Una historia de tres hermanos. Autor: Federico Anaya Gallardo

1980. Silvio Rodríguez lanza su álbum Rabo de Nube desde La Habana. Incluía “Fábula de los tres hermanos”. [Liga 1.] Historia mítica: cada hermano parte por la vereda “a descubrir y a fundar”. Primero el mayor, luego el de enmedio y al final el pequeño. Cada uno camina con distinta actitud y vive el tránsito de modo diverso. El narrador (Silvio) cierra cada historia con un coro que nos pregunta: “—Óyeme esto y dime, dime lo que piensas tú”. Al parecer, Silvio escribió esta canción hacia 1977, cuando luchó junto a las brigadas internacionalistas en Angola. Ese detalle confirmaría que fábula y moraleja deben oírse en el debate político del hacer la revolución.

1996. El Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas publicó un informe sobre la guerra civil entre los choles (cholob) del norte de Chiapas. Se tituló Ni Paz, Ni Justicia. [Liga 2.] Allí se documentó cómo la reforma agraria realizada entre 1940 y 1980 produjo en esa región una red de ejidos leales al régimen priísta. Se analizó cómo, en la crisis económica de los 1980, el Estado abandonó a esas comunidades –muchas de las cuales optaron por construir una alternativa propia de organización política. 1994 agudizó la división. Las comunidades prozapatistas se empoderaron; las leales al gobierno se prepararon para lo peor. Pero, contrario a lo que ocurrió en las cañadas de Ocosingo y Las Margaritas, los leales al gobierno no huyeron de la región. El Ejército Mexicano aprovechó esto y apoyó a los simpatizantes del gobierno para que atacasen a la población rebelde. Fue una estrategia centralmente organizada, reportada por Carlos Marín en Proceso (número 1105, 4 de enero de 1998). Así nació el grupo paramilitar Paz y Justicia, que trajo a la región todo lo contrario –de allí el título del informe del FrayBa.

Lo que estaba ocurriendo en la región chol era claro para muchos; incluidos servidores públicos estaduales y federales. A principios de 1996, un funcionario de la Procuraduría Agraria, estacionado en Palenque, temía que el asunto se convirtiera en una guerra civil o “feudal” entre poblados PRI/Paz-y-Justicia y PRD/Bases-Neozapatistas. Así pasó. En ese mismo año, Rodolfo Anlehu Domínguez, quien entonces trabajaba para la Secretaría de Desarrollo Social federal decía que casi todas las comunidades choles habían formado una red de cafeticultores apoyada por la unión de crédito Pajal Ya Kactic (1980); pero que, luego de la caída de los precios internacionales (1989), muchas fueron abandonados por la Pajal, por Inmecafé y por el resto del gobierno. Perdieron sus cosechas y Pajal quedó a deber pagos. La unión de crédito sólo siguió apoyando a algunos, destacadamente a El Limar. Este poblado era la población más importante de las tierras bajas choles y desde hacía mucho venía reclamado ser cabecera municipal. Entre 1994 y 1999, quienes siguieron a El Limar se aseguraron los cada vez más escasos apoyos. Los pagaron militando en Paz y Justicia.

Este es el escenario de la tragedia de tres hermanos choles. Se trata de Artemio, Juan, y Alfredo Ramírez Torrez. En 1996 tenían 31, 30 y 26 años respectivamente. Los tres salieron el 4 de julio de 1996 de Masojá Shukjá para ver si podían comprar alimentos y medicinas que necesitaban sus familias. Iban en dos vehículos y llevaban pasajeros. En las últimas semanas habían ocurrido varios enfrentamientos. Al salir de Shukjá, vieron venir un convoy militar que se dirigía a Miguel Alemán. Preguntaron si era seguro viajar. Los militares les dijeron que sí, pero que se colocasen en medio de la columna. Al llegar a Alemán una turba de paramilitares dejó pasar a los militares que encabezaban la columna y cerró el paso a los hermanos Ramírez Torrez. Los bajaron de los vehículos, los golpearon. Los demás pasajeros huyeron. Los militares no hicieron nada por protegerlos. Los de Paz y Justicia entregaron a Artemio y Alfredo a la policía de seguridad pública, que los llevó a El Limar. Juan trató de escapar, fue la última vez que se le vio con vida. Hoy sigue desaparecido. Todos estos hechos ocurrieron a media tarde, entre las 14:00 y las 16:00 p.m. de ese 4 de julio. Al día siguiente (5 de julio), Artemio y Alfredo fueron acusados de un asesinato que había ocurrido dos semanas antes (17 de junio). Permanecerían en prisión hasta el 14 de mayo de 1997 (11 meses).

