#ElEspejo. La mochila, la amputación provocativa o cómo sobrevivir los fabulosos veinte. Autor: Iván Uranga

“En nuestros locos intentos,
renunciamos a lo que somos
por lo que queremos ser.”
William Shakespeare.

Los nuevos fabulosos veinte comienzan ahora y nos da la oportunidad de emprender un extraordinario viaje por el bien de la vida; el concepto de la mochila es la imagen de la practicidad, es el símbolo de la aventura y de la sabiduría de viajar ligero, por lo tanto saber qué poner dentro de nuestra mochila para no dejar nada imprescindible y no cargar lastres, es indispensable. La amputación provocativa es una técnica que perfeccionamos durante nuestros años en desarrollo de comunidades en diversas partes del mundo, en donde por cuestión de tiempo era imposible hacer la investigación necesaria para determinar qué servía, qué no servía y qué hacía daño a los sistemas humanos de organización social y resultó tan efectiva que sirve para determinar fortalezas y debilidades de cualquier sistema administrativo, social, económico y humano y se ha convertido en la mejor herramienta para lograr los sistemas autónomos que ahora desarrollamos. Les podemos garantizar que si la aplican a cualquiera de sus sistemas de vida mejorará su desempeño y optimizará sus recursos para disfrutar esta gran aventura de una vida consciente.

La mochila

¿Quién no sufrió o le tocó ver a una niño o niña de primaria sufrir cargando esa inmensa mochila con todos los útiles escolares y libros de texto?, todo porque el maestro o maestra no era (es) capaz de diseñar o planear sus clases, por lo que los alumnos y alumnas se veían en la necesidad de llevar todo, para tener a la mano lo que ese día se le antojara a la maestra usar. La solución no fue la planificación de los maestros sino poner rueditas a las mochilas. Cualquier mochila que rebase 10% del peso corporal daña la columna.

Cuántas veces no le pasó que empacó cosas que no usó durante un viaje, cosas que sólo fueron a pasear y nunca fueron usadas a causa de una mala planeación. Recuerdo que en alguna ocasión fue necesario adentrarse en la montaña por varias semanas, en las que todos los del grupo sabíamos que debíamos acampar y sobrevivir con lo que pudiéramos conseguir en el camino; una compañera la primera noche sacó de su mochila su secadora eléctrica preguntando donde la podría conectar en mitad de la montaña, algunos días después tuvimos que intervenir su mochila por el fuerte olor a muerto, porque esta revolucionaria amiga había llevado uno buenos cortes de carne esperando poder comerlos una semana después. Aun con todo lo absurdo que les puede parecer, hay cosas que las personas sienten que son indispensables en su vida. Hace muy poco un joven de estos que viajan por el mundo ayudando en voluntariados llegó a una de nuestras comunidades autónomas autogestivas, en donde la poca electricidad que se usa es gracias a sistemas solares, de repente sin mediar pregunta al salir de bañarse, conectó su secadora de pelo a la red solar, dejando sin luz a toda la comunidad. Definitivamente lo que es una necesidad para algunos, es absurdo para otros.

Todos andamos cargando cosas de más en nuestra vida, cosas, personas, saberes, actitudes y sentimientos que se han vuelto un pesado lastre para avanzar, para lograr nuestras metas o simplemente para andar más ligeros por la vida.

Mi madre tendía a acumular cosas, y opté por ponerlas en cajas selladas, fechadas y con una lista de su contenido en el exterior, cada vez que llegaba a visitarla hacía nuevas cajas y tiraba aquellas que llevaban más de un año sin abrirse tuvieran lo que tuvieran, nunca aprendió a vivir ligera, pero nunca se dio cuenta de cuántas cajas le tiré en su vida, de cosas que nunca necesitó.

Cuando nacemos nuestra mochila es ligera, porque en su interior se encuentran nuestras herramientas simples de sobrevivencia como la ternura y el llanto, pero conforme avanzamos por la vida estas herramientas se vuelven mucho más complejas, porque se requiere adquirir habilidades más elaboradas para la sobrevivencia, pero también vamos metiendo dentro de ella las cosas, personas y emociones que creemos son indispensables para vivir. Y ahí en esa mochila de vida de pronto se encuentran muchas relaciones tóxicas que hemos acumulado en momentos de nuestra vida, desde familiares cercanos, lejanos, amigos, amigas y amores, ahí también metemos todas las cosas superfluas que creemos necesitamos; nuestros lujos y nuestras deudas, pero también miles de millones de letras, bytes y pixeles basura, saberes que lo único que hacen es complicar la coexistencia de las cosas dentro de nuestra mochila y la hace mucho más pesada, desde cientos de capítulos de telenovelas, series o sagas hasta libros de Yordi Rosado o Paulo Coelho o a Stephenie Meyer.

