Inicio Opinión ¿Quién ganará las elecciones? ¿Morena o el INE? Autora: Ivonne Acuña Murillo

¿Quién ganará las elecciones? ¿Morena o el INE? Autora: Ivonne Acuña Murillo

Imagen ilustrativa. Foto: @lorenzocordovav

Como si de una pelea de Box se tratara, el Instituto Nacional Electoral (INE) se arremanga y se sube al ring electoral.

La lógica es, al parecer, que, en el contexto de estas elecciones el INE ponga en el camino del Partido de Regeneración Nacional (Morena) tantas piedras como sea posible. La falta de competitividad demostrada por la oposición partidista “Va por México”, integrada por el Partido Acción Nacional (PAN), el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el Partido de la Revolución Democrática (PRD), impone la búsqueda de estrategias alternativas para FRENAAR la consolidación de la Cuarta Transformación (4T), encabezada por el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador.

El descrédito de los partidos mencionados, sus fallidos resultados y la falta de un verdadero proyecto de Nación capaz de competir en contra de la 4T, han hecho necesario echar a andar la maquinaría política con que han contado, en elecciones anteriores, los grupos de poder político y económico en México. Sin embargo, a diferencia de elecciones anteriores y ante la inminencia del triunfo morenista en los comicios intermedios, de acuerdo con las principales casas encuestadoras, los actores principales del “complo”, ese que se dice no existe, abren sus cartas y se muestran sin empacho alguno.

Empresarios como Claudio X. González Guajardo y Gilberto Lozano González, líder visible de FRENAA (Frente Nacional Anti-AMLO), y la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex), así como un conocido grupo de intelectuales, entre ellos Héctor Aguilar Camín y Enrique Krauze, a los que se agregan miembros de los medios de comunicación como Carlos Loret de Mola y Víctor Trujillo (Brozo), entre muchos otros, se oponen abiertamente a la continuación del proyecto de gobierno de López Obrador, sin importar si esto contraviene la voluntad ciudadana de más de 30 millones de votantes, expresada en las urnas en las elecciones de 2018.

Estos personajes y todos aquellos que prefieren seguir en las sombras se han visto en la necesidad de enfocar sus recursos a partir de estrategias como “Todos por el mismo”, llamando al “voto útil”, en cuanta red social se pueda, en contra de Morena, con la clara intención de impedir que el presidente renueve su mayoría en la Cámara de Diputados y aumente su influencia territorial al ganar la mayoría de los puestos que están en juego en estas elecciones.

Lo anterior permite sostener, una vez más, la existencia de un dispositivo de poder, a partir del cual han operado desde décadas atrás las élites políticas y económicas cuyos privilegios se verían afectados en caso de llegar López Obrador a la presidencia de la República. (Leer mi artículo “Andrés Manuel: el presidente respondón y el dispositivo de poder”, publicado el 21 de septiembre de 2020 en el sitio de Julio Astillero).

Dicho dispositivo, a pesar de haber sido operado una vez más, como en las elecciones de 2006 y 2012, no funcionó debido al voto masivo que caracterizó al triunfo lopezobradorista en 2018. Sin embargo, esto no quiere decir que haya desaparecido ni que se encuentre inactivo. El ataque parcialmente descrito arriba así lo refrenda.

La pregunta entonces es: ¿qué papel desempeña el INE en este entramado? La respuesta lógica es que la falta de resultados aparentes por parte de quienes han decidido obstaculizar al gobierno de la 4T ha llevado a la injerencia necesaria, y abierta, de algunos de los consejeros del INE. No es la primera vez que ocurre dicha injerencia por lo que puede afirmarse que el INE, antes Instituto Federal Electoral (IFE) ha operado como parte del dispositivo de poder, como se documentó en las elecciones de 2006. (Leer de Ivonne Acuña Murillo, “Sociedad dividida”, texto publicado por la revista UIC Foro Multidisciplinario, de la Universidad Intercontinental, en el número 2, octubre-diciembre de 2006, versión disponible en la Red).

Se argumentará que esta institución y sus consejeros sólo han buscado la aplicación correcta de la ley al limitar, primero, la transmisión de las Conferencias de Prensa de todas las mañanas, así como aquello que el presidente podía o no decir.

Que lo hicieron también cuando definieron una serie de reglas para evitar que haya una sobrerrepresentación de partidos políticos por encima del 8% en San Lázaro, como dicta la Constitución. Sin embargo, la duda aquí es porqué decidieron hacerlo a medio proceso electoral y no esperaron, como siempre, a proponer cambios en la ley electoral una vez terminados los comicios. Se vuelve difícil pensar que dicha medida no apunta directamente a Morena, como una estrategia para impedir que en la próxima Legislatura este partido logre la aprobación del presupuesto y de las reformas legales necesarias para la continuación del proyecto de gobierno de la 4T.

Después, nuevamente al amparo de la ley, decidieron negar el registro a 61 candidatos de Morena, especialmente a Félix Salgado Macedonio y a Raúl Morón Orozco, candidatos a las gubernaturas de Guerrero y Michoacán respectivamente, bajo el argumento de un incumplimiento en la entrega de los reportes de gastos de precampaña. Ciertamente el criterio utilizado responde a lo que dicta la ley, pero la duda aparece de nuevo cuando han aplicado a Morena el rigor que no habían ejercido en contra de otros partidos políticos, PAN, PRI, Partido Verde Ecologista de México (PVEM) cuando rebasaron los topes de campaña o cuando violaron abiertamente las leyes electorales.

