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El usufructo de la publicidad oficial seguirá en los mandones

Ley chayote

Rogelio Hernández López

Pues sí. Como era previsible el esquema de aplicación del gasto público para publicidad en medios de difusión masiva comerciales seguirá igual, pero ahora con un mínimo, muy mínimo, de institucionalidad.

Así quedará establecido si Enrique Peña Nieto, aún en funciones de presidente de la República, promulga la ley que aprobó la mayoría del Senado la madrugada del jueves 26 de abril, entre protestas de algunos pocos representantes de organizaciones no gubernamentales.

Se los dijimos

Es más triste que chocante afirmar ¡Se los dijimos! como cuando desde marzo nos enteramos que el bloque del PRI-PVEM-Panal, y uno que otro desbalagado, se habían apropiado de ese proceso legislativo en la Comisión de Gobernación de la Cámara de Diputados.

Algunos de ese bloque decidieron presentar como dictamen un corta y pega de los lineamientos que ha aplicado por décadas la Secretaría de Gobernación sin tomar en cuenta las 22 iniciativas que habían recibido ambas cámaras del Congreso. Y se fue, como se previó, como cuchillo caliente en mantequilla avasallando las pocas voces críticas en el Congreso.

Las Segob mandarán

Una de las mejores relatorías periodísticas de la última fase de la transformación en ley de los viejos lineamientos de la Segob fue del veterano reportero Víctor Mayén de la empresa Capital Media. Lo sintetizó así:

“En una sesión maratónica que concluyó en las primeras horas de este jueves, el pleno del Senado aprobó con 60 votos en pro, 46 en contra y 1 abstención la Ley General de Comunicación Social que regula la propaganda gubernamental y otorga a la Secretaría de Gobernación la administración de los Tiempos de Estado y Fiscales”.

El subrayado es del reportero, autor de esta columna, quien agrega que también se autoriza a la Segob para elaborar los padrones de los prestadores de servicios o sea de los clientes de medios de comunicación, los criterios operativos de rating y circulación para la asignación de publicidad a esos medios y adicionarse también la función que todavía realiza la Secretaría de Hacienda para definir tarifas a todos los proveedores.

El portal de noticias Sin embargo y la agencia Cisa reprodujeron ese mismo jueves las reacciones de quienes querían un ley distinta que le diera posibilidades de vigilar, ampliar y transparentar ese gasto a la sociedad civil, a medios discriminados y a periodistas.

El Colectivo #MediosLibres calificó que “el proceso seguido en el Congreso no respetó los lineamientos legislativos (no hubo dictamen propio porque se usó el aprobado en la Cámara de Diputados; no hubo ni primera ni segunda lectura como manda el reglamentos) ni tampoco se tomaron en cuenta las propuestas de un breve diálogo con la sociedad civil…. es una ley sin consenso.”

La ley, que probablemente será promulgada de inmediato por Enrique Peña Nieto, aumentó e institucionalizó la discrecionalidad de la Segob.

Es decir el bloque del PRI-Verde-Panal le dio marco legal a los funcionarios de la Segob para que en esta función sean auténticos mandones. Pero no sólo al Poder Ejecutivo federal. También lo dio a gobernadores y presidentes municipales que, por medio de sus secretarías de gobierno, tendrán las mismas facultades de decidir casi libremente sin contrapeso ni obligación mayor de informar de planes y ejecución a las contralorías propias de cada nivel de gobierno.

Todos los diccionarios explican que mandón es persona que tiene una tendencia exagerada a mandar… o bien quien ejerce como capataz en una mina y hasta el que da la orden de salida a las carreras de caballos. Mandones serán y continuarán usufructuando los resultados de ese gasto. Los mandones mexicanos ya tienen otro reino legalizado.

Demócratas y gambusinos

Sócrates y Alcibíades
Sócrates y Alcibíades.

Pilar Torres Anguiano

Para Don Juan Arredondo Vilet

Tábano: Insecto díptero, del suborden de los braquíceros, parecido a la mosca
pero de mayor tamaño, cuya hembra produce picaduras dolorosas.
Diccionario de la Real Academia Española

La forma tradicional de buscar oro consiste en hacerlo en las orillas de un río, empleando solo un sartén o criba. Se recoge tierra del fondo y se lava cuidadosamente con la ayuda del agua del propio río. Esta técnica requiere de paciencia y perseverancia.

A veces, andar en las redes sociales es como buscar oro a la antigüita. La mayor parte de las cosas que uno se encuentra son tierra, arena, piedras o bichos; pero a veces encontramos verdaderas pepitas de oro, como esta frase cuasi socrática, compartida en Facebook por una de mis comadres: “Si te dicen gorda, te traumas y en friega te pones a dieta; pero te dicen idiota y no veo que agarres un libro”.

