El Espejo | Pobreza mental. Autor: Iván Uranga

«El día que la mierda tenga algún valor, los pobres nacerán sin culo».
Gabriel García Márquez

Un cuarto de 4 metros por 4 metros en donde habitan 4 personas; las paredes son de bloques de cemento y piso de tierra, ropa amontonada en las esquinas, dos camas, una pequeña estufa, un refrigerador mediano, un sistema para enfriar el aire en la ventana y una pantalla plana de 50 pulgadas sobre un improvisado mueble de madera. El cuarto perdió totalmente su techo de láminas durante el huracán Grace, afuera la madre llorando porque la pantalla plana se mojó y los 3 hijos, todos adultos, desesperados porque sus teléfonos de última generación no tenían carga por la falta de luz, sentados, derrotados por la tragedia, sin agua, sin luz, sin comida, la brigada comunitaria de ayuda se acercó a ofrecer el colaborar junto con ellos a levantar un techo con el material que derramó el huracán y a enseñarles cómo cosechar agua de lluvia y mantenerla limpia para poderla beber, y a informarles que a 500 metros había una olla de comida comunitaria a la que podían acudir las 24 horas. Indignados por el ofrecimiento insultaron a la brigada diciéndoles que ellos no eran mendigos, y que si los querían ayudar que les pusieran la luz, les compraran láminas nuevas para el techo y les enviaran una pantalla nueva.

Hace muchos años trabajando con niños de la calle aprendí que no se puede ayudar a quien no quiere ser ayudado y algo mucho más importante, no se puede ayudar a quien no sabe que necesita ayuda, a quien no tiene conciencia sobre su persona. Cuando les hice este mismo planteamiento a las compañeras feministas, hace mucho, era poco entendible, pero no le puedes decir a un mujer que luche contra la opresión femenina cuando no tiene conciencia de lo que significa ser mujer, mucho más allá de los roles impuestos por el paradigma patriarcal, porque insistimos en andar por la vida con nuestro planteamiento revolucionario producto de muchas generaciones de estudio y de lucha, a las que por diversas circunstancias de la vida pudimos acceder, pero olvidamos que la gran mayoría de las personas sólo pueden acceder al paradigma impuesto desde hace 5 mil generaciones, porque les fue reproducido genética y culturalmente.

La necesidad de ayudar es algo que nace en nosotros y no en el otro, es decir, partimos de nuestra necesidad personal de ayudar, porque hay algo dentro de nosotros mismos que necesita hacer algo por los demás, y la ayuda que ofrecemos es lo que desde nuestra perspectiva consideramos que el otro necesita, y no de la ayuda que el otro cree que necesita y difícilmente partimos de la necesidad real que no observa ni el propio afectado; fueron muchas las veces que vi que se acercaba la gente a regalar zapatos a un niño en condición de calle que nunca había usado zapatos, zapatos que el niño vendía para tener dinero para los videojuegos, en ese entonces, los niños de la calle gastaban el 70% de su ingreso en jugar “maquinitas”, si en lugar de regalarles los zapatos, partieran de lo que los niños querían, habría que regalarles un juego de video o dinero para gastar en ellos, lo que obviamente sería absurdo. Bajo estas circunstancias existían sólo dos caminos posibles para canalizar nuestra necesidad de ayudar y eran, obligar al niño a comer y dormir bien, en lugar seguro, en el que hasta podemos obligarlo a estudiar, para lo que necesitábamos un centro de reclusión y romper la voluntad del niño o ayudarle a construir su propia consciencia para que pudiera construir una mejor vida con sus manos.

