Las obligaciones y los deseos en la nueva normalidad. Autor: Víctor Manuel Rodríguez Molina

Imagen ilustrativa. Foto: Xinhua.

La pandemia del COVID-19 irrumpió en todas las actividades económicas y sociales del mundo. Ya han transcurrido 10 meses desde su inicio, en los que hemos tratado de sobrevivir, mantener nuestras actividades y replantearnos algo que hemos denominado nueva normalidad. Las sociedades deben de mantener su ritmo evitando caer en retrocesos, sin embargo, lo primero que ha sido evidente es que retomar la vida cotidiana como la conocíamos antes no será nada fácil, o ya no podrá ser igual.

En estos meses de pandemia hemos aprendido bastante sobre cómo convivir con la amenaza latente de ser infectados por un virus qué puede traer consecuencias mortales. Lo más evidente es que aún no existe una fórmula efectiva que garantice la seguridad y el trabajo de las personas. Se han intentado todo tipo de alternativas, desde ignorar la presencia del virus y continuar con nuestra vida cotidiana, hasta extremar las medidas interrumpiendo gran parte de las actividades. Lo más desconcertante es que a pesar de todos los intentos por adaptarnos no hemos encontrado una solución óptima. Es en este contexto que, a nivel individual, nos hemos visto atrapados en una burbuja dónde debemos continuar cumpliendo con nuestras obligaciones, con la aspiración a mantenernos sanos y en las mejores condiciones posibles.

La pandemia del COVID-19 viene acompañada de problemas económicos, sociales y de índole emocional que impacta fuertemente en nuestra salud mental. En este sentido, todos los esfuerzos qué buscan mantener andando la economía, las instituciones, el orden social, y que la vida continúe con su desarrollo, se ha visto trastocado a un precio muy alto, a costa de la salud y la vida de muchos. Todos conocemos las historias de quienes por cumplir con sus obligaciones y mantener su trabajo resultaron infectados y en algunos casos tristemente perdieron la vida. Pero también existe la negligencia de exponerse innecesariamente en riesgo dañando a los demás. Aquí ya no importa dónde fue la fuente de contagio, no importa sí se fue negligente y poco cuidadoso, no importa si se tenía necesidad de exponerse o no, lo único que importa es que esas personas se infectaron y en algunos casos murieron.

Este es el verdadero reto, ¿qué tanto es correcto y ético exigir que las personas cumplan con diversas obligaciones y deseos cuando se pone en riesgo la salud y la vida? Aunado a la cadena de eventos que se provoca, no hay que olvidar que las afectaciones involucran a todo el circulo social y familiar, con todas las implicaciones en su salud mental.

En conclusión, es obvio que no podemos continuar con la vida como la conocemos. El teletrabajo, la teleeducación, el trabajo restringido han sido respuestas momentáneas ante la emergencia, sin embargo, han quedado muy claras sus limitaciones. Requerimos de soluciones creativas que encuentren el punto medio entre el bienestar de las personas, su seguridad y el movimiento socioeconómico de los países. No se trata de victimizarnos, se trata de encontrar el equilibrio entre las obligaciones, deseos y bienestar.

¿Qué tanto las exigencias socioeconómicas pueden hacer de lado el aspecto humano y simplemente esperar que pase la pandemia, en espera de que se haya perdido lo menos posible? No hay discusión con respecto a la importancia de algunos aspectos materiales, no obstante, el costo a mediano plazo podría ser mucho mayor. Mientras continuemos en la búsqueda de soluciones sin salirnos de la rigidez que los cánones conocidos nos imponen, saldremos perdiendo todos.

Es momento de alcanzar la máxima eficiencia al menor costo, apartándose del utilitarismo deshumanizante. Todo esto puede interpretarse como una declaración de buenos deseos e ideas utópicas de reorganización de nuestra sociedad, pero la propia emergencia sanitaria ha puesto de manifiesto que, en medio de todo, se encuentra nuestra vida, lo que nos obliga al balance entre necesidades y bienestar. Son tiempos de sobrevivir, pero no son tiempos de florecer, son tiempos de limitar algunas necesidades para no descuidar lo esencial que es mantenernos vivos y a salvo. Cada uno podemos hacer la diferencia y en conjunto cuidarnos mucho más y mejor.

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