Reforma eléctrica: entre ciegos, sordos y locos. Autora: Ivonne Acuña Murillo

Imagen ilustrativa. Foto: Matthew Henry.

Por: Ivonne Acuña Murillo

Como se esperaba, este domingo 17 de abril, no contó el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) y sus partidos aliados, el del Trabajo (PT) y el Verde Ecologista de México (PVEM), con los votos suficientes para alcanzar la mayoría calificada necesaria para la aprobación en Cámara de Diputados de la Reforma Eléctrica, propuesta por el presidente de la República Andrés Manuel López Obrador (AMLO). Entre ciegos, sordos y locos quedó la discusión que tuvo lugar no solo en el recinto legislativo sino entre la ciudadanía. No había manera, podría decirse, para que dicha reforma saliera airosa. Los diversos intereses de quienes dicen representar al pueblo de México lo hicieron imposible.

No extraña a nadie que después de 12 horas, 40 minutos de airados discursos, intercambio de descalificaciones, insultos y llamados a la historia, pasada y futura, la votación reflejara la división de diputados y diputadas en dos fracciones: a favor, 275 votos; en contra, 223. Estos últimos logrados de manera conjunta por los partidos Revolucionario Institucional (PRI), Acción Nacional (PAN), de la Revolución Democrática (PRD) y Movimiento Ciudadano (MC).

A simple vista, ganó el sí a la modificación constitucional que haría posible la reforma; sin embargo, para que tal cosa sucediera se requería que la tercera parte de las y los diputados votaran a favor. Esto es, se necesitaban 332 votos para derogar la reforma energética de 2013, modificando los artículos 25, 27 y 28 de la Constitución Política y agregando algunos artículos transitorios.

A decir de la administración del expresidente Enrique Peña Nieto, la Reforma Energética propuesta por su gobierno en 2013 cumpliría los siguientes objetivos:

(i) Mejorar la economía de las familias: Bajarán los costos de los recibos de la luz y el gas. Al tener gas más barato se podrán producir fertilizantes de mejor precio, lo que resultará en alimentos más baratos. (ii) Aumentar la inversión y los empleos: Se crearán nuevos trabajos en los próximos años. Con las nuevas empresas y menores tarifas habrá cerca de medio millón de empleos más en este sexenio y 2 y medio millones más para 2025, en todo el país. (iii) Reforzar a Pemex y a CFE: Se le dará mayor libertad a cada empresa en sus decisiones para que se modernicen y den mejores resultados. Pemex y CFE seguirán siendo empresas 100% de los mexicanos y 100% públicas. (iv) Reforzar la rectoría del Estado como propietario del petróleo y gas, y como regulador de la industria petrolera. (https://embamex.sre.gob.mx/bolivia/images/pdf/REFORMAS/energetica%20comunicado.pdf)

Como suele ocurrir cuando de reformas estructurales se trata, las promesas del gobierno en turno no se cumplieron pues, para Sergio O. Saldaña Zorrilla: “El gran error económico de la reforma energética consiste en el hecho de que transfiere riqueza al extranjero y desmantela la economía nacional, pues ello aumentará la pobreza y caerá el empleo en nuestro país.” (“10 consecuencias económicas de la reforma energética”, Forbes, 22 diciembre 2014).

De acuerdo con el mismo Saldaña, las consecuencias económicas que dicha reforma provocaría son: rápido agotamiento de reservas petroleras; abandono de la oportunidad de aumentar la productividad de la economía; un incremento de la carga fiscal a Pemex; mayor número de empresas extranjeras en el sector energético en detrimento de las nacionales; un crecimiento menor de la actividad económica y los empleos; un aumento en la concentración del ingreso y una transferencia de riqueza nacional al extranjero; un gasto público destinado mayormente a gasto corriente; aumento de la deuda pública y poco ahorro a largo plazo; escasos resultados en la reducción de la pobreza y un acrecentamiento importante de la misma una vez se agote el petróleo; y, el desaprovechamiento de recursos que podrían utilizarse para atacar los determinantes estructurales de la pobreza en el país (ídem.)

Sin embargo, en ambos casos, el del petróleo y la electricidad, el gobierno de Peña no mintió, al menos técnicamente, al decir que no se privatizarían y que seguirían siendo empresas públicas, desactivando con esto el enorme potencial de movilización que significaría el impacto simbólico de su privatización. A pesar de lo cual, no se dijo al pueblo que lo que sí se privatizarían, a partir de una serie de estrategias de mercado, serían las ganancias de explotación de ambas empresas, Petróleos Mexicanos (Pemex) y la Comisión Federal de Electricidad (CFE).

