Fuga de Cerebros | Cinco mitos del narcotráfico

Por Francisco Carrillo, Alicia Hernández y Humberto Morales[1]

Ante el estreno de la nueva temporada de Narcos México por Netflix ¿Te has puesto a pensar qué tan cierto es todo lo que vemos en películas, series, novelas y corridos sobre el narcotráfico? En realidad, como sociedad nos encontramos llenos de mitos y prejuicios cada vez que nos ponemos a pensar sobre el narcotráfico y el crimen organizado. A continuación, te presentamos cinco mitos sobre el narcotráfico que vamos a desmentir.

Las y los adictos a las drogas son criminales

Hoy en día, cuando pensamos en “combatir” al narcotráfico, se nos viene a la cabeza operativos del ejército mexicano, armas de alto calibre y líderes criminales capturados que enfrentan un proceso penal. O tal vez, pensemos en algo más local, como un policía arrestando a consumidores de marihuana. Pero ¿sabías que esto no siempre fue así? Durante la década de 1930, esta perspectiva policial-militar contrastó con otra muy diferente: la médica. Es decir, ver al consumidor no como un delincuente o un peligro para la sociedad que necesitaba de pagar su adicción a esas sustancias con la cárcel o multas, sino como un paciente (toxicómano) que necesitaba atención médica para salir de esa situación. Fue ver el problema del narcotráfico como un asunto de salud pública y no como uno penal.

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Estas posturas se enfrentaron en junio de 1939, en la 24° sesión del Comité Consultivo del Opio, uno de los primeros foros internacionales sobre drogas. En este foro, la perspectiva policiaca (el consumidor es un delincuente que debe castigarse) prohibía el uso de drogas y fue defendida por Estados Unidos y Canadá (entre otros países), mientras que la postura médica (el consumidor es un enfermo que necesita curarse) fue presentada por México y apoyada por Polonia y Suiza. A pesar de un intenso debate, la postura estadounidense resultó vencedora por el poder político e influencia de que este país tenía en la antesala de la Segunda Guerra Mundial: nadie quería enemistarse con él por su potencial alianza militar. También, en ese momento, las drogas y el crimen organizado no eran considerados como asuntos de interés nacional como lo son ahora.

Pero como puedes ver, el prohibicionismo y la perspectiva que ve al consumidor como un delincuente no siempre fue la única solución al problema de las drogas.

Para los estadounidenses, los mexicanos y extranjeros son los culpables del narcotráfico

Desde el comienzo del siglo XX en Estados Unidos, el narcotráfico ha reflejado prejuicios raciales y clasistas hacia grupos extranjeros, como mexicanos y chinos, relacionándolos con la producción y consumo de drogas. Sin embargo, estas creencias están más basadas en posturas racistas, políticas y clasistas que en verdaderas dinámicas criminales o la propia historia del crimen organizado.

Al prohibirse el consumo de algunas drogas a inicios del siglo pasado, este negocio pasó a la ilegalidad y se formaron mercados negros. Estos, a su vez, fueron peleados por nuevas bandas criminales que utilizaron la violencia como método para proteger, expandir o garantizar su negocio. Esta disputa, se tradujo en un incremento de la violencia en las mayores ciudades de Estados Unidos. Así, cuando el gobierno y la prensa intentaron explicar por qué ocurría esta nueva ola de violencia, se decidió culpar a minorías y extranjeros[2]. Los consumidores estadounidenses, los políticos involucrados, los policías que protegían a las bandas no señalados como parte del problema: fueron los chinos que traían opio, los mexicanos con la marihuana y los afroamericanos con la heroína.

Este pensamiento racista también influyó en un pensamiento clasista, puesto que ahora el prejuicio sobre el uso de las drogas se fue construyendo hacia dentro de la sociedad. Los adictos, no sólo se enfrentaron a un problema de salud, sino a una discriminación social y marginación pública. También, comenzó una distinción clasista según en el tipo de droga consumida: había para ricos y para pobres. En la actualidad el tipo de droga que consumen los grupos sociales no sólo parece definir su economía, sino también su estatus, puesto que de ahí dependería su compra y comercialización.

Como ves, el racismo y clasismo han formado parte del narcotráfico desde su origen y no sólo los extranjeros son los responsables de los crímenes.

El narcotráfico es un problema del norte

Es bien sabido que la cultura del narcotráfico tiene un fuerte arraigo en la zona norte de la República Mexicana. Por ello, y por su historia, se ha hecho una generalización de que el narcotráfico es un problema de los estados norteños del país, dejando de lado el resto del país, como si en estas zonas no existiera el narcotráfico. Pero ¿esto es verdad? Totalmente falso. Existen registros históricos de plantaciones de amapola y marihuana en otras partes del país, como Guerrero y Michoacán, que datan desde el siglo XIX.

También, en la actualidad, el negocio del narcotráfico se ha expandido a nivel nacional. A pesar de los operativos en su contra que intentan “desarticularlos”, muchas organizaciones se adaptan y se dividen dejando “células” encargadas de controlar los diversos territorios; el claro ejemplo es la Ciudad de México. Lo que hace algunos años era algo casi imposible de pensar se volvió una realidad y la capital se ha visto involucrada cada vez más en las dinámicas nacionales: desde la aparición de narcomantas hasta atentados contra altos funcionarios públicos. Esto, se explica en gran medida a las nuevas relaciones criminales que se han formado entre organizaciones de trasiego de drogas internacionales (como lo pueden ser los llamados “cárteles” de Sinaloa o Jalisco Nueva Generación) con bandas locales, como las arraigadas en Tepito o Tláhuac.

