Violencia contra las mujeres y micromachismos. Autor: Iván Uranga

Nadie, ni mujeres, ni hombres nos salvamos de ser machistas
 ni de los micromachismos nuestros de cada día,
es tiempo de hacerlos conscientes.

Violencia de género

Estamos conscientes de que la violencia contra mujeres y niñas es la violación de los derechos humanos más extendida, persistente y devastadora del mundo actual sobre la que apenas se informa debido a la impunidad de la cual disfrutan los perpetradores, el silencio, la estigmatización y la vergüenza que sufren las víctimas y la impunidad de los gobiernos patriarcales del planeta.

En forma general, la violencia se manifiesta de forma física, sexual y psicológica e incluye:

  • Violencia por un compañero sentimental (violencia física, maltrato psicológico, violación conyugal);
  • Violencia sexual y acoso (violación, actos sexuales forzados, insinuaciones sexuales no deseadas, abuso sexual infantil, matrimonio forzado, acecho, acoso callejero, acoso cibernético);
  • Trata de seres humanos (esclavitud, explotación sexual);
  • Mutilación genital;
  • Matrimonio infantil;
  • Feminicidio y
  • La actitud de las autoridades ante la violencia de género.

La ONU define la violencia contra la mujer como “todo acto de violencia que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o sicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada.”

Los efectos psicológicos adversos de la violencia contra las mujeres y niñas, al igual que las consecuencias negativas para su salud sexual y reproductiva, afectan a las mujeres en toda etapa de sus vidas. Por ejemplo, las desventajas tempranas en materia de educación no solo constituyen el obstáculo principal para alcanzar la escolarización universal y hace cumplir el derecho a la educación de las niñas, luego también le restringe el acceso a la educación superior a la mujer y limita sus oportunidades de empleo.

Aunque todas las mujeres, en todas partes del mundo, pueden sufrir violencia de género, algunas mujeres y niñas son particularmente vulnerables, ejemplo de ellas son las niñas y las mujeres más mayores, las mujeres que se identifican como lesbianas, bisexuales, transgénero o intersex, las migrantes y refugiadas, las de pueblos indígenas o minorías étnicas, o mujeres y niñas que viven con el VIH y discapacidades, y aquellas en crisis humanitarias.

La violencia contra la mujer sigue siendo un obstáculo para alcanzar igualdad, desarrollo, paz, al igual que el respeto de los derechos humanos de mujeres y niñas, pero…

Dónde comienza la violencia.

Lo que nos interesa abordar hoy son estas actitudes “inconscientes” de mujeres y hombres que dan forma al comportamiento social aceptado como “normal” y que alimentan la desigualdad.

Los días 8 de marzo y 25 de noviembre fueron decretados por la Organización de la Naciones Unidas como días especiales para visibilizar la problemática específica de las mujeres y que debieran ser jornadas masivas de lucha  por la equidad y denuncia sobre el abuso, la violaciones y los feminicidios sin embargo socialmente los han convertido en una extraña mezcla entre el Día de las Madres y Día del Amor y la Amistad, en donde se puede ver a millones de hombres y mujeres hacer regalos a las mujeres por el hecho de serlo, y se venden tantas flores como el día de la virgen, estigmatizando aún más el hecho de ser mujer y no un ser humano violentado en condiciones de disparidad.

Pero esto es mucho más sutil que lo que la mayoría de las personas pensamos.

Cuando llegas a una tienda de ropa o juguetes inmediatamente te preguntan ¿para niño o para niña?

Esta simple e inocente pregunta que te hicieron o que te hiciste nos aleja cada vez más de la justicia.

