Fuga de Cerebros | El discreto encanto del liberalismo. Autor: Julián González de León

Liberty Leading the People. 1830. Oil on canvas, 260 x 325 cm.

Por Julián González de León [1]

¿Por qué el liberalismo es tan irresistible? ¿cuál es su encanto? Dicho de otra forma: ¿Por qué la gente que vive en sistemas liberales tiene una reacción tan negativa a sistemas políticos que no respetan los valores liberales como la libertad de expresión, de reunión y la representación política? ¿Por qué realidades como la de Cuba ha alarmado tanto al mundo liberal?

Dado que la forma en la que la gente experimenta el poder no es igual a la forma en la que percibe el poder que es ejercido sobre ella, para entender un sistema político es necesario tomar en cuenta estos dos niveles. El sistema liberal, pensamos, fue una respuesta contra las monarquías “feudales” y absolutistas del occidente europeo.

¿Cómo, entonces, era el poder ejercido en estos sistemas? y ¿cómo la gente percibía este poder? En general, mientras que el poder se presentaba a través de actos simbólicos que exaltaban al soberano, incluso vinculándolo a Dios, el poder real que tenía sobre la vida de sus súbditos era muy débil.

📱 Suscríbete a #AstilleroInforma en Telegram y recibe las noticias

Anuncio

Los actos de violencia que nosotros, que vivimos en un sistema liberal, vemos con horror estaban diseñados expresamente para eso. La representación de poder era poder; o dicho de forma más precisa, para lograr tener control sobre sus súbditos, el monarca tenía que hacerles creer que tenía más poder del que realmente tenía.

El sistema liberal surgió de las entrañas de este régimen. Nació de las instituciones gubernamentales que, por un lado, tenían la función de ejercer prácticamente el débil poder del monarca, así como de darle a los magnates del reino una plataforma para contrarrestar su voluntad—es decir las oficinas fiscales, las cortes y las asambleas como el parlamento.

El sistema “liberal,” o la forma primaria del sistema “liberal,” era la red de instituciones creadas para gobernar dentro de las monarquías “feudales;” era lo que operaba bajo la fachada de la pomposidad real. El verdadero poder seguía residiendo, sin embargo, en una nobleza que mantenía la tenencia sobre la mayoría de las tierras—y por lo tanto monopolizaba la parte más importante de la economía del reino—así como el control sobre el ejercicio de la violencia; es decir, tenían armas, gente que sabía usarlas, y el capital para sostener ejércitos.

Cuando los teóricos liberales imaginaron un nuevo sistema, buscaron una forma en la que no tuvieran que sufrir el prospecto de ser víctimas de actos de violencia, particularmente que atentaran sobre su vida y su propiedad—privada no feudal. El sistema liberal que idearon era uno en el que el Estado tuviera un poder mucho más “absoluto,” como el de un leviatán, pero que surgiera de la gente; claro, gente con ciertas características: hombres, libres y con propiedad.

¿Cómo, entonces, es ejercido el poder en sistemas liberales? y ¿cómo es percibido este poder? El poder se percibe como participativo (representativo) y laxo, aunque en realidad es ejercido invasivamente a través de las instituciones, tanto estatales como “autónomas,” que controlan y protegen la vida y la propiedad de los ciudadanos dentro de un marco legal.

Mientras que las monarquías “feudales” y absolutistas mostraban más poder del que ejercían, los sistemas liberales ocultan el poder que ejercen. Esto genera un doble efecto en la experiencia de la gente. Por un lado, hay un sentimiento de comodidad, seguridad e incluso libertad; por el otro, hay una constante frustración que resulta de la realización que, al menos momentáneamente, no se vive de forma cómoda, ni segura, ni libre.

Cada estrategia que se genera desde el sistema liberal sigue esta dinámica. Las escuelas, por ejemplo, cuya función teórica es darles a los niños información para que puedan generar libertad de pensamiento, están diseñadas para imponer un corpus preestablecido de conocimiento que refuerce y mantenga el orden “liberal,” así como para preparar nuevas generaciones para un mundo laboral que permita el enriquecimiento de la gente con propiedad.

El sistema liberal, por tanto, está diseñado para lo que fue diseñado en un principio: la protección de la vida y la propiedad…de la gente que es dueña de su vida—es decir, soberana o libre—y tiene propiedad—privada, sobretodo sobre los medios de producción.

Si el sistema liberal nació de las entrañas de las monarquías “feudales” y absolutistas, el socialismo nació del corazón del sistema liberal.

