Ricardo Anaya, “principal líder opositor”, preocupa tanto a AMLO quien ya no come ni duerme. Autora: Ivonne Acuña Murillo

Foto: Especial | Quinto Poder.

En un primer momento, tuve la tentación de titular esta colaboración: “Ricardo Anaya Cortés: Pollitos en fuga”, título en español de la película del año 2000 que originalmente apareció en inglés como Chicken Run, sin el “Ricardo Anaya Cortés”, por supuesto, por aquello de que en redes sociales se ha identificado al panista con “Chicken Little”, el personaje central de otra película estrenada en Estados Unidos en el año de 2005, bajo el mismo nombre. Pero, me contuve. No me pareció conveniente dar un trato burlón al “principal líder opositor de este país”, quien puede ser comparado con Juárez, sí Benito, Madero, sí Francisco I., como Anaya mismo insinuó y luego corrigió en su video del 21 de agosto.

Quien haya visto ambas películas sabrá que Pollitos en fuga no tiene nada que ver con Anaya Cortés, pues relata la hazaña de una gallina que, en una granja similar al campo de concentración de Auschwitz, situada en Yorkshire, Inglaterra, organiza a otras gallinas y sus pollitos para huir. Nada que ver diríamos, aunque… no es una locura para la oposición asumir que México es un campo de concentración y AMLO un dictador, como acusa Ricardo en el video citado. En fin, sería un exceso comparar al “importante líder opositor” con una gallina. Lo de “pollito” pasa, pero “gallina” es demasiado.

En cambio, la película de Chicken Little, con todo respeto sea dicho, se acerca más a la imagen y papel del “gran líder opositor” de este país. Chicken Little, el personaje, es un pollito de 10 años, pequeño, delgado, rubio y que, para más datos, usa anteojos. Cualquier semejanza con alguien de la política es mera coincidencia, aunque ahora tenga el cabello rubio oscuro, pues generalmente con la edad el cabello se ensombrece. El pollito, da origen a la trama cuando provoca el pánico en la ciudad al afirmar que le cayó un pedazo de cielo sobre la cabeza, a lo que su padre revira sosteniendo que con seguridad sólo lo golpeó una bellota, convirtiéndolo en el hazmerreír de la gente. La advertencia de que el cielo se está cayendo bien podría ser equiparada con las denuncias de Ricardo en relación con el mal gobierno de AMLO, aunque no con una invasión extraterrestre como en la película. ¡Por suerte! Y las burlas del padre, con aquellas de que es víctima Anaya en redes sociales ante la incomprensión y ceguera de la gente que no alcanza a dimensionar el tamaño simbólico de este “enorme opositor”, al convertirlo en meme y aun sticker para compartir en WhatsApp.

La envergadura de lo que intenta hacer, salvar a México de AMLO y convertirse en presidente de la República en 2024 le ha valido, a decir de él mismo, una persecución por parte del primer mandatario. De ahí su denuncia subida a YouTube y titulada: “No te tengo miedo Andrés Manuel”. Destaca la edición del video, mismo que es acompañado con imágenes, subtítulos, correcciones sobre el texto a alguna palabra cortada al hablar, columnas periodísticas, fondo difuminado enfatizando la figura de Anaya, etc.

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En este video, Anaya informa que: “Pues con la novedad de que López Obrador me quiere meter a la cárcel con el testimonio de dos testigos balines (debe referirse a Emilio Lozoya y a Emilio Zebadúa, a los que tacha de corruptos y mentirosos). O sea, López Obrador me quiere fregar a la mala (¿acaso se podrá fregar a alguien a la buena? es pregunta). Le estorbo para sus planes de sucesión en 2024. No quiere que yo sea candidato. Y me quiere encarcelar porque no le gusta lo que digo. Está enojado por los videos que publico cada semana. Que, por cierto, ya rebasaron los 70 millones de reproducciones (dicho de pasadita como para hacerse publicidad, ignoro si es cierto o no).” Que, dicho sea de paso, para seguir la misma lógica, tiene 126 mil suscriptores. Yo me suscribí hoy. No quiero perderme los videos del “principal líder opositor de este país”, ¡faltaba más!