En el primer caso, se permitió la entrada de las empresas de capital privado a la industria energética mexicana mediante contratos de servicios, de utilidad y producción compartida, así como de licencias, brindando a empresas extranjera la posibilidad de obtener ganancias millonarias sin técnicamente privatizar el petróleo. Previo a esto y desde los tiempos en que Carlos Salinas de Gortari fue presidente de México (1988-1994) se dejó de invertir en Pemex, aunque se siguieron extrayendo recursos millonarios de las ganancias producidas por la venta de crudo, vía impuestos, y transferencias directas a campañas electorales y otros asuntos. La estrategia fue quebrar a la empresa y hacerla aparecer como un claro fracaso de los malos manejos del gobierno, abriendo la puerta a un proceso de privatización, mismo que no se ha consumado dado el enorme valor simbólico que supone que, desde 1938, el petróleo sea de las y los mexicanos gracias al proceso de expropiación llevado a cabo por el expresidente Lázaro Cárdenas del Río.

En el segundo caso, también como parte de las Reformas Estructurales dictadas por Peña al inicio de su sexenio y apoyadas por el PAN y el PRD, a través del llamado “Pacto por México”, se buscó la manera de hacer a un lado a la CFE en la generación y suministro de energía eléctrica beneficiando con ello a empresas privadas. De acuerdo con la explicación ofrecida por Rocío Nahle, secretaria de Energía, por la reforma de Peña la CFE fue dividida en unidades de negocio, las cuales no podían tener comunicación lo que provocó situaciones “absurdas”, como no poder prestarse equipos o materiales entre centrales hidroeléctricas. Subrayó que esto se hizo de esa manera “para debilitar a la CFE”. (Alejandro Alegría, “Nahle: cuesta 423 mil mdp a la CFE la reforma de Peña”, La Jornada, 15 de octubre de 2021).

Aunado a lo anterior, se impidió a la empresa utilizar sus centrales hidroeléctricas para generar energía eléctrica, además de obligarla a comprar gas natural en condiciones ventajosas para las empresas privadas. Paradójicamente el gas tenía como destino las mismas centrales que fueron quedando al margen una vez que se autorizó a empresas privadas generar una sobreoferta de 134,000 megawatts en un mercado que solo podía consumir 50,000 megawatts, causando a la CFE pérdidas millonarias (Karina Suárez, “La CFE defiende que la reforma eléctrica es compatible con el TMEC”, El País, 17 de noviembre de 2021).

Para una explicación más detallada de lo que significó para la CFE y para México la citada reforma y para ahondar en la propuesta de reforma enviada por el presidente López Obrador al Poder Legislativo, se recomienda ver la entrevista que Alejandro Páez Varela y Álvaro Delgado hicieron a Luis Bravo, vocero de la CFE, el 19 de octubre de 2021 (https://www.youtube.com/watch?v=18q3dwzGwxw). Se recomienda, igualmente, la entrevista que ambos periodistas hicieron a la misma secretaria de Energía, en el marco de su investigación “La disputa por México”, transmitida el 17 de abril de 2022 por YouTube (https://www.youtube.com/watch?v=jqZP5iXksuc).

Esta es la reforma defendida el mismo domingo 17 de abril por los partidos PRI, PAN, PRD y MC en Cámara de Diputados, después de un debate entre ciegos, sordos y locos. Pero ¿quiénes son en todo esto los ciegos, los sordos y los locos?

Los ciegos son aquellas personas que por falta de información, voluntad o un exceso de ingenuidad o falta de memoria son incapaces de ver los intereses ocultos detrás de las Reformas Estructurales propuestas por Peña Nieto, que intentaron culminar un proceso iniciado décadas atrás con el arranque del periodo neoliberal (1982-2018) y cuyo objetivo era “privatizarlo todo”, como eje de un proyecto depredador encaminado a beneficiar a una pequeña élite político-económica transnacional, en detrimento del bienestar de decenas de millones de personas en el país. Caen en este grupo, también, quienes no alcanzan a ver, incluyendo las y los legisladores que votaron en contra de la reforma, la conveniencia de ser autosuficientes en materia energética y prestan atención a los argumentos a partir de los cuales PRI, PAN, PRD y MC buscan desvirtuar una reforma eléctrica que pone en peligro los intereses de las grandes empresas a las que pretenden seguir beneficiando. Ciego o ciega es también quien supone que el rechazo a la Reforma Eléctrica lopezobradorista es una traición a las y los mexicanos, cuando hace mucho tiempo que su interés principal no es el bienestar de la población a la que dicen servir. No se puede traicionar a quien se abandonó décadas atrás cuando el PRI ocupaba la presidencia de la República y el PAN trataba de compartir el poder con este partido. Se diría más bien, que con la votación de este domingo no hicieron más que refrendar su propia naturaleza apátrida y rapaz, en este punto se sumaron sin empacho el PRD y MC, aunque con diferentes propósitos.

