Gozan de cabal salud: Serapaz. Autor: Federico Anaya Gallardo

Los muertos que matan las derechas gozan de cabal salud porque la aspiración de justicia e incluso el sentido común impulsan a la humanidad hacia las izquierdas. Aunque suele simplón, la cosa es sencilla: las derechas buscan conservar privilegios y las izquierdas abolirlos en nombre de la igualdad. Las circunstancias cambian y las cosas a retener o compartir son diversas, pero podemos apreciar la misma dinámica social a lo largo de la historia y en todas las civilizaciones humanas. (En esto soy simplonamente marxiano, aunque para no espantarte lectora, no he hablado de lucha de clases.) Hoy aprovecho esta entrega de mis comentarios sobre las derechas para conmemorar el ejemplo magnífico de Serapaz. Esta organización de la sociedad civil (OSC) u organización no-gubernamental (ONG) cumple 25 años. ¿Y quiénes son ellas y ellos? Te pido de nuevo que me acompañes al pasado, pero ahora al año 1996. El 6 de mayo de ese año, cuando se reunieron los asociados fundadores, México había sobrevivido dos terribles tormentas, una política y otra económica –que aún nos marcan.

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En 1994, la Rebelión de Año Nuevo demostró que a la fiesta de nuestras élites por la entrada en vigor del TLCAN no estaba invitada la mayoría de la población –y que las y los excluidos estábamos molestos. Durante los doce meses que siguieron se desmoronó la primera restauración priísta (el salinismo) en medio de magnicidios y traiciones intra-élite aún no aclaradas. Mírense los éxitos de la serie documental 1994: Poder, rebeldía y crimen en México de Diego Enrique Osorno (Vice Studios Latin America) y de la serie dramatizada Colosio: Historia de un crimen de Hiromi Kamata & Natalia Beristain (Dynamo), ambas distribuidas por Netflix y estrenadas en 2019. Ambas demuestran lo vigente de aquella crisis. En las elecciones del 94, los candidatos del régimen sólo pudieron ganar gastando en exceso (Zedillo para ser presidente, Madrazo para ser gobernador de Tabasco), sacando a trompicones su última reserva de voto duro y negociando que sus opositores (a la derecha) hiciesen mutis. Diego Fernández de Ceballos aún no explica al electorado panista que le apoyaba entusiasta su desvanecimiento luego de su triunfo en el primer debate presidencial. El Error de Diciembre cerró el año admirabilis demostrando que la eficaciade los tecnócratas era moneda falsa. Si en alguien albergaba dudas, en el Congreso federal el PAN se alineó con el PRI para rescatar a los banqueros corruptos mediante el Fobaproa. No en balde estos recuerdos aún aúllan en el discurso político de nuestros días.

Aquellos fueron meses de crisis pero también de trabajo febril y fértil. Debilitado por los insurgentes, el régimen cambió a la carrera las reglas electorales y en 1994, Jorge Carpizo McGregor fue el último secretario de Gobernación que presidió el IFE –pero lo hizo acompañado de seis consejeros ciudadanos nombrados ex profeso, dos por cada uno de los tres polos de nuestro naciente sistema de partidos (PRI, PAN y PRD): PAN (Santiago Creel Miranda y Fernando Zertuche Muñoz), PRD (Miguel Ángel Granados Chapa y José Agustín Ortiz Pinchetti) y PRI (José Woldenberg y Ricardo Pozas Horcasitas). ¡Atención! Los consejeros ciudadanos NO representaban a los partidos pero eran especialmente cercanos a cada polo y, ante todo, eran respetables a la vista de los otros dos polos. La alineación que aquí propongo es discutible precisamente por esta última regla de consenso: una persona era respetable (y aceptable) para los otros partidos porque podría ser propuesta por ellos mismos en una segunda vuelta de negociaciones. Así, la trayectoria personal del abogado Ortiz Pinchetti lo ligaba, por ejemplo, a La Jornada –un espacio periodístico plural en el que convergían críticos del sistema de diversas filiaciones ideológicas.

En alguna ocasión, en 1996, durante un seminario acerca de la creación de alternativas desde abajo en la UNAM, Daniel Cazés Menache (1939-2012) nos compartió su experiencia como parte de la asamblea de socios de Demos (Desarrollo de Medios, SA de CV, la casa editora de La Jornada): “Cuando las cosas se ponían tensas, uno iba y se sentaba junto a don Samuel Ruiz y Fray Miguel Concha. Allí amainaban los vientos huracanados”. En este espacio he analizado cómo el último obispo de Chiapas se convirtió en jTatik. (Ligas 1, 2 y 3.) Pero, recuerda lectora: Samuel Ruiz García (1924-2011) era originalmente un clérigo de El Bajío profundo: anticomunista, contrario a la reforma agraria cardenista y al indigenismo. En su largo andar de la derecha clerical y cristera de 1940 hasta la izquierda del indianismo liberacionista de 2000, don Sam fue conociendo personas de las más diversas ideas. Y siempre conservó su amistad, esperanzado en la conversión personal de cada una de ellas. David Méndez Moreno (1952-2020), hermano marista que llegó a Canciller de la diócesis de Las Casas, desesperaba de que jTatik siguiese aceptando hablar con todos y con todas. Esa terquedad del obispo era no sólo por su buen corazón sino por interés político y social. (La cruz del obispado es hacer política en el siglo.) Precisamente por eso, en 1994 el obispo Ruiz estaba situado mejor que nadie para encabezar la mediación en el conflicto chiapaneco.

