Mirada desencantada | El rey Carlos III ante la opinión pública. Autora: Ivonne Acuña Murillo

Captura de pantalla.

Por: Ivonne Acuña Murillo

La opinión pública es “un tribunal de cuya desaprobación hubiera que protegerse” afirmó el filósofo ginebrino Jean Jacques Rousseau (1712-1778) en algún momento de la segunda mitad del siglo XVIII. Definición o máxima que sigue aplicándose, a pie juntillas, ya entrado el XXI. Demasiado pronto lo descubrió el hoy rey Carlos III de Reino Unido (1948-), pues un solo acto, al momento de firmar el Juramento proclamado por todos los monarcas durante su ascensión desde Jorge I en 1714 encaminado a preservar la seguridad y autonomía de la Iglesia de Escocia en su ascenso, bastó para señalar una reputación ya puesta en duda.

En el ojo del huracán se colocó Carlos III, cuando después de retirar el tintero donde acababa de empapar la pluma para signar el primer documento volteara a mirar a la persona colocada a su derecha para que retirara el portaplumas, mismo que le estorbaba para firmar el segundo, en lugar de quitarlo por sí mismo. Un simple gesto de impaciencia, que ha sido calificado como de “furia” o de “desprecio”, bastó para que el novísimo monarca fuera presa de los medios tradicionales, pero sobre todo de las redes sociales.

Por supuesto, las comparaciones con la recientemente muerta reina Isabel II (1926-2022), su madre, a quien se ha calificado como prudente y discreta, no se hicieron esperar. De por sí, Carlos no las trae todas consigo, el fantasma de Lady “Di”, Diana exprincesa de Gales, aún le persigue, como se aprecia en estos tuits: Carlos III es despota y asi lo demostro (sic), realmente tiene a su lado a la mujer que se merece, Diana era demasiado para el (sic). (@MarianellaCost2); “Un miserable advenedizo, vividor, dejo (sic) a su esposa por una vulgar amante trepadora, ahora se cree rey. El otro es Carlos III” (GDennBMcdougall); “El rey #CarlosIII podrá ser el rey del #ReinoUnido, pero jamás brillará ni estará en el corazón de los británicos como estuvo la #PrincesaDiana. Aún después de muerta ella sigue opacando al rey. Ella será eternamente la #PrincesadeGales.” (@EviesSantiago).

Pero, el cuestionamiento de más peso es aquel que se ha dejado correr en los medios de comunicación bajo la pregunta sobre si es el monarca indicado para el Reino Unido en los tiempos que corren.

Es pertinente aclarar que, antes de sentarse, el rey pidió de voz y a partir de un ademán que le retiran el tintero y el empleado a cargo se conformó con correrlo unos centímetros a la derecha. Sin justificar la acción de Carlos, esto amplía el contexto que dio lugar a su gesto de impaciencia, más que de furia o desprecio, como se ha dicho en medios.

Este gesto bien podría ser equiparado al de un padre o un abuelo adulto mayor, no olvidar que el rey tiene 73 años, que por su avanzada edad suele desesperarse con rapidez y a quien se podría calificar como “viejo carrascaloso”, expresión que de acuerdo con el Diccionario del Español de México, editado por El colegio de México, significa: “Que es muy quisquilloso o susceptible y por cualquier cosa se enoja” y no pasaría a mayores. Pero resulta que Carlos III no estaba en esa posición sino en la de un rey recién llegado, por lo que el gesto se magnifica y de este se derivan una serie de posibles acciones ocultas, así o más graves, que podrían darse tras los muros del Palacio Real y lejos de la vista de la opinión pública.

Destaca en esta crítica la plataforma de Twitter en la que personajes como Juan Carlos Monedero Fernández-Gala, exsecretario de Proceso Constituyente y Programa del partido español “Podemos” escribe que: “El problema no es que el parásito Carlos III mande con malas formas que le retiren un tintero unos centímetros sino lo que hará cuando no hay millones de personas viéndole. Ser monárquico en el siglo XXI es como curar el covid bebiendo lejía.”

Siguiendo esta referencia, otra persona en la misma plataforma escribe:  “Si trata así Carlos III a los trabajadores de Palacio delante de millones de personas, no me quiero imaginar a puertas cerradas” (Tricachito Andaluz).

