La democracia en México: sus límites y posibilidades en los tiempos de la Cuarta Transformación. Autor: Mtro. Mario García Gallegos

FOTO: FERNANDO CARRANZA GARCIA / CUARTOSCURO.COM

Mtro. Mario García Gallegos @mariogarciagal6

En México, hoy en día es creciente el interés por debatir el rumbo de la democracia; así, ya sea en la radio, la tv, los periódicos y más en las redes sociales, no dejamos de darnos cuenta de los contenidos aludidos al tema, cuya orientación desborda en algunos casos en la denostación y en el amarillismo de la nota, más que en las posturas de formación crítica de los ciudadanos, lo que debería ser -suponemos- la misión principal del periodismo.

Tratando de no ser arrastrados por las posturas tremendistas que se corresponden con las resistencias frente al cambio acelerado de la vida política en nuestro país, podemos coincidir en la necesidad de discutirla, pues de su construcción compartida y consensuada en la comunidad, así como de la participación de los ciudadanos en ella, depende su futuro en términos de una organización social justa y equitativa para todos los mexicanos. Sin embargo, ese interés en la democracia no parece encaminarse en las mejores condiciones para alcanzar su objetivo social y político; es decir, se debate desaforadamente haciendo abstracción de su cometido para negarla en cuanto al orden político nacional encabezado por nuevos poderes y actores; por contra, en algunas regiones del país, ahora aparecen adalides de ella, bajo una supuesta defensa de las entidades federativas ante el avance del centralismo político, al que se acusa de destruir a las instituciones, las que, según los nuevos defensores- fueron construidas con mucho esfuerzo a través de los años y constantes luchas.

Para los observadores del acontecer político nacional, no pasan desapercibidas las situaciones que se presentan en los tiempos políticos y sociales de la construcción del nuevo régimen de gobierno, el cual se asume como legítimamente democrático y resultado de largas y soterradas luchas del pueblo mexicano. Y ese gobierno que se anuncia como de la Cuarta Transformación, no da por hecho que ya se haya llegado a la plenitud de la democracia, sino que apenas estamos en camino de hacerla y se accederá a nuevas formas de vida y de gobierno con la participación popular. Con lo anterior, llegamos a distinguir dos posturas en la discusión sobre la democracia en México: Una, que considera a la democracia como un hecho acabado y del que solamente hay que hacerle algunos ajustes para que siga funcionando como hasta ahora; y una segunda que la asume como una frustración de la idea formal legal.

Lo anterior nos recuerda las circunstancias que Pablo González Casanova observó hace cincuenta años en la sociedad mexicana, moviéndolo a investigar sobre la cuestión y escribir luego la obra La Democracia en México (Ed. Era,1952).

Recuperando el leitmotiv de don Pablo y en atención a que es necesario responder a un abordaje del tema, para luego discutirlo racionalmente en tanto que se construye como objeto de estudio, con estas notas, -sin pretender equipararlas con la investigación de don Pablo- discutimos sobre la democracia esperando que las reflexiones sean compartidas por los ciudadanos lectores y sirvan para trazar en un debate civilizado, los caminos cívicos de su construcción como un proceso participativo que enfocamos desde dos vertientes: una, referida a su presentación en los textos legales, y otra que la examina desde el régimen concreto al que hemos arribado. La cuestión que importa dilucidar en este contraste es preguntarnos por la participación de los ciudadanos en la subsistencia y continuidad de la democracia y saber si esa concreción obedece a sus aspiraciones por el grado de intervención en la misma.

El interés que nos anima es mostrar cómo se presenta en estos momentos en el país y establecer un marco de análisis hacia el porvenir en el estado de Guanajuato -en tanto que examen analítico-, considerando las imbricaciones de lo nacional con lo local y permita observar el proceso de construcción de la democracia por los partidos políticos, el aparato de gobierno en sus tres niveles y por los ciudadanos.

