La ética secuestrada; crónica de una relación tóxica. Autor: Iván Uranga

Pequeña crónica a modo de abstracto.

La función original de la ética es construir buenas personas y de la política buenas instituciones, por lo que en la teoría debieran tener una relación sana que permitiera construir un hogar en el que todos los que lo habiten vivan en paz y armonía, pero en la realidad la ética sufrió una desaparición forzosa y la tiene la política en un cuarto oscuro bajo tortura obligándola a declarar en voz de los políticos que vive feliz y en libertad.

La relación entre ética y política siempre fue tensa y peligrosa, porque la ética permanentemente fastidiaba a la política con un fuerte relativismo moral intentando la honestidad, la igualdad y la justicia, que por la coexistencia en un plano social de la política, eran inoperantes y cuando el debate de las ideas murió y la política se contaminó del virus del individualismo radical, dejó su función original y se convirtió en gobierno y en estado y en partidos políticos y en medios de comunicación y en periodismo y en cultura y en alimentación y en medio ambiente y en todo. Al estar sujeta al individualismo radical, la política ya no podía construir buenas instituciones y contaminó cada ámbito de la vida con el interés mezquino del dinero y/o poder del virus del individualismo radical.

Por lo que la ética era todo un estorbo, una molesta voz permanente que intentó por todos los medios curar a la política de aquel mal.

Hoy el mal, el individualismo radical ganó, él y la política son uno sólo, por lo que fue necesario secuestrar a la ética y darle su calentadita para que confesara que ella era la responsable del quehacer del gobierno, del estado, de las instituciones, de la economía y hasta del calentamiento global, porque para los gobiernos ha sido “la mejor decisión” priorizar la economía a la vida, “porque fortalecer la economía permitirá generar trabajo” y convirtieron la pablara “mejor” como sinónimo de la ética, así hoy es “ético y mejor” usar carbón para producir electricidad, extraer petróleo y consumirlo para los medios de transporte, perforar minas, destruir bosques, extinguir especies, culturas, naciones por el bien de la economía. Todo firmado por la ética que a punta de madrazos ha confesado públicamente en voz de los gobernantes que es lo mejor para todos.

Ética y política en la sociedad democrática

Somos lo que hacemos;
Las acciones son la única forma de explicar la ética y la política
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Si algo parece cobrar gran actualidad en la política contemporánea es la necesidad de analizar la singular relación que ella entabla con la ética. En un contexto en que los niveles de corrupción han crecido enormemente, incluso en sociedades que se caracterizan por su transparencia, los discursos que apelan a una ética que contenga el desenfreno egoísta con el que parecen moverse en el presente los actores políticos, reactualizan puntos de vista incluso moralistas que no encuentran un marco adecuado de realización.

¿Cuál es, pues, la verdadera relación entre ética y política? No es casual que hagamos la misma pregunta que hiciera Max Weber en 1919, sobre todo si tenemos en cuenta las condiciones de crisis en las que se encontraba el planeta hace 100 años producto de la Primera Guerra Mundial, ahora, como entonces, se desenvuelve la política, bajo condiciones que hacen aflorar los elementos más perturbadores de la política.

Es en estos momentos de quiebre que se plantea desde la sociedad la necesidad de ‘moralizar’ la política, sin tener muchas veces en cuenta que las relaciones entre estas dos dimensiones se debaten entre un deber ser imaginario, todavía influenciado por el paradigma griego, y un ser que se muestra en muchos casos descarnadamente amoral. Y podemos encontrar afirmaciones como las hechas por Andrés Manuel López Obrador presidente “progresista” de México que inmediatamente después de publicar un libro llamado “Economía Moral” declara que «Las energías limpias son un sofisma. Lo que hay que hacer es comprar más carbón». Tanto el libro del mandatario como su ética realmente viven en el mundo de la ficción y sus declaraciones sí son sofismas, porque usa argumentos falsos que pretende pasar por verdaderos. Lo que realmente intenta, junto con todos los demás gobernantes, es llevar a la ética por la fuerza al ámbito de la economía capitalista, que busca el poder, como objeto específico de la política, y quiere penetrar por la fuerza la dimensión ética, introducir su lógica particular, en donde la producción y la ganancia son “moralmente” más importantes que la vida en el planeta.

Características de la política actual

Antes que militar en un partido político, es necesario militar en la bondad.

Desde Maquiavelo ya se hizo evidente que el objeto de la política no era otro que el poder, algo que, sin embargo, había sido velado durante muchos siglos; en parte, por la subordinación aparente de la política a la ética, y es la subordinación real de la política al individualismo radical de lo privado, por lo que hoy es evidente que son no más de 10 grandes magnates quienes compiten entre ellos para determinar quién gobernará en cada Estado, para que estos gobernantes les faciliten obtener más poder a través de grandes negocios extractivistas, en tanto que la única riqueza real se encuentra en la naturaleza, por lo que han creado una macroeconomía superficial, en la cual flotan y fluctúan las economías de los gobiernos y los gobernados, dándoles una falsa sensación de seguridad económica si dejan que su banco administre su dinero producto de su esfuerzo, con lo que los bancos establecen un juego internacional de inversiones que les deja la ganancia a ellos, los dueños de los bancos, es decir; tu trabajas, tu esfuerzo te genera un recurso y ellos se hacen millonarios con tu trabajo y tu recurso.