Esto es, el reproche no es por su “impecable” aplicación de la ley, sino por la selectividad con que han decidido hacerlo, justo ahora en que Morena parece en ruta de un nuevo triunfo electoral.

Pero, lo que más apunta a un protagonismo innegable del árbitro electoral son las declaraciones del consejero presidente Córdova Vianello encaminadas a negar pasados fraudes reduciéndolos a una “simple picaresca”, como afirmó en encuentro con la Secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, el 6 de abril de 2021.

Textualmente dijo: “La boleta electoral es una muestra fehaciente y palpable de que hoy en México no tiene sentido, desde hace varios años, hablar de fraude electoral y de prácticas que formaron parte de una lamentable picaresca política, afortunadamente superada, como el ‘ratón loco’, los ‘padrones rasurados’ o los ‘muertos que votan’, ‘las urnas embarazadas’”.

Acierta el consejero presidente en lo que respecta a que los cambios en las leyes electorales y en torno al funcionamiento del INE han limitado las posibilidades de un fraude electoral; sin embargo, su afirmación no alcanza para dejar de suponer la búsqueda de otras estrategias que, bajo el supuesto amparo de la ley, permitan estorbar la voluntad ciudadana, antes, durante o después del proceso electoral.

Por otro lado, reducir las prácticas fraudulentas del pasado a la “picaresca política” es negar la existencia de una bien estructurada y aceitada maquinaría priista que a través de una continuada simulación democrática negaba a la ciudadanía el derecho a elegir a sus gobernantes.

La estrategia discursiva de Córdova Vianello no sólo minimiza los fraudes pasados, sino que busca negar, a través de la ridiculización y la minimización la existencia, hoy mismo, de un dispositivo de poder armado para impedir que un proyecto de tendencia izquierda, que busca reducir los beneficios de los grupos de poder y redistribuir, sino la riqueza nacional, si el presupuesto público en favor de las clases menos favorecidas.

Se puede concluir, parcialmente, que la historia del INE y algunos de sus miembros apuntan a suponer que se han puesto los guantes de box para convertirse en un actor más en la presente contienda electoral.

Pero ¿cuál es la estrategia del otro contendiente? Sí, de Morena.

Por cuestión de espacio, se puede decir de manera resumida que dos han sido sus estrategias frente al arbitro electoral: primero, sostener el discurso de victimización según el cual, ciertos consejeros hacen todo lo posible por obstaculizar el triunfo de sus candidatos y candidatas. Lo cual, por otra parte, parece cierto.

Segundo, tratar de no cumplir con las reglas de la institución electoral a partir de lo que parece una confusión semántica sobre ¿en qué momento se le puede llamar “candidato o precandidata” a un pretendiente a ocupar un puesto de elección popular? y ¿en qué momento una precampaña realmente lo es?

En este punto, llama la atención que la dirigencia de Morena no se haya preocupado por aclarar tal confusión, ni por atender los avisos del mismo INE en torno a que sus candidatos y candidatas estaban incumpliendo con la obligación de informar sobre sus gastos de precampaña dando a los consejeros aludidos y otros miembros del INE la oportunidad de dejar sin registro ni candidatura a 61 de los interesados, especialmente a Salgado Macedonio y a Raúl Morón, quien si entregó a su partido, en tiempo y forma, su reporte de gastos de precampaña, mismo que Morena decidió no entregar al INE.

Si se sospecha del árbitro, para qué darle la oportunidad de sancionar, basado en las disposiciones legales, una conducta que pudo haberse prevenido, para después vociferar, reclamar, pedir la intervención del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), hacer plantones y pedir la “extinción” del INE, como hiciera el presidente nacional de Morena, Mario Delgado Carrillo, o amenazar con que si él no es el candidato no habrá elecciones en Guerrero, como hizo Salgado Macedonio, quien irónicamente podría quedarse sin la candidatura por faltas administrativas y no por las acusaciones de violación sexual y la petición de las mujeres de dentro y fuera de Morena.

Entre estos dimes y diretes, el TEPJF devolvió al INE los 61 casos para que vuelva a revisarlos y aplique en cada uno la sanción proporcional. Pero ¿qué necesidad? ¿para qué tanto problema?, diría el Divo de Juárez, ¿por qué, pudiendo evitarlo, ponerse en las manos de un árbitro al que no se le tiene confianza?

De esta manera, ciertos intereses, convicciones y compromisos de algunos consejeros sumados a la provocación de Morena, llevan al INE, para no variar, a convertirse, abiertamente, en juez y parte.

Si se piensa en el INE como un adversario más de Morena, se vuelven relevantes las preguntas, ciertamente retóricas ¿o no?: ¿Quién ganará las elecciones? ¿Morena o el INE?

Las decisiones cupulares, la fuerza de las armas y el terror son el trasfondo de la ilusión democrática mexicana. Autora: Ivonne Acuña Murillo

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