Los micromachismos son las actitudes de hombres y mujeres que aun teniendo un grado de conciencia sobre la necesidad de la paridad entre los seres humanos ejecutamos en nuestro quehacer cotidiano y que contribuyen a la discriminación por sexo. Es muy importante distinguir los micromachismos del machismo. El machismo es una cultura masculina violenta, directa que trasgrede a las personas por su sexo, basado en la fuerza y el poder que tienen el sexo masculino por el diseño mismo de las sociedades y que no es exclusivo de los hombres, es una actitud que emana desde el poder y permea a toda la sociedad independientemente del sexo, es decir, las sociedades a partir de las características biológicas  se han diseñado para que sea lo masculino quien tenga el poder como lo menciono en el artículo “¡¿Cuánto vale un óvulo?!” https://julioastillero.com/cuanto-vale-un-ovulo-autor-ivan-uranga/ en la historia de la humanidad nunca ha gobernado el más sabio, siempre ha sido el más fuerte y éste ha diseñado a las sociedades a su modo, como lo comenté en el artículo “Los abajo firmantes”  https://julioastillero.com/amlo-y-los-abajo-firmantes-autor-ivan-uranga/ este poder machista se ejerce sobre mujeres y hombres y son los hombres por ser “los más fuertes” los ejecutores de estas políticas, pero son las mujeres por “cuidadoras” las reproductoras íntimas de estas políticas machistas, por lo que urge en esta era humana feminizar la vida pública como lo planteo en el artículo “La feminización de la política” https://julioastillero.com/la-feminizacion-de-la-politica-y-el-nuevo-gobierno-de-la-cdmx-autor-ivan-uranga/ .

Pero los micromachismos van más allá de lo que nuestro grado de consciencia nos deja ver en nuestras relaciones íntimas, familiares, afectivas, laborales, sociales, lúdicas y políticas. Desde mi punto de vista uno de los principales problemas radica en el concepto mismo de ser mujer como lo planteo en el artículo “Ser mujer es un crimen” https://julioastillero.com/ser-mujer-es-un-crimen-autor-ivan-uranga/ porque son muy pocas las compañeras que han podido erradicar de sus subconsciente la idea de ser una princesa, una dama o una madre y aún con procesos personales de crecimiento siguen tratando o queriendo ser tratadas como damas, sin entender que este es un concepto medieval que implica el que deben ser “conquistadas” es decir, tomadas como un pueblo o un castillo como trofeo con las armas de un “caballero”, que actualmente ya no son espadas sino flores y atenciones que las colocan como objetos preciosos (tú como gema preciosa, como divina rosa, valiosa de verdad), y añoran la caballerosidad y las flores, las serenatas y la conquista y después se indignan por ser tratadas como objetos y ser guardadas en un estuche llamado hogar.

La idea es que reflexionemos sobra cada acción de vida para evitar reproducirlos por el bien de todos. He aquí algunos ejemplos:

  • Aceptar que te den o dar el lugar por ser mujer, las coloca en el ámbito de los discapacitados.
  • Señalar la estatura o condición económica (él debe ser más alto y ganar más que ella).
  • Dar por hecho que él paga o que ella no toma o no fuma o no sabe de deportes.
  • Te ayudo con el quehacer” expresión común del hombre consciente que asume que la tarea es de ella y no responsabilidad de todos.
  • Tirar la basura, tirar la ropa o dejar la tapa del excusado levantada es cosa de hombres.
  • Casarse, tener hijos, ser dependiente económica y ser fiel es cosa de mujeres.
  • Dejar pasar o abrir la puerta por “cortesía” siempre es un ejercicio de poder.
  • Asco por la menorrea, depilarse, ser bella y “embellecerse” es de mujeres.
  • Dar sexo a los colores, a los deportes, a los juguetes, a las actitudes y a los sentimientos.
  • Dar sexo a las profesiones a tareas sociales, familiares, laborales, escolares o políticas.
  • No reconocer mayor o menor capacidad en mujeres y hombres “porque somos iguales”.
  • Hacer leyes, reglamentos y normas especiales para las mujeres, las encadena.
  • Dar lugares, curules, puestos, preferencias o canonjías “por ser mujeres” las discrimina.
  • Presuponer que el enojo o malestar de una mujer debe ser “porque está en sus días”.
  • Señalar o comentar “graciosamente” que un hombre limpie, cocine o cuide niños.
  • Dar por hecho la heterosexualidad o juzgar el número de parejas sexuales.
  • No procurar la ternura o el placer sexual del otro, o no hablar de ello.
  • No respetar las expresiones emocionales o la sensibilidad de él o ella.
  • No dejar o procurar que el hombre participe en la crianza y cuidado de los hijos.
  • Invitar a tus amigos o amigas presentes a actividades sociales por su sexo.
  • Pensar que las visitas al médico de los niños o las compras son cosa de ella.
  • Preguntarle a una mujer qué para cuándo tendrá hijos o compañero.
  • Decirle que debe arreglarse más o menos o que se ve poco femenina o masculino.
  • Describir una vestimenta como provocadora o no hablar con los hijos de feminismo.
  • Que te extrañe ver a una mujer conducir y al hombre de copiloto.
  • Juzgar a una persona por su modo de hablar (así no se expresa una “señorita”).
  • Ver “normal” que los presentadores de TV sean hombres ingeniosos y mujeres guapas.
  • Dejar a los hijos adolescentes llegar tarde o “tener novia” y a sus hermanas no.
  • Comprar juguetes para que los niños jueguen afuera de la casa y las niñas adentro.
  • Cuando comes en casa ajena agradecer a “la cocinera” sin preguntar si es él o ella.
  • “Hacer conversación” con otro sobre temas que presupones son “afines a su sexo”.
  • Agredir a un hombre públicamente amparada en que no podrá responderte por ser mujer.
  • Referirse a alguien por su parentesco “la hija o el hijo de, la mama de, la señora de, etc.”
  • Entregar la cuenta de un bar o restaurante siempre al hombre.
  • Pedirle a un hombre (hijo, marido, novio, amigo, conocido o cualquiera) que pelee por ti.
  • Intentando ser amable le digo guapa o bonita a una mujer (sometimiento por conquista).
  • Callarse ante chistes o comentarios machistas entre amistades o familiares.
  • Referirse al conjunto de seres humanos que buscamos la igualdad de género como “las feministas” evadiendo el compromiso y reservando esta importante lucha a las mujeres.
  • Has preguntado a una mujer cómo le hace para ser madre y trabajar pero nunca a un padre.
  • Has hecho “un favor” a alguien por su apariencia o comprado una prenda rosa para la hija de un amigo sin consultar.
  • Cambiadores de pañales sólo en baño de mujeres o revistas de moda con el ginecólogo.
  • Abrir las piernas al sentarse como “hombre” invadiendo el espacio público.
  • “Corres, golpeas, hablas, lloras, te quejas, juegas como niña” son sólo algunas de las actitudes y expresiones cotidianas que perpetúan el machismo.
  • Miles más…

