Inicio Opinión Tercer Informe de Gobierno: AMLO vendedor de libros. Autora: Ivonne Acuña Murillo

Tercer Informe de Gobierno: AMLO vendedor de libros. Autora: Ivonne Acuña Murillo

El Presidente Andrés Manuel López Obrador en la presentación de su Tercer Informe. Foto: Gobierno de México.

Una vez más, en su Tercer Informe de Gobierno, el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), ha hecho gala de su posición político-administrativa frente al llamado periodo “Neoliberal”, su visión de la historia, sus dotes propagandísticas y su amor al pueblo, parte de su enfoque moral de la política. Pero, sobre todo, de su natural capacidad para vender sus planes, esperanzas, logros y libros.

Se le vio de buen humor, contento, satisfecho con lo logrado en la primera parte de su administración, con la “misión cumplida”, como él mismo apuntó hacia el final de su mensaje. Noventa y ocho de cien promesas cumplidas, informó.

Cincuenta y cinco minutos de un inusual mensaje. “Continuación de las cientos de Mañaneras que nos ha recetado” dijeron algunos, “más de lo mismo” vociferaron otros y otras.

¿Más de lo mismo? Sí y no. Sí, porque no se puede pedir a un personaje tan coherente consigo mismo que de un día para otro se presente con otra piel, con otra cara, con otra mente. ¡Claro que más de lo mismo! De él mismo. Del político confrontativo, desafiante, retador, embrujador de serpientes (nadie se ofenda). De aquel que se dice: “siempre está en campaña”, moviéndose, haciendo propaganda, “vendiendo algo”, diría yo.

Al final, comunicar es tratar de vender algo: una idea, un sueño, una esperanza, un proyecto, una visión propia, buena o mala, correcta o equivocada, justa o no. Lo importante aquí es encontrar quien compre esa comunicación y López Obrador encontró a millones de personas dispuestas a comprar lo que tenía para ofrecer. El paquete completo, sin dudas, sin “asegunes”, sin retrocesos, sin medias tintas: “todo o nada”: La salida. Decadencia y renacimiento de México.

Tres años han pasado y la aprobación presidencial se mantiene en un importante 60% promedio, que algún otro presidente tenía 4 puntos más de aprobación en el mismo periodo, poco o nada importa. Qué algunas de sus cifras y datos no cuadran con la realidad, qué más da. Que no ha podido resolver algunos de los acuciantes problemas del país, peccata minuta. Lo que importa aquí es la afirmación “misión cumplida”: puedo irme hoy pues las bases de la Cuarta Transformación ya están sentadas y será difícil echarlas abajo pues les dejo también un pueblo dispuesto a defenderlas, escuchamos ayer.

En justicia, no hay ser humano sobre la tierra que pueda resolver todos los problemas de un país, mucho menos aquellos que hunden su raíz en años, décadas, siglos atrás; la pobreza, por ejemplo. No existe tampoco gobierno que lo haga todo bien. Lo que hace relativamente exitoso a un gobierno es el equilibrio entre lo que sí se pudo y lo que no. Es aquí donde López Obrador ha construido una narrativa coherente entre lo prometido y lo logrado: ataque frontal a la corrupción pública (huachicol, gasto excesivo y desviación de fondos públicos); grandes obras de infraestructura (Aeropuerto General Felipe Ángeles, Refinería de Dos Bocas, Tren Maya); programas para el campo (“Sembrando Vida”); redistribución de la riqueza utilizando el presupuesto para redirigir el gasto a políticas sociales (pensiones a personas adultas mayores, becas a jóvenes para que estudien o trabajen, apoyos a personas con discapacidad); saneamiento de Pemex y Comisión Federal de Electricidad (revisión de contratos, beneficios y prebendas, compra de la refinería Deer Park) para librar La gran tentación: el petróleo de México y devolverles a este y a la electricidad al centro de la actividad económica; recuperación del papel central del Estado en la administración de los recursos y la atención a los grupos menos favorecidos, etcétera. Todo lo que se salga del plan previamente trazado es ignorado para No decir adiós a la esperanza.

De esta suerte, López Obrador puede sentirse satisfecho de haber conseguido aquello que prometió o por lo menos lo más evidente, lo más grueso, lo más simbólico, lo que le permitió edificar un puente que parece indestructible entre él y el “pueblo bueno” en camino Hacia una economía moral. Para la gente que le sigue, defiende y ama todo está bien, parece bastar con la intención, aunque salta a la vista que muchos de esos propósitos se han convertido en realidades tangibles, el pueblo no es tonto, como él mismo afirma.