 

Así como en España, en México, los comentarios no se hicieron esperar, para el periodista Ernesto Ledesma, de RompevientoTV: “La histórica ironía de todo un continente llamado ‘primer mundo’… Su mundo de ‘reyes, reinas, princesas, príncipes. Toda la escena es repugnante… #CarlosIII, #Camila Parker, el guardia que obedece, el trato humillante de un parásito que toda su vida ha vivido del erario’.” (eledesmaa)

Otro con más humor tuiteó: “Carlos III nació jubilado y morirá trabajando. El Benjamin Button de Inglaterra.” (@laboladepelo).

A querer o no, Carlos III se ha convertido en centro de la atención mediática pero no por las mejores razones. Una reina longeva como ninguna, su madre, quien por siete décadas ocupó el trono que bien pudo ocupar él años antes; un matrimonio construido como cuento de hadas que al final resultó fallido, agravado por la muerte de su primera esposa, Diana princesa de Gales, quien hizo pública su fracasada relación, el trato recibido por la familia real y su amor eterno por Camila Parker; y una supuesta incapacidad en materia de Estado, son factores que empañan su imagen. A todo esto y más se suma ahora su actitud al momento de celebrarse su proclamación como nuevo rey.

Ha caído una vez más, el hoy rey Carlos III, presa del tribunal de la opinión pública del que hablaba Rousseau y del que había de cuidarse tratando de que la propia reputación no se viera afectada. En este punto, se vuelve imperioso para el nuevo monarca escuchar el consejo de quien fuera ministro de Finanzas de otro rey, de Luis XVI de Francia (1754-1793), Jacques Necker (1732-1804) quien sentenció: “Loco aquel que desoiga a la opinión pública”. Por si no alcanzara con esta recomendación, habrá que citar a Nicolás Maquiavelo (1469-1527) quien anticipándose a lo que actualmente se conoce como “imagen”, recomendara al príncipe cuidar las apariencias: “No es necesario que un príncipe posea todas las virtudes de que hemos hecho mención anteriormente; pero conviene que él aparente poseerlas. Aun me atreveré a decir que si él las posee realmente, y las observa siempre, le son perniciosas a veces; en vez de que aun cuando no las poseyera efectivamente, si aparenta poseerlas, le son provechosas. Puedes parecer manso, fiel, humano, religioso, leal, y aun serlo (…) Un príncipe, y especialmente uno nuevo, que quiere mantenerse, debe comprender bien que no le es posible observar en todo lo que hace mirar como virtuosos a los hombres; supuesto que a menudo, para conservar el orden en un Estado, está en la precisión de obrar contra su fe, contra las virtudes de humanidad, caridad, y aun contra su religión” (El príncipe, Capítulo XVIII).

En este punto, la recomendación concreta sería que no siendo el nuevo rey Carlos III de naturaleza amable y prudente, en función de los gestos involuntarios mostrados el día de dicha proclama, 10 de septiembre de 2022, intente parecerlo si es que no quiere seguir siendo presa de la opinión pública.

Mirada desencantada

Por supuesto, no podían faltar las comparaciones fuera de lugar entre el rey Carlos III y el actual presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, pues a decir de un tuitero: “Con respecto al recien (sic) ungido Carlos III los chairos dicen que es increíble que en pleno siglo XXI haya gente que le rinda pleitesía a una figura anacrónica qué vive en un palacio y se da una vida llena de lujos, en esta única ocasion (sic) le doy la razón a los chairos.” (@FarroElRobot). El tuit es acompañado de una fotografía en la que un ciudadano “besa la mano” del primer mandatario quien, dentro de un carro oficial, baja la ventanilla para saludar a quienes le esperan.

Ahistórica comparación que equipara a rajatabla la vida en Palacio Nacional, sede de los poderes federales en México, con aquella que ocurre en los palacios y residencias de lujo de la familia real británica, pasando por alto la elección vía votación de López Obrador con la designación hereditaria vía la línea de sucesión, el modo de vida austero del presidente mexicano con la existencia rodeada de ostentación y comodidades de la nobleza en el Reino Unido y el tiempo de gobierno, seis años en el caso de AMLO y de por vida en lo que respecta al rey Carlos III, etcétera. ¿Así o más forzado?

<em>Ivonne Acuña Murillo.</em><br>
Ivonne Acuña Murillo.

Socióloga feminista, académica de la Universidad Iberoamericana. Analista política experta en sistema político mexicano y género. Autora de más de 250 artículos periodísticos y 25 académicos publicados en periódicos y revistas de circulación nacional. Ha contribuido al análisis del presente y el futuro de un país que se desgarra en múltiples medios escritos, radiofónicos y televisivos, tanto nacionales como internacionales.

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