El Espejo | Estado de Bienestar, el gran engaño. Autor: Iván Uranga

Camina como si tus pies besaran la tierra.
Thich Nhat Hanh

Durante los últimos 3 años en gobierno de Andrés Manuel López Obrador nos ha vendido la idea de que es un gran transformador basando su política en intentar evitar la corrupción del Gobierno Federal y la distribución de millones de apoyos económicos a través de sus programas sociales usando la palabra “Bienestar” en todos y cada uno de ellos, porque parten de la premisa de AMLO “Nuestro ideal es que haya un Estado de Bienestar”. Todo concepto tiene historia y tiene definición y el Estado de Bienestar es uno de ellos, y su definición fue acuñada hace 200 años.

El Estado del Bienestar no es algo nuevo, ni un invento de la Cuarta Transformación, es un sistema implementado después de la Revolución Industrial que significó la transición de la sociedad tradicional de base agrícola a la moderna sociedad industrial en donde el inhumano mercado se autorregulaba sin valores humanos, sin sentimientos, solo mercancías.

En ese momento la burguesía se desinteresa de la dirección política de las clases subalternas; ella solo quiere utilizar su fuerza de trabajo, explotarlas, no ya gobernarlas. Y exige también que el Estado no corrija las leyes del mercado puesto que ve en cualquier intervención dictada por consideraciones extraeconómicas un atentado a la natural armonía de la oferta y demanda. El Estado es carente de sensibilidad social.

Por lo que surge en Europa a principios del siglo XIX el concepto del Estado de Bienestar impulsado desde los gobiernos que no solo buscaban proteger al trabajador frente a la creciente industrialización de la sociedad, también planteaban luchar contra la pobreza e introducir seguridad social, sirviendo a los objetivos políticos del Estado y al establecimiento del orden social. Por tanto, el logro del Estado del Bienestar es eminentemente político y no solo social.

Durante más de un siglo el Gobierno asumió responsabilidades sociales, como la seguridad social y la educación. Es a principios de 1980 que el gran capital decide intervenir de nueva cuenta directa y abiertamente en las estructuras de gobierno y desvincular al Gobierno de las necesidades sociales para convertirlas en servicios privados, convirtiendo todos los intereses públicos en privados. Esta forma criminal extrema del capitalismo, le llamaron neoliberalismo.

Durante los últimos 42 años esta forma del capitalismo ha concentrado los recursos en mucho menos manos y ha creado muchas más personas en pobreza extrema, por lo que el modelo neoliberal comenzó a colapsarse al ir perdiendo exponencialmente consumidores, que es la base de su funcionamiento. Es justo ahí donde entra el planteamiento original del “Banco de los Pobres” de Muhammad Yunus en India, es el creador de los microcréditos a través del concepto de capitalismo humano; Yunus dedica su vida a la construcción de empresas sociales cuya intención es solucionar un problema social y no maximizar su riqueza. Estas empresas son financieramente sostenibles, pero no reparten beneficios y todas las utilidades se reinvierten en la sociedad. Las empresas sociales trabajan bajo la premisa de un valor económico, social y ambiental. Yunus apoyado por las macro empresas como las criminales Nestlé, Bayer y Monsanto se ha dedicado a crear millones de microempresas en donde los más pobres son socios de esta especie de cooperativas que les permiten ganar lo suficiente para subsistir y toda la ganancia después de haber cubierto los salarios de los cooperativistas pasa a un fondo común en el Banco de los Pobres que sirve para financiar otra nueva cooperativa para otros pobres, su flujo económico funciona a través de millones de tarjetas bancarias.

Así a simple vista pareciera un modelo de poscapitalismo orientado hacia una economía alternativa y solidaria; el problema comienza cuando los cooperativistas socios de esas microempresas se dan cuenta que su empresa obtiene grandes ganancias que jamás llegarán a ellos y que, aunque sus empresas puedan crecer gracias a su trabajo, ellos están destinados a ganar lo mínimo.