Al ocuparnos de la revisión de la democracia como un proceso a construir, empezamos el análisis desde su ángulo formal, es decir legal y como aparece inscrita en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, pero cuya regulación no ha beneficiado a todos por igual. En este sentido, la obra política se enlaza con las tareas del desarrollo económico y si nos detenemos en una revisión de ambas cuestiones, las dos adolecen de magros resultados, empezando por la segunda, en la que tenemos 52.4 millones de personas en la pobreza (Coneval, 2018). Ahora, si nos remitimos a la conformación de la democracia como procedimiento de aplicación, ha habido errores, trampas y engaños por nuestras clases dirigentes al amparo del atraso económico y la escasa conciencia crítica de los ciudadanos.

Frente a esto, ha habido voces que se preguntan por lo que le falta a nuestra democracia para que funcione y haya justicia social. Así, por ejemplo, dice Diego Valadez que a nuestra democracia le falta el voto libre, porque éste se encuentra condicionado todavía por la manipulación. Lorenzo Meyer considera que una de las situaciones que gravitan sobre la democracia en México, es la pesada carga de autoritarismo proveniente de la Colonia, lo que lleva a pensar todavía hoy entre las clases dirigentes que el pueblo está para callar y obedecer. De lo anterior deviene

un sistema que no es ni autoritario ni democrático debido a que no hemos tenido elecciones genuinas y limpias sino más o menos fraudulentas. Empero, frente a ese autoritarismo y engaño recurrente que obstaculizan el desarrollo democrático de nuestra sociedad, también hay quienes dan cuenta de las posibilidades de un futuro esperanzador, como lo dice Ricardo Pozas Horcasitas: “es la ciudadanía la que debe romper con esos círculos perversos y contribuir a la reconstitución de las instituciones y hacerlas socialmente creíbles”.

Esas palabras fueron una especie de pronóstico de la oportunidad que se abrió con la victoria obtenida en las elecciones del 1o- de Julio de 2018, al ganar el Movimiento de Regeneración Nacional con 30 millones de votos la presidencia de la República, triunfar en la obtención de la mayoría de la Cámara de Diputados y del Senado, así como alcanzar cuatro gubernaturas y la mayoría en 16 Congresos locales.

De acuerdo con la posibilidad entrevista, la ciudadanía logró sobreponerse al autoritarismo, al fraude y al engaño con las victorias logradas, iniciando con ello una nueva práctica del diálogo en la relación Estado-Ciudadanía, orientada a la reconformación de las instituciones y hacer posible la esperanza de justicia para las mayorías empobrecidas.

Las tareas emprendidas por el nuevo gobierno a casi dos años de su ejercicio, deja en claro lo que pretende: 1) Impulsar la democracia participativa como eje de acción para transformar la vida pública; 2) Una campaña para erradicar la corrupción; 3) La asignación de pensiones a los adultos mayores; 4) El otorgamiento de becas a los estudiantes de educación media superior y superior; 5) Becas para los jóvenes que no estudian ni trabajan, y 6) Un conjunto de proyectos de obra pública en el Sureste del país con los que se busca remontar los atrasos en el desarrollo regional.

En los dos primeros puntos que señalamos de la tarea gubernamental, se observa como objetivo lo que señala Ricardo Pozas Horcasitas del esfuerzo para la reconstitución de las instituciones y que sean socialmente creíbles. En este sentido cobra relevancia la iniciativa de revocación de mandato del presidente de la República mediante una consulta al pueblo y decidir si éste continúa en el puesto o lo debe dejar. Creemos que esta medida es una oportunidad de que los ciudadanos potencien su capacidad democrática y la incorporen como un instrumento necesario en el desarrollo político del país. Respecto a las pensiones, las becas y la asignación de recursos para los desempleados, observamos que apuntan a un proceso de empoderamiento de los sujetos, de modo que no se sientan disminuidos en sus derechos a vivir, a educarse y a llevar una vida digna como los demás ciudadanos con mejores condiciones.

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