El PRI al borde del precipicio

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El PRI en picada

Israel López Monsivais

La historia del Partido Revolucionario Institucional está vinculada con la del sistema político mexicano. Fue fundado en 1929 por Plutarco Elías Calles, idea original de Álvaro Obregón, un partido que congregara a todos los caudillos revolucionarios. El Partido Nacional Revolucionario al nacer su primer objetivo no era obtener el poder sino retenerlo, que el presidente estuviera subordinado a los mandatos del Jefe Máximo (Maximato).

Es iniciativa de Lázaro Cárdenas transformarlo en 1938, se convirtió en un partido de masas al incorporar a los sectores campesinos (CNC), obrero (CTM) y militar, el Partido de la Revolución Mexicana sería una institución al servicio del Estado. Para Cárdenas, las masas eran su principal apoyo. Su programa estaba vinculado con el socialismo; fue radical, se cumplió con las demandas revolucionarias.

Con la llegada de Manuel Ávila Camacho se suprimió el sector militar en 1940. Más tarde, en 1942, se construyó una nueva corporación popular, CNOP. Ávila Camacho eliminó el radicalismo de Cárdenas, tenía la obsesión de consolidar un Estado benefactor. El Partido Revolucionario Institucional se consolidó en 1946 como una maquinaria electoral. Resaltan tres características: estructura corporativa, cuotas (candidaturas) a cada sector y liderazgo del presidente.

No es fortuita la estabilidad política de los años cincuenta y sesenta. El milagro mexicano permitió el desarrollo económico, se cumplió con la educación pública, salud y derechos sociales. Una clase media se consolidó. También es cierto que a los gobernadores se les otorgó autonomía electoral en sus entidades. Luis Echeverría Álvarez y José López Portillo (1970-1982) intervinieron más en las políticas estatales, no realizaron los ajustes pertinentes entre los ingresos y egresos de la federación, endeudaron. En consecuencia, llegó la crisis. El pacto social se fracturó.

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Quizá, entonces, la única solución era económica. Por ende, llegó el primer neoliberal al poder en 1982: Miguel de la Madrid Hurtado. Acompañado de funcionarios tecnócratas  formados en la Secretaría de Hacienda Pública y el Banco Central. Para algunos el más destacado era Carlos Salinas de Gortari. La idea de la nueva élite era promover la economía, manejo eficiente de las políticas fiscales, adelgazamiento del Estado, fortalecimiento del mercado como único regulador de la economía.

De la Madrid eliminó los beneficios sociales, priorizo el mercado. El PRI perdió su vocación social. La tecnocracia legitimó a la derecha conservadora (PAN). Justo es decir que lo anterior llevó al nacimiento de la Corriente Democrática al interior del tricolor. Encabezada por Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo, el nacionalismo-revolucionario pretendió disputarle el poder a la élite tecnócrata.

La Corriente Democrática fue derrotada. Es así como se enfrentaron el ingeniero Cárdenas y Salinas en las elecciones de 1988. Exactamente, la izquierda electoral se concentraría en el PRD en 1989. El modelo neoliberal continuó con Ernesto Zedillo Ponce de León, quien marcó la sana distancia del partido, permitió la alternancia. El PRI perdió las elecciones en 2000 y 2006, sin embargo, conservó el poder en el Congreso de la Unión y los gobiernos estatales.

Sí, ya lo sabemos, los priístas regresaron a Los Pinos en 2012 con Enrique Peña Nieto, la nueva generación de gobernadores operó electoralmente para la victoria. Sostengo que el principal error de este sexenio es la corrupción e impunidad. Esto los tiene al borde del precipicio. La mayoría de los estudios ubican a su candidato presidencial en tercer lugar, en la agregación de encuestas tiene 23 por ciento. En el Senado y la Cámara de Diputados serían la tercera fuerza, así lo revela el último estudio publicado por El Financiero.

Y, en las nueve gubernaturas en juego sólo compiten en Yucatán. Han perdido militantes. Peña Nieto impuso a un candidato no priísta, miembro de la élite tecnócrata del país. Los egresados del ITAM (Videgaray, Nuño, etcétera) controlan al partido y las listas plurinominales. El PRI ideológicamente se alejó de su nacionalismo-revolucionario. Los dirigentes pueden estar confiadas a la estructura. Pero, una revisión minuciosa de los estudios demoscópicos señala que el sistema de partidos se modificará con el ascenso de Morena.

En San Luis Potosí, el escenario es catastrófico para Juan Manuel Carreras López: disminuirá su fuerza en el Congreso local, en la zona metropolitana la derrota ante el gallardismo está cantada, Érika Briones puede triunfar en Villa de Reyes, Morena le arrancaría el curul en el Senado y el regreso de Cándido Ochoa a la escena local le restará fuerzas. Carreras López se parece a Zedillo, funcionarios tecnócratas que no hacen política al interior de su partido.

El ascenso de la gallardía va acompañado de los errores del priísmo potosino. El silencioso pacto entre Ricardo Gallardo Juárez y el gobernador constitucional les cobrará los costos en el proceso electoral. Los priístas se ciegan, no aceptan el peligro inminente. No sólo podrían perder la presidencia, su poder real se vera disminuido.

Aguijón: Recomiendo la Historia mínima del PRI, editado por El Colegio de México y redactado por Rogelio Hernández Rodríguez.

@francotiradort1

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