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El mensaje ciudadano: con presupuesto, más gubernaturas y sin la joya de la corona arranca AMLO segunda parte de su mandato. Autora: Ivonne Acuña Murillo

El Presidente Andrés Manuel López Obrador después de votar en la Alcaldía Cuauhtémoc. Foto: Mario Jasso, Cuartoscuro.

“Todos ganan y pierden algo” se dice esta mañana después de un día de intensa participación electoral. Sin embargo, vale la pena analizar los resultados a la luz del mensaje que la ciudadanía envía a los partidos políticos, en particular, al Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), partido en el poder, y al presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), quien deberá prepararse para la segunda mitad de su sexenio.

De exitosa podría calificarse la jornada electoral de este domingo 6 de junio en términos de acción ciudadana. Largas filas pudieron observarse afuera de las 162 mil 540 casillas instaladas, 99.73% del total de las previstas, para recibir la votación para ocupar 20 mil 368 puestos de elección popular. De acuerdo con resultados del Conteo Rápido del INE se calcula que la participación de ayer se encuentra en un rango que va del 51.7% al 52.5%, la más alta registrada en los últimos 18 años, evidenciando con ello la importancia de esta elección.

Se sabe que en elecciones intermedias el interés por votar disminuye en relación con las elecciones presidenciales. Sin embargo, desde 2003 se aprecia un aumento gradual del número de personas que se movilizan para expresar su opinión a través de un voto. En este año, la participación fue de 41.19%, en 2009 del 44.60%, y en 2015 del 47.72%.

Una primera lectura permite inferir, como una razón posible de este incremento progresivo, la madurez democrática de una ciudadanía que ha aprendido a utilizar su voto como un instrumento no solo para premiar o castigar a quien gobierna o pretende hacerlo, sino como vía de comunicación para enviar mensajes a partidos políticos y figuras políticas preponderantes.

En esta elección, el primer mensaje es el enviado, de manera diferenciada, al presidente de la República, a su partido Morena y a la oposición formada por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el Partido Acción Nacional (PAN). De acuerdo con las tendencias recogidas a través del Conteo Rápido, Morena podría conservar una de las entidades que ya gobierna, Baja California, y sumar otras 9, quedándose con 10 de las 15 gubernaturas en competencia, a saber: Baja California Sur, Campeche, Colima, Guerrero, Nayarit, Sinaloa, Sonora, Tlaxcala y Zacatecas.

La preferencia electoral por Morena a nivel territorial es un claro rechazo a lo hecho por los gobiernos estatales, primero el PRI que pierde las 8 entidades que aun gobierna, la mayoría a manos de Morena que podría arrebatarle 7 de 8 estados: Colima, Guerrero, Sinaloa, Sonora, Tlaxcal, Zacatecas y Campeche aun en disputa por la cerrada competencia entre Layda Sansores San Román, abanderada de Morena y del Partido del Trabajo (PT) que aventaja las votaciones con 33.33%, y Christian Castro Bello, candidato de la alianza conformada por el PAN, el Partido de la Revolución Democrática (PRD) y el PRI con 32.91% una diferencia de menos del 1%, lo que les coloca en empate técnico.

En San Luis Potosí, el último estado gobernado por el PRI, el triunfo podría ser para la alianza PT-PVEM. De esta manera, el PRI debería ser visto como el gran perdedor (“Según conteos rápidos, el PRI no conservó ninguna gubernatura, La Jornada, 7 de junio).

De ganar Morena en Campeche, el PRI habría perdido todas sus gubernaturas a manos de Morena y sus partidos aliados. Fuerte mensaje de la ciudadanía en rechazo a un partido que gobernó de manera continua por 71 años y que busca, sin resultado, la manera de volver a los primeros sitios de la vida pública.

De vista a los resultados, se puede afirmar que de no ser por la alianza “Va por México”, y el triunfo de esta en la Ciudad de México (CDMX) el PRI vería muy cercana la extinción.

Ironía, que ahora el partido que dio entrada al PAN, a partir de las llamadas concertacesiones en un afán no declarado de formar un sistema bipartidista que dejara fuera a la izquierda política, mucho tiempo representada por el PRD, sea el que vaya quedando fuera de la jugada, al no representar ya una opción viable para la ciudadanía que se va decantando entre la derecha panista y la izquierda morenista, con un fuerte predominio de esta última.

