Autonomía y permacultura. Autor: Iván Uranga

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Cómo ser y cómo hacer “con lo que hay”.

La permacultura es un sistema integral de vida basado en los patrones y las características de la naturaleza respetando su esencia, que incorpora técnicas de cultivo, de construcción, de percepción espiritual, de salud, de organización social y económica, que tiende a la construcción de la autonomía de los individuos y los colectivos.

Aunque originalmente el término se refería a la posibilidad técnica de cultivar permanentemente, por sus implicaciones en la práctica permacultura ahora se entiende como “cultura permanente” en el aspecto global del concepto cultura, que no es otra cosa que hacer conciencia total de nuestro consumo, nuestra salud y nuestras acciones en lo material y lo inmaterial para producir lo que consumimos y transformar nuestro entorno en armonía con el todo, a través de un diseño biointegral.

La permacultura infiere la agroecología, la bioconstrucción, el cooperativismo, la economía solidaria, un profundo respeto a la vida, la tierra y el agua con una perspectiva a largo plazo, los ciclos naturales de materiales y los flujos energéticos dentro de los sistemas fundamentales que sostienen la vida. Desde sus inicios a finales de los años 70, la permacultura se ha consolidado como una respuesta positiva a la crisis ambiental y social presentando modelos de policultivo no invasivo sin químicos, construcción con materiales orgánicos, fomentando una percepción holística de la salud y la naturaleza, viviendo en colectivos y fundamentando su economía en el trueque facilitado con el uso de monedas comunitarias.

Estas sociedades que para muchos podrían sonar utópicas existen por miles en todo el planeta a tal grado que el capitalismo ha incursionado en este concepto; muchos hombres y mujeres, formados en esta filosofía de vida ahora prostituyen lo aprendido y venden el concepto a hoteles de lujo y a particulares que pagan millones por tener una casa o un área de descanso donde puedan entrar en contacto con su yo neoliberal. Incluso ya existe una licenciatura con registro de la SEP que imparte  esta carrera a los hijos de los hippies de los sesentas y los deforma para ser obreros caros de los dueños del dinero.

Pero la permacultura comunitaria es otra cosa, fundada en los mismos preceptos de la permacultura tiene como finalidad no construir ambientes para ricos, sino construir colectivos y transformar comunidades para lograr una conciencia colectiva que permita una vida autónoma y en comunión con todo. Es la construcción de la sociedad solidaria y consciente en donde predomina el respeto y el consenso, y que incorpora un modelo educativo propio de autogestión y aprendizaje comunitario en el que se aprende a ser haciendo, nuestra aula de aprendizaje es la naturaleza misma, incorporamos el conocimiento científico y tecnológico a los saberes milenarios de nuestros ancestros creando granjas, huertos, milpas, bosques comestibles, captando nuestra agua, produciendo nuestra ropa, calzado, nuestras herramientas, nuestra energía, nuestra salud, aprendimos a hacer “con lo que hay” eliminando el concepto de basura al 100%. Intercambiamos y compartimos nuestros excedentes y el dinero sucio (como le dicen los compas al peso), que entra a la comunidad principalmente por talleres y transferencia de tecnologías, lo intercambiamos por lo que todavía no producimos.

Independientemente de nuestras áreas de especialización formal e informal, quienes optamos por esta forma de vida hemos encontrado en la construcción de la autonomía comunitaria una visión del mundo que nos permite vivir con dignidad y en armonía. En un principio intentamos aislarnos pero el avance del modelo extractivista criminal nos ha alcanzado y ahora dedicamos mucho de nuestro esfuerzo a defender nuestros territorios de los agroquímicos, de las mineras, las presas, las autopistas; por lo que nos han llamado “resistencias” porque nos resistimos a este concepto de desarrollo que se cuantifica en cuántos miles de hectáreas se pueden matar con monocultivos y qué tierra y especies se extinguen con concreto, con basura, en el que se mide el tiempo de existencia de la tierra y todo lo que vive de ella en la cantidad de contaminantes que se emiten.