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El planteamiento de López Obrador en México es una copia adaptada a un gobierno del modelo de Yunus, que tiene la peculiaridad de no crear las cooperativas, sino que asume a todos los ingresos del gobierno como el capital de una gran empresa social y los millones de becas y pensiones como el pago a los socios de esta empresa o gran cooperativa, que al igual que el modelo de Yunus no permite incrementar el ingreso de los “beneficiados” sólo les da la posibilidad de mantenerse como consumidores para retrasar el colapso del modelo económico y que el capitalismo siga girando.

Cuando a Yunus le plantearon los grandes capitalistas que necesitaban que los socios de sus cooperativas consumieran de sus productos, Yunus contestó cínicamente “Dejen que salgan de la extrema pobreza y después les vendemos todo lo que quieran”. No es casualidad que las mismas empresas que apoyaron a Yunus en India, sean las que apoyen a López Obrador en México.

El Estado de Bienestar (EB) está fundamentado en una sociedad de consumo, que tiene como modelo la Europa neoliberal, esta forma política y social tal como la conocemos hoy no es producto de la conquista de las luchas del movimiento obrero como se afirma de forma exagerada, sino que obedece en mucho mayor medida a las necesidades e intereses de las instituciones estatales liberales y capitalistas, intereses que se agudizan sobre todo a partir de las crisis mundiales como las guerras y la pandemia

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Este análisis se complementa con razones económicas, de tanta, y quizá incluso de mayor relevancia que las anteriores, que tienen que ver con la teoría del economista John Keynes: la redistribución de servicios y subsidios entre la población de nuestros países occidentales también pretendió en su día la implantación de fuertes mercados internos que sirvieran de motor al desarrollismo económico capitalista. 

  • El Estado de Bienestar es un modelo económico totalmente incluido en el capitalismo, diseñado y promovido por las élites económicas del mundo.

El principal problema que presenta el discurso de López Obrador es que se le acaba el tiempo y el Sistema de Salud, de Seguridad Social están cada vez más lejos de los modelos europeos a los que prometió llevarlos, la Transformación Educativa se reduce a su versión e inclusión en la historia, la Seguridad y la Paz Social pilar del Estado de Bienestar le resultó imposible lograrla.

El Estado de Bienestar es el nuevo opio del pueblo.

El Estado de Bienestar es un proyecto anti transformación, porque en realidad, viene a ser un modo de soborno o de compra material de lo que llaman la «Paz Social», esto es, la ausencia de conflictos. De esta forma se logra que amplias capas de población de las sociedades en las que el Estado de Bienestar se da acaben viviendo con actitudes conformistas y con nulos deseos de cambio social. El miedo a perder lo que se tiene impide, o vuelve muy complicado, analizar en profundidad las causas y consecuencias del orden político y social y evita que se tengan oídos receptivos hacia quien lo cuestiona. Aborta, en definitiva, la posibilidad de que la sociedad tome conciencia de las contradicciones en las que vive y se organice con voluntad y determinación de obtener cambios sustanciales, es decir, revolucionarios.

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Las grandes corporaciones extractivistas emplean buena parte del capital que obtienen con dichas operaciones de colonialismo económico en realizar inversiones en los países del primer mundo donde están radicadas, dinamizando su economía y generando empleo. La tributación directa al Estado de las grandes corporaciones, e indirecta a través de la economía subsidiaria que generan, es la que permite a éste recaudar el dinero «suplementario» con el que ofrecer a la ciudadanía los bienes y servicios que definen el EB y de los que por supuesto no pueden gozar los habitantes de los estados expoliados, los cuales además sufren grandes daños en su propia economía doméstica. El Estado de Bienestar es un producto resultante de las peores dinámicas del sistema económico capitalista, y su existencia guarda relación directa con la pobreza extrema de una parte mayoritaria de la humanidad. 