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Ahora no son niños de la calle a los que hay que apoyar, ahora son los damnificados del huracán Grace que se comportan igual que estos niños. Con más de 150 mil viviendas afectadas, el huracán impactó a más de un millón de personas, en las zonas más pobres de México, personas que como los de la casita de 4 x 4, el paradigma capitalista que les han enseñado es el consumismo, y sin las características sociales de él no existen; la mayoría de la ayuda que llega a la comunidad, también parte de este paradigma, por lo que estamos viendo llegar camiones con despensas con alimentos procesados y ultraprocesados, agua embotellada de marcas trasnacionales, medicinas que no se usan, cobijas y montones de ropa, que es lo que las personas creen que los damnificados necesitan, pero el huracán no se llevó la ropa volando a lugares insospechados, todos y cada uno de los damnificados tienen la misma ropa que tenían antes del huracán, sólo que está sucia, así que lo que necesitan es agua y jabón para lavar la ropa, pero en la región en donde impactó el huracán en Veracruz es una del regiones del mundo con más agua, de hecho una de las principales preocupaciones de la zona es que estos grandes ríos se desborden, y son muchos, en toda la zona hay pozos centenarios artesanales en los que siempre hay agua limpia y fresca, ubicados en diferentes zonas y ningún poblador está a más de un kilómetro de ellos. Las cobijas son poco usadas en una región en donde en esta temporada se duerme con un calor de 30 grados centígrados. Entonces ¿qué es lo que pide la gente? la gente quiere láminas, despensas y colchonetas mientras secan sus colchones, porque el PRI-Gobierno durante muchos años los acostumbró a que eso es la “ayuda” del gobierno, y quieren luz eléctrica y señal de televisión e internet; imaginen que por la pandemia de Covid a las personas durante el último año y medio les dijeron “quédate en casa” “tus hijos aprenden por la televisión y por internet” y durante todo este tiempo, casi el 100% de la interacción social de los jóvenes fue virtual y de repente, así de tajo les arrancan su mundo, por eso es que en Poza Rica salieron estos jóvenes a bloquear calles con incendios, no porque necesitaran luz eléctrica, salieron a protestar, porque necesitaban su vida, esa vida virtual que les dijeron que era la realidad.

Sentado en un velorio, una mujer junto a mí se quejaba amargamente de no haber podido dormir por el calor, porque ante la falta de luz eléctrica, no podía encender su clima artificial, unos segundos después se sentó del otro lado una mujer bien veracruzana de esas que no se guardan nada y comenzó a decir en lenguaje florido y en voz muy alta, lo absurdo que era ver las protestas de personas en las ciudades de la región por la falta de luz y escucharlos cómo se quejaban de no poder dormir por el calor, cuando hay comunidades que lo habían perdido todo y no tenían ni un techo bajo el cual dormir.

Entonces ¿qué es lo que realmente necesitamos como seres humanos para vivir? Pues es muy simple y todos los sabemos aunque no queramos entenderlo; necesitamos alimentarnos, beber agua, un lugar seco y seguro para descansar, estar sanos, pertenecer a un grupo social, ser queridos y querer. Absolutamente todo lo demás son necesidades creadas.

Durante los gobiernos del PRI, del PAN, del PRD en la región vimos en desastres anteriores cómo fue usado el desaparecido Fonden con fines políticos, por acá es muy común descubrir viajas bodegas con despensas echadas a perder, compradas con el Fonden, para ser usadas durante las campañas políticas, también es común saber de los robos de las autoridades, de las ayudas que se envían, desde la Cruz Roja, DIF, comisarios ejidales, agentes municipales, presidentes municipales y gobernadores, pero por lo menos veíamos que llegaban miles de militares con el ánimo de ayudar en tareas de limpieza a los damnificados, con el famoso plan de emergencia DNIII, que hoy no lo vimos.

Los presidentes municipales de la región no hicieron nada por ayudar a los damnificados; dejarán el cargo el último día del año, pero desde las elecciones pasadas ya no gobiernan, ya no atienden a los ciudadanos, y el gobernador de Veracruz declaró que no activa la ayuda porque está esperando a que el Presidente de la Republica diga qué va a hacer, para no duplicar esfuerzos. Declaración absurda porque debiera ser a la inversa; imagina que se cae el techo de tu casa y dices que no haces nada, porque estas esperando ver en qué te ayuda el gobierno, pues así el gobernador y muchos de los damnificados.

En la conferencia de prensa del miércoles 26 de septiembre que dio el Presidente de la República en Xalapa, Veracruz, en compañía del gobernador del estado, el secretario de la Defensa y el secretario de Marina, informaron de los apoyos que a 5 días del huracán habían dado, en donde presentaron números que como tales suenan imponentes, pero que llevados a la realidad son mínimos. Dijo el señor secretario de la Defensa que en 5 días habían repartido 300 comidas calientes (para un millón de damnificados) y 50 toneladas de agua; un kilo de agua es igual a un litro a nivel del mar y el consumo promedio de una familia es 1000 litros por día, pero supongamos que por la crisis lo reduzcan a la mitad, esas 50 toneladas que presumió que entregó todo el ejército nacional sirven para 100 familias un solo día, existiendo más de 500 mil familias afectadas.

Realmente las fuerzas armadas de México no llegaron a auxiliar a la población damnificada como en años anteriores, en donde les podíamos reconocer su presencia y su empeño, ahora fueron menos del 10% los efectivos destinados a la ayuda, entendemos que están muy ocupados cazando migrantes, construyendo vías del tren, aeropuertos, bancos, produciendo plántulas de café para Nestlé, y limpiando playas para que los grandes hoteleros no tengan pérdidas, entre otras 30 tareas nuevas  designadas por el Ejecutivo.