“Se juntan el hambre y las ganas de comer”, se diría en términos coloquiales. El presidente se anota un punto al identificar, hace ya un buen número de años, las principales necesidades de la población y al convertirlas en su misión de vida. Comienza dando Los Primeros Pasos, se convence, se envuelve, se mete Entre la Historia y la Esperanza. Se prepara para acometer lo que sería el proyecto de una vida, de la suya.

Es innegable que Andrés Manuel es el mejor ejemplo de lo que se denomina “un animal político”, capaz de luchar Contra el desafuero y La mafia (que) nos robó la Presidencia. Desayuna, come, cena, duerme, sueña y se levanta pensando en su hacer político. No descansa, no para, no se detiene, no se da respiro. Es consciente del tiempo, de los avatares de una vida, de los obstáculos que se tienen que sortear para alcanzar lo prometido por los sueños y la profecía autocumplida, aquella construida desde la infancia, que creció con la adolescencia y la juventud, que salió de los libros de historia, sus gestas, sus héroes, sus frases, sus obras y que le impelen a luchar contra La mafia (que) nos robó la Presidencia.

Poco a poco se convenció de que era la persona indicada para salvar a México. Construyó la narrativa que se vendió primero a sí mismo y después supo muy bien vender al pueblo. Un pueblo deseoso de encontrarse con el héroe capaz de sacrificarse, de dejarlo todo para realizar la hazaña de llegar al poder y representar sus causas más sentidas, de romper el ciclo que llevó al país Del esplendor a la sombra.

Se decidió entonces a ser como sus héroes: Juárez y Madero y convertirse en uno de los mejores presidentes de México. El objetivo estaba trazado, ahora había que forjar el plan, la promesa, Un proyecto alternativo de nación (y encaminarse): hacia un cambio verdadero.

Y de nuevo supo vender a sus seguidores la idea, se iba cerrando el círculo y completando el relato. No hay gesta sin héroe, villano, esperanza, hazaña, sacrificio y a veces triunfo, todas las piezas de la trama iban cayendo en su lugar.

Y en 2018 llegó a la presidencia. Felicidad, llanto, emoción por parte de quienes habían votado por él una y otra y otra vez le acompañaron ese día. Desde entonces hasta hoy, ha sabido mantener viva la esperanza, la promesa Hacia una economía moral, la cinta intangible que le une al pueblo. ¡Eso es fácil!, se dirá, en un país donde por décadas un partido de corte hegemónico colocó en la mente de la gente la idea de que quien llegaba a la silla presidencial sentía un verdadero amor por el pueblo y que este venía unido a la banda presidencial. Sin embargo, la venda que cubría los ojos cayó al piso para distinguir entre un sátrapa, un vividor de la política, un mal o buen administrador, un estadista, un entregado líder auténtico. Nuevamente, todo cayó en su sitio y cada presidente fue puesto en la casilla correspondiente. López Obrador compite por estar al lado de sus héroes, aunque no en materia de perfección técnica, un animal político no siempre es un buen administrador, sino como alguien que genuinamente ama al pueblo y está dispuesto a dedicar su vida para conseguir su felicidad.

Tercer Informe de Gobierno. ¿Más de lo mismo? Sí y no. No, porque lo que debía ser un informe de mitad de sexenio se pareció más a uno de cierre de este. Hubo de todo, reiteraciones, constataciones, mensajes nada cifrados, logros, números, “datos propios”, bromas, propaganda y la anticipación de una despedida: “Cuando esté entregando la banda presidencial solo diré a los cuatro vientos: ¡Misión cumplida! Me voy a Palenque, les dejo mi corazón.”

Disculparán que tan pronto haya llegado al final del informe y que no haga análisis de las cifras, los dichos, los logros, lo que sí y lo que no. ¿Qué sentido tendría repetir lo que otros y otras analistas con seguridad ya revisaron, analizaron, tocaron, dijeron seguramente igual o mejor que yo? ¿Para qué llover sobre mojado, diría el poeta?

Durante el Informe y por un momento, López Obrador se mostró como un hombre sujeto a las contingencias que pueden cambiar el rumbo de cualquier persona, pero ni aun en ese momento dejó pasar la oportunidad para la política y la propaganda, El poder en el trópico, pensarán sus malquerientes. “Vamos bien y estoy seguro de que la gente va a votar a finales de marzo del año próximo porque continúe mi periodo constitucional hasta finales de septiembre de 2024. Desde luego no solo es esto lo único que necesito para cumplir mi misión: falta lo que diga la naturaleza, la ciencia y el Creador, no podemos ser soberbios. Pero si tengo suerte y termino, creo que vamos a consumar la obra de transformación y no dejaremos ningún pendiente.”