El Estado de Bienestar es antidemocrático

De forma harto paradójica, la palabra «democracia» ha llegado a ser la más comúnmente utilizada para definir sistemas políticos que en realidad son de dominación. Nos cuesta hallar en la historia de los estados un orden de gobierno que en los hechos se haya correspondido con lo que intenta significar el vocablo. Es por ello por lo que tenemos ciertas reservas a la hora de emplearlo. A nuestro juicio solo cabe hablar de «democracia» cuando cada persona puede participar libre y directamente en la decisión de aquellas cuestiones que le afectan. En consecuencia, solo será «democrática» una sociedad que garantice tal principio a pequeñas y grandes escalas y ninguna otra. 

El Estado de Bienestar es la concreción más pura y acabada del estado-nación liberal y burgués diseñado en el siglo XIX. Su existencia es el formidable logro de una situación en la que una pequeña élite acapara todo el poder de gobernar y dispone de la mayor parte de riqueza y medios para producirla, mientras que la mayoría desposeída completamente de poder y de la parte principal de la riqueza vive conformándose con su situación, satisfecha con los servicios materiales que recibe del Estado y convencida de que pertenece a una sociedad libre y democrática.

Un ejemplo muy claro es el proyecto extractivista que pretende controlar la ruta interoceánica de comercialización internacional y el flujo de migrantes al norte llamado “Tren Maya” en donde ningún mexicano fue informado de la verdadera intención del proyecto, el cual se vende como un “proyecto turístico que ayudará a las comunidades abandonadas del sur”, por lo que no permiten que las comunidades afectadas y en este caso todos los ciudadanos decidan informadamente sobre el futuro de sus recursos, de su cultura.

Aunque el sistema de elecciones cada cierto número de años trata de dar carta de naturaleza a una pretendida «soberanía del pueblo», la realidad es que la alianza entre una pequeña oligarquía de políticos profesionales, la alta burocracia del Estado, los poderes económicos y los medios de comunicación mantiene bien controlado el acceso a los centros de poder en todos los países donde se da el EB. Los votantes en todos estos estados, entre los que se encuentra el nuestro, están irremisiblemente abocados a optar solo entre opciones políticas continuistas. En cualquier caso, incluso aunque se diesen fórmulas electorales más abiertas, el resultado práctico seguiría a años luz de la democracia, ya que ésta, como decimos, supone la participación decisoria de las personas en aquellas cuestiones que les afectan. Nada de eso sucede en las sociedades del EB, en las cuales las personas, denominadas «ciudadanos», no tienen ninguna forma de decidir tales cosas y sólo reciben el dudoso derecho de votar cada cierto número de años para elegir a los miembros de la élite burocrática que han de regir irremisiblemente su vida y destino durante la siguiente temporada y no les dan más opción que elegir de entre la basura humana que llega a las boletas electorales.

En el supuesto, cada día más inverosímil, de que fallase alguno de estos mecanismos de control, el aparato estatal-capitalista tiene otra carta guardada en la manga: la policía, el ejército y la cárcel. Estos órganos del aparato estatal son la definitiva negación de la democracia y el anuncio de viva voz de que nadie puede evitar obedecer las decisiones de las élites gobernantes ni muchísimo menos cuestionarlas en su esencia. 

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Es paradigmático el papel que juega la institución militar, que, como decíamos antes, es un elemento de primer orden como garante armado del expolio comercial del Norte sobre el Sur. Pero de puertas adentro, y en compañía de su institución vicaria, la policía, desempeña una función igualmente trascendente como última y determinante barrera defensiva de los intereses de la minoría en el poder. Desgraciadamente en el Estado mexicano disponemos de abundante experiencia al respecto en los últimos 200 años. Desde los habituales pronunciamientos militares decimonónicos hasta las facultades que la misma Constitución vigente concede al ejército, en donde el actual gobierno ha entregado casi todo el poder del Estado a las elites militares que ahora constitucionalmente son los responsables de la seguridad del territorio, sus bienes, sus ciudadanos, sus puertos, aduanas, costas, vías de comunicación incluidos trenes y aeropuertos, la construcción de infraestructura, control migratorio, investigación arqueológica, entre muchas otras funciones, asignándoles el presupuesto más grande de la historia de México, dejando en grave riesgo de una militarización total del Estado, este hecho, por sí solo, constituye un atentado directo a la democracia.