Los locos, son aquellas personas que aun toman por ciertas “las buenas” intenciones de aquellos partidos políticos, como el PRI, el PAN y el PRD, olvidando sus malos resultados y las promesas rotas cuando han sido gobierno, creyendo que representan sus intereses y no los de las élites económicas a las que han servido durante décadas. Forman parte de este grupo quienes han creído que estos partidos beneficiarán al país al votar en contra de la Reforma Eléctrica que pretende el presidente López Obrador con el objetivo de devolver al Estado mexicano la soberanía sobre sus propios recursos. De la misma manera, se podría llamar loco o loca a quien suponga, gracias a la enorme propaganda hecha por años a esta idea, que ya no está de moda producir energía propia en lugar de comprarla a terceros, sin tener en cuenta que en casos de desastres naturales, conflictos bélicos o escasez, todo país que no sea autosuficiente en la materia se verá en clara desventaja pagando las consecuencias al poner en riesgo su propia sobrevivencia por haberle hecho el juego a las grandes potencias y a esta “conveniente moda”.

Los sordos son, por supuesto, los legisladores del PRI, PAN, PRD y MC para quienes la Reforma Eléctrica propuesta por el presidente López Obrador no tiene mérito alguno, ni siquiera cuando se buscó incluir 9 de sus 12 propuestas. No hubo manera de negociar. Del PRI se podría decir que tal vez no le llegaron al precio al no ofrecerle la gubernatura del estado de Hidalgo y, con mucha más ambición, la del Estado de México el año próximo, como un intento desesperado por mantener sus bastiones más significativos. Especialmente, cuando todo parece indicar que en las elecciones de este año perderá Hidalgo y Oaxaca, y el siguiente, el Estado de México y Coahuila. Del PAN, que no estaba dispuesto a negociar por nada pues se ha dedicado a oponerse a “todo” aquello propuesto por el primer mandatario, sin importar de qué se trate. Lo mismo podría decirse del PRD, aunque por razones diferentes, pues sus razones parecen ser más pragmáticas, no pueden perdonar que AMLO los haya abandonado llevándose con él, su proyecto, sus bases y a sus liderazgos principales. De MC habrá que decir que busca aprovechar la oportunidad para seguir posicionándose como la “tercera vía”.

Previendo este escenario, el presidente López Obrador anunció que de no pasar la Reforma Eléctrica el domingo 17 de abril, el lunes 18 enviaría una iniciativa para reformar la Ley Minera, de manera que el litio, mineral estratégico, solo pueda ser explotado por el Estado mexicano, quedando como propiedad absoluta del pueblo y de la nación, para lo cual no se requiere de los votos de la oposición pues basta con la mayoría simple en ambas Cámaras, la de Diputados y la de Senadores. Con esto, el presidente pareció amagar no solo a los partidos opositores sino a aquellos gobiernos extranjeros que buscan aprovecharse, con el apoyo de la coalición “Va por México”, formada por los partidos de oposición mencionados, de la explotación de dicho mineral.

Se dijo en el debate que antecedió al rechazo de la Reforma Eléctrica en Cámara de Diputados que el presidente solo mira al pasado, a la década de los 70’s, cuando pretende recuperar la rectoría del Estado en materia energética. Aquí se sostiene que, al contrario, mira hacia el futuro, al momento en que México requiera abastecer a su población de energía limpia y barata sin contar con “la buena voluntad” de los privados, de cualquier potencia extranjera o de los vaivenes del mercado mundial.

Mirada desencantada

El viernes 16 de abril, murió a los 95 años doña Rosario Ibarra de Piedra. Mujer y luchadora incansable que se vio arrojada al activismo político a raíz de la detención, el 18 de abril de 1975, y posterior desaparición de su hijo Jesús Piedra Ibarra, estudiante de Medicina de 21 años acusado por el gobierno de pertenecer a la organización guerrillera Liga 23 de Septiembre. Con intención de encontrarlo fundó el Comité “Eureka”, una de las primeras organizaciones en las que familiares encabezaban la búsqueda de sus desaparecidos. Desafortunadamente, nunca lo encontró, pero en el camino ayudó a recuperar a muchas otras víctimas de la infame “guerra secreta” o “guerra sucia” operada por Luis Echeverría Álvarez (LEA), presidente de México de 1970 a 1976, quien es recordado por las matanzas estudiantiles de 1968, el 2 de octubre en Tlatelolco, y 1971, el 10 de junio, jueves de Corpus, en Avenida de los Maestros, el llamado “Halconazo”.

A diferencia de Echeverría, a ella se le recordará no solo por su labor en favor de las personas desaparecidas y los derechos humanos, sino por haber sido candidata a la presidencia de la República en dos ocasiones, en 1982 y 1988 por el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), por haber recibido la Medalla Belisario Domínguez y por ser compañera en múltiples batallas del hoy presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador.

<em>Ivonne Acuña Murillo.</em><br>
Ivonne Acuña Murillo.

Socióloga feminista, académica de la Universidad Iberoamericana. Analista política experta en sistema político mexicano y género. Autora de más de 250 artículos periodísticos y 25 académicos publicados en periódicos y revistas de circulación nacional. Ha contribuido al análisis del presente y el futuro de un país que se desgarra en múltiples medios escritos, radiofónicos y televisivos, tanto nacionales como internacionales.

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