El Espejo | Partiendo a México por el Istmo; de Bucareli a López Obrador. Autor: Iván Uranga

La cintura de México es la riqueza natural, cultural y geográfica
más largamente añorada por el extractivismo depredador
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Iván Uranga

El 21 de enero de 1907 Porfirio Díaz inauguró lo que hoy llaman Corredor Interoceánico, con 304 kilómetros de vías de tren que trasladaba los productos de los barcos de un océano a otro, a lo largo del Istmo de Tehuantepec. Como parte de la ceremonia de la apertura -que duró varios días-, arribaron dos buques a los puertos terminales de Salina Cruz y Coatzacoalcos con carga para los principales puertos norteamericanos del Pacífico y del Atlántico. Dos días después en Salina Cruz el presidente Díaz puso el sello fiscal sobre 12 mil toneladas de azúcar provenientes de Hawái, que fueron cargadas en el tren y entregadas en Coatzacoalcos, para ser transportadas en el vapor Lewis Luchebach hasta su destino final en Nueva York. Con esto se daba inicio a lo que llamaban “La ruta comercial del mundo” (Aquí pueden ver el video del evento inaugural)

La ruta no funcionó debido al azolve continuo del puerto de Salina Cruz, que impidió que llegaran a puerto las embarcaciones de alto calado, lo cual fue motivo de que, para finales del mismo año 1911, el proyecto decayera. La apertura del canal de Panamá en 1914, se llevó el tráfico internacional que en nuestro país ya se sentía inseguro y sin garantías ante la lucha armada de la revolución interna que se generaba en la nación. Fue Carranza en 1914 quien puso fin a la alianza con el inglés Weetman Pearson responsable del proyecto.

Después de este fracaso, es hasta los gobiernos neoliberales que intentaron por todos los medios dividir por la cintura a México: Ernesto Zedillo, Vicente Fox y Felipe Calderón con el Plan Puebla Panamá y Enrique Peña Nieto con su Tren Transpeninsular ahora llamado Tren Maya por López Obrador, Peña también contemplaba en su proyecto el Tren Transístmico, hoy llamado Corredor Interoceánico. Esto sólo es en los últimos 100 años, pero la intentona capitalista viene de mucho tiempo atrás.

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La conexión interoceánica la hicieron las culturas originarias que establecieron al Istmo como una ruta comercial natural mucho antes de la llegada de la horda española. En el siglo XVIII el Virrey Bucareli intentó hacer una ruta comercial para el traslado de bienes entre sus navíos y ordenó el levantamiento topográfico, proyecto que fue realizado por el ingeniero Agustín Cramer. Los resultados del estudio quedaron en el olvido debido a la inestabilidad política de Europa. En 1808, cuando Humboldt recorrió la Nueva España, recomendó la apertura de una vía de comunicación por el Istmo de Tehuantepec. A ésta siguieron muchas otras propuestas y estudios del terreno, pero la convulsión política del país impidió que este proyecto se realizara.

Fue hasta 1842 cuando el presidente Santa Anna otorgó una concesión a un particular de nombre José de Garay, la cual le daba el derecho exclusivo de abrir una ruta transístmica. La empresa hizo mucha publicidad sobre el futuro canal, pero nunca se llevaron a cabo los trabajos prometidos, sólo quedaron los informes de los recorridos y estudios que se hicieron en la región. Durante la intervención norteamericana, una larga polémica diplomática se desencadenó sobre la validez y posesión de esta primera concesión.

El secretario de estado norteamericano Buchanan, demandaba en tono vencedor, el derecho de libre tránsito de los ciudadanos, de las tropas y de las mercancías de su país a través del Istmo de Tehuantepec. La guerra continuó porque el gobierno mexicano no aceptó el acuerdo de paz a cambio de dicho convenio. Cuando la Ciudad de México cayó en manos de las tropas americanas, se volvió a insistir sobre la cláusula del Istmo de Tehuantepec a cambio de duplicar el monto de la indemnización por los estados del norte de México. Pero por intereses personales no se aceptó la cláusula sobre el Istmo de Tehuantepec.

