Timón de Transformación Tecnológica/ La tecnología coadyuvante con empresarios precursores y solidarios de la nueva transformación económica. Autor: Octavio Fernández

Foto: Xinhua

Y en verdad, cuántos padres y madres de familia como empresarios serios dejarán de seguir sus sueños, ideales y actividades productivas de responsabilidad social por consecuencia de una turbulenta gestión económica que se ha venido construyendo desde hace tiempo y que repunta con la pandemia del Covid-19. Los resultados son tan contundentes que parecieran soslayar en efímeras pesadillas que al despertar son hechos reales de continuo dolor y llanto en los corazones mexicanos, los cuales se pueden ver desde la ventana todos los días limpiando las calles, recogiendo la basura, comprando colchones viejos, lavadoras o algo viejo que vendan, tocando puertas por un trozo pan, ofreciendo aguacates y una infinidad de actividades para sobrevivir de esta miseria provocada por falta de sabiduría, y que se muestra visible ante nuestros ojos.

Pero también existen los luchadores invisibles que desde sus espacios espirituales empresariales buscan afanosamente esta sabiduría para contrarrestar los efectos del desempleo, generar sustentabilidad económica propia y extendida, reducir la pobreza y pobreza extrema, soportar con templanza los ataques directos en la creación del valor productivo, económico y social además de una infinidad de acciones directas inverosímiles que arremeten provocativamente la cohesión del núcleo familiar empresarial, la cual está conformada por las familias empresariales y sus familias de los colaboradores, que en alta cohesión generan productos y servicios para la sociedad. Es el verdadero núcleo principal de la productividad, creación de trabajo digno y remunerado, creciente espiral positiva de generación económica progresista y de bienestar  social regional y de país. Sin este núcleo familiar empresarial, difícilmente se alcanzará la recuperación productiva, económica y bienestar social de Mexico. Es el antídoto perfecto contra la pobreza, la pobreza extrema.

El Modelo Divirtualigente de México muestra dos grandes grupos en su estructura económica y productiva. El primer grupo acopia comercios, transporte, servicios y otras actividades relacionas de no valor añadido. El segundo grupo integra a la manufactura empresarial determinada por la generación de cadenas de valor agregado como la alimenticia, automotriz, aeronáutica, química, médica y otras más. A excepción de la cadena alimenticia, las otras cadenas económicas están integradas por empresas internacionales localizadas en Mexico. Ejemplo claro de esto, es el sector automotriz, el cual está constituido en su primer y segundo nivel de relación comercial por empresas de diferentes países y muy pocas mexicanas, consecuencia de la incapacidad tecnológica y abandono estratégico.

Ahora, desde la perspectiva macroeconómica, el valor del PIB en las cadenas de “no valor añadido” es mucho mayor que las cadenas de valor industrial y productivas de “valor agregado”. Lo que significa que México es un mercado “grandotote” donde sólo existe el intercambio de mercancías y servicios –compra y venta–. Bajo este formato difícilmente se puede sostener estable una economía, al contrario, genera pobreza extrema en todas direcciones a corto y mediano plazo. Además muestra explícitamente una falta de creación de cadenas de valor productivas, consecuencia de un deterioro en la progresión e instauración de empresas productivas de alta competitividad bajo esquemas de innovación, tecnología y desarrollo continuo.

De nuevo, la tecnología está presente en colaboración con los verdaderos empresarios que buscan en todos los sentidos crear valor y responsabilidad social. Son los héroes anónimos y solidarios de la nueva trasformación económica que busca derrotar el desempleo, el hambre, la pobreza, la intranquilidad, el miedo y otras incertidumbres mediante la ciencia, tecnología, sabiduría, fe y compromiso de corazón con su semejante. ¿Qué pasaría si estas empresas de valor no existieran o tendieran a desaparecer? Pues seguramente sería nuestra propia extinción, y esto mis capitanes de timón, no debe pasar pues es nuestra responsabilidad.

Octavio Fernández, PhD.
@admexusI4_0

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