La consulta de revocación de mandato: se ciudadaniza o se pervierte. Autor: Felipe León López

Foto: Especial.

Andrés Manuel López Obrador pasó del asambleísmo a mano alzada como dirigente opositor al uso y abuso de las encuestas y consultas como métodos para impulsar sus propias decisiones como gobernante. Una estrategia siempre cuestionable, porque se disfraza de democracia lo que a todas luces es una simulación, el acarreo para una instrucción o imposición desde su condición de líder incuestionable, y en eso, pierde seriedad todo su discurso de progresismo y de anteponer al pueblo por encima de todo.

Del petit committe al asambleísmo

Allá por 1988, y ya pasada la elección presidencial del 6 de julio, Graco Ramírez Garrido Abreu, entonces dirigente del Frente Democrático Nacional ofreció a Andrés Manuel la posibilidad de ser candidato a la gubernatura de Tabasco que se celebraría meses después. Según lo relató al periodista Jaime Avilés, dicha decisión se tardó en tomarla, incluso cuando el FDN ya tenía registrado candidato.

El todavía priista López Obrador había hecho intentos ante Salvador Neme Catillo por asegurar presidencia municipal de Macuspana, lo cual le fue negado, y entonces convocó a un pequeño grupo de amigos tabasqueños, a su entonces esposa Rocío Beltrán y, al quizá más influyente de todos, su real mentor Ignacio Ovalle, para consultarles si aceptaba o no la invitación. Y así renació AMLO desde la oposición.

La fusión del asambleísmo indígena en la chontalpa y la experiencia como dirigente del PRI con sus comités seccionales permitieron convertir los mítines en las asambleas para reafirmar sus decisiones y la dirección de su movimiento.

El ahora presidente recuerda esta experiencia en su libro Tabasco, víctima de un fraude: “Los militantes del PRI respondieron con entusiasmo y responsabilidad. En asambleas democráticas se integraron todos los comités seccionales del estado. Eran más de seis mil dirigentes de base, a los cuales se les capacitó políticamente, conforme a los Documentos Básicos del PRI, y en tareas relacionadas con el desarrollo social […].”.

Así fueron los “éxodos”, los “gobiernos populares”, las tomas de accesos a los pozos petroleros en Nacajuca, los desconocimientos de autoridades, la exigencia de renuncias de sus propias victorias y la justificación para los planes de acción, incluyendo la asamblea para consultar a las bases del PRD tabasqueño si aceptaba o no la propuesta para irse al Distrito Federal a dirigir al partido.

Del asambleísmo a la voluntad de su dedito

El líder nacional del PRD, en alianza histórica con Nueva Izquierda de Jesús Ortega, venció en la elección del partido a Heberto Castillo y Amalia García, sin darles oportunidad de debatir y en medio de fuertes críticas del ex líder del PMT, quien acusaba mano negra de priistas para hacerlo ganar con el 73.9 por ciento de los votos.

Como sea, los venció y ya como líder perredista desplegó sus habilidades de pragmatismo llevando al PRD a obtener tres gubernaturas, gana los congresos locales de varias entidades y en la elección intermedia de 1997 desplazan al PAN como la segunda fuerza política nacional.

Bajo el método de “partido en movimiento”, el asambleísmo se transforma en consultas para decidir qué hacer respecto a banderas políticas con la que se posiciona nacionalmente: el Fobaproa. Y finalmente, aunque negándose a debatir y no opinar sobre el desastroso proceso interno de su partido (pues él sólo y su conciencia se refugiaron en Palenque), acepta una controversial candidatura a jefe de Gobierno del DF.

Con el control de las principales tribus del PRD (IDN y Nueva Izquierda), prácticamente desplaza a Cuauhtémoc Cárdenas y renuncia a debatir y abrir el proceso democrático en el partido.

“El movimiento (y la asamblea) soy yo”

Este apartado merece un análisis más profundo y aparte, porque nace con el movimiento de protesta por el llamado “fraude electoral” de 2006, cuando es AMLO quien marca la pauta y dirige todo. Las consultas populares sólo son simulaciones, como lo han sido las encuestas para elegir a sus candidatos (al nivel de Jefe de Gobierno y gobernadores) y lo serán, en su momento, las encuestas para elegir a los candidatos, desde el presidencial hasta el de regidor.

Hagamos memoria. Al menos tres dirigentes sociales que apoyaron la protesta, se dijeron sorprendidos cuando en el mitin en que se decidió el megaplantón en Paseo de la Reforma. “Se sabe que quienes influyeron en esta decisión fueron Porfirio Muñoz Ledo y Epigmenio Ibarra, secundados por Martí Batres y Rosario Robles, no nos consultaron a nosotros que tuvimos que llevar a las personas a acampar durante 47 días, como tampoco levantarlo exactamente el 15 de septiembre para entorpecer la ceremonia del Grito”.

