Conversación entre una experimentada y muerta política feminista y otra joven política viva no tan experimentada pero igualmente feminista. Autora: Ivonne Acuña Murillo

Griselda Álvarez Ponce de León. Foto: Twitter.


“Que los tristes mastiquen su derrota, yo muero de la risa que me ciñe, bocanada de vida que me brota”.

Griselda Álvarez Ponce de León, poema Vida.

¿Cuántas veces has deseado conversar con alguien que ya no habita en el mundo de las y los vivos? ¿Hacerle preguntas trascendentes para tu hacer cotidiano y tomar nota de aquello que podría serte útil? Con respeto y aprovechando las oportunidades que brindan la imaginación y la literatura vaya aquí un diálogo ficticio, basado en hechos reales, entre una experimentada y muerta política feminista y otra joven política viva no tan experimentada pero igualmente feminista.

Oye Griselda y cuando fuiste gobernadora de Colima en 1979 ¿cómo le hiciste para que te hicieran caso los hombres con un cargo menor? Pues verás, lo primero fue luchar para ser gobernadora. Me entrevisté con el presidente José López Portillo (JLP) para comunicarle mi deseo de gobernar mi estado, dado que mi abuelo y mi padre ya lo habían hecho, y aunque él tenía la facultad de otorgarme sin más la candidatura, me respondió: “Consúltelo con el pueblo”, a lo que respondí “La consulta está hecha y el pueblo está de acuerdo”. Una vez que gané las elecciones y tomé posesión del cargo, día en que por cierto hombres colimenses le pusieron un mandil a la estatua del Rey Coliman para denigrar mi mando toda vez que fui la primera mujer en gobernar un estado, llevé a cabo las primeras reuniones con los presidentes municipales de mi entidad y noté que no se animaban a participar. Intrigada, pregunté a uno el por qué y me dijo: somos muy mal hablados y pensamos que ante usted no podemos decir groserías, “como chingados no” le dije. Desde ahí nos entendimos.

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¿Entonces me recomiendas que haga lo mismo: que reparta ‘chingados’ por doquier? Preguntó la joven política con poca experiencia a la priista de larga trayectoria (nótese que solo la política feminista, experimentada y fallecida tiene nombre, honor a quien honor merece; la joven, mientras tanto, personifica a todas aquellas que con poca o mucha edad se acercan por primera vez a la política y aún tienen que abrirse camino en un mundo masculino que se resiste a dejar de serlo). No mujer, las cosas han cambiado, reviró Griselda. Lejos están aquellos tiempos en que las mujeres vestían como un hombre y hablaban como otro para ser aceptadas en política, el espacio de acción reservado por siglos a los hombres desde que Aristóteles (384-322 a.C.) colocó a las mujeres en un espacio pre-político, el Oikos, al lado de niñ@s, esclav@s y extranjer@s. El otro espacio, el político, el de la Polis, donde tenían lugar la política, la diplomacia, el comercio y la guerra fue reservado por el estagirita para los hombres griegos, adultos y libres, “los ciudadanos”. Quedó así decretada la exclusión política de las mujeres.

Muy atrás en la historia, quedaron también los argumentos de Thomas Hobbes (1588-1679), para quien las mujeres debían ser silenciadas por ser portadoras de una voz sediciosa; de John Locke (1632-1704), quien destinó el espacio público, el de la razón donde se firmaba el contrato social, a los hombres y, el privado, donde habitaban las emociones y los sentimientos y la dominación de los hombres sobre las mujeres se ejercía no se consultaba, a las féminas; de Jean Jacques Rousseau (1712-1778), que recomendó una estricta segregación de los sexos al afirmar que las mujeres llevaban en su centro, en su propia naturaleza la destrucción del Estado.

Distantes se ven también los días en que las mujeres eran consideradas poco más que “un adorno”, “un florero”, “un bonito detalle”, “las encargadas de servir el café y las galletas a sus compañeros varones en las reuniones de trabajo” o como “el dato” que permitía demostrar que al fin habían sido aceptadas en política.

