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Fuga de Cerebros | Espiga de Maíz: la lucha por nuestras semillas nativas. Autor: Eduardo Chícharo Urrutia

Foto: Fuga de Cerebros.

Por Eduardo Chícharo Urrutia

El Panorama

El 31 de diciembre de 2020, el gobierno de la República decretó la prohibición del uso de glifosato como herbicida para los cultivos de alimentos en el país. Esta prohibición tiene su fundamento en estudios académicos realizados por la UNAM y los estudios científicos recientemente reunidos en un expediente por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT), que demuestran la toxicidad de este herbicida y los peligros que representa para la salud.

Las reacciones de las grandes transnacionales agropecuarias no se hicieron esperar, por lo que rápidamente se ampararon ante la justicia y recurrieron al T-MEC para amenazar con multas a la parte mexicana, por la obstrucción a la integración económica en Norteamérica.

La disyuntiva no es menor. El maíz transgénico es aquel que, mediante ingeniería genética, es alterado a través de una reestructuración molecular ¿Esto qué significa? Significa que se puede modificar las características naturales del maíz e integrarles algunas más; tales como la resistencia a climas adversos, el crecimiento acelerado o la incorporación de secuencias de genes que actúan como insecticidas dentro del cultivo: es decir, volverlo inmune frente a agroquímicos, como el glifosato, que son altamente peligrosos y que están asociados a la desaparición de abejas y otros insectos polinizadores, además de que contaminan suelos y agua.

Pero además de esto, hay que distinguir las diferencias entre la producción de maíz. Está aquella que es realmente para consumo humano, la que consumimos diariamente a través de la llamada vitamina T (tamales, tortillas, tlayudas, entre otros), que principalmente se deriva del maíz blanco. En el otro extremo, se encuentra la producción de maíz para consumo pecuario o industrial, es decir, aquella destinada al ganado, además de a múltiples usos industriales que van desde jarabe de fructuosa hasta pilas, energéticos o explosivos.

La Controversia

¿Pero cuál es el verdadero problema? La industria agrícola estadounidense bien podría producir maíz amarillo híbrido, no transgénico, e importarlo a nuestro país, como se utiliza recurrentemente en el sur de EUA y el norte de México. El tema no es colocar su producción nacional y alimentar a nuestra industria ganadera. Es aún peor: se trata de la expansión de las patentes de las semillas transgénicas. En pocas palabras, de privatizar la producción de semillas de maíz en México. Las plantas transgénicas contaminan a las semillas nativas mexicanas, como ya ha ocurrido en algunas regiones del país; justamente por eso, en 2020 se promulgó la Ley Federal de Fomento y Protección al Maíz Nativo.

El gobierno se encuentra en una encrucijada entre la liberalización del mercado del maíz y la eliminación de restricciones sanitarias a dicho cultivo; frente a las hondas preocupaciones sobre la alimentación de más de 120 millones de mexicanos y las epidemias de salud por obesidad y diabetes.

Los Protagonistas

Los actores en la controversia son las transnacionales agropecuarias tales como Bayer-Monsanto o Coterva, quienes juntas concentran cerca del 90% de la producción de semillas en México. Le siguen en volumen de producción la empresa china Syngenta y la estadounidense BASF Group, que junto con las previas abarcan más de la mitad del mercado global de semillas agrícolas y, en particular del maíz. Al tiempo que acaparan más del 60% de la producción de agroquímicos a nivel mundial.

¿Cuáles son las razones para que estos gigantes de la agroindustria estén irritados? Como ya mencionamos, la prohibición en México fue el detonante de las controversias, sin embargo, hay que anotar que la legislación mexicana no fue la única en ser restrictiva al respecto.

Los propios estadounidenses han rechazado el consumo de maíz transgénico por considerarlo nocivo para la salud. Que a nadie sorprenda que las transnacionales agropecuarias estén buscando desplazar la producción de dicho maíz, sin importar las consecuencias que pueda traer consigo.

Más aún, investigaciones hechas por la sociedad civil han demostrado que el maíz transgénico de consumo pecuario no se limita este, por el contrario, sus efectos llegan de facto al consumo humano. Es un hecho, que el maíz de laboratorio atenta contra la salud humana y pecuaria.

Sin Maíz no hay País

La disyuntiva planteada no se reduce meramente al aspecto sanitario, es, de hecho, una controversia fundamentalmente económica. Así lo demuestra la reunión que sostuvo el pasado jueves 1o, la Secretaría Raquel Buenrostro con Katherine Thai, representante comercial de Estados Unidos, para discutir éste y otros dilemas comerciales al interior del T-MEC. Sin maíz no hay país, reza la frase popular, pero bien haríamos en cuestionarnos ¿maíz transgénico extranjero?

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