En un artículo previo señalé que los mexicanos no atendemos las grandes emergencias conforme a la ley. Uno de los peores riesgos de esto es que la ley pierde toda relevancia. La acusación contra Artemio y Alfredo en 1996 era obviamente falsa, pero importa revisar cómo se construyó. Sigo los autos de la causa penal 234/996 del juzgado cuarto penal de Tuxtla Gutiérrez –en la que fungí con otras y otros colegas, como defensor.

La historia inicia con un apoyo de esos que siguieron fluyendo desde el gobierno a los cholob leales. En 1994, la Unión de Ejidos “Benito Juárez”, con socios en varios ejidos, iba a comprar una camioneta de tres toneladas. En el ambiente de división, surgió la disputa acerca de qué comunidad debía usar el vehículo. En septiembre de 1994, los de Paz y Justicia de Agua Fría lograron que la factura se emitiese a su nombre. Seis meses más tarde, el resto de las comunidades decidió quitarles la camioneta. El 30 de abril de 1995, 200 campesinos de las comunidades de Paso Chinal, Tiutzol, Álvaro Obregón, Jomajil, Shukjá y otras cerraron la terracería e incautaron el vehículo. Los priístas demandaron y presionaron al gobierno. Un semestre pasó en un litigio oscuro en la lejana Tuxtla. Finalmente, los perredistas/neozapatistas devolvieron el vehículo. (Esto, de acuerdo a la versión que publicaron los propios paralimitares en 1997, en un reporte titulado Ni derechos ni humanos, pp. 88-90.) Pero meses más adelante, el 17 de junio de 1996, la camioneta fue emboscada en el camino que va de Agua Fría a Shukjá. Hubo un muerto. Se llamaba Fernando Martínez Pérez. Era el hermano gemelo de Juan, quien había sido Presidente del Concejo Municipal de Tila (PRI, 1995).

Aparte del muerto, hubo varios heridos. A uno de estos, Honorio Sánchez López, se le llevó al Hospital Rovirosa de Villahermosa. Allí, el ministerio público (MP) tabasqueño inició una averiguación previa y, desde el 18 de junio intentó tomarle declaración al herido. Seis días acudió el personal de la procuraduría al hospital, sin que fuera posible. Honorio declaró hasta el 25 de junio de 1996. Dijo que no había reconocido a ninguna de las personas que dispararon en contra de la camioneta. El mismo día, el MP tabasqueño decidió remitir su averiguación al MP chiapaneco en Yajalón. Y aquí, ocurrió el “primer milagro burocrático” de esta historia. La averiguación tabasqueña no llegó a Yajalón, sino a Tuxtla Gutiérrez.