Y sí. Dice Sócrates que la gente se ocupa de muchas cosas, de su fortuna, su reputación, pero no de sí mismos; es decir, de su alma.

Son tiempos difíciles para nosotros, los ciudadanos normales y apartidistas. Apenas una pequeña crítica hacia alguno de los candidatos presidenciales y se nos deja venir todo el ejército virtual, porque consideran que criticar a uno implica vitorear al otro (como si la demagogia fuera exclusiva de la derecha, del centro o de la izquierda). A base de insultos te tachan de vendida, fascista, oficialista o populista… anti demócrata, pues. Curiosa la forma en la cual a veces se toma a la democracia como bandera en asuntos contrarios a ella.

El mismo Sócrates, padre fundador del pensamiento de occidente, se muestra siempre pesimista en torno al tema de la democracia. Así lo hace saber en varios momentos, especialmente, en Libro VI de La República de Platón. Ahí, el filósofo recurre a una analogía entre la ciudad y un barco para preguntar qué tipo de personas deberían tener la oportunidad de elegir al capitán de la embarcación: un grupo de expertos en temas de navegación o un grupo cualquiera de personas. Como era de esperarse, su interlocutor responde que son los expertos quienes deben elegir, porque de lo contrario el barco podría naufragar. Así, Sócrates señala el talón de Aquiles de la democracia electoral.

Para el filósofo, votar no puede ser una intuición aleatoria, sino un oficio que debe ser enseñado a la gente, de forma sistemática. Tal pareciera que el propio Sócrates sabía que padecería en carne propia el defecto negativo que vislumbraba en la democracia. No olvidemos que –spoiler alert– en el proceso en el que fue juzgado por ‘corromper a la juventud’, el jurado voto democráticamente, y se le declaró culpable por un pequeño margen en la votación.

En otro de sus ejemplos, Sócrates plantea un debate entre dos candidatos: un vendedor de dulces y un médico. Afirma que el vendedor deleitaría al pueblo ofreciéndole sus dulces, agradables aunque dañinos a la larga; mientras que su contrincante solo tiene para ellos menjurjes amargos y procedimientos dolorosos y caros, pero que son ‘por su bien’. Como resultado, el pueblo seguirá eligiendo a muchos vendedores de dulces y a muy pocos médicos.

Con todo respeto, yo añadiría que, al menos en el caso de México, las cosas no son tan simples: hay quienes se presentan como médicos y son peores que los vendedores de dulces. Por tanto, debemos desarrollar la capacidad de distinguirlos. La democracia vista así es problemática: por un lado, parece cierto que las personas más instruidas votarían mejor. Por otro, el pueblo es libre y todos son iguales ante la ley.

Sócrates discute estos temas con Alcibíades, en un diálogo platónico del mismo nombre. Su interlocutor es el típico ‘niño bien’: un tipo carismático, apuesto y poderoso, aunque negligente y demagógico, que está a punto de dirigir un discurso político al pueblo de Atenas; pero Sócrates le demuestra su incapacidad. Tal incompetencia surge de querer hablar de cosas que desconoce. El filósofo busca hacerle ver que, si quiere gobernar a los demás, debe comenzar por instruirse y el medio para lograrse es atender primero a su persona. Conócete a ti mismo, decía el Oráculo de Delfos.

Una persona no puede perfeccionarse si ignora lo que es; ni desenvolver su naturaleza sin antes saber cuál es ésta.  La esencia de la naturaleza humana es la libertad y esta sólo se ejercita a través de la virtud. Así, la clave socrática consiste en el ejercicio de la virtud para ser más libres. Conocerse y cuidarse a sí mismo para ser más –y mejor– sí mismo.

En ‘La Hermenéutica del Sujeto’, Michel Foucault afirma que este cuidado de sí se refiere más propiamente a una inquietud de sí: ‘una especie de aguijón que se clava en la carne de los hombres como principio de desasosiego’ y que implica una serie de acciones por las cuales las personas –y los pueblos– se hacen cargo de sí mismas, aunque este proceso no sea fácil ni agradable. Entre otras cosas, ese desasosiego que implica la inquietud de sí se manifiesta en los dilemas propios de la democracia.

Por ello, sostener en la práctica la afirmación de que, por el bien de la democracia, únicamente los más capacitados deben ser quienes votan, es antidemocrático. Este dilema político también es un dilema moral. Y es que no se puede atentar contra la libertad de la gente, aunque sea por su bien. Dicho en otros términos, el fin no justifica los medios. Las personas son libres y su decisión debe respetarse. Aunque sea la equivocada. No se trata de decirles lo que deben pensar, sino acostumbrarlas a que piensen por sí mismas.