Democracia directa o la perversión de las consultas

La democracia directa tiene un deber ser indiscutible: sus demandas vienen desde la inquietud de los propios ciudadanos hacia el poder político. Demandas de servicios públicos como salud, educación, agua potable, pavimentación, pesan tanto como el presupuesto participativo, el referéndum, el plebiscito, la iniciativa popular, las consultas populares como la revocación de mandato. El deber ser de todas las consultas ciudadanas es que deben nacer, valga la redundancia, desde los ciudadanos, no desde arriba, no desde el poder o el interés de un partido político, peor aún, un partido político en el poder.

En México, fueron los sismos de 1985, cuando nació la llamada “sociedad civil organizada” y los movimientos sociales, los que abrieron la posibilidad de que nuevas formas de participación ciudadana se desplegaran y quedaran establecidas en nuestra Constitución.

Y así fue, dentro de la llamada Reforma del Estado mexicano de las últimas décadas, la democracia participativa fue ampliando las oportunidades de la ciudadanía para poder intervenir en el proceso de toma de decisiones. Y así fue, la federación y diversos estados tuvieron ajustes a sus constituciones para fomentar en la ciudadanía una cultura política de corresponsabilidad en las decisiones que afectarán, para bien o para mal, su futuro inmediato y de largo plazos.

En pocas palabras, la instauración de mecanismos de democracia directa en México son un triunfo de la sociedad civil, ya sea la llamada “OSC” organizada o desde los movimientos sociales. Y sí, como una fórmula para fomentar la participación quedaron establecidas en la ley de presupuestos los recursos para que las organizaciones la sirvan, la fomenten y la alienten.

Así es como llegamos al debate actual en México, a partir de que el ahora titular del Ejecutivo federal impulsa y promueve a través de su partido, su gobierno, sus aliados e instituciones públicas, simulaciones como “consulta popular” para decidir sobre el Tren Maya, el NAIM y hasta juicio a ex presidentes (sin siquiera una denuncia en curso), y más ahora con la figura de “revocación de mandato”, aprobada recientemente.

En teoría esta iniciativa deja en manos de la ciudadanía la posibilidad de remover al presidente de la República antes de que concluya su mandato. Para que ello ocurra, según la ley, será necesario junta una cantidad mínima de firmas en 17 estados de la República (dos millones 758 mil 227 firmas equivalentes al 3 por ciento de la lista nominal de electores en cada entidad antes del 25 de diciembre del año en curso) y de cumplirse, será el INE el encargado de regular cada una de las etapas del proceso. Si logran juntarse dichas firmas, el 10 de abril del 2022 se llevaría a cabo el ejercicio y su resultado será vinculante si se alcanza una participación del 40 por ciento. Hasta ahora llevan 971 mil 428 firmas recabadas, algo así como 28 por ciento de avance para alcanzar la meta. Una odisea, un reto y una buena provocación para quienes como el FRENAA han querido desde el primer día de diciembre de 2018: destituir al presidente de la República.

La situación no es fácil, porque ningún grupo opositor ha caído en la treta propagandística y ha tenido que ser MORENA y sus voceros los que han promovido dicha consulta juntando firmas a marchas forzadas, bajo la engañosa convocatoria de “RATIFICACIÓN” y no REVOCACIÓN que es como viene establecido en la ley, pues ahí se apunta que quienes llaman a firmar deben hacerlo de manera imparcial y sin influenciar el sentido de la votación
de la ciudadanía.

En materia de comunicación sobre el Revocatorio en el marco de la Ley Federal de Revocación de Mandato, sin duda hay varias violaciones y hasta engaños de parte de Morena y sus cuadros. En cuanto a la operación política, estamos ante otra perversidad, porque ya salieron a las calles organizaciones sociales del movimiento urbano popular en algo que llamaron Unidad de Acción Popular, compuesto por una docena de asociaciones, las cuales denunciaron la coacción y chantaje de que están siendo objeto por parte de autoridades para ser atendidos a cambio de recibir firmas de sus agremiados. La ley reglamentaria de la Revocación de Mandato establece que está prohibido “utilizar recursos públicos para la recolección de firmas o para la propaganda de la Revocación de Mandato”.

Don Jesús Reyes Heroles, hombre de ideas políticas y de letras del antiguo régimen, apuntaba que “seremos inflexibles en la defensa de las ideas, pero respetuosos en las formas, pues en política, frecuentemente, la forma es fondo”. Y sí, la forma es fondo como una antigua regla de la política mexicana y en esta convocatoria será importante que los actuales gobernantes no echen a perder los mecanismos de democracia directa que se han conquistado y los que ellos pretenden impulsar, aunque de muy mala manera y de manera muy manoseada al verdadero espíritu de la participación ciudadana. Porque queda en el ambiente un amargo sabor de estar siendo timados o tratados como ciudadanos sin capacidad de pensamiento y crítica.

Rectifiquen a tiempo y no repitan discursos retóricos y mecanismos engañosos del pasado, si es que son diferentes como dicen.

Contacto: feleon_2000@yahoo.com

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