El Estado de Bienestar es antiecológico

Estado de Bienestar y Sociedad de Consumo vienen a ser sinónimos. El alto desarrollo industrial y tecnológico, así como los mecanismos capitalistas de extracción y concentración de la riqueza, han puesto en manos de amplias capas poblacionales de los países ricos una capacidad inédita de adquirir y consumir alimentos, productos manufacturados y servicios (por citar un ejemplo, los viajes en avión). Palabras como «crecimiento», «desarrollo» y su eufemismo progre «desarrollo sostenible» o «de calidad» han sido y son mágicas consignas que han despertado maravillas en los oídos aburguesados de tanta gente. No pensamos que sea necesario extendernos para alertar de los efectos de tanto «desarrollo» y tanta capacidad de consumir y sus consecuencias a niveles medioambientales y de salud pública. Pocos dudan de la imposibilidad material de exportar a más lugares del planeta el modelo despilfarrador e irresponsable en lo material que caracteriza a todos los estados de bienestar (lo cual lo hace doblemente injusto), puesto que el colapso medioambiental sería casi inmediato. Incluso circunscribiéndonos a los lugares del mundo en los que se da ahora, la consecuencia del consumismo practicado en el EB estaría ya causando daños irreversibles al planeta. La refinería de Dos Bocas que construye López Obrador será responsable de emisiones de carbono que superarán con creces cualquier esfuerzo de sembrar millones de árboles, eso sin contar el daño que ya causa con sus otros megaproyectos como el mal llamado Tren Maya.

Para concluir y sólo para que nuestros detractores no infantilicen, no proponemos pasar del Estado del Bienestar a un Estado de Malestar, ni proponemos destruir todo y comenzar de nuevo, no queremos “bien estar”, queremos un buen vivir.

Para nosotros la propuesta es la Re-evolución; todas las especies cuando el medio es favorable se reproducen y cuando no, evolucionan o mueren. Estamos a punto de la extinción, si no logramos dar un salto cuántico como especie y evolucionamos a la consciencia, estamos perdidos.

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Debemos crear grupos organizados y coordinados, movimientos sociales y espacios en los que reflexionar juntos en un primer momento para después salir al encuentro de la sociedad y de las instituciones, denunciando y enfrentándonos a los aspectos más inmorales y las consecuencias más nocivas del sistema, sin caer en falsas transformaciones, y al mismo tiempo creando cooperativas o colectivos para comenzar a producir lo que consumimos.

Ante su dimensión de injusticia social y de grave atentado contra el medio ambiente, habremos de aprender a renunciar a aquellos elementos materiales de nuestra forma de vida que son superfluos, prescindibles, antiecológicos y comparativamente injustos, aprendiendo a vivir con menos y a ser más felices así. Desde ahí nos apoyaremos mutuamente e interpelaremos a la sociedad invitándola a seguir nuestro ejemplo. Ante perversos sofismas como el «desarrollo sostenible», reivindicaremos la decolonización, la autonomía y la autogestión, abriendo caminos para experimentar fórmulas concretas de alternativa, para pasar del Sistema Capitalista a una Sociedad Solidaria.

La vida es una construcción consciente.

Iván Uranga
Iván Uranga

Especialista en Ciencias Sociales, promotor de comunidades autónomas autogestivas, investigador social, docente de Permacultura, escritor de
ensayos, novelas, cuentos, teatro y poesía.

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