La feminización de la política y el nuevo gobierno de la CDMX. Autor: Iván Uranga

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Vanguardia Femenina de 1968 a 2018

Por primera vez, por elección universal, secreta y directa, un ser humano, científica, mujer, con doctorado y de izquierda llega al poder político de México. Claudia Sheinbaum Pardo tomó posesión del gobierno de la CDMX este 5 de diciembre y, como bien dijo en su primer discurso como Jefa de Gobierno, el que ella gobierne ahora a la Ciudad de México es gracias a la lucha de miles y miles de mexicanos, pero sobre todo de mexicanas. Hay que reconocerlo, sin las Adelitas, sin Sor Juana o Rosario Castellanos, no hubieran sido posible la vanguardia femenina en las luchas sociales del movimiento del 68, el halconazo del 71, la huelga de la UNAM en el 77, el paro cívico del 83, la lucha del CEU en el 87, el EZLN en el 94, Atenco en el 01 y 06, el #YoSoy132 contra EPN en el 12, el #YaMeCanse por los 43 de Ayotzinapa del 14 y el 2018 como movimiento y lucha social electoral en México, entre muchos otros. (Aquí puedes ver la línea de tiempo de la vanguardia femenina de 1968 al 2018) Así, que el que ella gobierne sí es un logro para la democracia revolucionaria.

Feminizar la política es ahora el próximo reto de la democracia. Porque la estructura del poder político en su raíz es patriarcal. Decíamos en “Los Abajo Firmantes” que “…Así es como surge el concepto del Estado, con tres funciones: La organización del trabajo, la administración de los recursos y el control del no propietario. Desde entonces quien decide dentro del Estado ha sido el más fuerte…. Nunca ha gobernado el más sabio, el más culto o el más inteligente…” Es decir; la mujer desde siempre ha sido considerada como no apta para gobernar, por el pre-supuesto de no tener la fuerza para hacerlo. También es históricamente no propietaria (hasta antes de 1975 a las mujeres en España no se les permitía comprar una casa y ni siquiera abrir una cuenta bancaría sin el respaldo del hombre) y lo más terrible es que durante miles de años ha sido considerada “propiedad de alguien”, ya sea de los padres, el novio, el marido, la Iglesia o el Estado.

Todos estos falsos supuestos han generado una serie de disposiciones y leyes que bajo el yugo de la “protección a la condición de mujer” sólo siguen perpetuando el rol de esclava. En la sociedad, cada vez que el Estado dispone una ley especial para un sector de la sociedad (mujeres, niños, indígenas, discapacitados, ancianos, etcétera) perpetúa la estigmatización (por ejemplo; cuando la ley permite que sólo las mujeres tengan incapacidad por maternidad, cuidados materno-infantiles o derecho a guarderías, las hace legalmente únicas responsables del cuidado y educación de los hijos). Si se pretende lograr la paridad y encaminarnos a una sociedad justa, todas las leyes deben ser para todos, sin ninguna excepción.

El problema más fuerte es cuando las mujeres acceden al poder político, porque este está diseñado por y para el pensamiento masculino. La feminización no tiene nada que ver con que los partidos políticos tengan más mujeres en cargos de representación, los gobiernos más funcionarias o los consejos de administración de las empresas más mujeres. Claro que eso es importante y es necesario. Pero feminizar la política va mucho más allá de hablar de igualdad o equidad de género, o de plantearse quién va a limpiar el excusado en casa. La feminización tiene que ver con la forma de construcción del pensamiento de una sociedad para la transformación de la patria, es decir, se trata de construir una matria.

El que la nueva gobernante de la Ciudad de México nos diga en su discurso de toma de posesión que “se buscará reformar las leyes para que los hombres también puedan solicitar permiso por el nacimiento de los hijos, con el fin de promover la participación igualitaria de madres y padres de los hijos”, es desde mi punto de vista el principio de la transformación hacia la matria que necesitamos. Porque justo de eso se trata; liberar al que oprime de sus paradigmas, para construir juntos un paradigma de repuesto y alternativo. Aunque el punto más significativo de su discurso y que agradecemos profundamente es la desaparición del H. (DP) Cuerpo de Granaderos, por su simbolismo histórico porque fue una demanda central de compas en el 68 y es un gran abrazo para las resistencias y las luchas sociales en México.

La feminización de la política supone transformar la política, cambiar el orden de prioridades e incluso la noción de lo que es o no importante. Incluye hacer que las políticas feministas sean la prioridad, hacer un cambio radical de lo simbólico, de la economía, de lo cultural. Que la lucha contra la violencia de género se sitúe en el centro de la agenda política. Dejar de analizar el mercado laboral y la discriminación sin hablar de cómo se reparte el trabajo doméstico y de cuidados. Necesitamos cambiar las formas de hacer política, los debates públicos deben pasar al ámbito de la inteligencia lógica y emocional y dejar de ser una demostración fálica.

El concepto tiene que ver además con deconstruir los roles de género (las conductas y rasgos que se asignan a hombres y mujeres por el mero hecho de serlo) no por tener una sobre representación femenina vamos a lograrlo, porque el pensamiento masculino ha permeado la raíz del pensamiento femenino y tenemos a muchas representantes populares y jefas sumamente machitas, porque fue el concepto con el que accedieron a los puestos, porque los puestos así fueron diseñados. Por ejemplo el que ahora la SCJN obligue a “las patronas” a inscribir a sus empleadas domésticas a la seguridad social del Estado, permitirá que las mujeres que abusan de mujeres comiencen a hacer conciencia de ello.

Debemos regresar al principio, a cuestionarnos por qué estamos juntos, qué queremos para nosotras y nosotros y para nuestras hijas e hijos, el porqué de la vida, debemos preguntarnos el porqué de las 30 millones de especies que comparten el planeta con nosotros y por qué seguimos extinguiendo 150 de ellas al día. La respuesta es simple, queremos comida, resguardo, felicidad, tranquilidad, cuidado, ternura y un hábitat sano; queremos una vida que valga la pena vivirla. Todas estas cualidades, características o conceptos ¡Son femeninos!; decía mi madre que un transgénero era un hombre con ganas de superarse. ¡Qué razón tenía!

Debemos tener mucho cuidado en creer que se trata de dejar la responsabilidad en manos de las mujeres por su condición de “protectoras”. No, cuando afirmo que el único camino para la re-evolución es el feminismo, de lo que hablo es de la urgente necesidad de feminizar el pensamiento masculino y también el pensamiento femenino. Se trata de hacer conciente cada palabra, cada ley, cada norma, cada juego, cada broma, para que todo el interactuar humano sea para lograr el resguardo, la felicidad, la tranquilidad, el cuidado y la ternura que necesitamos todas, todos y todo.

Esperemos que la Dra. Claudia Sheinbaum al frente del gobierno de la CDMX continúe abriendo espacios hacia la feminización de la política. Si sigue siendo la mujer fuerte, tierna, conciliadora, con su pleito permanente contra el sectarismo y pendiente de que todas las corrientes estuvieran representadas cuando la conocí en la UNAM, seguro será con mucho el mejor gobernante y gobernanta que la ciudad haya tenido.

Iván Uranga

@CompaRevolucion

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