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La aniquilación del INE: ¿Hazaña o victoria pírrica de AMLO? Autor: José Reyes Doria

Foto: SinEmbargo

“Otra victoria como esta y volveré solo a casa”, sentenció el rey Pirro, luego de vencer a los romanos a principios del siglo III a. c. en la batalla de Ásculo. El monarca griego ganó la batalla, pero a un costo estratosférico, pues perdió miles de soldados y retrocedió significativamente en su posición estratégica.

La famosa victoria pírrica viene a cuenta por la inminencia de la reforma político-electoral del presidente López Obrador. La reforma incluye, entre otros, cambios en el sistema electoral para dejar puros diputados de representación proporcional, reduciendo su número de 500 a 300, así como la eliminación del financiamiento ordinario de los partidos políticos. Estos temas son de gran relevancia, ameritan abordarlo a fondo en otra ocasión, porque ahora, el punto que acapara la atención es el de la eliminación del Instituto Nacional Electoral.

En efecto, AMLO propone crear un nuevo organismo que se llamaría Instituto Nacional de Elecciones y Consultas (INEC). A grandes rasgos: los consejeros del INEC se elegirían en una elección universal, se reduciría el número de consejeros, se federalizarían las elecciones, eliminando los organismos electorales locales para que el INEC organice todas las elecciones de gobernadores, presidentes municipales y diputados locales. También se propone reducir drásticamente el costo del funcionamiento del INEC. Habrá que estar atentos a la legislación secundaria, para ver si cambia la organización electoral, la forma de participación ciudadana en las casillas electorales, los mecanismos de fiscalización, etcétera.

Con lo que se sabe hasta ahora, la reforma de AMLO sí implica la eliminación del INE, porque cambia sustancialmente su naturaleza. La motivación teórica y ética que sustentó la creación del INE (antes IFE), establecía la despolitización y despartidización del organismo electoral, con el propósito de garantizar su autonomía e independencia. En otras palabras, que el gobierno y los partidos políticos sacaran las manos de la organización de las elecciones, y que los ciudadanos, cuidadosamente seleccionados y capacitados, realizaran la recepción y el cómputo de los votos.

Si se concreta la reforma de López Obrador, se politizaría y partidizaría al máximo la integración del órgano de dirección del INEC, pues sus consejeros serían electos a partir de una propuesta del Presidente de la República. Es verdad que el Poder Judicial y el Congreso de la Unión también pueden podrían proponer candidatos a consejeros, pero es evidente que los candidatos de López Obrador tendrían una ventaja estructural inapelable, por el peso político, económico, institucional y presupuestal de la Presidencia.

Dado el antecedente del “convencimiento” del PRI para que apoyara la reforma en materia de fuerzas armadas y seguridad pública, es previsible que se rompa la resistencia político-parlamentaria y la reforma electoral de AMLO obtenga la mayoría calificada que hasta antes de la capitulación priista parecía poco probable en este tema.

Ahora bien, ese eventual triunfo de AMLO podría resultar una clásica victoria pírrica, por los siguiente:

1.- Porque tuvo que recurrir a presiones extrapolíticas para doblegar a los priistas, y así romper la resistencia parlamentaria de PAN-PRI, cual generará una fractura en la oposición partidista que, por desprestigiada y débil que esté, representa en este asunto el sentir de grandes franjas sociales que tienen en gran aprecio al INE.

2.- Porque AMLO ha dejado en el debate público constancia de una animadversión irreductible contra el INE y el consejero presidente en turno, Lorenzo Córdova, motivada tal vez por los resultados de las elecciones presidenciales de 2006. La embestida de López Obrador ha sido sin matiz alguno, sin reconocer ningún aspecto positivo del INE.

3.- Porque el INE cuenta con el aprecio de la mayoría de la sociedad, que lo identifica como la institución clave en el proceso de desmantelamiento del régimen priista autoritario que manipuló a su antojo las elecciones entre 1929 y el año 2000.

4.- Porque más o menos la mitad de la sociedad tiene la percepción de que AMLO quiere desaparecer al INE por un impulso visceral, por una especie de venganza personal. Tanto el INE como AMLO gozan de reconocimiento y confianza social, por lo tanto, el hecho de que el Presidente exprese una voluntad incesante de aniquilación del INE, sin una justificación que convenza a la mayoría social de la necesidad de una acción de Estado de esta envergadura, todo eso dejará en la parte de la sociedad que aprecia al INE una profunda sensación de agravio injustificado (porque además AMLO y Morena ganaron todo el poder desde 2018, bajo elecciones organizadas por ese INE).

