Honor y Política: ¿Por qué no renuncian, ni antes ni hoy en la 4T? Autor: José Reyes Doria

Foto: Cuartoscuro.

José Reyes Doria

“La ignominia antes que la renuncia”, es una de las divisas perennes que, desde siempre, conforman el aspecto más cuestionable de la cultura política mexicana. Cómo no recordar otras máximas cuasi leyes inscritas en piedra que, en broma y en serio, nutren la relación entre los mexicanos y la cosa pública, y que han generado ancestralmente una altísima tolerancia social a la corrupción y la trampa: “La moral es un árbol que da moras”, “Vivir fuera del presupuesto es vivir en el error”, “Un político pobre es un pobre político”, “Hay que tener poder para poder tener”, “El que no transa no avanza”.

El célebre caso del plagio de su tesis de licenciatura de la ministra Yasmín Esquivel (la UNAM lo confirmó ya), reafirma la débil presencia del honor en la política. Desde luego no es el único, en el gobierno de la llamada Cuarta Transformación existen muchos más ejemplos de que el político mexicano, con las honrosas excepciones de rigor, desestima absolutamente las nociones de honor y ética en tanto personas servidoras públicas. Es obvio que, en los sexenios anteriores, en el siglo XX, en el México independiente y en el Virreinato, los anales de la historia están repletos de políticos que chapaleaban en la corrupción, la trampa y el deshonor; pero la actualidad es la actualidad, y hoy el ojo escrutador se enfoca en el gobierno en turno encabezado por el presidente López Obrador.

Un elemento adicional para agudizar la crítica de la integridad de los funcionarios de la llamada 4T, es que el Presidente afirma vivamente que se trata de una regeneración de la vida pública nacional, una nueva forma de hacer política basada en la honestidad y el compromiso de no mentir ni robar. La memoria y la prudencia aconsejan no creer a ningún político que prometa eso, pues la naturaleza humana tiende al abuso y el despojo en el juego del poder y la riqueza. Pero AMLO está convencido que lo está logrando, y está seguro que estamos ante una purificación de la política y una revolución de las conciencias.

Desde luego no es así, sobre todo en el comportamiento de los políticos encumbrados que son sorprendidos en cuestiones poco honorables. La ministra no renunció al estallar el escándalo del plagio, al contrario, ha tratado primero, de minimizar esa acción y, en un lance de desapego a la ética política y desafiando la evidencia, ha pretendido acusar al otro de haberle plagiado a ella su tesis (repito, la UNAM ya decretó lo evidente: la ministra copió su tesis). No se nota en el comportamiento de Yasmín una valoración del descrédito que el plagio acarrea a una ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, no se observa disposición a emprender una actitud honorable como la renuncia a un cargo tan elevado que exige una imagen de integridad intachable.

La renuncia abriría la puerta a la expiación social, pues se trataría de una decisión honrosa reveladora de una voluntad de reconocer una mala acción y tratar, en lo posible, de enmendar el camino de cara al futuro, a la Corte y a la Nación. Pero esa posibilidad no existe en la visión de la ministra, ni en los innumerables casos de ayer y hoy, porque el político mexicano (y no solo mexicano) cree que puede apropiarse de lo público sin detenerse en leyes ni valores. La ética y el honor no son divisas fuertes en el mercado de la política, son morralla que no alcanza para comprar ni el más desdeñable cargo público. Aún cuando estalla el escándalo, la vena de 500 años de cultura política que desdeña el honor y la ética impulsan al político a defender su posición sin economizar argumentos irracionales o cínicos, sabedor de que su poder le garantiza impunidad y que los otros tienen, también, legiones de cadáveres sus clósets. Por eso recurren mucho a la máxima de que “el que esté libre de pecado que tire la primera piedra”.