Y como con la filosofía no alcanzó, se inventaron argumentos prácticos para afirmar que las mujeres deberían mantener una distancia prudente del poder para no corromperse igual que los hombres. Había que mantenerlas alejadas y convencerlas a toda costa de que el poder no era para ellas.

Contradictorio proteger a las mujeres de la corrupción política cuando, por otro lado, desde las diversas religiones, se las considera malas por naturaleza, de ahí la necesidad de mantenerlas encerradas, de los castigos corporales, de la segregación, del destierro de la razón, el contrato social y la vida pública.

Intentos todos por convencernos de que no teníamos ni cualidades ni necesidad de dedicarnos a la política. Aunque para serte franca, nunca los compré. Fui hija única, consentida y caprichosa. Un día decidí que ya era hora de tener novio y convencí a mi prima María Teresa, dos años y medio mayor que yo, para que fuéramos al parque y nos hiciéramos novias de dos de los muchachos que ahí se reunían. Los citamos en mi casa a las 5 de la tarde. Apenas nos aprestábamos a platicar mi prima y yo, muy coquetas sentadas en la ventana y ellos en la calle, cuando volvió mi madre, corrió a los fallidos novios y me exigió le diera la llave para poder entrar, pero yo cauta me negué, pues era probable que me golpeara. Golpearte no, gritó ella, voy a matarte, si a los 10 años me haces esto ¿qué será a los 15?

Así de segura fui también para la política continúo Griselda. Nunca pasó por mi cabeza la idea de que era una actividad reservada para los hombres. Nieta e hija de gobernadores me acostumbré al medio, a su lógica, a su estructura, a sus acuerdos, a sus retos. Me pareció natural ocupar el mismo puesto que mis parientes después de haber pasado por diversos cargos públicos y haber sido senadora de la República, con esa seguridad le pedí a Pepe (JLP) la candidatura al gobierno de mi estado natal. Tantos años han pasado de aquello que imagino que hoy las cosas son distintas.

Me gustaría decir que es así, replicó la joven. Ciertamente, en lo que respecta a la teoría de la democracia es hoy mal visto tratar de explicar, justificar o sostener la exclusión política de las mujeres, pero, en la práctica, a pesar de los discursos masculinos supuestamente incluyentes y de los espacios abiertos, un poco a la fuerza, para las mujeres, la misoginia persiste y aparece en forma de frases, mismas que luego tratan de ser negadas, descontextualizadas o explicadas por quien las profiere.

Es el caso de Jorge Hank Rhon, hijo del profesor Carlos Hank González al que con seguridad recuerdas, quien en marzo de 2020 dijo que la mujer es su “animal favorito”, no contento con ello afirmó, en enero de 2021, que a las mujeres se les había bajado un poquito la inteligencia pues ahora querían “chambear”; de Ulises Ruiz Ortiz, gobernador de Oaxaca por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) de 2004 a 2010, quien considera que las mujeres son unas “¡pendejas!”; de Kiko Vega de Lamadrid del Partido Acción Nacional (PAN), otro exgobernador (2013-2019), pero ahora de Baja California, para quien las mujeres son “buenas para cuidar niños”; de Vicente Fox Quesada, expresidente de México por el PAN, del año 2000 al 2006, quien afirmó que: “El 75% de los hogares de México tienen una lavadora, y no de dos patas o de dos piernas, una lavadora metálica”; de Felipe de Jesús Calderón Hinojosa también del PAN, presidente de 2006 a 2012, quien preguntó si “¿Delfina es nombre propio?”, haciendo referencia a la hoy secretaria de Educación. El más reciente, de Enrique Peña Nieto, presidente por el PRI de 2012 a 2018, quien informó: “No soy la señora de la casa”, cuando se le preguntó en una entrevista cuánto costaba el kilo de tortilla, asumiendo que quien pretendía ocupar el más alto puesto de elección popular conocía el valor del alimento esencial en la dieta de la población a la que pretendía gobernar. No puede faltar en esta lista, Diego Fernández de Cevallos, político panista a quien se le preguntó en 1994 qué opinaba sobre la participación política de las mujeres, “el viejerío a su casa”, dijo por respuesta.