El daño generado a las culturas originarias por las intentonas de todos los gobiernos, virreinales, capitalistas y neoliberales, por más de 300 años ha gestado una resistencia transgeneracional, que hoy está dispuesta a dar la vida para evitar que los dueños del mundo dividan físicamente a un México ya dividido económicamente. La “riqueza” prometida por el obradorato con sus proyectos, tiene exactamente la misma dinámica del neoliberalismo, porque el gran río de ganancias será para los grandes capitales que permitirán caer pequeñas gotas a los más pobres.

El Tren Maya con su pretexto turístico, el Plan Integral Morelos con sus termoeléctricas y la Refinería en Dos Bocas y hasta la misma mega planta de Nestlé en Veracruz autorizada por López Obrador, tendrán conexión ferroviaria con el Corredor Transístmico, que a su vez se conectará con el sistema ferroviario de América Central porque son parte del Proyecto Mesoamérica que permitirá a George Soros y sus socios competir con Rockefeller y sus socios, que ahora controlan el traslado de mercancías entre el océano Pacìfico y el Atlántico por el canal de Panamá.

Actualmente, es parte de este mega programa económico la invitación a los migrantes centroamericanos para que se queden a trabajar en México y desistan de su empeño en llegar a Norteamérica y el acuerdo del 19 de noviembre en Washington, entre los presidentes de Canadá, Estados Unidos y México de regular el flujo migrante de acuerdo a las necesidades del capital y no la necesidad de empleo de los trabajadores. No es casual que lleguen promotores de Nestlé a las Caravanas Migrantes a ofrecerles trabajo como obreros o campesinos, ni tampoco es casual la creación de una mega policía militarizada, integrada por militares en activo, cuya principal función es la del control migratorio y el resguardo de los megaproyectos económicos, a quienes descaradamente el gobierno les entregó no solo el control sino toda la administración para garantizar que las resistencias se tengan que enfrentar a los militares para intentar frenar a estos proyectos que terminaron de drenar por esas vías, lo último de las riqueza natural y cultural de sus pueblos originarios.

El Istmo es Nuestro” es una iniciativa surgida en el año de 1996 cuando Ernesto Zedillo dio a conocer el Programa Integral de Desarrollo Económico para el Istmo de Tehuantepec, donde decenas de pueblos y organizaciones acordaron organizarse para articular la lucha contra este megaproyecto que históricamente ha ambicionado transformar la región en un corredor industrial, comercial, energético y militar que sirva de muro de contención para migrantes, convirtiéndose en la frontera y aduana más importante del mundo, controlada por los grandes capitales. Esta iniciativa de resistencia ha logrado contener los embates de Zedillo, Fox, Calderón y Peña y ahora se reorganizan para hacer frente a la amenaza más grande desde el porfiriato, por lo que este noviembre se reunieron autoridades agrarias, tradicionales, comunidades, organizaciones, colectivos, sindicatos de varios estados y regiones de Oaxaca, Veracruz, Chiapas, Guerrero, Morelos, Puebla, Querétaro, Jalisco, Estado de México, Ciudad de México, Boston, Chicago, Brasil y Francia para compartir sus experiencias y articular sus luchas en defensa de los bienes naturales, comunales, territorios y la vida misma, por lo que publicaron una declaratoria de denuncia, organización y lucha contra un proyecto que están imponiendo por la mentira y la fuerza, usando los programas asistencialistas como Sembrando Vida para condicionar el apoyo gubernamental a la aceptación de sus megaproyectos, como hemos documentado, sin cumplir realmente con las consultas que establece la ley.

Para que entiendan un poco el sentir de quienes son afectados directamente les pido lean “UN CORREDOR SOBRE LA CINTURA DE MÉXICO” en donde podrán sentir en voz de los luchadores de los pueblos originarios afectados qué es lo que piensan.

El Istmo es la riqueza natural, cultural y geografía más largamente añorada por el extractivismo imperialista de Bucareli, el entreguismo de Santana, el capitalismo de Porfirio Díaz, el neoliberalismo de Zedillo, Fox, Calderón y Peña, intenciones ahora concatenadas en el espíritu del obradorato que intenta con toda la fuerza económica, militar, social y política del Estado partir a México por la cintura a costa de lo que sea.

La vida es una construcción consciente.

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Iván Uranga
Iván Uranga

Especialista en Ciencias Sociales, promotor de comunidades autónomas autogestivas, investigador social, docente de Permacultura, escritor de
ensayos, novelas, cuentos, teatro y poesía.

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