Explico el misterio: el 17 de junio de 1996, día de los hechos, a las 14:30 p.m., Marcos Albino Torres, líder de Paz y Justicia y primer regidor del Ayuntamiento de Tila (1995-1998), avisó en El Limar de la emboscada. Cosa extraña, el aviso lo recibió el Agente Municipal de Agua Fría (distante 14 Kms), Calcáneo Ramírez López, y no un funcionario limareño. Torres reportó balazos, daños en la camioneta de la Unión de Ejidos “Benito Juárez”, pero no heridos ni muertos. A las 18:30 p.m., la noticia críminis llegó al MP de Yajalón por radio (vía la policía estatal militarizada). Dos horas y media después, a las 21:00 p.m., pero en Agua Fría, el Agente Municipal, Calcáneo y su secretario (el ex-alcalde Juan Martínez Pérez), levantaban el cadáver de Fernando y redactaban la primera versión de los hechos: No se mencionaba a los hermanos Ramírez Torrez. El MP de Yajalón, Fraysede Ruiz Mendoza, se trasladó en la madrugada del día siguiente (18 de Junio) a El Limar (60 kms, entonces un viaje de dos o tres horas por malas terracerías). A partir de las 06:00 a.m. del 18 de junio, Ruiz Mendoza dio fe ministerial de cadáver, hizo reconocimiento por familiar (el ex alcalde), ordenó valoración médica de las causas de la muerte (por campesinos nombrados peritos prácticos), recibió ratificación de partes policiales, entregó cadáver, dio fe ministerial de daños en la camioneta y regresó con ésta a Yajalón (adonde permaneció por muchos meses, perdida para todos). Juan Martínez Pérez, al reconocer el cadáver de su gemelo, relató otra vez los hechos y de nuevo, no mencionó a los hermanos Ramírez Torrez.

De acuerdo al expediente, todo lo anterior ocurrió el 18 de junio de 1996. El siguiente acto de esa averiguación sucedió el 25 de junio, en que se hizo constar una llamada telefónica desde Tuxtla. El Director General de Averiguaciones Previas de la procuraduría ordenó “remitir la presente indagatoria a la Superioridad”. Notar que es la misma fecha en que el MP tabasqueño decide enviar a Yajalón su propia averiguación previa. Nadie sabe cómo, pero ambas averiguaciones llegaron a Tuxtla, la de Yajalón el día 1 de julio y la de Villahermosa el 4 de julio. Al momento de recibir esta última, el MP Pedro Córdova Escobar, titular de la mesa de homicidios, toma de inmediato la decisión de que “es necesario realizar diversas diligencias el suscrito acuerda trasladarse a la población de El Limar … a efecto de tomar la declaración de los otros ofendidos así como testigos”. Nuevo milagro: lo anterior se decide al mismo tiempo que los de Alemán están capturando a los hermanos Ramírez Torrez. ¿Coincidencia?

El misterio es fácil de resolver: “alguien” había avisado al MP Tuxtla de la detención arbitraria de los hermanos Ramírez Torrez. De hecho, el 6 de julio de 1996 en la primera declaración que tomó Córdova en El Limar, Filadefo Jiménez Vázquez menciona por vez primera a los hermanos Ramírez Torrez. El declarante agregó “que tiene conocimiento que el día de ayer por la tarde los habitantes de la colonia Miguel Alemán … interceptaron a Artemio y Alfredo”. El mismo misterioso “alguien” habría facilitado que la averguación tabasqueña llegase a Tuxtla sin pasar por Yajalón. Ese mismo “alguien” habría permitido que algunos habitantes de Shukjá fuesen interceptados en Alemán. Se trataba del Ejército Mexicano. Aquí recuerdo al lector que el Director General de Gobierno chiapaneco, Mario Arturo Coutiño Farrera, en enero de 1996, había dicho que el mando efectivo de todo lo tenían los militares y que “así era mejor”.

Con la imputación hechiza contra los Ramírez Torrez, el Ejército aparentaba cumplir su trato con Paz y Justicia. (Terminaría traicionándolos.) Había reclutado como paramilitares a los de Agua Fría. Necesitaba castigar a alguien de la comunidad “enemiga” (Shukjá). No importaba quién fuera. El azar quiso que fueran los tres hermanos Juan, Artemio y Alfredo.

2020. Artemio y Alfredo fueron liberados en 1997 y trabajan por la justicia en su región. Juan sigue desaparecido. Aún no acaba esta historia de tres hermanos.

agallardof@hotmail.com

Ligas de este artículo:

Liga1: https://www.youtube.com/watch?v=7_G5SICGq24

Liga 2: https://frayba.org.mx/wp-content/uploads/2017/02/961012_ni_paz_ni_justicia_frayba.pdf

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