Decapitalismo. (Praxis de la exterioridad radical vs. la matrix, más allá del eurocentrismo). Autor: Iván Uranga

¡No se desesperen!
La desgracia que ha caído sobre nosotros
no es más que el producto de la codicia en la agonía.
Charles Chaplin

Durante los últimos años, han surgido nuevas corrientes de pensamiento y movimientos emergentes para desvincularse del legado contemporáneo del colonialismo europeo, principalmente en África y América, aunque existen también movimientos emergentes en Oceanía, que plantean en esencia una desobediencia epistémica. La idea fundamental es identificar los paradigmas impuestos por la colonia y deconstruirlos, para reestructurar un pensamiento-acción como respuesta a la relación de dominación directa, política, social y cultural establecida por los europeos.

Lo que me interesa plantear hoy, es que más allá de la desobrilación anarquista, el feminismo, el antirracismo, la ecolucha y la decolonización, está la matrix capitalista como un ente superior que es la verdadera responsable de la desigualdad social, el colonialismo, el patriarcado, el racismo y el calentamiento global. Este nuevo planteamiento lo hago a través de un “artículo de opinión” porque tengo la urgente necesidad de intentar explicar a investigadores y activistas, que ni la lucha contra la pobreza, ni contra el colonialismo, ni contra el patriarcado, ni la lucha contra el calentamiento global per se, (y obvio, ni los partidos políticos o los gobiernos) van a resolver nada si no deconstruimos nuestro comportamiento capitalista y rompemos epistemológicamente cada uno de nuestros conceptos de consumo. La necesidad de que en la praxis de vida, sea alcanzada una mínima fisura que permita ir un poco más allá de lo evidente, para hacer uno lo inmediato y lo urgente. Porque tengo la certeza de que el tiempo del análisis pasivo terminó, o nos convertimos todos en agentes activos y motivadores del enfriamiento global o seremos testigos conceptuales y analíticos de nuestra extinción. Existe ya un paradigma de repuesto; o extinguimos al capitalismo o nos extinguimos.

Durante el Renacimiento y la Ilustración, la colonialidad emergió como una nueva estructura de poder a medida que los europeos colonizaron las Américas, África y Oceanía y se basaron en las ideas de la civilización occidental y la modernidad, asumiendo que su modelo y estilo de vida era lo mejor para el planeta y que Europa era el centro del mundo y con ellos nos llegó el capitalismo. Estamos de acuerdo con Walter D. Mignolo que sostiene que la colonialidad es el lado más oscuro de la modernidad occidental, una compleja matriz de poder que ha sido creada y controlada por hombres blancos e instituciones occidentales desde el Renacimiento hasta finales del siglo XX, impulsada por la teología cristiana, y los dictados del neoliberalismo. Pero no es la colonialidad lo que está llegando a su fin, es todo el sistema civilizatorio del mundo, incluso en donde los europeos nunca fueron dominantes. El pensamiento decolonial llega demasiado tarde, porque para desvincularse de la matriz colonial de poder subyacente a la modernidad occidental y construir futuros globales en los que los seres humanos y el mundo natural ya no sea explotado en la búsqueda incesante de acumulación de riqueza se requiere existir primero como especie.

La pandemia hizo estallar el mito del capitalismo como forma de vida, pero también le dio la última vuelta al reloj de arena de nuestra especie. Tarde o temprano la humanidad se recuperará de la pandemia, a un costo terriblemente innecesario. Lo vemos claramente en la experiencia de países que tomaron medidas decisivas cuando China proporcionó al mundo información pertinente sobre el virus el 10 de enero. Entre ellos estaba principalmente el este y sudeste asiático y Oceanía, y otros que quedaron rezagados, y en la retaguardia unos cuantos absolutos desastres, en particular los Estados Unidos de Trump, seguidos por el Brasil de Bolsonaro, la India de Modi y el México de Obrador.

Pese a los errores de algunos líderes políticos, saldremos de la pandemia. Sin embargo, la humanidad no se recuperará del derretimiento de los casquetes polares, ni de la explosiva velocidad de incendios árticos que liberan enormes cantidades de gases de efecto invernadero a la atmósfera, ni de otros pasos en nuestra marcha hacia la catástrofe.

Por lo que la lucha por las autonomías –aun si ganamos–, quedará como pequeñas tablas de salvación en medio de un mar pestilente de extinción, esperando su inevitable hundimiento.

