El Espejo | La izquierda y los de abajo. Autor: Iván Uranga

“Somos muchos en todas partes aunque no sepamos que lo somos. Todos
los que actuamos movidos por la voluntad de Justicia y la fuerza de la belleza.”
Eduardo Galeano

La absurda polarización que le han impuesto a la sociedad los intereses políticos/económicos, le ha llevo a creer que existen por lo menos dos grandes masas de personas que se enfrentan entre sí; las izquierdas contra las derechas. La realidad es que sí hay dos polos, pero estos no están poblados por partes iguales de individuos, porque por un lado está el 1 por ciento de la población que son responsables de las políticas económicas en el mundo y que lo está llevando a su extinción y por el otro el 99 por ciento de la población que sufre las consecuencias; desafortunadamente millones de personas del 99 por ciento defienden los intereses del 1 por ciento, porque les convencieron que esa forma de producción y de consumo, les daría la felicidad, y les convencieron que las estructuras de poder a través de partidos políticos era la mejor manera para gobernar al mundo, porque ahí podían dirimirse las diferencias de criterios de cómo gobernar; aunque la realidad es que es ese 1 por ciento el que controla a todos los partidos políticos, y en la práctica lo único que cambia es la forma en la que se ejerce el capitalismo, pero nunca el fondo. Como sucede actualmente en México y en el mundo.

El origen de lo que ahora se le llama izquierda y derecha lo abordé ampliamente en “La Derecha o porque la Izquierda siempre ha sido montaña” hace unos años.

La expresión “los de abajo” en su cercanía cartográfica no se refiere a la falta de “carácter” de la izquierda actual en el mundo. Los de abajo somos todos los abajos posibles en la base de esa aguda pirámide que tiene por punta al 1% de los humanos y como base al otro 99%. Y como explicamos en el documento Re-Evolución, absolutamente nada que hagamos dentro de este sistema lograría que la paridad, la justicia y la libertad se convirtieran en los ejes de desarrollo de la humanidad. Porque cualquier cosa que surja en la transformación de esta sociedad se estructuraría con los mismos elementos políticos, económicos y sociales. Por lo que es necesario construir un sistema por encima del sistema actual en donde por principio se elimine el dinero como forma de intercambio social (por ejemplo). Pero en tanto logramos entender esto, les compartimos cuatro ideas de comunicación y entendimiento entre los de abajo y no tan abajo: La profundización de las diversas crisis y la emergencia de nuevos movimientos están promoviendo un debate sobre el papel de la izquierda en los cambios posibles y deseables. Muchos apuestan a una profunda renovación o a la unidad como forma de encontrar un norte que permita quebrar la hegemonía del sector financiero.

En general, los debates apuntan al papel de la izquierda política, o sea los partidos que se proclaman de izquierda. Superar las divisiones históricas, supuestamente alimentadas por diferencias ideológicas, sería un paso decisivo para ir más allá de la situación actual. La unidad entre las grandes corrientes, socialistas o socialdemócratas, comunistas y anarquistas o radicales, sería un paso imprescindible para que este sector esté en condiciones de jugar un papel decisivo en la superación de la crisis actual. La experiencia histórica dice, sin embargo, otra cosa.

La primera es que los partidos de izquierda no se unen si no existe un poderoso movimiento desde abajo que les imponga una agenda común. Quiero decir que los partidos de izquierda dependen del estado de ánimo y la disposición, para resistir o para acomodarse al sistema, de los trabajadores. Para la gente común los debates ideológicos son cosa de poca importancia. Las experiencias del Frente Popular en la España republicana, de la Unidad Popular en el Chile de Salvador Allende, del Frente Amplio en el Uruguay de Mujica, el Partido del Trabajo en el Brasil de Lula, el Movimiento Al Socialismo en la Bolivia de Evo , el Partido Socialista Unido de Venezuela de Chávez, el Frente Guasu en Paraguay, Perú Libre de Pedro Castillo o Morena de López Obrador en México indican que es el empuje de los diversos abajos lo que termina por derribar los sectarismos e impone, como mínimo, la unidad de acción. Fue la potencia del movimiento social la que decidió a muchos a apoyar en las urnas a los candidatos contra neoliberales, venciendo sus resistencias a lo electoral.