5.- Porque esa ciudadanía que aprecia al INE se siente, desde ya, agraviada por la descalificación encarnizada de AMLO contra los que apoyan al INE. La embestida de López Obrador no es solo contra Lorenzo o los opositores que defienden al INE, sino que se ha lanzado a descalificar agresivamente a todos los que se opongan a su reforma de aniquilación del INE. Esos agravios pueden representar el límite de ciudadanos de buena fe que mantenían un apoyo no fanático a AMLO, pero que ahora podrían marcar distancia y acaso oponerse al Presidente y su partido. Sin manifestaciones multitudinarias en las calles, millones de ciudadanos buscarán la forma de expresar su desacuerdo, incluso en las urnas.

6.- Porque AMLO está ofreciendo, de la nada, una bandera poderosa, simbólica, identificable, a una oposición partidista-empresarial debilitada y desprestigiada. Les permite una ruta de posicionamiento impensable hasta ahora. La denuncia de “AMLO quiere eliminar al INE por venganza”, está encontrando eco en grandes franjas sociales.

7.- Porque la narrativa de que AMLO quiere que el nuevo INEC esté dirigido por consejeros propuestos por él, alimenta la versión opositora de que la López Obrador quiere controlar el órgano electoral para perpetuarse en el poder, manipulando las elecciones cuando haga falta.

8.- Porque, además de todo esto, ni AMLO ni Morena necesitan aniquilar al INE, ya que su implantación social y territorial es arrolladora. No necesitan un órgano electoral a modo. Con la legislación, las instituciones, los procedimientos, y hasta con los actuales consejeros, Morena es una aplanadora que no necesitaría fracturar el consenso social en torno al INE.

9.- Porque, en todo caso, para mitigar la animadversión hacia el INE, serviría una reforma constitucional categórica para bajar el sueldo de los consejeros. Además, Lorenzo Córdova y Ciro Murayama, las bestias negras del Presidente, terminan su período el año que entra. Diría el filósofo Juan Gabriel: pero qué necesidad.

10.- Porque, reitero, donde había una oposición partidista-empresarial vencida, la aniquilación del INE ofrece una bandera formidable para resurgir. La oposición encabezada por el PAN y grotescamente tutelada por personajes desacreditados como Claudio X González, Felipe Calderón o Vicente Fox, de pronto recibe el regalo de una decisión, aniquilar al INE, que la mitad o más de la ciudadanía percibe como arbitraria, visceral, sospechosa e inexplicable.

En conclusión, hay que apuntar que el INE requiere una reforma que elimine privilegios indebidos de la casta que lo dirige, que reduzca los costos de su funcionamiento, que agilice y eficiente sus sistemas de fiscalización, que garantice la independencia de su órgano de dirección, entre otras mejoras de fondo. Pero no incurrir en el riesgo estratégico de impulsar su aniquilación.

Esto recuerda aquel momento de la campaña presidencial de 2006 cuando AMLO, que lideraba holgadamente todas las encuestas, incurrió en dos errores inexplicables: se lanzó a decirle “Cállate chachalaca” al presidente Fox, y despreció el primer debate entre candidatos. La derecha aprovechó el regalo y desató la embestida brutal contra AMLO en los medios, usando todos los recursos del gobierno federal, comprando votos, movilizando a sindicatos, organizaciones, etcétera, para impedir que ganara la Presidencia.

Como el rey Pirro, AMLO podrá obtener un tirunfo y colgar en su sala, como caros trofeos, la cabeza de Lorenzo Córdova y del mismo INE. Pero…

José Reyes DoriaPolitólogo por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, y Maestro en Auditoría Gubernamental por la Facultad de Contaduría y Administración, ambas de la UNAM. Asesor parlamentario en diversos órganos de gobierno y comisiones de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión. Colaborador en portales informativos. Conferencista sobre temas legislativos y políticos. Consultor en materia de comunicación política, prospectiva y análisis de coyuntura. Contacto: reyes_doriajose@hotmail.com rdj082013@gmail.com

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