Desde donde observamos nos parece absurdo este “desarrollo” cuando ya existe todo el conocimiento y la técnica para dejar de contaminar, de producir basura, de sembrar sin agroquímicos y de ser autónomos. Se insiste en combustibles fósiles y en hidroeléctricas, teniendo al sol a nuestro servicio, se secuestra el agua y les piden rescate a los consumidores si es que quieren beber ya sea por la llave o en botellas de plástico, cuando es mucho más fácil captar el agua de lluvia que entubarla y bombearla a través de miles de kilómetros, hacer paneles solares, antenas para captar el internet que anda por ahí volando. No se necesita tener las grandes extensiones de tierra, hemos logrado modelos autosuficientes en menos de 500 m², y huertos familiares en pirámides biointensivas en 20 m², así como técnicas para sembrar eficientemente aun sobre cemento, en lozas, techos o calles. Estufas solares del tamaño de una carpeta a un costo inferior a los 200 pesos que puede cocer frijoles.

El problema es el modelo de desarrollo en el que nos han metido, en donde se van por el excusado 50 litros de agua diarios por persona en lugar de usar baños secos y hacernos responsables de nuestros deshechos para devolver a la tierra lo que tomamos de ella, preferimos cerrar los ojos. Es una gran bestia que se devora la cola a sí misma, nos han creado la necesidad del consumo como estrategia de control, y nos han vendido la idea del dinero como dios todopoderoso, –les recomiendo leer este hipervínculo “la riqueza es nuestra, el dinero es de ellos”–. Al Sistema dominante lo que le interesa es tener el control sobre todo y sobre todos, a los dueños del sistema no les interesa ni la Tierra ni el futuro, es el hiperego que requiere satisfactores inmediatos en tanto lo finito de su existencia, así como algunos gozan hablando a multitudes que los aplaudan, otros que ya saben que no les aplauden gozan acumulando riquezas y comprando afectos, su vacío es tan grande como la cantidad de poder y riqueza acumulada, ¿o para qué quieren tanto reconocimiento, tanto aplauso, tanto dinero?

Los usuarios de este sistema dominante son quienes alimentan al sistema y su funcionamiento, desafortunadamente es muy difícil para los adultos intentar cambiar por tantos falsos patrones apropiados, pero son los jóvenes y los niños los que nos dan la pauta, miles de ellos se incorporan cada día a nuestros proyectos en la búsqueda de una forma diferente de vida, porque no les gusta lo que ven, lo que viven. El resultado de vivir en el sistema dominante es lo que ven en sus adultos cercanos y no les gusta lo que este sistema produce, así que sin certezas y con miles de preguntas, llegan por intuición a nuestras comunidades y colectivos buscando una vida buena que los dignifique y les dé una causa noble de existencia.

A raíz de comenzar a publicar esta serie de artículos que cuestionan lo existente y presentan siempre alguna alternativa, muchas voces que no me conocen, me preguntan que quién me paga por escribir lo que escribo, pues aprovecho para comentar que nadie me paga, lo hago por convicción, e incluso cuando me llegó una propuesta de apoyo económico de ex compañeros de otras luchas que ahora están en el poder la rechacé (acá les dejó la carta de rechazo por si a alguno le interesa).

Los invitamos a todos y a todas a buscar una vida congruente y digna; el primer paso es reflexionar sobre nuestro consumo en el sentido total de la palabra, es decir qué comemos, qué respiramos, qué portamos, qué leemos, qué vemos, qué escuchamos, qué tocamos. Pregúntense por el origen y el cuidado de su comida, si los alimenta, si está bien lo que respiran, si los nutre, si la ropa que portan los enaltece, si conocen el material, las manos y el esfuerzo de quien la hizo, si lo que leen o lo que ven los hace mejores personas, si lo que escuchan o lo que tocan los forma o si lo que platican o comentan los dignifica.

La vida es y debe ser una construcción consciente.

Todo es imposible en la víspera.

Iván Uranga

@CompaRevolución

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