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JTatic sabía que la tarea era para un colectivo. La Comisión Nacional de Intermediación (Conai) reunió a su alrededor personalidades de un amplio espectro, a quienes –otra vez– los tres polos de la política partidista mexicana podían respetar. Doña Conchita Calvillo Alonso (n.1917), de San Luis Potosí, representaba cabal a los movimientos que desde los 1960 habían exigido civilidad y ciudadanización. ¿Qué panista de buena voluntad podría criticar a la viuda del doctor Salvador Nava Martínez? Nadie podía negar a Pablo González Casanova (n.1922) sus aportes académicos y críticos. Si Woldemberg y Pozas Horcasitas habían sido apoyados por los priístas en el IFE, ¿con qué cara criticarían a don Pablo? Los poetas Óscar Oliva (n.1938) y Juan Bañuelos Chanona (1932-2017), ambos veteranos de La Espiga Amotinada de 1960, representaban a lo mejor de la izquierda crítica. ¿No habían tenido razón cuando criticaron a los burócratas del Partido Comunista Mexicano? ¿Qué perredista mínimamente congruente los rechazaría?

No todo fue bueno. Hay un tercer poeta amotinado que, aunque originalmente formó cuadro en el espacio de la Conai, no acompañó el proceso: a principios de 1995, Eraclio Zepeda aceptó servir en el gobierno ilegítimo de Chiapas con Eduardo Robledo (PRI). Ocupó la Secretaría de Gobierno y permaneció en ella hasta 1997 –manchándose con la sangre derramada por los grupos paramilitares que buscaron descarrilar el proceso de paz que sus viejos camaradas defendían. Hay algo extraño en las élites criollas mexicanas: incluso sus miembros más avanzados terminan atrapados por su campo social. El caso de Eraclio es una advertencia relevante. Los méritos en servicio del pueblo deben renovarse a cada momento, en cada coyuntura. El río de la vida corre hacia la derecha.

En 1995, la derecha militar convenció al nuevo presidente (Zedillo) de traicionar las negociaciones abiertas con el EZLN. El equipo del nuevo mandatario no tenía claro el panorama. En aquellos días visité a un conocido de la Facultad de Derecho, quien colaboraba con el nuevo secretario de Gobernación, Esteban Moctezuma Barragán. El asesor, al enterarse que viajaba yo a Chiapas para colaborar en el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas, de jTatik, me dijo: “—Ah, trabajarás con la contraparte”. Me quedó claro que en Bucareli no entendían lo que ocurría en Chiapas. La Conai no era el EZLN, sino una instancia neutral que en puntos críticos –¡como la opción por las armas!– contradecía al neozapatismo. El 9 de febrero de 1995 el Ejército trató de dar un golpe de mano y falló. (Liga 4.) El Congreso de la Unión vino a salvar al presidente con la Ley para el Diálogo, la Conciliación y la Paz Digna en Chiapas.

Si la atropellada reforma electoral de 1994 abrió la puerta al nuevo sistema de partidos, la Ley para el Diálogo de 1995 fue el primer paso de nuestra democracia constitucional al pluralismo práctico. Lo más interesante es cómo se conformó la mesa de negociación. No había dos partes, sino cuatro. En los polos opuestos los dos beligerantes: Gobierno Federal y EZLN. Enmedio de ellos la Conai y una nueva instancia, la Comisión de Concordia y Pacificación (Cocopa). Ya dije que la Conai era plural. Del mismo modo, la Cocopa está formada por todos los partidos con representación en el congreso federal en estricta igualdad y con una presidencia rotativa. Al momento de abrirse los diálogos de San Andrés (otoño de 1995), la mesa con cuatro lados funcionó muy bien. Pese a sus diferencias (recuerda, lectora: el neozapatismo es la competencia social de la diócesis samuelista) EZLN y Conai tendían a coincidir –tanto por el trabajo de campo que compartían en Chiapas como por el enamoramiento con la “Señora Sociedad Civil”. El Gobierno Federal se entendió mejor con la Cocopa –al principio. Como los funcionarios tenían experiencias burocráticas similares a los legisladores, se comprendían. Pero senadores como Heberto Castillo Martínez (PRD, 1928-1997), Luis H. Álvarez (PAN, 1919-2016) y Pablo Salazar Mendiguchía (PRI, n.1954) llevaron a la Cocopa a jugar un papel autónomo, de verdadera mediación, que se complementó muy bien con la Conai.

