Entre el CEU y la Pantera Rosa. Autor: Felipe León López

Autor: Felipe León López
A la memoria de Luis Enrique Rodríguez Orozco, Víctor Rosales, Felipe Varela y Susana Nava Ángeles, ceuístas-brigadistas.
Este que ven —quienes me conocen—, ya con varias canas, jamás imaginó que, cuarenta años después, volvería a gritar en coro: «¡Dame una C…! ¡Dame una E…! ¡Dame una U…!». «¿Qué dice?». «¡CEU, CEU, CEU… Universidad!». Y, claro, con el griterío y la euforia regresaron aquellas románticas consignas combativas, pronunciadas al ritmo de la fuerza de la razón y de la exigencia de una educación pública, gratuita, popular y democrática. Éramos jóvenes; todavía creíamos que la razón tenía fuerza propia.
Se habla de cuarenta años porque alguien fijó una fecha para conmemorar un movimiento que, por supuesto, no pidió permiso al calendario para nacer un día preciso de octubre de 1986. Se venía articulando, cuando menos, desde 1984, entre estudiantes, activistas, profesores y trabajadores de la UNAM; pero, sobre todo, entre jóvenes que habíamos vivido la cancelación de oportunidades, el crecimiento de la deuda externa, el abuso de autoridad, la corrupción, el indignante manejo gubernamental de la crisis provocada por los sismos de 1985 y las crecientes dificultades para que jóvenes de bajos recursos pudieran ingresar a la Máxima Casa de Estudios. Tras las devaluaciones de la llamada «docena trágica» —los sexenios de Luis Echeverría y José López Portillo—, a los flamantes tecnócratas se les ocurrió la novedosa receta de siempre: recortar el gasto destinado a la educación pública, la ciencia, la salud y los programas de abasto popular.
Claro, también cargábamos con la experiencia de las movilizaciones de 1968 y 1971, del sindicalismo universitario y de la lucha contra el pago de la deuda externa; incluso teníamos la mirada puesta en los focos guerrilleros de la década anterior. Pero no se espanten: aunque muchos activistas estudiantiles llevábamos en la mochila marxismo, leninismo, maoísmo, guevarismo, luxemburguismo, trotskismo, anarquismo y hasta estalinismo —había espacio para todo en nuestras ideologías de jóvenes rebeldes—, el Consejo Estudiantil Universitario no levantó una bandera comunista ni se proclamó expresión consciente de la lucha de clases. Adoptó algo bastante más liviano y, quizá por eso, más convocante: demandas justas y legítimas, propias del Estado social, dentro de un régimen capitalista que veíamos difícil derribar, aunque todavía creíamos posible suavizar.
En síntesis, las banderas eran más bien liberales y democráticas. Exigíamos que el Estado no abandonara su responsabilidad social: derogación del aumento de cuotas y aranceles; defensa del pase automático; rechazo a las modificaciones de la evaluación académica propuestas por la rectoría; realización de un Congreso Universitario democrático y resolutivo; y, de manera irrenunciable, defensa de la educación pública y gratuita, preservando el carácter popular de la Universidad y elevando a 8 % la proporción del PIB destinada a la educación. El financiamiento de la UNAM, por cierto, había pasado de 0.33 % del PIB en 1978 a 0.18 % en 1985: una de esas proezas contables que luego se presentan como modernización. Y, contra lo que pretende sostener la narrativa de derecha, no hubo plan comunista ni nada por el estilo.
“¡Educación primero, al hijo del obrero!”.
Esas eran las demandas comunes. Después, como suele ocurrir, cada grupo y cada activista fue contando su propia versión de los hechos. En este espacio me corresponde hablar de una de las tres corrientes en que se dividió el CEU. Una se apropió del nombre —y casi de la denominación de origen— de los Históricos; otra, no muy distante, fue la Corriente por la Reforma Universitaria (CRU). La tercera, de la que da cuenta este testimonio, fue CEU Brigadistas: estudiantes quizá más ideologizados hacia la izquierda, más entregados al activismo y, curiosamente, más alejados de los reflectores. Los medios reservaban buena parte de su atención a los dos primeros grupos; La Jornada y Unomásuno hicieron lo suyo. Nosotros, otra curiosidad sociológica, vivíamos sobre todo en colonias populares y municipios de la periferia: Neza, Iztapalapa, Iztacalco, Azcapotzalco, Naucalpan, Xochimilco y Milpa Alta, además de los barrios de Coyoacán y las colonias populares de la Cuauhtémoc.
En nuestra Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, el colectivo estudiantil universitario comenzó a debatir el plan del rector Jorge Carpizo tras el traslado de la «escuelita» de las Islas al Centro Cultural Universitario. Aquel plan tenía la delicadeza de cargar sobre los estudiantes la responsabilidad de las «debilidades» de la UNAM. Con el tiempo, esas discusiones confluyeron en el nacimiento del CEU, cuyo impulso se articuló desde el auditorio Ho Chi Minh de la Facultad de Economía.
Recuerda un compañero y amigo de aquellos años que, durante el Congreso Universitario, mientras Históricos y cruístas se encaminaban hacia el Frente Democrático Nacional, en Ciencias Políticas tomábamos la dirección para repudiar la imposición del director, justo cuando había pasado un movimiento que exigía poner fin al influyentismo. Fueron diez meses de ocupación. Una huelga del STUNAM, a la que respaldamos, permitió además que colonos de Lomas del Seminario —desplazados y engañados por la Regencia del DDF— encontraran refugio en nuestras aulas y en el campus. De esa experiencia surgiría una de las organizaciones más importantes del movimiento urbano popular: el Frente Popular Francisco Villa. Mientras algunos preparaban el siguiente escalón electoral, otros abrían las aulas para que la gente tuviera dónde dormir.
