Un paradigma de repuesto; Zapata, la cuarta transformación y las resistencias. Autor: Iván Uranga

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La Declaración Universal de los Derechos Campesinos aprobada por la ONU en octubre de 2018, obliga a México a cultivar sin transgénicos ni agroquímicos.

El general Emiliano Zapata proclamó que “La tierra es de quien la trabaja”, máxima adoptada en la Declaración de la Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas el 27 de septiembre de 2017 y que para muchos de nosotros da sentido a todo nuestro quehacer de vida, origen de lo que se ha construido desde las resistencias durante los últimos 30 años, cuando la izquierda independiente se desarticuló por volcarse a apoyar a Cuauhtémoc Cárdenas en 1988 para que “ganara” la Presidencia de México.

Los que quedamos de aquella izquierda que no formó parte de los partidos que surgieron de ese movimiento (PRD, PT y ahora Morena, entre otros) continuamos nuestro trabajo con las comunidades más necesitadas del país, a través primero, de asociaciones civiles, luego organismos no gubernamentales y ahora organizaciones de la sociedad civil y miles de cooperativas, a las que se les ha dado en llamar “Resistencias”, en donde durante estos años hemos desarrollado una serie de conocimientos y tecnologías alternativas que han permitido contar ahora con un verdadero paradigma de repuesto y alternativo al neoliberalismo.

Aprendimos que resistiendo no se puede construir, asumimos que perdimos en la lucha por transformar el planeta en un lugar solidario y humano, y fue así que hace algunos años nos preguntamos ¿qué hubiera pasado si ganamos?, ¿Qué nos impide vivir como si hubiéramos ganado? Entonces comenzamos a vivir nuestra utopía, entrelazamos los conocimientos adquiridos en las diferentes resistencias, mucha tecnología alternativa, lo sumamos a los conocimientos milenarios de nuestros antiguos bajo la premisa de evitar al máximo el comprar y aprendimos a “hacer con lo que había”.

Y surgió nuestro modo de sembrar, nuestro modo de sanar, nuestro modo de aprender, nuestro modo de compartir, nuestro modo de construir, nuestro modo de comunicarnos, nuestro modo de relacionarnos con el universo y nuestra propia economía alternativa, es decir, reaprendimos a ver y sentir el universo y a nuestra Madre Tierra con un profundo respeto. De ahí nació la “Agroecología Campesindia”, “Sanar Té Sana”,Educación Sin Escuela”, la Bioconstrucción alternativa, las resistencias en Radio e Internet,” los “Economísticos” y la moneda social “El Túmin”, entre muchos.

Y es ahí sembrando, comiendo, construyendo y viviendo autonomía, en más de 3 mil resistencias bioculturales y 15 mil cooperativas, que confrontamos día a día los embates del neoliberalismo, no sólo cuando han pretendido tomar nuestra agua o nuestros territorios con campos de golf, represas o minas, sino también cuando envenenan a nuestros compas y nuestros campos con monocultivos, semillas transgénicas y agroquímicos. Nos han asesinado, desaparecido, reprimido y desprestigiado por sistema, pero no existe cárcel para la utopía.

La declaración de los Derechos Universales de los Campesinos comienza con la definición de campesino, entendido como un hombre o mujer que tiene una relación directa y particular con la tierra y la naturaleza a través de la producción de alimentos u otros productos agrícolas (art. 1). Dentro de esta categoría se incluyen las comunidades locales, familias y demás grupos que trabajan la tierra, así como las personas indígenas dedicadas a dichas labores. También son campesinos los individuos que por distintas circunstancias no poseen territorio y cuya única alternativa es vender su mano de obra. Generalmente, los campesinos y campesinas son personas sin acceso a condiciones dignas de supervivencia, razón por la cual, la declaración propone una serie de derechos a título individual y colectivo que sugieren la protección de la libertad en un marco de igualdad fundada sobre la no discriminación por su condición económica y sociocultural (art.2).

Esta declaración firmada por México establece “el derecho a una alimentación saludable y culturalmente apropiada, producida mediante métodos ecológicamente racionales y sostenibles, y el derecho a definir sus propios sistemas de alimentación y agricultura”. Hecho que prohíbe de facto la agricultura criminal llevada hasta hoy por el gobierno de México en contubernio con el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional y pone un muro legalmente infranqueable a Monsanto-Bayer y demás empresas que han devastado la salud de todo cuanto vive en el plantea.

La Declaración aprobada este 3 de octubre le proporcionará el marco jurídico a la legislatura de la cuarta transformación y a su Poder Ejecutivo para crear políticas públicas nacionales que:

  • Protejan mejor los derechos de los y las campesinas y mejoren los medios de vida en las zonas rurales;
  • Refuercen la soberanía alimentaria, la lucha contra el cambio climático y la conservación de la biodiversidad;
  • Adopten medidas para aplicar reformas agrarias amplias y una mejor protección frente al acaparamiento de tierras;
  • Establecer el derecho de los y las campesinas a conservar, utilizar, intercambiar y vender sus semillas;
  • Aseguren precios remunerativos para la producción campesina y los derechos de los trabajadores agrícolas;
  • Reconozcan los derechos de las campesinas y contribuyan a la justicia social para todas las personas, sin discriminación por razón de origen, nacionalidad, raza, color, ascendencia, sexo, lengua, cultura, estado civil, propiedad, discapacidad, edad, opinión política o de otra índole, religión, lugar de nacimiento o condición económica, social o de otro tipo;
  • Prohíban el uso de semillas transgénicas y agroquímicos en todo tipo de cultivo;
  • Establecer modelos de enseñanza en todos los niveles tendentes a la agroecología.
  • Promover en campañas nacionales el consumo interno.
  • Programas de capacitación permanente a los y las campesinas en cultivos orgánicos.
  • Crear cooperativas locales, regionales y nacionales de productores-consumidores (prosumidores)

Esta es una oportunidad única e histórica de reivindicar a Zapata y a cada mujer y hombre que han regado la semilla de la Justicia y la Libertad con su vida y darle la capacitación y la tutela de la tierra a quien la trabaja. Para ser una verdadera cuarta transformación, necesitamos autonomía orgánica alimentaria. Esperamos que el nuevo Presidente (como comentó en la extensa entrevista a La .Jornada) no se equivoque cómo Francisco I, Madero y se aleje de las resistencias revolucionarias.

Que siempre escuche la voz crítica de quienes hemos dejado la vida por un México más humano. Continuaremos construyendo el paradigma de repuesto, hasta lograr una sociedad solidaria. Es preciso ocupar territorios tangibles y virtuales, vivirlos y defenderlos. Nuestra patria no tiene fronteras, es y existe en cada resistencia y en cada ser humano en resistencia. Compartamos saberes y construyamos juntos esta nación universal nómada e itinerante de hombres y mujeres libres.

Festejamos este cachito de esperanza. La re-evolución en México y el mundo comienza ahora.

Iván Uranga

@CompaRevolución

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