La pandemia y el proceso electoral en curso llenan profusamente todos los espacios de comunicación e información, al punto de restar visibilidad a otros fenómenos. En la recámara, la sala, el comedor y la cocina hablamos de las vacunas, del tiempo de encierro voluntario y no, de las personas cercanas o lejanas a nosotrxs que han tenido la desgracia de contagiarse, incluso de haber muerto. Hablamos igual de los partidos, de sus buenos y malos candidatos y candidatas, del INE y sus decisiones, del presidente de la República y sus dichos, de lo que se juega en esta elección intermedia, etcétera.
Se platica igual, en la calle, el super, el transporte. Lo hacen quienes deben salir de casa y no han tenido la “gran suerte”, sí, aunque suene irónico, de “quedarse en casa” y seguir trabajando y cubriendo sus necesidades, comenzando por las más básicas como comer y pagar las medicinas y los servicios.
Cierto es que la pandemia ha cambiado nuestra vida para siempre, no hay manera de volver a vivir como lo hacíamos antes de su llegada. Al igual, que otra de las pandemias más letales que la humanidad ha visto, la Peste Negra, la del coronavirus ha marcado un antes y un después, aunque aún no alcemos a dimensionar la magnitud de las transformaciones, sociales y personales, que se están gestando.
Las elecciones, por su parte, no cambiarán al mundo, pero sí a México. Después de estas, con el muy probable triunfo de Morena y, por tanto, de Andrés Manuel López Obrador, se profundizarán las transformaciones propuestas bajo la Cuarta Transformación (4T). Y aún si así no fuera, en el remotísimo caso de que los partidos de oposición, tres en particular, el PAN, el PRI y el PRD, unidos en la Coalición “Va por México” lograran arrebatarle el triunfo al gobierno de la 4T, el país enfrentaría cambios que solo pueden imaginarse bajo una visión prospectiva y que apuntan a la imposibilidad de volver al pasado y la certeza de un futuro incierto, aunque parezca un contrasentido.
Pero, a pesar de lo dicho y la evidencia de que lo que se avecina, positivo y negativo, es de una importancia suprema, no puede negarse que ambos fenómenos actúan como un velo que nos impide mirar más allá.
La complejidad de la vida humana no puede reducirse a pandemia y elecciones, a semáforos rojos, naranjas, amarillos o verdes; a precampañas, campañas o poscampañas; a primeras, segundas, terceras o cuartas olas.
Muchos otros temas ocupan el espacio de la esfera pública, aunque al parecer pasen desapercibidos. Muchas dinámicas cotidianas nos arrancan de la vista del cubrebocas, las caretas, los spots (millones, por cierto), de los intentos, exitosos unos, fallidos otros, por llevarnos a votar por uno u otro partido.
Siendo así, la pregunta es: ¿cuáles son esos otros temas? ¿quién o quiénes hablan de ellos? ¿en qué plataformas transcurren? Es evidente que podría haber tantas respuestas como personas en el mundo; sin embargo, siempre hay posibilidad de reducir la complejidad aglutinándolas bajo rubros reconocibles.
Vaya aquí una propuesta: La entrega de los premios Oscar. Se dirá que, frente a la pandemia y las elecciones, pensar en las películas que serán premiadas por una de las industrias más rentables de la tierra en la materia, Hollywood, es algo poco menos que trivial.
Sin embargo, la existencia de directores y películas de culto permiten afirmar que el cine va más allá de un simple entretenimiento y que hunde sus raíces en todo aquello que significa ser humanx.
El llamado “séptimo arte”, al que anteceden la arquitectura, la escultura, la pintura, la música, la danza y la literatura, va más allá de la ficción vacía y sin sentido. Las películas nos brindan la posibilidad de vivir múltiples vidas y salir de los límites que imponen los estrechos marcos en los que la sociedad nos aprisiona. Dan rienda suelta a nuestra imaginación y nos permiten transcender el tiempo y el espacio. Pueden ser un parámetro para la vida, de ellas podemos recibir consejos, ejemplos, críticas, información, opciones para la acción, recetas para el amor, acompañamiento en el desamor, consuelo en el dolor. Sus historias permiten llenar los vacíos que el andar cotidiano va dejando y pueden, incluso, hacernos mejores o peores personas.