En esta misma conferencia el presidente se comprometió a que en 24 horas toda la región afectada contaría con luz eléctrica, cosa que hoy a 5 días del compromiso y a 10 días del paso del huracán no ha sucedido, y dijo que no habría límite para la “ayuda” a los damnificados, para lo que se haría un censo casa por casa durante esta semana, e hizo cuenta de las centenas de miles de láminas que se comprarían, lo que creó una falsa expectativa en toda la población de la región, porque en la realidad a los trabajadores de la Secretaría de Bienestar que se encuentran haciendo el supuesto censo, sólo les dieron 50 formatos por comunidad, y ellos a su criterio, deben elegir cuales son las viviendas dañadas a las que le ponen la marca de censada y que serán las que reciban las láminas, lo que provocó la furia de los habitantes de la zona que en algunos casos llegaron a robar y en otros a secuestrar a los empleados de Bienestar para tener la anhelada condición de damnificado.

Si AMLO con el recurso público, no tiene la capacidad de apoyar a todos los damnificados es muy irresponsable que lo diga, porque la realidad es que no son 50 casas por comunidad las afectadas, hubo comunidades que en donde miles de familias perdieron mucho más que su techo y existen muchas personas que no perdieron el techo de su vivienda, pero sí el techo de su patio, su corral, de sus depósitos de agua, o granos, que se sienten igualmente damnificados con derecho a láminas, y el otro reclamo es que sólo están ofreciendo láminas y no como dijo el Presidente, “todo el apoyo”, porque así como los de la casa de 4 x 4 del inicio de este texto, hay miles que pensaron que el gobierno les repondría todo lo perdido, desde sus televisores y computadoras hasta los animales y la cosecha perdida.

En la región, quienes estamos organizados en proyectos alternativos con la ayuda de brigadistas de diferentes partes de México, implementamos un proyecto de ayuda comunitaria, en donde hasta el momento se tienen desplazadas 20 brigadas de 10 personas, que llegaron a las comunidades a montar ollas de comida para ofrecer las 24 horas a quien llegue a los campamentos, en donde se imparten talleres para que puedan cosechar agua de forma inmediata y mantenerla limpia para su consumo, porque las lluvias siguen. Ofrecen semillas para aprovechar las mismas lluvias para sembrar y recuperar un poco, construyen techos con lo mismo que derramó el huracán, se enseña a preparar conservas con toda la fruta derramada, eliminando las aguas estancadas para evitar más enfermedades y se lleva un equipo solar portátil para que quien quiera pueda recargar su teléfono, desafortunadamente la gran mayoría de las personas se resisten a poner techos que no sean de lámina y como el gobierno ya les prometió que les techaría su casa, esperan sin hacer nada o protestan ante Comisión Federal de Electricidad o bloqueando calles o secuestrando a los censores, exigiendo que el gobierno les resuelva la vida, como se les prometió. Para quienes se pregunten de dónde sacamos los recursos para apoyar, les sorprenderá saber que nosotros los producimos, que la comida que repartimos la cultivamos con nuestras manos y que la tecnología alternativa aprendimos a fabricarla.

Todas estas comunidades no sabían que eran pobres hasta que vinieron los explotadores a decirles que eran pobres, que debían aspirar a hablar español, a tener carreteras, luz eléctrica, casa de concreto y comida con envolturas brillantes, y que todo esto era posible vendiendo sus tierras o cosechando en ellas en monocultivo lo que ellos les comprarían, eran comunidades con una riqueza abundante, agua, comida, salud y casas hechas con los materiales de la zona ideales para el clima y que aguantaban cualquier temporal, a las que no les faltaba nada, hasta que les dijeron que les faltaban cosas y les cambiaron su paradigma original construido por miles de generaciones por este nuevo comprado a los explotadores, que hoy los hace creer que sin luz eléctrica, sin televisor, sin computadora y sin teléfonos móviles no existen.

Pero las personas que aceptaron la ayuda de las brigadas y sí están reconstruyendo con sus propias manos, cosechando su agua, limpiando su tierra, haciendo sus mermeladas, eliminando las aguas residuales, para evitar el dengue entre otras enfermedades, y volviendo a sembrar, ellas y ellos se están dignificando y poco a poco van adquiriendo consciencia, recuperando la autonomía y la riqueza perdida.

La vida es una construcción consciente.

Iván Uranga
Iván Uranga

Especialista en Ciencias Sociales, promotor de comunidades autónomas autogestivas, investigador social, docente de Permacultura, escritor de
ensayos, novelas, cuentos, teatro y poesía.

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