Todo lo anterior no habría sido posible sin trabajo de campo detallista y cabal. En parte, eso lo hacían instancias como el FrayBa, cuyo seguimiento de casos en la Región Chol demostró a mediados de 1996 que algunas “concesiones” concretas del Gobierno Federal no eran favores voluntarios, sino el resultado del litigio sostenido por las familias de los simpatizantes zapatistas reprimidos. (Ligas 5 y 6.)

Pero esto no era suficiente. Por lo mismo, jTatik convocó a formar un “secretariado” profesional y permanente para la Conai. Así fue como nació Serapaz. Sus primeros tres asociados se reunieron el 6 de mayo de 1996 para fundarla. Eran Samuel Ruiz García, Miguel Álvarez Gándara y Fray Gonzalo Ituarte Verduzco OP. Las oficinas en Las Casas estaban en la curia diocesana y las de la ciudad de México en el local utilizado por varias de las otras instancias civiles creadas por jTatik en años anteriores. Serapaz no negaba la cruz de su obispo. Al contrario, hasta la fecha se declara heredera de los afanes de don Sam. ¡Bravo!

La herencia que más me impacta es el compromiso con el trabajo concreto, en la base, ofreciendo a actores sociales en conflicto la experiencia sistematizada del trabajo de mediación iniciado hace un cuarto de siglo por la Conai. Doy testimonio: Serapaz y Miguel Álvarez Gándara estaban allí cuando, en el conflicto de la UACM de 2012-2013, se necesitaba sentar a las partes y encontrar soluciones que satisficiesen a todos. Sin ese aporte, la solución a esa crisis acaso no habría ocurrido. Significativamente, la UACM eligió a un filósofo de la liberación, Enrique Dussel, como su rector interino. ¡Bravo!

En solidaridad con las y los compañeros de Serapaz, sin embargo, debo advertir que la herencia de jTatik es pesada. En su campo social convivieron, hasta el final, los contactos y amistades que a lo largo de su vida sembró y cultivó. Don Samuel, fiel a su vocación de obispo, nunca dejó fuera de su redil a ninguna de esas ovejas –aunque en algunos casos del cordero sólo tuviesen la zalea que cubre sus lomos lobunos. Como instancia de mediación, Serapaz hereda de jTatik el deber de lidiar con injustos y justos, con derechas e izquierdas. Con quienes desean conservar la opresión y con quienes desean liberarse de ella. Y aquí, los orígenes diocesanos, eclesiásticos, le pueden pesar a Serapaz… Fray Gonzalo, siempre jocoso, me dijo un día de 1996: “—La iglesia es, en realidad, la primera de las ONGs”. Felipe Toussaint Loera (1957-2011) me completaba la idea: La iglesia es celosa, desde el primer siglo, de su autonomía frente al poder político de este mundo (del siglo): por eso los cristianos radicales de la isla de Padmos fueron los últimos en unirse a la cofradía católica. Enrique Dussel señalaba que el signo 666 representa al Estado, que intenta alcanzar la perfección divina (777) pero siempre se queda corto. La Iglesia es una República de Ángeles, mientras que nuestro Estado es siempre imperfecto (República de hombres y mujeres comunes). Cuando la derecha ha oprimido sin freno a nuestras sociedades (Chiapas 1960-1994, Guatemala 1966-1993, Chile 1973-1988) la Iglesia angélica ha defendido al pueblo –porque no quedaba nadie más. Pero su vocación autónoma la suele enfrentar en automático con los estados revolucionarios o progresistas (Francia 1793-1815, México 1917-1940, México 2018-2021) –y en esas circunstancias, los lobos vestidos de ovejas que están junto a ella en el campo social pueden arrastrar a las instituciones de raíz eclesiástica de regreso a la derecha que jTatik profeta denunció.

Ligas usadas en este artículo:

Liga 1:
https://julioastillero.com/indigenismos-y-transformaciones-autor-federico-anaya-gallardo/

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https://julioastillero.com/un-joven-de-ibiza-y-otro-de-irapuato-autor-federico-anaya-gallardo

Liga 3:
https://julioastillero.com/lagrimas-de-obispo-autor-federico-anaya-gallardo/

Liga 4:
https://julioastillero.com/decencia-de-primer-mundo-autor-federico-anaya-gallardo/

Liga 5:
https://julioastillero.com/una-historia-de-tres-hermanos-autor-federico-anaya-gallardo/

Liga 6:
https://lajornadasanluis.com.mx/opinion/yo-no-puedo-obligar-a-mi-juez/

Federico Anaya-Gallardo
Federico Anaya-Gallardo

Abogado y politólogo. Defensor de derechos humanos. Ha trabajado en Chiapas, San Luis Potosí y Ciudad de México. Correo electrónico: agallardof@hotmail.com

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