El peso de la ideología y como las creencias encubren la violencia. Autor: Alejandro Marengo Pérez Duarte

Imagen ilustrativa.

Por Alejandro Marengo Pérez Duarte

El que un ser humano represente poderes que emanan de las multitudes, dirija ejércitos disciplinados y que siempre tienen las mejores armas, obtenga períodos de poder cortos en los que dirige todas las instituciones de cualquier país, todas estas son las manifestaciones de los síntomas, la tentación oculta del demócrata, su obscuro y asexuado objeto de deseo: el poder.

La democracia institucional, equilibrada, va a terminar muriendo a causa de un cáncer de demagogia en el que la voz popular es precisamente la que termina pidiendo a gritos el orden de un padre estatal y autoritario que se responsabiliza en lugar de sus equivocados votantes. Votar implica que supuestamente uno es representado por ese voto y el sujeto de la democracia tiene la responsabilidad de saber lo que vota, ergo, es su culpa si vota mal aunque los políticos siempre atiendan a su ego, sus intereses, sus deudas de campaña.

Pocos humanos saben reconocer un error, analizarlo, digerir sus consecuencias, el error consiste en que el poder bajo ninguna ideología se ha podido ejercer de una forma justa.

¿La sociedad requiere de la desigualdad y esta es una fuente de violencia?

Es curioso que el totalitarismo igualitario soviético tuviera jerarquías. No era lo mismo ser un camarada cualquiera, que ser un comisario del pueblo o un camarada Secretario del Partido o el líder vitalicio que encarna la representación del colectivismo. El Estado supuestamente colectivista tuvo que crear desigualdades para operar. El poder exige jerarquías, armas, justificar a nombre de la justicia cualquier crimen.

¿El poder necesita de jerarquías y orden, y este solo se impone con las armas y la fuerza?

Es una ironía profunda que la democracia norteamericana justifique cualquier invasión a otro país invocando la democracia y la libertad. Si no imitas mi forma de gobierno y me nombras tu principal socio comercial, la libertad se te impondrá por medio de la publicidad, el aislamiento, la fuerza. El poder se impone “liberando” a los oprimidos y ofreciéndoles un amo que jura no los va a esclavizar también.

¿Los que ejercen el poder y son los jueces, verdugos de los criminales, nunca son un reflejo del criminal que abominan?

Después de que Dostoievski escribiera sobre las dudas que un inquisidor tenía al encontrarse a un sujeto que se creía el mesías, y sobre la justificación del inquisidor para mandarlo ahorcar, la historia del siglo XX estaba profetizada.

Los bolcheviques fusilando burgueses y afirmando sus crímenes son justicia, los ingleses monárquicos hablando de libertad, pero no sin antes comerciar siglos con esclavos y creando campos de trabajo en sus colonias, los norteamericanos parloteando de democracia e instalando bases militares en todo el mundo. Cualquier país inquisidor está dispuesto a ejecutar a cualquier otro que cuestione su dominio y todo a nombre del bien, la paz, el orden mundial, la concordia.

¿La crueldad se esconde detrás de la ansiedad de controlar para establecer un orden supuestamente más justo?

Sí, todas las ideologías dominantes en el siglo XX, los sistemas productivos sociales, los diversos órdenes ideológicos de cada régimen, ideologías que establecieron una teoría del Estado y la ejercieron, terminaron justificando sus crímenes más violentos, escondiendo sus crueldades, regateando las cifras de muertos, hablando de los crímenes de ideologías ajenas.

La conclusión: el poder mancha y desgasta hasta al que se sienta el siguiente mesías ajeno a la pestilencia del poder y la violencia que este exige.

@ampd31

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