Qué pena me da lo que me cuentas comentó apesadumbrada la política experta. Lo de Diego y Vicente por supuesto que lo supe, no así las políticamente incorrectas y ofensivas actitudes posteriores. Preocupante sin duda cuando estamos hablando de políticos que han ocupado los más altos cargos de elección popular. Sin embargo, me resisto a creer que, a pesar de la lucha que por más de un siglo hemos dado las mujeres en México, la situación no haya mejorado.

Tienes razón, replicó la política más joven, ha habido triunfos. Por primera vez, gracias a la Ley de Paridad, la LXIV Legislatura de la Cámara de Diputados fue paritaria, pues de 500 curules 241 (48 %) fueron ocupadas por mujeres. Mientras que en el Senado de la República las mujeres ocupan actualmente 63 de 128 escaños (49 %). Mejor aún, a raíz de la elección intermedia de este 2021, se alcanzó al fin la paridad total en la que será la LXV Legislatura, la cual se instalará el próximo 1 de septiembre. De 500 escaños con que cuenta la Cámara de Diputados (que desde ya debería llamarse de Diputades o de Diputados y Diputadas debido al lenguaje inclusivo-otro avance), 250 serán ocupados por mujeres, aunque debo aclarar que tanto la Mesa Directiva como la Junta de Coordinación Política serán encabezadas por hombres, resabios patriarcales que pronto serán superados al modificar las normas de la Cámara como pretenden ya las legisladoras.

Igualmente, hoy tenemos por primera vez un gobierno federal paritario ya que 11 mujeres han sido nombradas al frente de una Secretaría de Estado, entre las que se cuentan aquellas que únicamente habían sido encabezadas por hombres como la de Gobernación, Seguridad Pública, Economía y Función Pública y no solo las que se consideraban una extensión de las labores “propias de su sexo” como Turismo, Salud o Desarrollo Social.

Eso sí me lo perdí, ¿a qué le llamas “Ley de Paridad de Género”?

-Ah claro, disculpa olvidé que…
¿Ya me había muerto?, no te preocupes, los hechos son los hechos. Pero dime…

-Bueno, en 2014 y en 2019 se hicieron cambios a la Constitución Política para incorporar en esta la paridad de género como un principio constitucional que consagra “la participación equilibrada, justa, y legal” de ambos sexos y asegura que “al igual que los hombres, las mujeres en toda su diversidad tengan una participación y representación igualitaria en la vida democrática de nuestro país”.

Con seguridad también te dará gusto saber, siguió la joven, que en este año 2021, 6 mujeres gobernarán una entidad federativa al mismo tiempo, a saber: Maru Campos del PAN, en Chihuahua; Marina del Pilar Ávila, en Baja California; Layda Sansores, en Campeche; Indira Vizcaíno, en Colima (tu estado); Evelyn Salgado, en Guerrero; Lorena Cuéllar en Tlaxcala y Claudia Sheinbaum, en la Ciudad de México (por cierto, ya no se llama Distrito Federal), todas por un nuevo partido político llamado Movimiento de Regeneración Nacional (Morena). Un salto cuantitativo se diría, pues hasta 2019 tan solo 9 mujeres lo habían logrado, incluyendo a Sheinbaum quién ganó en 2018 y a ti, la primera.

¿Y acaso no ha habido mujeres en otros puestos de responsabilidad? preguntó Griselda. Claro, dijo la joven, una que otra. Hasta hoy, tan sólo 32 mujeres han sido secretarias de Estado (11 en la actual Administración como ya te comenté) y en 2020, Laura Rojas Hernández, del PAN, encabezó la Cámara de Diputados y Mónica Fernández Balboa, de Morena, el Senado de la República. Dos más han sido Procuradoras Generales de la República: Marisela Morales Ibáñez (2011-2012) y Arely Gómez González (2015-2016). Asimismo, se dice que la ex secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, presidirá la Mesa Directiva del Senado, como una jugada de ajedrez del actual presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador (sí, no abras tanto los ojos, lo logró al tercer intento), para que le apoye en la formulación e impulso de las reformas constitucionales que quiere hacer: la de la Comisión Federal de Electricidad, la de la Guardia Nacional y la electoral, sí, una más.