La segunda es que ese 99 por ciento que se supone que somos, frente al uno por ciento que detenta el poder y la riqueza, tiene intereses diversos y, en esta etapa del capitalismo, contradictoria. A grandes rasgos, hay dos abajos, como dicen los zapatistas. Los de más abajo, o los del sótano –indios, afros, inmigrantes, clandestinos e informales–, componen el sector más oprimido y explotado del amplio mundo del trabajo. Ese mundo está integrado básicamente por mujeres y jóvenes pobres, en general de piel oscura, que viven en áreas rurales y en periferias urbanas. Son los más interesados en cambiar el mundo, porque son los que no tienen nada que perder.

El otro abajo es diferente. En 1929 sólo uno por ciento de los estadunidenses tenía acciones que cotizaban en la bolsa de Wall Street. En 1965 ya eran 10 por ciento, y en 1980, 14 por ciento. Pero en 2010 el 50 por ciento de los estadunidenses eran propietarios de acciones. Con la privatización del sistema de jubilaciones y la creación de los fondos de pensiones, todo un sector de la clase trabajadora quedó engrapado al capital. General Motors y Chrysler fueron salvadas de la quiebra en 2009 por los aportes de los fondos controlados por los sindicatos. La segunda minera del mundo, la brasileña Vale, rechazada por ambientalistas y sin tierra, es controlada por Previ, fondo de pensiones de los empleados del Banco de Brasil, que tiene junto al BNDES una sólida mayoría en el consejo de administración de la multinacional.

Los fondos de pensiones de Brasil tienen inversiones que representan casi 20 por ciento del PIB del país emergente y controlan enormes empresas y grupos económicos, en México alcanza ya el 21%, sumando las afores y son manejadas en fondos de inversión por los principales grupos de especuladores. Los fondos son el núcleo de la acumulación de capital y son gestionados por sindicatos, empresas y Estado. Se trata apenas de dos ejemplos bien distantes para ilustrar el hecho de que la izquierda social, o los movimientos, supuestamente antisistémicos, tienen intereses contradictorios.

La tercera cuestión es que si reconocemos esta diversidad de intereses es para construir estrategias de cambio que estén enraizadas en la realidad y no en declaraciones o ideologías. ¿Cómo unir obreros manuales que ganan una miseria con empleados de cuello blanco que se sienten más cerca del patrón que de sus hermanos de clase? Los obreros que construyen la gigantesca hidroeléctrica de Belo Monte en Brasil, que será la tercera del mundo, se lanzaron a la huelga en diciembre porque ganan 500 dólares mensuales por 12 horas diarias de trabajo y la comida que les sirven está podrida. Fueron sus propios representantes sindicales de cuello blanco, los que llegaron hasta la obra para convencer a los obreros de que volvieran al trabajo. En México ahora son los miles de obreros que trabajan para empresas trasnacionales construyendo la refinería de Dos Bocas para el Gobierno, los que salieron a protestar por mejores condiciones de vida y el gobierno “progresista” de López Obrador, en lugar de interceder por los obreros con las compañías que contrató para hacer su refinería, envió a las fuerzas armadas para reprimir a los trabajadores, ante el silencio de la Secretaría del Trabajo y las declaraciones públicas de la secretaria de Energía, que afirmó que no iban a permitir desorden, al más puro estilo del gobierno del PRI de 1968. Y a quienes opinamos públicamente desde la izquierda, nos tienen popularmente prohibido opinar en contra del gobierno, porque en el extremo de la estupidez, argumentan que criticar acciones del gobierno, como la represión de los trabajadores, es apostar a desestabilizarlo, cuando son sus actos los que lo desestabilizan. Si criticamos fuertemente al gobierno, es porque realmente queremos que funcione, que cumpla, que mejore, no podemos conformarnos con simulacros de transformaciones.