En el mismo ejemplo (no porque los demás gobernantes sean mejores, es sólo porque corresponde a mi ámbito territorial), López Obrador insiste en el discurso de erguirse moralmente por encima de los otros gobernantes anteriores y actuales, mientras en la práctica implementa medidas para garantizar que el individualismo radical, el capitalismo criminal prevalezcan; nos dice en el discurso que ya no hay fracking y Pemex sigue usando esta práctica criminal de extracción, nos dice que no habrá más transgénicos y lo permite “sólo durante su mandato y después estarán prohibidos” sabiendo que el siguiente gobernante hará lo mismo, nos dice que es ecologista y construye refinerías, nos dice que respeta a los pueblos indígenas y en la práctica los engaña, les miente y simula consultas para implementar los megaproyectos extractivistas para beneficio principalmente de BlackRock su administrador Larry Flink y su dueño George Soros que controlarán el trasiego de mercancías entre océanos gracias al Tren Maya, el Corredor Interoceánico que partirá a México por su cintura y el Proyecto Integral Morelos destruyendo comunidades, vidas, sitios prehispánicos sagrados y matando al Río Cuautla para garantizar la planta productiva.    

Este secuestro de la ética, para transformarla en una deformidad llamada ética-política, ya no permite hablar de lo bueno o lo malo de una sociedad o de un gobernante o político. La verdad, la libertad y la justicia dejan de ser utopías de las sociedades, para dar paso al “bien común” como eje de gobierno por lo que ahora, lo que se busca en un gobernante es fundamentalmente la eficacia para mantener el poder del estado y la promesa de un mejor futuro para cada individuo. La mayor aportación de la democracia es la creación política del individuo, por lo que las decisiones de un gobierno democrático deben garantizar el bienestar del individuo dentro del bien común, por encima de la vida.

Por ello y para concluir esta breve columna diré que la definición de la política que predomina actualmente es la de Carl Schmitt, jurista, politólogo, filósofo y político alemán, figura esencial del movimiento revolucionario conservador y un prominente miembro del partido nazi que afirmaba que “lo que es moralmente malo, estéticamente feo y económicamente dañino, no tiene necesidad de ser por ello nuestro enemigo; lo que es bueno, bello y útil no necesariamente es nuestro amigo, en el sentido de lo político”. La política tiene así una especificidad que le es propia, totalmente ausente de ética y que está determinada por el poder.

Una característica de la política dentro de la democracia actual es que su distancia de la ética, es proporcional a su distancia de la cultura y las ciencias, por las obvias razones de que las decisiones son de carácter económico y no estético o científico, hace mucho tiempo que la política se alejó de la certeza científica, de la belleza, del conocimiento y de la búsqueda de la verdad.

  • AMLO usa la consulta pública para pervertir la ética, la justicia y los derechos humanos.

Se habla de combate a la corrupción mientras la impunidad es la que educa; en México sólo 1% de los delitos son sancionados, la falta de sanción ante las violaciones, los asesinatos, la tortura y el robo es lo que forma el imaginario colectivo de justicia, al mismo tiempo que marca el límite tolerado por esa sociedad particular. En ese sentido, la efectiva condena del transgresor cumple una función pedagógica de la que ningún sistema político debería prescindir. Pero para que la condena deje efectivamente marca en la sociedad política es imprescindible que la justicia no dependa de la política, en el momento en que se pretende hacer una consulta ciudadana para determinar si se aplica la justicia, o se hace válido un derecho, se aniquila el principio de justicia y elimina los derechos humanos, pervirtiéndolo al convertirlo en una decisión política.

Y regresando a la crónica. Las declaraciones sobre economía moral siguen apareciendo firmadas por la ética, aunque a decir de los grafólogos las firmas están cada vez más distorsionadas, estas afinaciones y el hecho de que no tenga apariciones públicas están poniendo en duda su existencia. A la ética se le vio por última vez en los sótanos del Campo Militar Número Uno, pero nada se ha podido confirmar.

En todo caso un servidor no desistirá hasta encontrarla.

¡Porque viva se la llevaron, viva la queremos!

La vida es una construcción consciente.

Nota: para aquellos que han seguido mis lecturas sobre el tema desde la publicación de mi ensayo sobre “Ética y política en la sociedad democrática” en 2000, les comento que si la editorial no dice otra cosa, el libro saldrá a principios de año.

Iván Uranga
Iván Uranga

Especialista en Ciencias Sociales, promotor de comunidades autónomas autogestivas, investigador social, docente de Permacultura, escritor de
ensayos, novelas, cuentos, teatro y poesía.

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