el alcance de nuestro repertorio emocional. Pero ni la naturaleza innata ni la influencia de la temprana infancia constituyen determinantes irreversibles de nuestro destino emocional. La puerta para la alfabetización emocional siempre está abierta y, así como a las escuelas les corresponde históricamente suplir las deficiencias de la educación doméstica, las empresas y los profesionales que quieran lograr la realización en el entorno de especialización y diversidad que caracteriza al mundo moderno deben tener consciencia de sus emociones y dotarlas de inteligencia.

No es un trabajo imposible, los responsables de la “educación” en nuestros diferentes países, deben entender que independientemente de las mafias políticas y educativas que se han apoderado del futuro de nuestros pueblos, se puede negociar entre mantener sus estructuras de poder y canonjías y aspirar a un mejor planeta, ellos y nosotros somos parte de las cientos de generaciones perdidas, pero si cambiamos un poco, sólo lo suficiente para creer que cambiamos, podríamos ofrecer a las nuevas generaciones un futuro, ya no un futuro con apellido, sólo un futuro, porque hemos agotado nuestras oportunidades, (https://julioastillero.com/manifiesto-por-la-tierra-autor-ivan-uranga/) debemos comenzar por entender el amor (https://julioastillero.com/que-es-el-amor-autor-ivan-uranga/) como un ente tangible, no una expresión o sentimiento abstracto, así como entendimos la importancia de las matemáticas aplicadas, el amor aplicado es la primer tarea, debemos optar por militar en la bondad (https://julioastillero.com/militar-en-la-bondad-autor-ivan-uranga/). Si logramos convencer a nuestros presidentes, a nuestros congresistas, a nuestras autoridades educativas, a nuestros sindicatos de la necesidad de transformar nuestros modelos de aprendizaje de raíz, manteniendo sus puestos y sus cotos de poder, tal vez tengamos la oportunidad de sentar las bases para un mundo en donde quepan todos los mundos.

Es muy claro que el planeta nos sobrevivirá y que después de nuestra extinción en sólo unas decenas de miles de años no quedará ni el suspiro de los que somos, pero esta maldita consciencia, hace inevitable que nos cuestionemos qué tipo de mundo queremos, para nosotros, para nuestros niños y niñas y para las pocas generaciones que les alcance la existencia de nuestra especie sobre el hermoso mundo que nos tocó vivir de entre todos los mundos posibles.

La vida es una construcción consciente.

Iván Uranga

@CompaRevolución

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