Todavía quedan muchas historias por contar sobre lo que el Consejo Estudiantil Universitario cumplió y lo que dejó pendiente. Más aún ahora que dirigentes de los Históricos y de la CRU han sido legisladores y funcionarios de los gobiernos de la Ciudad de México y de la Presidencia de la República. A sus líderes hay que reconocerles que ayudaron a contener el tijerazo presupuestal contra la UNAM y las medidas que habrían excluido a cientos de estudiantes antes de concluir una carrera. Pero también hay que reclamarles que utilizaran el movimiento como plataforma político-partidista. Cuando pasaron del CEU y la CRU al Movimiento al Socialismo para respaldar la campaña de Cuauhtémoc Cárdenas, dejaron atrás al movimiento, un Congreso sin resoluciones y varias demandas a la deriva, entre ellas una que nos inquietaba especialmente: la democratización de la UNAM. La historia avanzó; la democratización, al parecer, perdió el transporte.
Porque, eso sí, hace falta revisar históricamente cómo el MAS —con Rosario Robles y Carlos Ímaz entre sus figuras principales— se apoyó en Cuauhtémoc Cárdenas para obtener posiciones y conquistar las dirigencias del PRD en el Distrito Federal y en el ámbito nacional. También habrá que narrar cómo, llegado el momento, abrió las puertas a Andrés Manuel López Obrador para trasladarlo de Tabasco a la presidencia del partido, pasando por encima de Heberto Castillo, y luego, mediante una decisión controvertida, impulsarlo hacia la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal. Es la historia de cómo se alejaron de Cárdenas, apostaron todo por López Obrador y, con los años, alcanzaron la candidatura presidencial con Claudia Sheinbaum. No estuvo mal para quienes habían empezado denunciando las carreras políticas.
Hoy, a la luz de los movimientos estudiantiles en Europa contra un modelo capitalista que excluye a los jóvenes y les cancela la posibilidad de un futuro mejor, vale la pena preguntarnos qué nos faltó por hacer hace cuarenta años. También convendría preguntarnos qué hicieron, durante esas cuatro décadas, quienes convirtieron aquellas consignas en credenciales de acceso al poder.
No puedo cerrar esta colaboración sin recordar a los compañeros que me acompañaron: Isaac Mendoza, Fernando Pedro Ramírez, Susana Nava y Angélica Tavira. Y, por supuesto, a los brigadistas que, lejos de los reflectores, trabajaron desde abajo: en las guardias, el volanteo y las campañas por una universidad y un país mejores. Luis Enrique Rodríguez Orozco (DEP), Alejandro Villanueva (DEP), Víctor Rosales (DEP), Alfredo Jiménez (DEP), Felipe Varela (DEP), César Mejía, Benjamín Solís, Ma. Carmen Ventura, Eusebia Noyola, Maricela García, Patricia González, Beatriz Eugenia, Agustín González Cázares, Eduardo Torres, «El Azcapo», Jesús Ibarra, Rocío Vázquez, Hugo Juárez, Marco Tulio Culebro, Guillermo García, Enrique Hernández Cárdenas, Constantino Miranda, Luis Rodríguez Loyola, Octavio Reyna, Rocío Montiel, Xóchitl García, Graco Rojo, Jorge León, Rogelio Alfaro, Leobardo Colín, Eli Homero y otros más que llegan a la memoria por su nombre, y algunos por su apodo: Dora, Erika, Gaby, Boris, Juanita, Sonia e Ismael, Guadalupe Ávila, «La Yupis», Raymundo «El Granadero», «El Molacho», entre tantos otros que mi memoria ya no alcanza a nombrar. La falta es de mi memoria, no de su importancia; ya habrán de manifestarse.
Ellas y ellos fueron el CEU que conocí de cerca. Algunos permanecieron en la academia; otros se incorporaron al movimiento urbano popular y unos más hicieron su vida profesional sin renunciar a sus convicciones. No todos tuvieron micrófono, cargo o fotografía en primera plana. Acaso por eso mismo conviene recordarlos.
Contacto: feleon_2000@yahoo.com
“A Dios le pedí que me cambiara la vida”: difunden inquietante video del presunto feminicida de Miriam y su nieta antes de morir linchado en Chiapas (Redacción Astillero Informa)
Andrés “N”, alias “El Cera”, hablaba de Dios, de un supuesto encuentro con el diablo y de su deseo de cambiar. Días después, fue señalado por el brutal asesinato de una abuela y su nieta de 12 años en Ostuacán, Chiapas, y murió a manos de pobladores que lo sacaron de los separos municipales. Un…
¡Patea un dron, golpea en la cara a una modelo y no la auxilia! Ernesto Chavana desata indignación en televisión (VIDEO) (Redacción Astillero Informa)
El conductor de Multimedios provocó un accidente durante una transmisión en vivo del programa Es Show. La joven recibió el impacto en el rostro y tuvo que abandonar el foro. La reacción inicial del presentador generó fuertes críticas en redes sociales. El conductor de televisión Ernesto Chavana protagonizó un polémico incidente durante una transmisión en…
Gobierno federal desmiente supuesta reunión de Ariadna Montiel con hermano de “El Chapo”; niega reporte de inteligencia (Redacción Astillero Informa)
27 de octubre de 2026.— El Gabinete de Seguridad del Gobierno de México rechazó este martes la existencia de información oficial que confirme una supuesta reunión entre Ariadna Montiel Reyes, dirigente nacional de Morena, y Aureliano Guzmán Loera, conocido como “El Guano”, hermano del narcotraficante Joaquín “El Chapo” Guzmán. El pronunciamiento se produjo después de…
Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad exclusiva de su autor y no representan necesariamente la postura editorial de julioastillero.com.