Circula por Palacio Nacional el rumor de que López Obrador, no come. Que ha dejado de lado todas aquellas comidas que decía hacer: tamales de chipilín, tlayudas, gorditas, mariscos, cecina, caldo de pavo, empanadas de pejelagarto, tlacoyos, barbacoa y los taquitos de cabeza. Cuantimás estos, luego de observar a Anaya comiéndose uno con maestría, con hambre, con deleite, ya se ve que él sí sabe cómo “agarrar el taco”, no AMLO. El “preciso”, por aquello de hablar como bien nos ha enseñado Anaya, como el pueblo, no se ve genuino, lo hace por aparentar, por hacer creer a la gente que le gusta su comida, que la disfruta, que la prefiere al caviar y la langosta. Por eso, ya no come tacos, la comparación con Ricardo le aterra, no soportaría la idea de parecer falso. Ha perdido peso, se dice, eso que parece “pancita” es la camisa inflada nomás.

Se insinúa también que tampoco duerme al imaginar que, una mañana al despertar, encuentre a Anaya acostado en su cama, entre Beatriz y él. Y, no es para menos, esta imagen ha atemorizado a la población por meses y meses, desde que Anaya pasó la noche en una humilde vivienda.

En resumen, el presidente se ve taciturno, preocupado, angustiado se diría. La cosa no es menor.  Desde que Ricardo Anaya declaró que quería ser candidato a la presidencia en 2024 y que amenazó con recorrer el país con ese propósito, AMLO se ha tomado con seriedad la posibilidad de que “el más significativo líder opositor de México” le arrebate, a su sucesor o sucesora, la silla presidencial. Así, el terror que le ha infundido Anaya al presidente más poderoso y popular de los últimos tiempos le ha llevado a pretender dejar fuera de la jugada por la presidencia a tan “colosal adversario”. El método: acusarlo en boca de Lozoya, Zebadúa y el fiscal general de la República, Gertz Manero, de haber recibido 6.8 millones de pesos en sobornos de la constructora brasileña Odebrecht para aprobar la Reforma Energética implementada por Enrique Peña Nieto.

Ante tales acusaciones, el “destacado líder” ha decidido abandonar el país, exiliarse como lo hicieran Juárez y Madero, para volver una vez probada la falsedad de las acusaciones y entonces sí enfrentarse a AMLO. Para aprovechar su estancia en Estados Unidos ya avisó que hará una gira con migrantes, “con esos mexicanos que también tuvieron que salir de México para conservar la esperanza”. Pero la amenaza, perdón promesa, no para ahí, ya advirtió a López Obrador que seguirá publicando videos todas las semanas.

Después de este desplante de valor y clarividencia de Anaya, el presidente López Obrador, con el terror dibujado en el rostro y un perceptible temblor en la voz, declaró en la Conferencia Mañanera del 23 de agosto que: “Entonces, este joven empezó a escalar y empezó a hacer a un lado a sus compañeros, a dirigentes importantes, creo que hasta a Calderón lo hizo a un lado […] y lo culpaban de estar muy cercano al presidente Peña […] que se ayudaban mutuamente.  Luego de que ya es candidato, este se le voltea al presidente Peña […] Ahora sí que como diría su este…, compañero, camarada del bloque conservador ¿Y yo por qué? Yo no tengo nada que ver absolutamente […] Y él debe de presentar pruebas y hablar con la verdad […] No afecta ir a la cárcel cuando uno es inocente. Porque cuando sé es luchador social, cuando se lucha por una causa se puede ir a la cárcel y al contrario de sentirse mal se fortalece un dirigente.”

Puro miedo, seguro quiere hacerlo caer en la trampa para que se entregue y meterlo a la cárcel y de ahí a ver cuándo sale. Pero, Anaya, cual intrépido pollito (perdón héroe), prefiere dejar el país y no probar eso de “dirigente inocente en la cárcel, dirigente que crece”, como le ocurrió a López Obrador con lo del desafuero en abril de 2005. Cierto, que desde la campaña de 2018 Ricardo siguió los pasos de AMLO como un buen copycat, aunque suene como un contrasentido por eso del pollito y el gato, para replicar todo aquello que le había servido al tabasqueño, como hacen todos los grandes hombres que imitan las proezas de uno más grande (aunque claro no es el caso, a Anaya no hay quien se le iguale), únicamente que no es tan tonto como para meterse solo a la ratonera, en este caso el Reclusorio Norte al que está citado el jueves 26 de agosto a las 10 de la mañana, no sea que le corten la larga cola y menos cuando calcula que podrían tenerlo encerrado unos 30 años. Lo cual permite preguntarse ¿de qué más se le acusa? y ¿cómo se enteró?

