Fuga de Cerebros | Carlos Pérez-Ricart: Comisión para el Acceso a la Verdad. Autores: Alejandra Romero y Francisco Carillo

Foto: Fuga de Cerebros.

Por Alejandra Romero y Francisco Carillo1

El 22 de junio de 2022, en las inmediaciones de Naucalpan, Estado de México, el presidente Andrés Manuel López Obrador anunció que se abrirían los archivos militares para la Comisión para el acceso a la verdad, el esclarecimiento y el impulso a la justicia por las violaciones graves a los derechos humanos cometidas de 1965 a 1990. Esto supone un gran avance en materia de derechos humanos y justicia para las víctimas y sus familiares en la conocida Guerra Sucia perpetuada por el Estado Mexicano. Sin embargo, hay muchas cosas que aún falta por conocer sobre las funciones de este organismo. Para obtener un panorama más amplio, miembros de la cátedra “Narcotráfico y Crimen Organizado en México” de la UNAM, entrevistamos al Dr. Carlos Pérez-Ricart, quien nos brindó unos minutos durante la reunión bianual de la Alcohol and Drugs History Society (ADHS), celebrada en la Ciudad de México entre el 15 y el 17 de junio de 2022.

Entrevistadores (E): El Doctor Carlos Pérez-Ricart es investigador del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) y uno de los expertos en la Comisión para el acceso a la verdad en México. Le agradecemos mucho su tiempo.

Dr. Pérez-Ricart, en su página web (perezricart.com), pone que es uno de los cinco “expertos”, entre comillas. ¿Hay alguna razón para ello?

Carlos Péres-Ricart (CPR): Sí. A ver, el título oficial es que somos comisionados expertos de la Comisión para la Verdad de la Guerra Sucia 1965-1990. El entre comillas lo pongo porque es un poco petulante llamarse “experto”. Somos reconocidos por una parte del gremio como tal, pero me incomoda la parte del “experto”. Me gusta pensar que somos comisionados independientes para la Comisión de la Guerra Sucia, aunque suene redundante. Lo que intentamos es escarbar en el pasado para esclarecer crímenes violentos y graves a los derechos humanos ocurridos en México durante ese periodo. Pero sí (ríe), es una manera de deslindarme un poquito de ese título que creo no me corresponde y que corresponde a muy poquita gente. Cuando uno es tan joven como nosotros, de pronto es difícil llamarse experto.

E: Hablando de este cargo que tiene actualmente, ¿cómo describiría las funciones de la Comisión de la Verdad?

CPR: Lo que nosotros hacemos es intentar esclarecer graves violaciones a los derechos humanos. Es el mandato que nos da el presidente a la Comisión de la Verdad. Intentamos esclarecer en el sentido de dilucidar o iluminar, saber qué pasó en temas de violencia desde 1965. Nuestra labor es agrupar todo lo que se sabe. Ir a la bibliografía secundaria, a las tesis de todo nivel, a la hemeroteca, a los archivos e intentar construir una narrativa coherente que tenga a la víctima en el centro de lo que sucedió en ese periodo. Hay muchas narrativas, lo que nosotros tenemos que hacer es, a partir de todo lo que conocemos, generar una narrativa coherente de cómo se relacionó el Estado con la sociedad durante ese periodo.

Ese es el gran reto: tejer todo lo que se sabe y no solamente ver el árbol, sino ser capaces de ver el bosque. Muchas de las narrativas sobre la Guerra Sucia ven el arbolito y no ven el panorama general. Nos urge crear esa narrativa nueva que tenga a la víctima en el centro, no al gobierno, al Estado, a Echeverría o a la fiscalía, sino a las víctimas. A partir de ahí, generar un reporte que debemos entregar en septiembre de 2024 al Presidente de la República y al Pueblo de México sobre lo que sucedió en la Comisión a la Verdad. Una verdad histórica de ese periodo.

E: ¿Se queda en la investigación o hay algo más que se hace después con esa información?

CPR: Tenemos dos objetivos centrales. El primero tiene que ver con la documentación, el esclarecimiento histórico y el reporte. Está muy claro, pues es parte del mandato. Pero hay un segundo objetivo que nosotros le llamamos comunicación social de la verdad. Se trata de, a partir de toda esta investigación, ser capaces de generar ciertos mecanismos para acercar pedagógicamente la verdad a la gente. Una de las cosas que haremos a partir de diciembre será crear audiencias públicas (la primera será el 10 de diciembre, en el Día Internacional de Derechos Humanos) junto con comunidades de víctimas, familias y colectivos y con alianzas en distintos medios de comunicación y universidades en las que la gente pueda, por primera vez quizás en su vida, hablar libremente de las graves violaciones que ocurrieron durante ese periodo.

Se trata de platicar con la gente que probablemente no sabe lo que realmente fue la Guerra Sucia, comunicar lo que fue ese periodo y, más importante, la posibilidad de generar nuevos testimonios a gente que tal vez no sabe o no cree que fue víctima de graves violaciones a derechos humanos. Hay una noción de ciudadanía, de decirle a la gente: “A ti te violaron derechos humanos cuando te discriminaron y te desplazaron, no solamente cuando asesinaron a alguno de tus familiares”. Eso es generar una noción mucho más integral de ciudadanía. Tenemos el objetivo de esclarecer, pero hay un programa de comunicación social muy importante detrás. Creemos que ese es nuestro granito de arena en la búsqueda de la verdad y la justicia en este país.

E: Ya que nos habló a grandes rasgos de lo que se hace en la Comisión de la Verdad. ¿Cuáles son los retos y las oportunidades que enfrenta un comisionado de este organismo?