Así, como puedes ver, el problema del narcotráfico no es exclusivo del norte: es nacional.

Un campesino que siembra marihuana en la sierra es tan culpable y criminal que el Chapo Guzmán.

Cuando se habla del narcotráfico y quiénes lo conforman, generalmente se piensa en quienes siembran los plantíos de diversas drogas hasta los comandos armados que continuamente vemos en los medios de comunicación. Sin embargo, debemos comprender que la cadena del negocio ilegal de las drogas va más allá de la producción y trasiego de drogas en un solo país: incluye a los mercados internacionales de consumidores, las empresas y las capitales financieras internacionales que lavan el dinero y hasta los políticos que protegen y se benefician de esta cadena ilícita.

Hablar de crimen organizado no sólo es pensar en campesinos amapoleros de la sierra de Guerrero o Sinaloa que ganan aproximadamente 200 pesos a la semana o de sicarios a sueldo quienes no rebasan los cinco mil pesos mensuales; es hablar de empresarios millonarios, dueños de empresas constituidas legalmente y que sirven como fachadas para el crimen organizado o de políticos que financian sus campañas y gobiernos a través del crimen.

Se conocen diversas fuentes históricas que nos relatan cómo siempre han existido diferencias entre estos niveles criminales. Lamentablemente, a aquellos campesinos que realizan estas actividades ilícitas por necesidades económicas, se le ha puesto énfasis como responsables y parte central de las organizaciones en vez de analizar e investigar a los verdaderos dueños del tráfico: los llamados “criminales de cuello blanco”.

Por ello, existen diversas realidades, contextos y niveles para comprender y estudiar a las organizaciones criminales.

Si atrapamos al Chapo Guzmán, acabamos con el problema del narcotráfico

El 8 de enero de 2016, Joaquín Guzmán Loera “El Chapo” fue detenido en un operativo militar que se realizó en Los Mochis, Sinaloa. El hasta entonces líder del “Cártel de Sinaloa”, fue extraditado a Estados Unidos, donde cumple sentencia perpetua desde julio de 2019. Esto fue mediatizado como una victoria para el gobierno mexicano y estadounidense y se habló de la desarticulación de la organización. Pero ¿qué pasó con el cártel que lideraba? Según los últimos informes de la DEA, su fuerza política, económica y social ha permanecido. Incluso, después de la detención y posterior liberación de Ovidio Guzmán (hijo del “Chapo”) en octubre de 2019, periodistas han afirmado que el cartel se encuentra “intacto” en estructura y operación.[3]

La idea de que un líder o capo tiene poder absoluto sobre su “cártel” (al más puro estilo de la mafia italiana y los Sottocapos) es uno de los mitos más grandes del narcotráfico en México. Como sucede con el ejemplo, el crimen organizado tiene una estructura mucho más compleja que la jerarquía descrita por la prensa y el gobierno. Capturar al cabecilla o al “capo” de un grupo de crimen organizado no es la solución para terminar con el problema, pues no se combate la raíz de este, es decir, la política prohibicionista adoptada por Estados Unidos desde la primera mitad del siglo XX y la dolorosa corrupción y desigualdad social que existe en México.

Como ves, la captura de líderes criminales no termina con el problema de raíz del narcotráfico, sólo son golpes mediáticos que favorecen las fragmentaciones y escisiones de las organizaciones criminales.   

* * *

Gracias a los distintos medios de comunicación (prensa, televisión, diarios digitales) y a creencias populares, tendemos no sólo a interiorizar estos mitos sobre el narcotráfico sino a reproducir algunas ideas falsas que imposibilitan que realmente abordemos el problema de raíz. Por lo mismo, antes de compartir información, utilizar palabras peyorativas para referirse a toxicómanos (o productores) o simplemente ver alguna serie o película sobre narcotráfico, debemos intentar ser un poco más críticos con lo que estamos viendo o diciendo. También, como sociedad, debemos exigir mejores investigaciones y explicaciones que se basen más en los problemas de fondo, que en sólo mencionar nombres que van cambiando con cada sexenio.

Desde la UNAM, en la clase de Narcotráfico y Crimen Organizado del Colegio de Historia de la Facultad de Filosofía y Letras, intentamos abrir el debate en estos delicados temas y profundizar en las investigaciones sobre el fenómeno criminal para intentar incidir en mejores políticas públicas. Pueden seguirnos en Twitter en @NCO_FFyL donde publicamos nuestras investigaciones.


[1] Agradecemos la contribución de nuestro profesor Daniel C. Santander (@dc_santander) en la elaboración de esta columna. Historiadores integrantes del curso “Narcotráfico y Crimen Organizado en México” de la UNAM. Twitter @NCO_FFyL

[2] Daniel C. Santander, “Racismo, crimen organizado y narcotráfico” en El Heraldo de México. 27 de noviembre 2020. Recuperado: https://heraldodemexico.com.mx/mundo/2020/11/27/racismo-crimen-organizado-narcotrafico-que-le-depara-mexico-con-joe-biden-229935.html

[3] Redacción AN, “Intacto, el cártel de Sinaloa, a dos años de la liberación de Ovidio: Silber Meza”, Aristegui Noticias, 21 de octubre de 2021, fecha de consulta: 2 de noviembre de 2021, https://aristeguinoticias.com/2110/mexico/intacto-el-cartel-de-sinaloa-a-2-anos-de-la-liberacion-de-ovidio-silber-meza/.

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