Y entonces, involucra en un mismo párrafo su salud; lo que la ciencia médica pueda hacer para prolongarla y sostener su vida; y a Dios, al que usted quiera, al que considere el creador de todo lo que existe. Un momento de extroversión, que se une a través de una línea invisible a la contingencia de una consulta popular para decidir si se va o continúa al frente de los asuntos del Estado. Sutil mezcla de cosas del alma con cuestiones de poder.

El presidente sabe que la realización de este tipo de consultas, en las que se ha empeñado desde que fue jefe de gobierno del Distrito Federal, tienen un poderoso carácter simbólico y permiten aceitar su relación con el “pueblo bueno”, al tiempo que les informa la importancia de su participación en una práctica pedagógica de construcción de ciudadanía. Permiten, igualmente, legitimar la segunda mitad de un mandato emanado, como ningún otro, de la voluntad popular.

Ofrecen también la oportunidad de dejar en ridículo a una oposición política que no encuentra como enfrentar un liderazgo que se sale de sus cánones y al que pretenden sacar de manera anticipada, pues no acaban de definir, como en el caso de Catarino Erasmo Garza Rodríguez, si se trata de un ¿Revolucionario o Bandido? Bueno, “pretendían”, por mejor decir, se han echado para atrás, ya no quieren la consulta, han medido sus fuerzas y se han dado cuenta de que no les alcanzan para, como ofrecieron, “correr al presidente” e “impedir que continúe la destrucción de México”. Y entonces se preocupan porque la finalización abrupta de una administración a la mitad del sexenio no es conveniente pues, dicen, podría traer más males que bienes; y entonces se acuerdan de que se eligió a AMLO por seis años y no por la mitad de estos; y entonces recurren a las leyes para impedir la realización de la consulta argumentando una pregunta mal redactada, un gasto innecesario, un proceso absurdo, una necedad.

Pero a AMLO eso le importa poco, la consulta va porque va. Se trata de defender un legado, una obra, los cimientos de la Cuarta Transformación, como él mismo afirmó, y para ello se lanza contra las élites que profetizaron la caída de la economía y el hundimiento del país si él llegaba a ocupar la silla presidencial. Les pasa por la cara las cifras macroeconómicas que hablan de estabilidad, de finanzas sanas, de mesura, de austeridad, de moderada deuda pública. Se engolosina, se entusiasma y les lanza un “tengan para que aprendan” que se pueden hacer las cosas de otra manera, sin corrupción, sin desvío de recursos, sin “robadera” y atendiendo las necesidades básicas de los grupos menos favorecidos. Y ya encarrerado, les arroja un “y háganle como quieran” pues no podrán, así como así, deshacer lo hecho, quitarles a las personas adultas mayores, a las y los jóvenes, a las personas con discapacidad los programas sociales que ahora permiten usar el presupuesto en su beneficio.

¿Más de lo mismo? Sí y no. Sí, porque conocemos el relato a través del cual López Obrador se ubica como el salvador de la Patria, identifica al enemigo a vencer: La mafia que se adueñó de México, marca la ruta a seguir para que no se repitan prácticas como las del Fobaproa, (un) expediente abierto, y paraatender los problemas principales del país, emprende las acciones necesarias, doblega a sus adversarios y avanza hacia la meta. No, porque con este Informe Andrés Manuel cierra la épica del héroe que ha logrado su objetivo, ha cumplido su misión, ha alcanzado el éxito, ha sentado las bases de un futuro mejor.

Discurso redondo, lógica contundente donde no caben los fracasos. López Obrador ha sido cuidadoso para no prometer aquello que no puede cumplir, aquello que no encaja con su imagen de un país más justo donde la prioridad son los pobres, aquello que no comulgue con lo que asume son las obligaciones primeras de un gobierno en un país como México, en el momento histórico que le tocó vivir y puesto en esa ruta, deja de lado aquello que pueda empañar el camino del héroe. Discurso redondo, lógica contundente de quien construye su propia historia, se coloca en el centro de ella y hace que todo confluya alrededor.

Andrés Manuel López Obrador es la clase de político que escribe un libro, se lo vende a sí mismo, lo compra, lo revisa, lo amplía, lo mejora, lo reescribe. Se lo vuelve a vender, lo compra…. Y una vez que está convencido de que el libro ha quedado a su gusto y satisfacción y coincide con su misión y el lugar que quiere ocupar en la historia patria, lo vende a quienes están dispuestos, dispuestas a comprarlo. FIN.

Ivonne Acuña Murillo.

Socióloga feminista, académica de la Universidad Iberoamericana. Analista política experta en sistema político mexicano y género. Autora de más de 250 artículos periodísticos y 25 académicos publicados en periódicos y revistas de circulación nacional. Ha contribuido al análisis del presente y el futuro de un país que se desgarra en múltiples medios escritos, radiofónicos y televisivos, tanto nacionales como internacionales.

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