También he viajado con compañeros expertos en cargar dentro de su mochila sólo lo indispensable para la vida, desde aquellos que viajan por el mundo ligeros, llevando su vida entera dentro de su mochila, hasta los que han logrado uno de los estados superiores de la consciencia que es el despego total a las cosas, las personas y las emociones, los que son capaces de entregar todo cada instante, para vivir o para amar, los que no se quedan nada para después, los que hacen tanto, crean tanto, construyen tanto cada día, que pueden gastar todo en cada momento.

No vivimos en un mundo en el que se deba acumular nada, la acumulación es el principio de la autodestrucción, todos los humanos que han acumulado cosas, riqueza, información, saberes, es porque no los ha compartido, si no compartes el conocimiento no sirve para nada.

Imagine que su mochila es la bolsa de mano que muchas mujeres usan y que parece que en ellas cargan piedras de lo pesadas que son y que llega un momento que ni la dueña de la bolsa sabe qué es lo que trae dentro y que cuando se ve en la necesidad de cambiar de bolso sólo vacía el contenido completo (sin ver) a la siguiente bolsa a la que cada día se le van sumando nuevos inquilinos, hasta que llega el momento en que le debe dedicar un tiempo especial para vaciarla totalmente, sacar y tirar todo lo que no necesita, para comenzar de nuevo a acumular cosas hasta que nuevamente ya no pueda cargar su propio bolso.

Ahora que iniciamos el año 2020 sería un buen momento para reflexionar sobre qué andamos cargado en nuestra mochila, sería bueno hacer una limpieza y vaciarla totalmente, sacar de nuestra vida lo que no nos hace bien y dejar en ella sólo lo indispensable para vivir.

¿Pero cómo sabemos qué sirve y qué no sirve? Aquí les tenemos una técnica:

La amputación provocativa.

La idea de la técnica es saber si lo que tenemos es realmente necesario, pero también si alguien o algo es necesario no sólo en un sistema de organización, también sirve para determinar fortalezas y debilidades de cualquier sistema administrativo, social, económico y humano y es aplicable a los sistemas en cualquier nivel en todos los campos de la investigación.

En esencia se trata de quitar física o por lo menos conceptualmente uno por uno de los elementos que conforman el sistema del que se trate, si el sistema mejora sin el elemento quitado es que el elemento era dañino, si no pasa nada en el sistema el elemento no aporta, si el sistema empeora sin el elemento, el elemento es necesario, (quien me ayuda leyendo lo que escribo antes de publicarlo, para que sea entendible me pide que ponga ejemplos), así que por ejemplo:

  1. Si dentro de su grupo de trabajo tiene duda de cuál es la aportación de cada uno de sus miembros, debe separar uno por uno y ver qué pasa con su sistema de trabajo (o si no puedes separarlos por lo menos imaginar que no están) y así descubrirás de una forma rápida quién sirve, quién no aporta y quién hace daño o corrompe el sistema.
  2. Si dentro de tu medio familiar aplicas la misma técnica, podrás saber y hacer los ajustes necesarios para lograr que el sistema familiar funcione mejor.
  3. Dentro de cualquiera de los grupos humanos en los que participas se puede aplicar la misma técnica, para descubrir principalmente los elementos que lo corrompen, pero también es el mejor ejercicio de autocrítica que puedas encontrar, es decir; la amputación provocativa también debes aplicarla a tu persona en todos los sistemas en los que estás y si eres objetiva u objetivo sabrás si sirves o no o si haces daño a tu grupo humano.
  4. Para recursos materiales también es una técnica infalible.

Piensa que pudieras aplicarlo a tu persona, que pudieras saber qué de lo que crees sirve y qué no, qué te hace daño, qué de lo que consumes te hace bien, qué de los sabes, y qué de lo que sientes.

Imaginemos por un momento qué pasaría con la historia universal, con la ciencia, con la vida sobre el planeta si quitamos a todos los actores de telenovelas o series, a todos los toreros, a todos los boxeadores, luchadores o a todos los futbolistas de la FIFA, por más que a algunos de mis lectores piensen que pasaría algo terrible, la realidad es que no pasaría absolutamente nada, porque no son necesarios para la vida, pero no podríamos vivir sin campesinos. Quite usted toda la cerveza, el alcohol, el tabaco y todos los alimentos procesados del mundo, y mejoraría la vida para todos, pero no podríamos vivir sin agua.

¿Realmente necesita usar joyería, ropa de marca, auto? Y si lo necesita, ¿Necesita que su automóvil use combustibles fósiles? ¿Necesitamos combustibles fósiles? ¿Necesita un teléfono de última generación, el perfume caro, cosas “finas”, restaurantes caros, comprar en un centro comercial “inn”?

La pregunta real es ¿en qué está basada su vida, cuál es su razón de vida?

Si usamos la amputación provocativa, podremos por lo menos saber qué es lo importante para usted y de ahí partir a definir qué tipo de vida quiere.