Como espero haya quedado claro con este pequeño muestrario de actitudes cotidianas, el machismo está presente en todas y cada una de las actividades humanas y los micromachismos están alojados en lo más profundo de nuestra miseria antropológica (1) que reproducimos permanentemente con nuestras actitudes y principalmente a través del lenguaje mismo que ha sido diseñado por quien ha ostentado el poder para la perpetuación del mismo, pero esto no se resuelve con feminizar las palabras, ya se han cometido muchos errores así como feminismo y machismo no son femeninas ni masculinas –por ejemplo el decir modisto para referirse a un diseñador de modas discrimina el término modista porque lo reduce a costurera–.

Para erradicar esto deberíamos refundar la civilización con los conocimientos hasta ahora adquiridos y como esto es lejanamente probable, lo que nos toca es resistirnos y luchar cada día por ir transformando de a poquitos estas actitudes, comenzando por dar una lucha frontal contra el machismo representado por el poder político y económico del mundo e intentar actos de consciencia permanente entre todas nuestras compañeras, compañeros y personas conscientes, para evitar al máximo los micromachismos en nuestras relaciones cotidianas pensando cada acción, actitud o palabra, para evitar seguir reproduciendo este mal progresivo y mortal. Porque hay que decirlo, si hoy una mujer puede estudiar, votar y ser votada, ocupar un lugar directivo, académico, político o de gobierno, tener una propiedad, o una cuenta en el banco, poder decidir a qué quiere dedicar su vida y disfruta de todos y cada uno de los derechos ganados para las mujeres es gracias a las luchadoras hoy llamadas feministas.

Con la “Marea Verde”, el “Me Too”” y la protesta mundial que con el sismo feminista que comenzó en Valparaíso Chile y que ha tenido réplicas en todo el mundo con el performance “Un violador en tu camino” todo indica que ha comenzado la re-evolución feminista del planeta, todos debemos cambiar, los hombres y las mujeres conscientes debemos erradicar toda forma de violencia de género  y cuidar no seguir reproduciendo roles con los micromachismos. Y los hombres debiéramos mínimamente cambiar el “te ayudo” por el “¿qué hay que hacer?” y poner de moda la mentada de padre.


La vida es una construcción consciente.
Iván Uranga
@CompaRevolución
iuranga@cnpm.mx

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