Y hoy, justo ahora, son el pretexto perfecto para dejar de pensar en la pandemia y en las elecciones, aunque solo sea por algunas horas. No como un escape irresponsable del cuidado de nuestra salud o de nuestras obligaciones ciudadanas, sino como una sana manera de hacer un alto y alimentar nuestros sentidos con estímulos que nos recuerden que la vida es algo más que solo dos eventos para adentrarnos en las profundidades de otras formas de pensar, sentir, vivir.
Casi me atrevo a decir que no ha vivido quien no ha reído, llorado, temblado, soñado, amado, comprendido, gritado, maldecido, odiado o bendecido con una película. Igualmente, quien no ha sentido cómo su corazón se acelera al escuchar la música que anticipa el inicio de una nueva historia.
Fábrica de emociones falsas, de sonrisas impostadas, de llanto simulado, de amor fingido, de odio inventado, de temor sembrado, de ilusiones imposibles. Puede ser, pero… ¿qué hay de aquello que producen? ¿de aquello que replican? ¿de aquello que nuestras neuronas espejo identifican como digno de ser replicado, de la empatía que nos hace humanxs?
En gran medida, las películas son el reflejo de lo que la gente y la sociedad son o quisieran ser. Son una proyección de formas de vivir, pasadas y futuras. Son evidencia de las luces y los abismos por los que ha transitado o transitará la humanidad. Son, al final, producto de nuestra cultura, de nuestros miedos y ambiciones, de nuestras esperanzas y deseos.
En esta ocasión, las películas nominadas a los Premios de la Academia que serán entregados en la gala del domingo 25 de abril son: Mejor Película: “El Padre”, “Judas And The Black Messiah”, “Mank”, “Minari”, “Nomadland”, “Una joven prometedora”, “Sound Of Metal”, “El juicio de los 7 de Chicago”; Mejor Película de Animación: “Onward” “Over the Moon”, “Shaun the Sheep Movie: Farmageddon”, “Soul”, “Wolfwalkers”; Mejor Película Internacional: “Otra ronda”, “Better Days”, “Collective”, “The Man Who Sold His Skin”, “Quo Vadis, Aida?”; y Mejor Documental: “Collective”, “Crip Camp”, “El agente topo”, “My Octopus Teacher”, “Time”.
Otras más que no fueron nominadas pero que vale la pena ver son: “Tigre Blanco”, “La madre del blues”, “News of the World”, entre otras. No anticiparé ninguna de sus tramas para que quien no las haya visto tenga la oportunidad de hacerlo con la sorpresa de la primera vez. No listaré tampoco a las actrices y actores nominados ni los premios que se darán en otras categorías con intención de que tú te involucres en su búsqueda.
Queda en ti también proponer otros de los muchos temas que han sido subsumidos bajo el velo de la pandemia y las elecciones y la tarea de guiarnos por estos con la esperanza de que podamos mirar aquello que un virus y la necesidad de elegir a quien ha de ocupar un cargo de elección popular ha oscurecido.
Ivonne Acuña Murillo.
Socióloga feminista, académica de la Universidad Iberoamericana. Analista política experta en sistema político mexicano y género. Autora de más de 250 artículos periodísticos y 25 académicos publicados en periódicos y revistas de circulación nacional. Ha contribuido al análisis del presente y el futuro de un país que se desgarra en múltiples medios escritos, radiofónicos y televisivos, tanto nacionales como internacionales.
¿Quién ganará las elecciones? ¿Morena o el INE? Autora: Ivonne Acuña Murillo