Como planteé en el artículo “Inmovilidad social”, si en México no nos organizamos y salimos a defender lo ganado y presionamos para que el actual gobierno se mueva a la izquierda, sería muy fácil que el relevo de AMLO sea más de derecha, no podemos seguir siendo espectadores pasivos en espera de un cambio que no llega, cuando vemos que la principal estructura de vinculación del presidente con la ciudadanía se comporta como mafia y en lugar de ser Servidores de la Nación se sirven de la nación y abusan de los que menos tienen.

La cuarta es que toda estrategia para cambiar el sistema debe instalarse sólidamente entre aquellos que más sufren este sistema, los del sótano. Es un error pensar que la unidad orgánica de los de abajo es colocar en el timón de mando a los que hablan y negocian mejor, a los que tienen más medios para estar allí donde se toman las decisiones, o sea, el arriba del abajo. Son los que mejor se mueven en las organizaciones formales, las que cuentan con locales amplios y cómodos, funcionarios y medios de comunicación y de transporte.

Los del sótano se reúnen donde pueden. A menudo en la calle, el espacio más democrático, como los Occupy Wall Street, los indignados de Grecia y España, y los rebeldes de El Cairo, los bloques negros en México; no lo hacen en torno a un programa sino a un plan de acción. Y, claro, son desordenados, hablan a la vez y a borbotones, pero deben ser una voz.

Existen otros revolucionarios, que no están abajo a la izquierda, porque invirtieron la pirámide, son los que se cansaron de resistir, los que hace 30 años comenzaron a construir mundos, como si hubiéramos ganado y se colocaron por fuera y sobre el sistema, consiguieron la tierra bajo las condiciones del sistema y ahí formaron sus autonomías y su única interacción con el capitalismo es la defensa de sus territorios, que hoy aunque son propietarios de sus tierras según las leyes del capitalismo, como han convertido sus territorios en verdaderos paraísos, ahora el sistema está buscando la forma de arrebatárselos, por lo que también deben dar la lucha contra el enemigo común: el uno por ciento de criminales especuladores que quieren poseerlo todo.

En México está el caso específico de los zapatistas, quienes originalmente le declararon la guerra al Estado y en la actualidad sólo intentan sobrevivir dentro de sus autonomías, y salen a manifestarse públicamente cada vez que son agredidos por el Estado, pero nunca cuando cualquier otra comunidad, obreros, estudiantes o campesinos son agredidos. Son ya más de 90 mil desaparecidos y 90 mil muertos en esta administración que le son ajenos al EZLN,  y usan las redes nacionales e internacionales de solidaridad únicamente para la defensa de su organización en un pequeño territorio de Chiapas, México.

Si queremos empujar a nuestras sociedades a conseguir mejores condiciones para los que menos tienen, priorizando la vida por encima de la economía, debemos juntarnos a pesar de nuestras obvias diferencias. Las estrategias para cambiar el mundo deben partir, a mi modo de ver, de la creación de espacios para que los diferentes abajos, o izquierdas, se conozcan, el enemigo es común así que es necesario encontrar formas de comunicarse y de hacer, y establezcan lazos de confianza. Puede parecer poco, pero el primer paso es comprender que todos los sectores, o trayectorias, nos necesitamos, ya que el enemigo concentra más poder que nunca.

Recuerden siempre que el 1% de los dueños del poder y del dinero, los que están incendiando al planeta, harán todo lo posible por evitar que el 99% de los abajo nos juntemos, porque sería su fin.

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La vida es una construcción consciente.

Iván Uranga
Iván Uranga

Especialista en Ciencias Sociales, promotor de comunidades autónomas autogestivas, investigador social, docente de Permacultura, escritor de
ensayos, novelas, cuentos, teatro y poesía.

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