@jos_redo
Hugo López-Gatell debe disculparse públicamente por afirmar, en El Chamuco TV, que el desabasto de medicinas para niños con cáncer es una mentira. También por insinuar que los reclamos de los padres podrían formar parte de una conspiración para dar un golpe de Estado contra el Presidente Andrés Manuel López Obrador.
Lo dicho por Gatell es inaceptable por donde se le quiera ver. En primer lugar, porque el desabasto de medicamentos para niños con cáncer no es una mentira; al contrario, es una realidad irrefutable. El propio AMLO lo ha reconocido abiertamente y cada cierto tiempo, cuando arrecian los reclamos de los padres, se compromete a solucionar el problema en cuanto sea posible.
El cáncer infantil implica una dimensión de dolor humano insoportable, las familias de los niños enfermos tienen que enfrentar, entre otras adversidades, la necesidad de conseguir hasta 33 medicamentos distintos y complementarios, con un costo que puede llegar al millón de pesos mensuales, de acuerdo con el tipo de cáncer que padezcan los niños. La inmensa mayoría no puede con esto, dependen de la atención del Estado. Por eso es reprobable que Gatell, quien tiene responsabilidad en el abasto de medicamentos, afirme que es una mentira el desabasto.
En segundo lugar, porque la insinuación de que el desabasto de medicamentos es parte de una conspiración contra el gobierno de López Obrador, significa cruzar un límite peligroso en la intensa confrontación político-ideológica que se vive en México y que, por fortuna, hasta ahora solo es discursiva. No es exagerado caracterizar la polarización actual como una guerra verbal, en la cual los partidarios de la llamada Cuarta Transformación asumen una postura de rechazo y condena absoluta a todo lo que implique la menor crítica al gobierno de AMLO. Por su parte, los opositores y enemigos están en la dinámica de dinamitar hasta el menor error, e incluso “crear” o magnificar desatinos realmente inocuos del gobierno.
Aun en este contexto de beligerancia exacerbada, el acusar de golpistas a los niños con cáncer y a sus padres, al menos por prestarse a la conspiración, significa cruzar el umbral de la civilidad. Hasta en una guerra debe haber límites, protección para los heridos, garantías para los prisioneros, respeto a los derechos humanos básicos. Con mayor razón, en una disputa político-ideológica como la que hoy vivimos entre la llamada 4T y sus enemigos, debe haber límites humanitarios infranqueables.
Lo dicho por Gatell rebasa temerariamente esos límites, tira a la basura una dimensión humana cuasi sagrada como lo es el dolor de los niños y sus familias, en aras de avanzar en la batalla contra el enemigo. Lo dicho por Gatell puede tener el efecto de adoptar sin más la máxima de que el fin justifica los medios. Aceptar que, en esta guerra no habrá prisioneros y que se vale arrasar con todo, incluso temas con alto significado humanitario como el de los niños con cáncer. Sobra decir que este tipo de escaladas se vuelven incontrolables, porque los enemigos siempre buscan contraatacar con un golpe más brutal. Así, los límites desaparecen y el resultado es, casi siempre, la destrucción absurda y el sufrimiento general.
¿Es posible frenar esta escalada? Sí: ayudaría mucho que Gatell ofrezca disculpas públicas a los niños con cáncer y a sus padres, y que garantice el abasto integral, continuo y de calidad de medicamentos. Este tema es simbólico y enviaría el mensaje de que la polarización tiene límites irreductibles. Sabemos bien que el tema del abasto de medicamentos en general, no solo para los niños con cáncer, es un problema complejo, agudizado por la corrupción gigantesca que ha capturado desde hace décadas la compra pública de medicinas. El gobierno de AMLO intenta cambiar el modelo de adquisiciones, ha involucrado hasta a la ONU en ello. Es loable, pero no está dando resultados, o mejor dicho: la aplicación del nuevo modelo se ha hecho sin garantizar que los enfermos tengan acceso permanente a las medicinas.
La indefensión de los enfermos y la cancelación del derecho a la salud por carecer de medicamentos es lo que resulta inaceptable y gravísimo. Por ningún motivo, nunca, debería ocurrir eso. Pero la polarización cada vez más encarnizada, induce a que personajes como Gatell ni de lejos acepten un error, mucho menos que corrijan una decisión equivocada; pues ello, piensan, sería una muestra de debilidad ante el enemigo. Mejor desviar la atención y acusar a los críticos de que defienden la corrupción. Y aunque hay muchos políticos que sí tienen intereses directos en la industria farmacéutica y defienden el anterior esquema de saqueo, ello no justifica la acusación de Gatell a los niños con cáncer.
Esta dinámica en el debate público se ha vuelto odiosa, improductiva y un poco demencial. Desde luego, los opositores y enemigos de la 4T, muchos de ellos, asumen el papel intransigente de combatir sin cuartel todo lo que huela a AMLO. Es una confrontación entre dos bandos, ambos responsables de sus actos, pero el poder público siempre está más obligado a frenar la escalada de la violencia discursiva.
Lo que no se debe aceptar, bajo ninguna circunstancia, es que esa esgrima política y verbal, cada vez más amenazadora e intolerante, comience a arrasar con todo, con temas tan sensibles y legítimos como los niños con cáncer. Reitero, cuando se ignoran esos límites en aras de ganar terreno en la guerra ideológica, cuando se pisotean esos terrenos por asestar un golpe al enemigo o para quitarle molestias al Jefe, los actores beligerantes se adentran en una espiral de no retorno.
Algunas voces criticaron también al Fisgón, a Hernández y a Rapé, los moneros que conversaron con Gatell en el programa del Canal 22, El Chamuco TV, por considerar que indujeron al Subsecretario a decir las barbaridades que dijo. Sin embargo, los moneros, en tanto periodistas, no tienen absolutamente ninguna responsabilidad en las declaraciones de Gatell. Ellos son libres de pensar, opinar y dibujar como quieran (y sus caricaturas son geniales, sobre todo las del Fisgón y Hernández). Es Gatell, servidor público de alto nivel y graves responsabilidades, el que debió y debe guardar civilidad.
Por todo esto, Gatell debe pedir perdón a los niños con cáncer. Ello, sin descartar la conveniencia de una destitución dictada por el propio Presidente López Obrador, lo cual constituiría un poderoso mensaje de serenidad y contención para empezar a bajar la intensidad de la actual guerra verbal. Desde luego, Gatell tiene el gran pendiente de su gestión de la pandemia de COVID-19, que tarde o temprano tendrá que ser objeto de una profunda investigación para deslindar posibles responsabilidades administrativas, penales y políticas. Pero el tema de los niños con cáncer es apropiado para empezar a “aterrizar” al Subsecretario y a otros actores políticos, dentro y fuera de la 4T.