CPR: Son muchos y son enormes. Nuestra Comisión está integrada por cinco “expertos” independientes y nos llevamos muy bien. Una de ellas es Eugenia Allier, quien es profesora en la UNAM. Otra de ellas es la compañera Aleyda García, quien es profesora en Chihuahua. También el cura David Fernández y Abel Barrera. Todos ellos son excelentes personas, íntegras e independientes. Tenemos una buena relación, pero tenemos puntos de vista muy distintos sobre lo que fue ese periodo. Entonces, para comenzar, ponernos de acuerdo y generar un programa que acepte nuestros puntos de vista y al mismo tiempo tenga una narrativa coherente. Más allá de eso, la Comisión está conformada por varias instituciones gubernamentales: Archivo General de la Nación, la Cancillería, la Subsecretaría de Derechos Humanos, la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas y la Comisión Nacional de Búsqueda. El diálogo con instituciones del Estado no es sencillo; hay mucha tensión en cómo nos comunicamos con estas entidades. Muchas de ellas quieren ayudar, pero no es fácil el diálogo con las burocracias federales. Ahora, cuando vamos a lo local —hemos estado en Oaxaca, Jalisco, Sinaloa y Guerrero—, debemos conversar con las autoridades que no están tan asociadas o no conocen tanto del tema.

Luego, la relación con las víctimas en sí mismo no es un problema, pero es un reto enorme. Son muchísimos actores con los que tenemos que dialogar y es complejo avanzar, pero vale la pena. Además, está el reto natural del ejército. Lo que haremos será abrir archivos de la SEDENA. Ningún civil hasta ahora ha visto varios de esos archivos que nosotros sí vamos a abrir. También es complicado el diálogo con el ejército —que no es la institución más sencilla— y entrar a escarbar en esos archivos, lo que supone un reto mayúsculo. Todos los días apagar “bomberazos”, resolver situaciones, atender juntas, etcétera. Pero, si vemos con cierta perspectiva lo que hemos hecho los últimos seis meses, han existido avances. Tenemos reuniones con el ejército y estamos trabajando con Fiscalía, Presidencia y todas las instituciones que componen la Comisión de la Verdad.

E: Doctor Pérez-Ricart, desafortunadamente se nos acaba el tiempo. Aprovechando el espacio y recordando que estamos haciendo esta entrevista desde la reunión bianual de la ADHS 2022, ¿en qué contribuye este tipo de congresos a la realidad del narcotráfico y el crimen organizado? Entendiendo “realidad” como las prácticas y las políticas públicas.

CPR: Diré algo que no me preguntaron, pero que es importante y sirve de transición con esta pregunta. Una de las cosas que estamos estudiando en la distribución de tareas que tenemos en la Comisión de la Verdad tiene que ver con el papel de la Guerra Contra las Drogas en la Guerra Sucia. Es decir, cómo se intersecta de manera compleja la violación a los derechos humanos general con la violación a los derechos humanos en temas de drogas. Los temas de Guerrero, Oaxaca y Sinaloa no se explican sin la presencia del ejército en zonas de producción de amapola y marihuana. Yo estoy a cargo de esta parte —que es una de las que más me apasionan— e intento darle sentido a toda la bibliografía y todo lo que se ha escrito sobre violaciones a derechos humanos en el marco de la Guerra contra las Drogas en este periodo.

Estudiar el pasado es interesante no solamente porque es interesante (ríe), porque “vale la pena” o la pasamos bien haciéndolo. Es interesante porque genuinamente creemos en la Comisión de la Verdad y en este tipo de congresos que la violencia y criminalización del pasado es lo que habilita la violencia del presente y la situación de hoy. Sí es verdad, aunque suena lugar común, que entender el pasado ayuda a comprender lo que pasa hoy. Por ejemplo, la Guerra Contra las Drogas de Calderón tiene sus raíces en 1915, en Operación Intercepción, en Richard Nixon, en el Reglamento de Toxicomanías de 1940 y en muchísimas cosas que hay que entender para comprender el presente. Entonces, el gran reto del historiador que asiste a estos congresos es analizar en qué medida lo que vemos es completamente nuevo y en qué medida tiene sus raíces históricas antes. Ese es el reto: ¿qué es nuevo y qué es viejo? Un congreso nos obliga a pensarlo todo el tiempo. Otro ejemplo: la criminalización de usuario que vemos hoy de fentanilo, cristal o cocaína, ¿en qué se parece a lo que vimos antes y cómo podemos buscar respuestas en el pasado? Yo no soy historiador, pero me apasiona la historia porque como politólogo me ofrece respuestas al presente.

E: Dr. Pérez-Ricart, le agradecemos mucho su tiempo y la oportunidad de entrevistarlo.

CPR: Gracias a ustedes.

***

La labor de los profesionales comisionados como el Dr. Pérez Ricart resulta fundamental en el esclarecimiento de la verdad, pero lo es aún más la comisión en sí misma, considerando además la colaboración de las instituciones pertinentes. Desde hace más de medio siglo, pocos habían sido los esfuerzos para reparar la deuda histórica que actualmente prevalece en la sociedad mexicana. Si bien esto es sólo el comienzo del trabajo, esperamos que la Comisión de la Verdad pueda brindar respuestas oportunas que tanta falta hacen a las víctimas y sus familias. Como población, nos queda permanecer al pendiente de sus funciones, involucrándonos activamente en los procesos de participación y, por supuesto, esperar el reporte final en septiembre de 2024.


1Por Alejandra Romero (@AleIntrovertida) y Francisco Carrillo (@Fran_Alfaro02) historiadores integrantes del curso “Narcotráfico y Crimen Organizado en México” de la UNAM. Twitter @NCO_FFyL

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