Desde el establecimiento de los primeros gobiernos liberales, muchos (incluyendo el mismo Robespierre durante la Revolución Francesa) se dieron cuenta que el nuevo sistema está diseñado para perpetuar un orden social que privilegia a aquellos con acceso a la propiedad. Es entonces que se empieza a idear un sistema distinto, uno que se estructure desde la base trabajadora de la sociedad eliminando la propiedad privada sobre medios de producción.

¿Cómo, entonces, es ejercido el poder en los sistemas socialistas? y ¿cómo es percibido por la gente que lo experimenta? Dado que el poder se obtiene desde la base, controlando los medios de producción, no existe una distorsión entre la representación de poder y el poder que se ejecuta.

Esto no quiere decir que no exista propaganda. El culto a la personalidad ha sido una estrategia de gobierno muy efectiva en sistemas socialistas. Tampoco significa que no haya poder ejercido en secreto. Lo que quiere decir es que el Estado no necesita hacer actos pomposos o de violencia para hacerle creer a la gente que tiene más poder del que realmente tiene, ni presentarse como un poder laxo.

El sistema socialista limita abiertamente la posibilidad de disidencia. Usando la famosa frase de Fidel Castro: “dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada.” El resultado es que la gente percibe todo el poder que es ejercido sobre ella.

El liberalismo también limita la disidencia, pero lo hace a través de mecanismos discretos. Muchos en este punto empezarán a hablar sobre el valor de la participación democrática en sistemas liberales como mecanismo de gobernanza y la libertad de expresión. Dirán que la única razón por la que puedo ser crítico del liberalismo es porque el liberalismo permite disidencia. Me identificarán como hipócrita.

La respuesta es sencilla. Mis palabras no afectan la vida ni propiedad de nadie. No hay país liberal en el mundo donde palabras u organizaciones sociales que atenten directamente contra la propiedad privada de alguien no se enfrenten a la represión estatal. El concepto que se usa es “crimen,” es decir, una acción que reside fuera de la ley—contra el sistema liberal (la similitud con la frase de Fidel “contra la Revolución,” no es una coincidencia). Incluso, en momentos particularmente inestables en países liberales hay una represión mucho más clara de la libertad de expresión y reunión.

Por otro lado, creemos que la democracia es la elección libre y popular de gobierno. Pero la realidad es muy distinta: hay sólo una variedad muy limitada de posibilidades; los partidos políticos son instituciones privadas que responden a intereses de la gente que los financia; la única forma en la que algún político disidente pueda competir realmente para ser elegido es creando un movimiento que explícitamente compita CONTRA el sistema político establecido; y por último, la elección sólo es libre si no hay manipulación—y los medios de comunicación que presentan a los ciudadanos con las posibilidades que tienen para elegir son mecanismos de manipulación…y son propiedades privadas con dueños que tienen intereses propios.

De nuevo, el sistema liberal ejerce poder a través de mecanismos tácitos de coerción.

En este momento habrá gente que hablará de las purgas políticas, de los gulags, del Holodomor en Ucrania, del gran salto adelante y la revolución cultural en China, de los fusilamientos en Cuba y los años del periodo especial, de la crisis financiera en Venezuela, de Corea del Norte…en su totalidad.

¿Por qué no sumamos la hambruna irlandesa, la de Bengala o la del Cuerno de África (por mencionar sólo tres de cientos); los grandes actos de violencia colonizadora y reaccionaria contra las revoluciones anticoloniales; el apoyo liberal a las dictaduras en Latinoamérica; la violencia racista; el sometimiento de huelguistas; la exclusión y explotación de grupos indígenas; la venta de armas a grupos paramilitares; las crisis de migración; el narcotráfico; la mafia; los sinfines de etcéteras? Todo esto es atribuible al mundo liberal.

El socialismo está dispuesto a sacrificar vidas y aplacar la disidencia para poder controlar los medios de producción y colectivizar el capital. El liberalismo está dispuesto a sacrificar vidas y aplacar la disidencia para defender la propiedad privada sobre los medios de producción.

El poder se ejerce brutalmente y se sufre; el liberalismo es sólo un sistema que oculta el poder; ese es su encanto y por eso es irresistible.

[1] Doctorante en Historia por la Universidad Graduate Center, CUNY, con especialidad en historia británica. Twitter @Cerebros_Fuga

Comenta

Deja un comentario