Le recomiendo un ejercicio: Escriba en un papel (debe ser en un papel, porque existe una condicionante antropológica a la palabra escrita), haga una lista de las 10 cosas que son más importantes en su vida y otra de los 10 seres vivos que son más importantes en su vida en orden jerárquico, es decir el uno es el más importante, después debe tachar el nombre del número 10 e imaginar la vida sin él, después el 9 y así sucesivamente hasta llegar al uno y observe a quién o qué carga usted en su vida porque cree que sin eso no puede vivir, si en su lista apareció usted, la tierra, el aire y el agua le felicito. Si en su orden de prioridades puso usted a alguna cosa antes que a su perro, su gato o su perico, ya no tiene remedio. Existen muchos otros ejercicios, talleres y cursos que hemos diseñado para trabajar este tema, esperamos poder ir compartiendo más si hay interés.

Sólo la muerte nos da una verdadera perspectiva de la vida, sólo sabiendo que moriremos irremediablemente es que podremos valorar las cosas importantes, cuando por desgracia sucede una catástrofe como un sismo, una inundación o un incendio, lo único que intentamos salvar es la vida, la de nosotros, la de nuestros seres queridos, incluidas las mascotas, tendría que estar usted muy enfermo si en lugar de intentar salvar a su hijos corre a salvar el televisor de 60 pulgadas.

Aprovechemos este tiempo para reflexionar y ordenar nuestras prioridades, ojalá pueda lograr que su mochila quede ligera.

Los fabulosos 20

Hoy el mundo tiene ante sí unos nuevos años veinte, hace 100 años se dio una época de crecimiento económico y auge comercial derivado de la primera guerra mundial en donde las personas festejaban la vida. En Europa se acuñó el término “los felices 20” y en Estados Unidos se le conoció como los años locos, los veintes dorados o los fabulosos veinte o en inglés, roaring twenties. En los locos años veinte, surgió una economía emergente que creó una era de consumo masivo, fue la época del buen jazz, del licor clandestino que no cumplía con las leyes de prohibición y el renacimiento del blues, se redefinidron las artes y la cultura. Esta prosperidad benefició a toda la sociedad e hizo que la economía siguiera creciendo a un ritmo que no se había registrado antes, generando una burbuja especulativa. Pero esta prosperidad duraría un corto periodo que finalizaría el 24 de octubre de 1929, conocido como el Jueves Negro, que culminaría finalmente con el advenimiento de la Gran Depresión que sólo tuvo alivio para la economía de Norteamérica hasta la segunda guerra mundial. Así es, desde mucho antes Estados Unidos ha usado la guerra con otras naciones como mecanismo generador de poder y riquezas.

En México el país había recorrido ya diez años de revolución y la nueva década abría paso a una modernidad que se antojaba estridente y desparpajada, se podría ir a lijosos centros comerciales a ver o comprar la ropa de moda que llegaba cada 15 días de Europa.

Siempre había la opción de estrenar un traje de casimir por $25 pesos o llevarse a prueba por 30 días unos modernos zapatos fabricados en piel, de comodidad garantizada.

Las mujeres engalanadas de botines de charol, asistían al estreno de cinecomedias exclusivas de Imperial cinematográfica; o ir al teatro, que a pesar de haber perdido la mitad de su oferta en cartelera después de la prohibición de las obras de corte político, a raíz del levantamiento de Agua Prieta (abril de 1920), seguía presentando a María Conesa.

Toda esta propuesta recreativa no era bien vista por los conservadores e invitaban a los jefes de familia a cuidar las lecturas familiares ofreciendo como una buena opción el libro Carta a una joven ama de casa, escrito por Jane Prince, de venta en la Librería Española a tan solo un peso el ejemplar, un precio accesible siempre y cuando se contara con la cantidad exacta para pagar, porque comenzó una crisis de escasez de la moneda fraccionaria y se podía ver letreros de “No hay cambio” afuera de todos los establecimientos comerciales.

Hoy se nos presenta la oportunidad de marcar esta década, como la generación que salvó al planeta, deteniendo el calentamiento global y de frenar la locura de Trump de iniciar una tercera guerra mundial, pero antes como ahora depende de todos y cada uno de los seres humanos, debemos transformar de tajo nuestras actitudes ante la vida, de cambiar de raíz nuestras prioridades, de cambiar la comodidad y los lujos por la sobrevivencia de nuestra especie y para hacerlo necesitamos cambiar ya el contenido de nuestra mochila, saber qué es y qué no es necesario para la vida, ya no tanto para nosotros, debemos cambiar nuestro pensamiento egoísta por un pensamiento global que prioriza la vida en el planeta antes que nuestra comodidad y como no hay tiempo para hacer un meta-análisis de qué es bueno o malo, la amputación provocativa puede ser la herramienta.


La vida es una construcción consciente.
Iván Uranga
@CompaRevolución
iuranga@cnpm.mx

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