También ha habido avances en materia legal, continuó la feminista viva, hoy contamos con leyes que nos protegen y vigilan que la paridad se cumpla no sólo en el Congreso de la Unión, sino en las gubernaturas y presidencias municipales. Para lograrlo se hicieron modificaciones a los artículos 2, 4, 35, 41, 52, 53, 56, 94 y 115 de la Constitución y a la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, la Ley General en Materia de Delitos Electorales, la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales y la General de Partidos Políticos, con el fin de tipificar y atender la violencia política de género, además de que se elaboró un Protocolo para Atender la Violencia Política Contra las Mujeres.

Vaya que han avanzado, infiero entonces que ahora las mujeres que se dedican a la política gozan del respeto masculino, a pesar de las desafortunadas frases que has comentado, ya era hora, dijo la política experimentada.

Mmmm, no del todo, interrumpió la joven. Hace unos meses, en febrero de este año, la exsecretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, quien cuenta con una sólida formación profesional y una exitosa carrera en el Poder Judicial, denunció, en el foro “Participación política de las mujeres en México: Retos y temas pendientes”, organizado por Harvard University Mexican Association of Students, haber sufrido violencia de género en las reuniones del Gabinete de Seguridad federal. En sus propias palabras: “Cuando yo dije que sufría violencia en las reuniones de seguridad, era cierto, ¿Por qué? Porque se hacían grupos de puros hombres, estaba yo la única, y saben quién me volteaba a ver, nadie, antes de que llegara el presidente, ahí estaban cuchicheando todos, menos yo, yo no estaba incluida en esas bolitas de funcionarios”. Al exterior del gabinete, su actuación también ha sido minimizada al grado de jugar con sus apellidos para renombrarla Olga Sánchez “Florero”.

Nuevamente Griselda abrió mucho los ojos y la incredulidad se dibujó en su rostro. “Para mis pulgas. Ya hubiera yo parado de lengua a uno o dos de esos machines”. Pensándolo bien mi joven amiga, dijo dirigiéndose a la política de poca experiencia, creo que el tiempo de “los chingados”, y de “los chingadazos”, me atrevería a decir, no ha pasado, la resistencia de políticos de viejo cuño lo amerita. Pero aplícalos con inteligencia joven política, el momento de comportarse como hombre ha quedado atrás. Tiempo hace que las mujeres buscan darle a la política un rostro universal tomando lo mejor de los dos mundos: el de los hombres y el propio.

Termina aquí la conversación entre una experimentada y muerta política feminista y otra viva
y joven política no tan experimentada pero igualmente feminista.

La mejor manera de cerrar esta colaboración es reproduciendo un soneto de Griselda Álvarez Ponce de León (1913-2009), feminista declarada y primera gobernadora de Colima, México (1979-1985).

Nacer mujer es un inmenso reto,
circunstancia toral, dura la vida,
la hembra viene en pecado concebida
y el hombre nace lleno de respeto.
Buscas no ser objeto, ser sujeto
con tu ovárica fuerza sostenida,
para luchar con alma dividida
porque no en todo lograrás boleto.
Te dan sencillo más te exigen doble,
sangras ante la Ley cada conquista,
en la maternidad, sustancia noble,
gigante siempre aunque el dolor embista,
por fuera suave, muy adentro roble,
pero te hacen, a golpes, ¡feminista!

Nota aclaratoria: Doy fe de haber escrito este artículo, así como todos aquellos firmados como “Ivonne Acuña Murillo”, por lo que ruego, encarecidamente, no insultar ni reclamar al periodista Julio Hernández López, Astillero, haciéndole responsable de los delirios de mi mente loca, como diría el poeta mexicano Salvador Díaz Mirón en su obra A gloria.

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