Sabemos que es crítico reconocer que la estructura del poder fue e incluso continúa siendo organizada en y alrededor del eje colonial, que la descolonización no eliminó la colonialidad y que simplemente transformó su forma externa. Que la instrumentalización de la razón por la matriz colonial del poder produjo paradigmas de conocimiento distorsionados, que hoy desechan las promesas liberadoras de la modernidad y el desarrollo, por lo que los esfuerzos prácticos decoloniales como el EZLN del sur de México, CONFENIAE en Ecuador, ONIC en Colombia, el movimiento TIPNIS en Bolivia y el Movimiento de Trabajadores Sin Tierra (MST) en Brasil y la reciente organización transnacional de una coalición de pueblos indígenas en la forma del movimiento Idle No More Son, son modelos necesarios en la práctica por sus elevados objetivos de la decolonialidad, pero son tardíos e insuficientes.

Entendemos lo fundamental y necesario que es erradicar el patriarcado, cuya raíz va más allá del capitalismo moderno, pero que encuentra su origen en la organización económica primigenia de nuestra especie. Sabemos que la lucha feminista actual es necesaria y que la feminización de la sociedad es una vía para la sobrevivencia, pero para que ocurra un cambio en una apropiación cultural con características antropológicas se requiere que esta permanezca en un sociedad por más de cuatro generaciones (80 años promedio) y nuestras sociedades han sido disueltas y si seguimos así nos quedan 50 años como especie.

Incluso la lucha misma contra el calentamiento global que tiende a presionar para que los gobiernos tomen medidas más ecologistas, como el control de la basura, el reúso, el reciclaje, o la implementación de energías limpias son solo placebos si no erradicamos el capitalismo. 

La Primavera Global, los okupas, el movimiento de indignados, el Global Noise y el Foro Social Mundial, el Movimiento Internacional de Estudiantes, la Marea Verde, los Anonymous y la Huelga Global por el Clima han sido respuestas globales emergentes ante un mismo enemigo: El capitalismo.

El capitalismo ya extinguió la sociedad, el concepto de ciudadano fue ocupado por el de cliente-consumidor y convirtió a las sociedades en sólo un mercado en el cual las personas son arrojadas para sobrevivir lo mejor que puedan, sin organizaciones que les permitan defenderse contra sus estragos. En donde los gobiernos son el problema y no la solución, solución que tampoco vendrá de la iniciativa privada cuyo único fin es el autoenriquecimiento y ya secuestró la bandera de la ecología para comercializarla.

Estamos en un momento de confluencia de crisis de extraordinaria gravedad, el desastre medioambiental, la guerra nuclear y la pandemia, no tienen frontera y ponen el destino del experimento humano literalmente en riesgo. En las próximas semanas, los problemas llegarán a un punto crítico en los dos poderes imperiales más grandes de la era moderna. La decadente Gran Bretaña, habiendo declarado públicamente que rechaza la ley internacional sumándose incondicionalmente a Israel y a la estupidez de Trump que si se reelige la crisis occidental será terminal, ante una China con una economía totalmente capitalista apoderándose del mercado mundial.

La humanidad no sobrevivirá a esta malignidad sistémica. Los medios para manejar la crisis están disponibles, pero no por mucho tiempo. Una tarea primordial es asegurar que todos entremos en pánico ahora, y actuemos en consecuencia.

Según Noam Chomsky en su discurso de esta semana en el foro mundial “Internacionalismo o Extinción” organizado por la recién creada Internacional Progresista, “las grandes crisis que enfrentamos en este momento histórico, todas son internacionales, y dos internacionales se están formando para confrontarlas. Una da inicio hoy: la Internacional Progresista. La otra ha tomado forma bajo el liderazgo de la Casa Blanca de Trump, una Internacional Reaccionaria compuesta por los estados más reaccionarios del mundo.

En el hemisferio occidental, la Internacional Reaccionaria incluye el Brasil de Bolsonaro y algunos otros. En Medio Oriente, los principales miembros son familias dictaduras del Golfo; la dictadura egipcia de al-Sisi, tal vez la más dura en la historia de Egipto; e Israel, que hace tiempo que descartó sus orígenes socialdemócratas y se desplazó lejos a la derecha, el efecto previsto de la prolongada y brutal ocupación. Los acuerdos actuales entre Israel y las dictaduras árabes, que formalizan relaciones tácitas de larga data, son un paso significativo hacia la consolidación de la base de la Internacional Reaccionaria en el Medio Oriente. Los palestinos son pateadas en la cara, el destino apropiado de aquellos que carecen de poder y no se postran a los pies de los amos naturales. Las dos internacionales abarcan una gran parte del mundo: una a nivel de Estados, la otra al nivel de movimientos populares. Cada una es un representativo prominente de fuerzas sociales mucho más amplias, las cuales tienen imágenes del mundo muy contrapuestas que deberían emerger de la pandemia actual. Una de esas fuerzas está trabajando implacablemente para construir una versión más dura del sistema neoliberal global del cual se han beneficiado enormemente, con más intensas medidas de vigilancia y control. La otra mira hacia adelante a un mundo de justicia y paz, con energías y recursos dirigidos a servir las necesidades humanas en lugar de las demandas de una pequeña minoría. Es una especie de lucha de clases a escala global, con muchas facetas e interacciones complejas.