Así decía el siempre irónico Sócrates, ‘el tábano de Atenas’, haciendo honor a su apodo en referencia a esas moscas gigantes que revolotean junto a los caballos y vacas, sin dejaros en paz. Lo mismo pasa con la filosofía, una vez que nos pica.

Los gambusinos criban la arena para encontrar oro. Esa es la labor de la educación, pero debe partirse del presupuesto de que todas las personas, potencialmente, son ríos de los que puede extraerse oro. Aunque el proceso sea difícil. Poniendo el dedo en la llaga, sin duda, Sócrates enriqueció la democracia fomentando el espíritu crítico de los ciudadanos de Atenas. La democracia no es perfecta, pero es lo que más se parece al alma humana y nadie dijo que el precio de la libertad fuera barato. Bien vale la pena pagarlo y hay que seguir intentándolo.

@vasconceliana

Es momento de debilitar al INAI

Renata Terrazas*

Nos hemos acostumbrado a que en México ocupen cargos públicos personas en las que no confiamos. En este momento hay varios personajes que aspiran a ser nuestros legisladores desde la figura de los plurinominales. Esta figura, que en su momento representó la puerta de entrada para los partidos de oposición, hoy parece más un premio a los operadores políticos que un reconocimiento a las trayectorias políticas.

Ningún partido se salva. Nos imponen a estos personajes porque forman parte de las cuotas acordadas, de los pagos de favores o de un mandato a futuro para operar en la Cámara de Diputados o el Senado a favor del partido.

Es en ese entendido y sentir que se identifica la figura de la ex comisionada del Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos (INAI), Ximena Puente. Su salto de titular de un órgano regulador del poder a las filas mismas de ese poder, como candidata plurinominal, sumió en la indignación a toda persona que aún espera un mínimo de ética entre nuestras y nuestros funcionarios. Al partido no le importó, a la ahora candidata tampoco.

Nos hemos acostumbrado a los ataques a las instituciones de esta forma, los hemos normalizado. Consideramos como actuar común los bajonazos de las y los funcionarios a sus propias instituciones. La indignación por la conducta poco ética de Ximena Puente se quedará en los anales de la ignominia, entre actos de corrupción y asesinatos a estudiantes; porque el gobierno y el crimen organizado nos han mostrado una cara tan cruel que el mal actuar de nuestros funcionarios queda un nivel menor, de ligera indignación.

Y de esta forma vamos haciendo a nuestras instituciones más débiles, poco a poco. El INAI tiene tiempo sin cumplir las expectativas de la sociedad civil. Entre decisiones tibias como órgano regulador del poder y poca proactividad en la apertura de información; un pleno dividido ha mostrado dos formas de entender la transparencia: una garantista, la otra no tanto.

En este contexto de debilitamiento del INAI se llevó a cabo la designación de sus dos comisionados faltantes. En primer lugar, debieron ser dos mujeres las designadas, para así garantizar la equidad de género en el pleno; pero eso no le importó a una mayoría abrumadora de senadores priistas. En segundo lugar, debieron ser personas con reconocimiento de la sociedad; pero eso no le importó a la mayoría priista y eligió a un hombre sobre el cual pesan varios cuestionamientos sobre su ética laboral.

¿Son ciertas esas acusaciones que vimos en varios periódicos del país? No lo sé. Lo que es cierto es que el prestigio de un funcionario y un político tendrían que ser el mayor valor posible; porque de ello debería depender su permanencia en el ámbito público.

En México esto es un tema menor y nos damos el lujo de designar a perfiles sobre los cuales se levantan sospechas sobre su actuación. Tal parece que a los senadores no les importó cuidar la institución que ellos mismos construyeron en 2014. Parece que los senadores decidieron darle otro golpe de legitimidad a una de las instituciones más jóvenes del país, a uno de nuestros órganos garantes de derechos humanos.

Hoy más que nunca debemos defender nuestras instituciones, sobre todo de los ataques de los actores políticos que buscan controlarlas poniendo a sus cuates, de aquellos partidos que les recortan el presupuesto, de aquellos que aumentan la desconfianza en la designación para alejarlas de la sociedad civil.

El Senado mexicano tomó dos decisiones erróneas: no garantizar la equidad de género en la conformación del pleno del INAI –el cual queda con cinco hombres y dos mujeres–, y elegir al perfil más cuestionado de todas y todos los aspirantes. El Senado mexicano nos dio dos mensajes claros: no le importa la equidad de género en el país y no quiere fortalecer las instituciones.

Por cierto, el título es sarcasmo.

* Investigadora de Fundar, Centro de Análisis e Investigación