Fuga de Cerebros | La Persecución del Hombre Blanco y Heterosexual. Autor: Luis Augusto González

Foto: Fortune favors the bold" | MattysFlicks

Por Luis Augusto González[1]

“Es que ya parece que es un crimen ser hombre, blanco y heterosexual.”, dijo un invitado en mi casa hace un par de semanas, condenando el hecho de que ya no puede decir las cosas que antes podía sin que alguien se ofenda.

Su comentario fue tan bien recibido como la porra del América en… prácticamente cualquier lugar que no sea la porra del América.

Yo, por algún milagro, no me enojé. Quizás fue el vino el responsable de que mi respuesta fuera risa en lugar de ira; no por nada es la bebida oficial de Jesús. Y aunque a una parte de mí le encantaría dedicar los siguientes párrafos a burlarme de mi invitado, el pedagogo dentro de mí sabe que se enseña más con la empatía que con la burla. Quizás no se divierte uno igual, pero unas por otras.

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Lo que mi amigo quería decir es que, a su percepción, la sociedad occidental está en proceso de criminalizar el privilegio. Digo que “a su percepción” ya que la realidad sigue siendo – siempre ha sido– la contraria. Las personas con el 20% de piel más clara tienen el doble de posibilidades de estar en estrato económico más alto, lo cual les permite entre otros beneficios acceder literalmente a otro sistema legal más eficiente y justo. Una persona LGBT tiene 50% menos posibilidades de obtener el empleo si el entrevistador es heterosexual. Ser mujer y existir al mismo tiempo es hoy 30% más peligroso que hace un año.

Así que mi amigo puede estar tranquilo.

Ahora una neta. De las tres categorías que mi amigo cita – hombre, blanco y heterosexual – yo conformo las primeras dos. Y no soy ingenuo: ser LGBT+ me excluirá del McTrío de Privilegio ® que mi amigo tiene, pero ser hombre y blanco por mucho me sigue poniendo de su lado de la balanza en cuanto a ventajas y oportunidades. Cabe mencionar que a mi amigo también se le olvidó aclarar que tiene dinero, pero a) quizás esto va implícito y b) ese día se le olvidó su monóculo. Lo que le “afecta” a él también me afecta a mí, con las diferencias de que yo no me siento perseguido y que mi mamá me enseñó a no decir estupideces cuando soy un invitado a casa de alguien.

Como mi amigo, muchos nos hemos dado cuenta de este cambio a través del lenguaje: no podemos hablar de “las viejas” con la misma facilidad y la palabra “puto” ya no puede ser usada como alternativa a signos de puntuación entre hombres en cualquier contexto. Pero aunque los efectos sean parecidos a los de una persecución, están entendiendo el problema al revés. La razón por la que el hombre blanco y heterosexual se siente perseguido no es porque la sociedad está tomando acciones para perseguirlo, sino porque estamos dejando ir nuestra compulsión cultural y sistémica de protegerlo y elevarlo. Y como en todo, el lenguaje (y como consecuencia, el humor) son excelentes termómetros para medir este cambio en valores.

Quienes condenan esta nueva persecución podrán citar el advenimiento de términos despectivos para referirse a este grupo de población, como whitexicans y fifas. Este último es mi favorito y me recuerda por qué amo el lenguaje: al momento de escucharlo por primera vez, supe exactamente a quién se refería hasta el último detalle. Palabras que se pueden oler. Y que huelen a Axe, específicamente. Pero lo que olvidan quienes señalan estos términos como persecución es el hecho de que siguen siendo pocos (y francamente inofensivos) comparados con el lenguaje que usamos (sí, seguimos usando) para referirnos a minorías faltas de privilegio.

Y porque pedagogo, para probar este punto les pongo la siguiente actividad.

Actividad 1. Tienen un minuto para llenar cada una de las siguientes columnas. Luego cuenten cuántas palabras tuvo cada una.

Términos despectivos para “hombre blanco y heterosexual”:

Términos despectivos para “homosexual”:

Términos despectivos para “mujer”:

Términos despectivos para “persona de piel morena / raíces indígenas”:

Ah. Qué tal.

Pero repito, estoy aquí para empatizar con mi amigo hombre blanco heterosexual. Así que en un relativo estado de sobriedad, ahora sí le puedo contestar a su comentario.

Yo sé, Amigo. Neta, yo sé.

A veces seguro te parece que estás en un campo minado de ideologías hipersensibles y belicosas (porque a veces la banda no se decide entre si somos llorones o violentos). Ideologías que no están dispuestas a matizar el hecho de que cuando le dices “puto” a alguien en realidad no tienes nada en contra de los gays. ¡Si hasta tienes amigos gays! Y hasta vas a sus casas y te admites temeroso y vulnerable frente a ellos sobre tus miedos de persecución, y… ¿qué hay más gay que eso? Puedes decir “pinches viejas” sin que eso te haga un feminicida, y cuando te refieres a alguien como naco eso no tiene nada que ver con la clase y la raza de la gente. Tú no eres así. Yo lo sé.

Pero aquí está el asunto. La gente no “decidió” perseguirte de unos años para acá; no eligió de pronto estar hasta la madre de tus ventajas. Ya estaba hasta la madre, pero hasta para estar hasta la madre hay que darse cuenta. Y de un siglo para acá la banda se dio cuenta de que está hasta la madre y – sobre todo– que se vale estar hasta la madre en voz alta. Es esta voz alta lo que les… nosnos puede incomodar a quienes hemos disfrutado una historia entera de ventajas.

Porque a nadie le gusta que le quiten sus cosas, aunque sean cosas que técnicamente no merecemos. Entonces sí, te van a decir whitexican cuando digas que sólo te subes al metro en Londres. Y no te prometo que no va a arder. Pero no es persecución, sólo es un pequeño primer paso hacia la equidad. Y a quienes tenemos ventaja, la equidad siempre nos va a dar miedo. Pero nadie te quiere agredir.


[1] Pedagogo, lingüista, escritor de comedia y comediante de stand up que nadie conoce. Twitter: @MisterDrama de @Cerebros_Fuga

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