Fuga de cerebros | Tribalismo político y sus consecuencias para la democracia en México

FOTO: FERNANDO CARRANZA GARCIA / CUARTOSCURO.COM

Por Luis de la Viña Simón[1]

La espera terminó. La sociedad mexicana ha decidido en las urnas el futuro político del país. Desde el domingo por la noche, periodistas y analistas políticos discutían las posibles implicaciones de los resultados electorales. Sin duda, en los próximos días se hablará mucho sobre el significado de estas elecciones para la continuidad del proyecto de nación del presidente López Obrador. Varios representantes de los partidos políticos y algunos medios de comunicación han ofrecido interpretaciones sobre cómo la voz del pueblo ha enviado un mensaje contundente en contra o a favor de 4T. Sin embargo, los resultados electorales transmiten un mensaje ambiguo que se resiste a la narrativa simplista de ambos lados del espectro político en México.

Por un lado, Morena confirmó que es, por lejos, la primera fuerza política del país. Además de mantener la mayoría en el Congreso, el partido que encabeza el presidente estaría extendiendo su poder en 11 de las 15 gubernaturas estatales en disputa. Por otro lado, también es cierto que la oposición logró infringir heridas importantes a Morena, que deberá renunciar a las aspiraciones de contar con la mayoría calificada en el Congreso tras ceder cerca de 50 posiciones en la Cámara de Diputados. Quizá, el golpe más doloroso para la administración actual ha sido el revés político sufrido en la CDMX, donde el Frente por México se impuso en nueve de las 16 alcaldías en disputa.  

Este último resultado ha sido el más sorpresivo y, posiblemente, el más representativo del futuro sociopolítico del país en los próximos años. La simetría casi perfecta en la división del mapa político en la CDMX ha sido comparada en redes sociales con la separación de Berlín en la Alemania de la posguerra. Para muchos, esto confirma una tendencia ascendente de polarización política y social similar a la que están experimentando otras democracias occidentales.

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¿Por qué cada vez estamos más divididos como sociedad? ¿Qué nos depara como país si la polarización continúa en ascenso? Si bien estas interrogantes pueden responderse desde distintos ángulos disciplinarios, la psicología puede ofrecer algunas perspectivas valiosas para profundizar la comprensión de la polarización y sus posibles consecuencias.    

En cuanto a la primera pregunta, la respuesta que ofrecen algunos psicólogos evolucionistas es relativamente simple: los seres humanos somos criaturas tribales. En otras palabras, esto significa que la mente humana tiene una tendencia instintiva a dividir el mundo social en nosotros vs ellos; nuestra “tribu” contra los demás. Desde esta postura, se argumenta que diversos procesos evolutivos favorecieron mecanismos psicológicos como la necesidad de pertenencia a un grupo. Dicha necesidad suele manifestarse a través de lealtad y favoritismo hacia los miembros de la tribu, así como por hostilidad hacia quienes pertenecen a tribus rivales. Algunos plantean que el auge de las redes sociales ha contribuido a exacerbar estas tendencias humanas, las cuales son fáciles de apreciar en las interacciones a través de Twitter o Facebook. A pesar de que nuestra psicología tribal tuvo muchas ventajas adaptativas durante miles de años, hoy en día puede tener implicaciones negativas importantes cuando se dan ciertas condiciones sociales.

Respecto a este punto, el caso de Estados Unidos es especialmente preocupante. Diversos datos muestran que la sociedad norteamericana se encuentra profundamente dividida no sólo en términos ideológico-políticos, sino también a nivel social. Esto implica que cada tribu (republicanos o demócratas) busca relacionarse lo menos posible con personas del “bando contrario”. Por ejemplo, encuestas recientes muestran que un 50 por ciento de los estadounidenses afirmaban que no es posible tener una relación de pareja con alguien que vote por otro partido político. Casi cuatro de cada 10 personas afirmaran que les molestaría que su hijo o su hija se casara con alguien que se identifique con el partido opuesto. Por si estos datos no fueran suficientemente alarmantes, un estudio reciente publicado en Nature encontró niveles elevados de segregación social por afiliación política. Utilizando los datos de vivienda de 180 millones de votantes, los autores concluyeron que gran parte de los estadounidenses vive prácticamente aislada del contacto social con personas de ideología política distinta.

A pesar de que las condiciones económicas, políticas y sociales de Estados Unidos son muy distintas a las de México, estas elecciones han revelado que nuestro país parece seguir una trayectoria similar. Esto es motivo de preocupación por varias razones.

El funcionamiento óptimo de una democracia requiere de puntos de vista diversos, por lo que es perfectamente saludable que existan desacuerdos en cómo resolver problemas a través de políticas públicas y reformas en la ley; sin embargo, el tribalismo político no se limita a este tipo de diferencias. Cuando la ciudadanía comienza a priorizar la identidad de su tribu política por encima de su identidad como personas, el dialogo y el establecimiento de acuerdos se vuelve cada vez más difícil. La identidad tribal tiende a demandar conformidad y lealtad incuestionable, fomentando la hostilidad hacia quienes no forman parte del grupo. Con el paso del tiempo, estas condiciones pueden permear en ámbitos de la vida cotidiana que trascienden a la política, desgarrando el tejido social y poniendo en riesgo estabilidad de las instituciones.

Desafortunadamente, la clase política se beneficia de estas divisiones en la sociedad, explotando nuestros peores instintos tribales en beneficio de sus intereses. Pocos políticos contemporáneos han logrado hacer esto mejor que Donald Trump.

En los próximos tres años, la sociedad mexicana tendrá el gran reto de poder mantener a raya las condiciones que están exacerbando la polarización social y el tribalismo político. Aunque por el momento no se tienen soluciones claras a este problema, las elecciones del pasado 6 de junio demostraron que las y los mexicanos están comprometidos con los procesos democráticos. Los altos índices de participación ciudadana, el buen funcionamiento del sistema electoral y la aceptación de los resultados electorales son motivo de optimismo.


[1] Maestro en Diseños de investigación por la Universidad de Granada y Maestro en Educación por la Universidad de Harvard. Profesor de Psicología en la Universidad Anáhuac Querétaro y cofundador de Grad Guru. Twitter (@Cerebros_Fuga)

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