Pero, no se piense que al PAN le fue muy bien en materia de gubernaturas, pues hasta ahora parece que solo conservará 2 de 4, Chihuahua y Querétaro, perdiendo Baja California Sur y Nayarit a manos de Morena.

Para el PRD el panorama no es mejor, pues podría perder Michoacán, el único estado en que gobierna, dado el empate técnico en que se encuentran las alianzas electorales formadas por el Partido del Trabajo (PT) y Morena, por un lado, y PRD, PAN y PRI, por el otro.

No parece descabellado que sea Morena y no el PAN el que arrebate al PRI todas su gubernaturas, si se piensa por un momento que López Obrador ha intentado rescatar la visión nacionalista-popular que algún día guió al antes partido hegemónico.

Morena entonces mantendría Baja California, se haría con las 6 gubernaturas ya mencionadas, mismas que se sumarían a las otras 5 que ya gobierna: Ciudad de México, Veracruz, Puebla, Tabasco y Chiapas.

Avanza Morena territorialmente desde 2015, primera elección en la que no ganó ninguna gubernatura, pero si el 8% de la votación total, convirtiéndose en la cuarta fuerza política a nivel nacional. En la elección presidencial del 2018 ganó la presidencia de la República y sus primeras 5 gubernaturas, pasando a ser la primera fuerza política del país y 2 entidades más en 2019, 7 en total. En las elecciones de este domingo 6 de junio podría ganar 10 de las 15 gubernaturas en disputa.

De confirmarse las tendencias este joven partido gobernaría 15 de 32 entidades, prácticamente la mitad del territorio, veloz carrera en tan solo 7 años de vida como instituto político.

El segundo mensaje enviado por la ciudadanía, a través de su voto, tiene que ver con el manejo del presupuesto público. De nuevo, si los resultados del Conteo Rápido se confirman, Morena, junto con sus partidos aliados tendría mayoría simple, 50+1, en la Cámara de Diputados, lo cual le permitiría aprobar el presupuesto gubernamental sin necesidad de recurrir a la oposición.

Por supuesto, para ello tendría que contar con el apoyo de sus aliados, siendo que se calcula que Morena se quedaría con 190 curules, en el peor de los casos, y con 203 en el mejor de ellos. Esto es, que Morena por si solo no tendría la mayoría necesaria para la aprobación del presupuesto y menos aún para pretender reformas constitucionales para lo cual requiere mayoría calificada, muy lejos del porcentaje obtenido en estas elecciones aun sumando a los partidos que le apoyan.

Sin embargo, para la mayoría simple requiere sumar los escaños ganados por el Partido Verde Ecologista de México (PVEM), mismos que se encontrarían en un rango que va de los 40 a los 48, y los del PT, de 35 a 41. La suma total sería de 265 escaños, en el límite menor del rango considerado, y de 292 en el límite superior. Esto llevó al presidente a afirmar, en la Conferencia Mañanera del día posterior a la elección que: “Los ciudadanos votaron no por un partido sino por un proyecto (…) (por) que continúe la política de transformación y lo decidió el pueblo”.

Lo anterior podría leerse como un acuerdo mayoritario en torno a la redistribución de la riqueza vía el presupuesto público, a partir de programas sociales como la pensión universal a personas adultas mayores, personas con discapacidad, becas a jóvenes para estudiar o trabajar, apoyos a madres solteras, etc.

Sin embargo, no todos los mensajes enviados a través del voto son positivos para Morena y el presidente de la República.

El tercer mensaje que pudo escucharse, fuerte y claro, es de rechazo a ambos en el contexto del, hasta ahora, principal bastión de la izquierda política mexicana en general, y del presidente López Obrador, en particular.

Como derrota histórica podría calificarse el resultado electoral obtenido en la CDMX por Morena en estas elecciones. Las 11 alcaldías que hoy gobierna: Álvaro Obregón, Azcapotzalco, Cuauhtémoc, Gustavo A. Madero, Iztacalco, Iztapalapa, Magdalena Contreras, Miguel Hidalgo, Tláhuac, Tlalpan, Xochimilco, se reducirán a 6: Gustavo A. Madero, Iztacalco, Iztapalapa, Milpa Alta, Venustiano Carranza y, sorprendentemente, Tláhuac.