Para provocar más terror, Anaya increpa directo a AMLO diciendo: “[…] al contrario de lo que dices, sí es tu fuerte la venganza. O sea, no has perdido una sola oportunidad de vengarte de quienes consideras tus ‘adversarios’. Y a mí me traes atravesado desde los debates. No lo superas. Y mira: tú tienes todo el poder, nomás que yo tengo tres ventajas” y continúa: la primera es que estoy limpio; la segunda, que no te tengo miedo Andrés Manuel, “Hazle como quieras”; la tercera, no te vas a deshacer de mí.

Bueno a este punto, el nivel de paroxismo en AMLO llegó al límite, por lo que terminó diciendo al súper pollito (disculpas de nuevo) al “más grandioso líder opositor” que haya visto este país: “Que no hay que estar pensando que la política es encaramarse en cargos, sin escrúpulos morales de ninguna índole. La política no es para trepadores, no es para ambiciosos. La política es para servir al pueblo. No es buscar el poder por el poder.”

Por supuesto, esto Anaya lo entiende perfectamente, de ahí su insistencia en recorrer el país, subirse al metro y a peseras, comer tacos, dormir en humildes viviendas. Lo tiene muy claro, no hay que decírselo, pero bueno así es el miedo. Y no se crea que lo de Ricardo son imposturas, imitaciones, intentos rabiosos por llegar a la presidencia a como dé lugar y, si aún lo duda échele un ojito, en sentido figurado claro, al artículo de The New York Times, “Ricardo Anaya, la traición como método”, firmado por Wilbert Torre y publicado el 19 de junio de 2018.

Pero Anaya no solo es un aplicado copycat de AMLO, lo es también de sí mismo. Así como increpa ahora al actual presidente, increpó en la campaña presidencial de 2018 a Enrique Peña Nieto, como afirmó AMLO, con malos resultados, por cierto. Un ataque directo desde la presidencia y de la prensa escrita a través de diarios como El Universal que lo cuestionó por no vivir de acuerdo con sus ingresos en, al menos, 20 primeras planas, fue la respuesta. En fin, que Anaya es un luchador, no importa que no le haya resultado la estrategia de 2018, va de nuevo con lo mismo.

Solo hay que imaginarlo, igual que Chicken Little surfeador (bueno, no tengo remedio), buscando siempre treparse en la cresta de la ola levantada por AMLO para arrebatarle un poquito de su fama, victimizándose, como supuestamente hiciera AMLO una y otra vez, robándole las ideas, propuestas y proyectos y asumiéndolos como propios. Pero, sobre todo, tratando de ejecutarlos de la misma manera.

Cómo no va AMLO a estar preocupado, ¿cómo podría dormir o comer ante semejante opositor y su capacidad copycatesca? Aquí cabe preguntarse si Ricardo Anaya piensa ser candidato recurrente a la presidencia de la República y repetir la hazaña lopezobradorista o se convertirá en el Nicolás Zúñiga y Miranda, conocido como “el candidato perpetuo” a la presidencia de la República que solo engordaba el caldo a Porfirio Díaz y que pasó a la historia como una curiosidad política. En este caso, habría que pasar de Chicken Little a Ricardo Anayaga y Mirando.

Ivonne Acuña Murillo.

Socióloga feminista, académica de la Universidad Iberoamericana. Analista política experta en sistema político mexicano y género. Autora de más de 250 artículos periodísticos y 25 académicos publicados en periódicos y revistas de circulación nacional. Ha contribuido al análisis del presente y el futuro de un país que se desgarra en múltiples medios escritos, radiofónicos y televisivos, tanto nacionales como internacionales.

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