No se pide que actúen como en Japón, donde muchos políticos descubiertos en actos deshonrosos se suicidan. Tampoco se espera que una legión de santos asuma el gobierno, pues Maquiavelo dejó bien claro que existe una ética del hombre de poder distinta a la del hombre común (pero el florentino sentenció que el político debe ocultar bien sus indecencias, y asumir las consecuencias cuando es descubierto). Sin embargo, ya va siendo hora de que en México esos comportamientos deriven en renuncias fulminantes, investigaciones implacables y castigos ejemplares, sin importar la estatura política del implicado. La investigación y el castigo dependen de la maquinaria de justicia, pero la renuncia, como mea culpa personal, está al alcance de la mano de la mujer o el hombre empoderados que han cometido una falta o un delito: revalorar el honor y la dignidad cuando se ha cruzado un límite, de tal forma que, con el acto digno de la renuncia (al cargo, a la impunidad, a la complicidad, a la simulación, al oprobio), pueda transitar hacia la redención cívica y social, rescatar lo que quede de honor, para su memoria y la de sus familias.

Reitero: son tan innumerables los casos de trampa y corrupción a veces inescrupulosos, que el grueso de la sociedad ha llegado a resignarse en la idea de que esa es nuestra naturaleza. Es tanta la impunidad y clamorosa la falta de honor, que no nos sorprenden episodios como cuando en 1997 ocurre la matanza de indígenas en Acteal, Chiapas, y el gobernador se atreve a declarar que no era tiempo de buscar culpables sino de condolerse por las víctimas; cuando en el gobierno de Ernesto Zedillo su Secretario de Educación Pública es exhibido porque no estaba titulado de licenciatura y se hacía llamar doctor, la reacción del tramposo fue la defensa de su privilegio y de su cargo, solo la presión mediática y social obligaron a su cese; cuando la directora del Metro, ante la tragedia de la Línea 12 y la muerte de 24 personas, ni siquiera valoró la idea de renunciar; cuando el director de Segalmex, lejos de renunciar ante la evidencia de más de nueve mil millones de pesos de desfalcos, asume otro cargo en el gobierno; cuando Alito, lejos de renunciar ante la exhibición de sus fechorías, delitos e iniquidades, se aferra al cargo de dirigente del PRI… y así interminable la lista.

Volviendo al tema de la ministra, no deja de sorprender que muchísima gente la defienda a capa y espada en el asunto del plagio. Incluso algunas mentes destacadas afines a la llamada 4T, desconcertaron al público al asumir una defensa acrítica de la ministra, por el solo hecho de que es “amiga del movimiento”. Nos hacen recordar la famosa “ética de la convicción” de Max Weber, donde en aras de una causa se tolera cualquier atrocidad. El honor se traslada, en este tipo de posturas, hacia la primacía del movimiento, hasta llegar al extremo de que los políticos que han rebasado los límites de la decencia, reasignan significado al honor y eluden toda fiscalización cantando la consigna de “es un honor estar con Obrador”.

(Estoy seguro que, en este episodio, la llamada 4T ganaría más presencia y apoyos, sobre todo entre los escépticos, si en lugar de la defensa a ultranza de la ministra, le hubieran exigido explicaciones y acciones honorables: ninguna causa se fortalece defendiendo lo indefendible. No todos, o nadie, tienen la aureola de honestidad que, cierta o ficticia, tiene López Obrador).

Las elecciones del 2024, no se decidirán por la honorabilidad de los aspirantes hoy conocidos, ni en lo relativo a las corcholatas oficiales, ni mucho menos respecto a ciertos precandidatos opositores. El aprecio social por el honor y la ética en los políticos, en los candidatos, es todavía muy débil. Si fuera al revés, si el comportamiento y el honor fueran determinantes en las posturas electorales de la ciudadanía, muchos de los que hoy suenan para suceder a AMLO no solo no ganarían las elecciones, sino que no alcanzarían ni la candidatura de sus partidos.

José Reyes Doria
José Reyes Doria

Politólogo por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.
Asesor parlamentario en diversos órganos de gobierno y comisiones de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión.
Colaborador en portales informativos. Conferencista sobre temas legislativos y políticos. Consultor en materia de comunicación política, prospectiva y análisis de coyuntura. Contacto: reyes_doriajose@hotmail.com

Comenta

Deja un comentario