Las y los votantes de la CDMX decidieron dar el triunfo a la alianza Va por México, formada por el PRI/PAN/PRD, sacando del poder a Morena en las alcaldías de: Azcapotzalco, Álvaro Obregón, Cuauhtémoc, Magdalena Contreras, Miguel Hidalgo y Tlalpan. En dos más, se mantienen el PRI, en Cuajimalpa, y el PAN, en Benito Juárez.

En Xochimilco aún no es claro qué partido gobernara y en Coyoacán se mantiene el PRD en Alianza con el PAN y el PRI.

La derrota no es menor, desde 1997 la CDMX antes, Distrito Federal, ha sido gobernada por la izquierda. Simbólico fue que, en su primera elección desde 1928, las y los capitalinos decidieran dar su voto a Cuauhtémoc Cárdenas Solorzano, del PRD, prácticamente ignorando al PRI y al PAN, partidos que habían mantenido, hasta ayer, una pobre presencia.

No es menor tampoco, siendo la CDMX la segunda entidad con mayor número de votantes, 7 millones 772 mil 400, seguida de Jalisco, con 6 millones 214 mil 732. El primer lugar, lo ocupa el Estado de México, con 12 millones 376 mil 517. Podría Morena reponer parte de este gran número de votos, ganando la gubernatura del Edomex, en 2023, preparando así el terreno para la elección presidencial de 2024.

Perder, prácticamente, la Ciudad de México vista como la “joya de la corona” y el escaparate ideal para iniciar el rumbo hacia la silla presidencial y donde se piensa habita la ciudadanía más crítica y reflexiva del país es, sin duda, una derrota histórica de la izquierda política encabezada por Morena.

Las razones podrían ser muchas, sin embargo, se ofrecen aquí tres de los factores que bien pudieron incidir para que tal derrota fuera posible.

Primero, la desgracia ocurrida en la Línea 12 del Metro, el 3 de mayo, en la que 26 personas perdieron la vida y 80 resultaron heridas, debido a errores de planeación y corrupción ocurridas durante el gobierno de Marcelo Ebrard Casaubón, y de mantenimiento en los gobiernos de Miguel Ángel Mancera y Claudia Sheinbaum Pardo sin que, hasta el momento, se haya sancionado a persona alguna y sin que siquiera se hubiera pedido a la actual directora del Sistema de Transporte Colectivo Metro, Florencia Serranía Soto, se alejara temporalmente del cargo.

Segundo, la decisión del presidente López Obrador de no visitar a las víctimas del accidente de Tláhuac y su respuesta exaltada en torno a que ya no son los tiempos de antes. En un esfuerzo del primer mandatario por abandonar la cultura política priista, bajo el argumento de que la ciudadanía está ahora “más despierta y avispada”, el presidente descuidó un importante elemento simbólico al negarse a visitar a las personas afectadas por lo que parece, a todas luces, una falta gubernamental.

La forma es fondo, se diría, y por segunda vez, al menos, López Obrador olvida que la mexicana sigue siendo una sociedad conservadora que aprecia sobremanera lo formal. La primera, fue el “cállate chachalaca”, dicho a Vicente Fox Quesada, presidente en funciones por su intervención en la campaña presidencial de 2006. Exabrupto que fue tomado a mal y que le costó a AMLO algunos puntos en intención de voto. Para mucha gente, fue un exceso que el principal opositor político del país tratara de esa manera a quien ostentaba el mayor cargo de representación popular.

En el caso de Tláhuac y la postura presidencial habría que pensar que, aunque el presidente ya cambió, no ha cambiado a la misma velocidad la ciudadanía que gobierna, acostumbrada aún a las viejas formas priistas.

Un tercer factor, puede ser, a reserva de esperar los resultados definitivos, así como la desagregación por sexo, la postura del presidente en torno al Movimiento Feminista y las mujeres, de manera que fueran ellas quienes decidieron no ratificar a Morena en todas las alcaldías gobernadas ni otorgarle ni una más.

Se puede cerrar esta participación preguntando: ¿Cuál de los tres mensajes estarán dispuestos a escuchar Morena y el presidente López Obrador para guiar sus acciones en la segunda parte del sexenio?

Ivonne Acuña Murillo.

Socióloga feminista, académica de la Universidad Iberoamericana. Analista política experta en sistema político mexicano y género. Autora de más de 250 artículos periodísticos y 25 académicos publicados en periódicos y revistas de circulación nacional. Ha contribuido al análisis del presente y el futuro de un país que se desgarra en múltiples medios escritos, radiofónicos y televisivos, tanto nacionales como internacionales.

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