No es exagerado decir que el destino del experimento humano depende del resultado de esta lucha.”

En lo personal creo que sí es necesario dar la lucha frontal contra el capitalismo y que esta incipiente organización (la Internacional Progresista) a la que pertenezco, puede ser un frente común que sea un contrapeso político y social contra la Internacional Reaccionaria, pero que aun obteniendo el mayor de sus logros postergando la extinción de nuestra especie conteniendo el calentamiento global, nada impedirá que desaparezca la competencia, el libre mercado y la acumulación de poder y capital si no deconstruimos los paradigmas capitalistas y nos rediseñamos radicalmente como especie, porque aun el compa Chomsky tiene comportamientos capitalistas-consumistas y su análisis está muy lejos de su congruencia.

Tenemos ya muchas experiencias históricas en las que se ha priorizado el inmediatismo por encima de la transformación personal, los grandes análisis llegan de personas que no están comprometidas con su cambio personal, y pretenden que la construcción del ser humano que transformará a la humanidad en una especie consciente sea la siguiente generación, ya no necesitamos a los grandes revolucionarios y revolucionarias “que den su vida” por las generaciones futuras, porque hoy dar la vida es lo más fácil, porque queda poca vida que dar, y hace que se vuelva mucho más importante sobrevivir y para ello es necesario dejar de ser capitalistas, por lo que lo primero es asumirnos culturalmente capitalistas. Para decolonizarnos o deconstruirnos, primero debemos sabernos colonizados y construidos por paradigmas ajenos a nuestra conciencia, es como los micromachismos arraigados en el comportamiento de los más progresistas; si no asumimos que estamos capitalizados culturalmente no será posible decapitalizarnos.

El decapitalismo no debe ser considerado como una teoría de crítica al capitalismo, ni mucho menos como una filosofía. Es una estrategia, una nueva práctica de observación, en el mar de actitudes ante la vida. Hacer explícito lo implícito en nuestro consumo personal y comunitario, la posibilidad de transformar los sistemas conceptuales de nuestro quehacer cotidiano, pero no debe ser confundida con una búsqueda de las condiciones trascendentales ante la necesidad de la trasformación social.

La idea principal es desfragmentar nuestro consumo a su mínima expresión, para rearmarnos conscientemente en cada una de las cosas que hacemos al interactuar con la naturaleza y actuar en consecuencia, por lo que se requiere pensar en nuestro consumo de aire, nuestro consumo de alimentos, nuestra sexualidad, nuestro consumo de ropa, nuestro consumo de hábitat. Cada una de nuestras necesidades básicas y creadas afectan a nuestro entorno, el transporte, los dispositivos electrónicos, los climas artificiales, los combustibles, nuestras relaciones sociales, nuestros gustos y nuestros vicios empoderan al capitalismo o lo debilitan, enfrían el clima o lo calientan, es absurdo decirse anarquista, revolucionario, progresistas, feminista, altermundista, activista, ecologista, antirracista, permacultor, yoguista e incluso demócrata, si tus acciones, tienden a empoderar a una elite dueña del dinero en el mundo, que lo ha logrado gracias a tu consumo criminal y cómplice a costa de la naturaleza.

En tanto nos decapitalizamos, habrá que luchar contra el Internacionalismo Reaccionario en donde quiera que se encuentre, y comenzar a producir lo que consumimos, para asumir nuestra responsabilidad total con el medio, existen muchas propuestas de organización en autonomía, en lo personal el modelo económico y de gobierno que debemos impulsar en lugar del capitalismo es el de una Sociedad Solidaria; si nos organizamos por territorios en cooperativas de prosumidores (productores-consumidores en ambivalencia de roles). Tendremos una salida a través de Un Paradigma de Repuesto.

Los 200 milenios de existencia del hombre y la mujer “sapiens” están llegando a su fin a causa del capitalismo. Ya es tiempo de sentir pánico, si no gritamos aterrorizados y reaccionamos radicalmente para revertirlo ahora, un segundo antes de nuestra extinción, no habrá mañana.

¡Internacionalismo Consciente o Extinción!

La vida es una construcción consciente.

Iván Uranga
Iván Uranga

Especialista en Ciencias Sociales, promotor de comunidades autónomas autogestivas, investigador social, docente de Permacultura, escritor de
ensayos, novelas, cuentos, teatro y poesía.

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