La maleta. Autor: Iván Uranga

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Nacemos ligeros
Prejuicios.
Paradigmas.
El apego.
Morir ligero.

“Llegamos con la maleta vacía, en la primavera la exploramos, la disfrutamos, aprendemos y jugamos con ella, en el verano la llenamos con todo aquello que encontramos, colores, sonidos, sensaciones y cosas; maleta que en el otoño debemos ir vaciando con ternura, pasión, solidaridad y desapego total, para poder llegar al invierno ligeros, con la maleta vacía”- I Uranga.

Cuando nacemos, independientemente de dónde, cómo y cuándo, nacemos ligeros, desnudos, solos, nuestras necesidades se reducen a comer, dormir, no sentirnos sucios, no tener frío ni calor y de ahí comienzan nuestras complicaciones, porque nuestra evolución siempre fue en colectivo, no evolucionamos para ser independientes, evolucionamos para depender del otro, y sin el otro durante nuestra primera infancia simplemente morimos ligeros, desnudos y solos.

Si tuvimos la fortuna de tener otro que nos procurara durante esta primera infancia, –madre, padre, hermanos, abuelos, tíos o cualquier otro ser humano un poco mayor– es ahí junto a estas personas que comenzamos a llenar nuestra maleta con los preceptos preconcebidos de estos seres que nos los comparten aun sin quererlo, así que si tuvo la fortuna de estar rodeado durante esta primer infancia de humanos procuradores, inteligentes, amorosos, conscientes, justos, congruentes y tiernos, serán estos preceptos los que ocupen el fondo de su maleta, pero por el contrario, si se vio rodeado de desamor, necedad, inconsciencia, injusticia, incongruencia y violencia, pues su maleta no tendrá más remedio que comenzar a llenarse con ese equipaje.

Nadie nace con prejuicios, todos son aprendidos en el seno familiar, en la comunidad, en la escuela y en la sociedad, es decir, ningún ser humano nace odiando, racista, xenofóbico, homofóbico, misógino, etnofóbico, bueno, existen prejuicio laboral, contra las embarazadas, por edad, por salario, apariencia física, por discapacidad, por religión, por ideología, por idioma, por cultura, situación económica, por socialización escolar, por clase social, por profesión, por preferencia de club deportivo, por organización o definición política, bueno hasta por lateralidad (si eres zurdo). Son miles los prejuicios que otros seres humanos con sus actitudes nos van compartiendo y que cada uno por afinidad a estas personas nos los apropiamos, no porque creamos en ellos –nadie nace creyendo en nada– los adaptamos por sobrevivencia, por pertenencia, sólo para no estar solos. Y estos prejuicios son lo siguiente que pondrás en tu maleta, acomodados según tus necesidades, y aunque ninguno exista, ninguno sea real podrás hasta defenderlos encarecidamente en la familia, la comunidad, la sociedad, el trabajo, la escuela, las redes sociales e intentarás ofender al otro con etiquetas tan absurdas como fifí o chairo. Para contribuir a dividirnos en cuantos pedazos sea necesario para que el miedo domine.

Todas estas debilidades humanas serán aprovechadas por los intereses económicos y políticos de quien ostente o quiera el poder y construirá a tu alrededor miles de paradigmas que determinarán tu comportamiento y serán el límite de lo que puedes o no puedes, de lo que tienes derecho o no tienes derecho, de lo que puedes aspirar o no puedes aspirar, cada uno de estos paradigmas te dictará cómo es que debes vivir, te dirán que debes querer y respetar a tus padres, que debes temer a Dios, que debes estudiar, que debes trabajar, que debes pagar impuestos, que debes obedecer la leyes, que debes casarte, que debes tener hijos, que debes ser un padre procurador, que debes ser una madre abnegada y amorosa. Y de repente esa personita que nació ligera y si prejuicios ni deberes, ya debe su vida a algo y/o a alguien, porque otros ya saben qué es lo que debe hacer y ser. El problema principal es que todos estos que te dicen qué y cómo debes vivir no saben por qué es así, sólo saben que así debe ser porque alguien les dijo que así debía ser y su justificación siempre se remite al pensamiento de otros, a mandatos, a libros, a leyes antiguas y nuevas. Pero ¿por qué se emitieron esas leyes, esos mandatos, esas normas? ¿A quién benefician? ¿Por qué no puedes cambiar el deber por el querer? Desafortunadamente en la mayoría de los casos por falta de información y de formación pero sobre todo por haber sido domados eficientemente en su inconsciente. La respuesta a esta última pregunta se limitará a decir que lo que deben es lo que quieren, pero la consciencia humana no es así, somos innovadores, inquietos, genuinos, risueños, tiernos, curiosos y rebeldes ¿O ya olvidaron cómo fue su primera infancia antes de comenzar a llenar su maleta?

Poco a poco (sólo en algunos casos) si no has perdido a tu niña o a tu niño interno o pudiste rescatarlo, la asimilación de tu consciencia sobre el todo, nutrida con información y formación te permitirá apropiarte de tus propios principios e ideales, te enseñará a no resignarte, a no conformarte con nada y esa fuerza dará forma a tus convicciones y estas deberán ser la guía de tu comportamiento de vida y podrás proponer, inventar, transformar todo aquello con lo que no estas a gusto y construirás tus propios paradigmas y lucharás para construir el mundo que quieres y comenzarás a cuestionando todo cuanto te rodea y terminarás cuestionando todo lo que contiene tu maleta.

Aquellos que no puedan superarse a sí mismos, querrán conservar lo juntado, querrán conservar todo lo que empacaron en su vida, querrán conservar sus cosas, sus *bienes (*si lo piensas un poco son sus males), el apego total a cada objeto inanimado o animado, cosa, persona, animal o recuerdo, ellos harán su maleta cada vez más pesada hasta que les impida avanzar y deberán ser sedentarios por necesidad y no me refiero a una condición física, nada de esto tiene que ver con si puedes caminar o no; se puede ser preso de uno mismo de mil formas (conocí a un ciego racista), esa inmovilidad que te da el exceso de equipaje es mental; la primera forma de inmovilidad por apego es darle un valor a cualquier cosa tangible, una casa, un auto, el dinero, un libro, un título y hasta un pedazo de tela se vuelven depositarios de nuestro afecto, después los lugares, las personas y por último los sentimientos, a veces un sentimiento es tan tirano que nos mantiene en el peor de los calabozos. Para ellos su maleta será tan pesada que será su losa y no duden que si existe la reencarnación deberán regresar cuantas veces sea necesario a la misma maleta hasta que no dejen pendientes.

Pero aquellos que pudiendo cuestionar todo, que comenzaron poco a poco a vaciar su maleta regresando cada cosa a donde la tomaron, acomodando cada piedra, cada persona, cada animal, cada planta, cada tierra a donde pertenece; aquellos que vivieron al máximo cada lectura, cada experiencia, cada sentimiento, que pudieron desarrollar su vida, sus ideas sin limitaciones y no dejaron nada para después, aquellos que vivieron plenos de acuerdo a sus propias ideas, seguro que hasta la maleta la regalaron, la donaron o la “olvidaron” en cualquier lugar para llegar al final de esta vida ligeros, desnudos y solos, pero pletóricos, plenos, satisfechos, felices y que seguro que si existen otras vidas, a su muerte, evolucionarán a otros planos, otras formas con nuevas maletas que tendrá que llenar y vaciar.

La vida es una construcción consciente.

Iván Uranga

@CompaRevolucion

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