El caso Santiago Nieto y lo difícil que es ser químicamente puro. Autor: José Reyes Doria

Foto: @SNietoCastillo

José Reyes Doria

En apariencia, la causa de la salida de Santiago Nieto de la Unidad de Inteligencia Financiera fue que llevó a cabo una boda suntuosa y que invitó a adversarios de la llamada Cuarta Transformación. El presidente López Obrador está seguro de que Santiago Nieto debía portarse como Juárez, vivir y casarse en la justa medianía, sin ostentaciones que lo único que muestran es una gran insensibilidad social. Nada de lujos, mientras la mayoría del pueblo vive en la pobreza.

Tampoco debió invitar a un personaje como Francisco Ealy Ortiz, dueño de El Universal, un periódico que AMLO identifica como uno de sus más feroces adversarios. No debió convidar a otros invitados, priistas, panistas, magistradas, a nadie que tenga una postura contraria al gobierno de la República.

El caso Nieto pone sobre la mesa dos cuestiones morales muy interesantes: gastar o no gastar en una celebración privada y mantener o no mantener amistades con adversarios político-ideológicos. El pensamiento del presidente López Obrador, reiterado indeclinablemente cada mañana, ha escalado en sus alcances moralizadores: reprueba el individualismo y el egoísmo; advierte contra el aspiracionismo y el materialismo; condena el afán de acumular bienes o dinero; reprocha la molicie de los videojuegos y el consumismo; denuncia la falta de compromiso social de todos los que apoyaron al neoliberalismo.

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En términos escolásticos modernos, esas posturas morales de AMLO no tienen carácter político, no tienen significado político intrínseco. Pueden ser esgrimidas por políticos y gobernantes, de vez en vez así ocurre cuando el Príncipe asume el propósito de llevar su obra transformadora más allá de la cosa pública y pretende, también, cambiar las almas, las mentes y los corazones de la gente. Pero, desde Maquiavelo, la moral y la política caminan por senderos separados, aunque constantemente se entrecruzan. No obstante, López Obrador es consistente y disciplinado en su narrativa moralizadora, es evidente que mucha gente le cree y, lo más importante, que él mismo está convencido de la necesidad y la utilidad de su mensaje.

Por eso, entre su círculo de colaboradores tienen gran peso los postulados morales del Presidente. Sienten una presión adicional por la obligación de cumplir con los preceptos de comportamiento frugal, moderado, humilde, leal, desprendido, cuasi franciscano, que deben observar tanto en su desempeño profesional público como en el ámbito de su vida privada. Cualquier desliz puede ser descubierto, cualquier gusto que se den puede ser mal interpretado y, si tienen mala suerte, la cosa puede escalar y convertirse en un escándalo hasta ser expulsado del gobierno, recibiendo la reprobación presidencial. Desde luego, debe haber quienes no creen que el Presidente se enoje por ciertos comportamientos que siempre han practicado; si toda la vida han vivido con holgura y lujos, nada puede pasarles si, aun ocupando un cargo público, siguen viviendo de esa manera.

Santiago Nieto se había convertido en un personaje principal del gobierno de la 4T, con su acción investigadora implacable contra los dineros mal habidos. Pero se casó con una persona que es consejera del INE y es asociada con círculos afines al PAN. Además, como se dijo, invitó a su boda a adversarios acérrimos como el dueño de El Universal. Ambas cosas, pertenecientes a la esfera privada, personal, del Nieto, podrían ser interpretadas como actos de deslealtad a la Cuarta Transformación, sobre todo en momentos en que el Presidente pide definiciones inequívocas, requiere que los suyos clarifiquen si están con la transformación o con los conservadores, sin medias tintas.

Por lo que se ve, en cierto modo así fue interpretada esa conducta de Santiago Nieto. El otro tema, haber celebrado una boda suntuosa, en otro país, también podría haber sido leído como una debilidad espiritual que no pudo resistir la tentación del festejo exuberante, lo cual puede indicar un escaso compromiso con la austeridad y la moderación juarista. Al parecer, así fue interpretada en Palacio Nacional la boda de Santiago Nieto y, en consecuencia, fue expulsado del gobierno transformador.

La cuestión es por demás interesante. La política ocurre en la esfera pública, tanto el sistema político como las leyes delimitan el ámbito de lo político a lo público. La vida privada, los sentimientos, los valores y los hábitos, mientras no sean ilícitos, están fuera del ámbito de la política, pertenecen a la esfera privada, a la intimidad de las personas. Claro, lo personal y lo privado, en ciertas circunstancias, adquiere significado político, pero cuando ello llega ocurrir casi siempre es detonado por la incursión del comportamiento personal en el ámbito de alguna ley o alguna política.

La vida privada, la autonomía individual, están fuera del alcance de lo público, de la política, del gobierno, de la policía. En el ámbito personal, la gente recibe mensajes y exhortos morales proveniente de las iglesias, de las asociaciones, de las familias, de los vecinos; pero rara vez ocurre que los llamados morales vengan del gobierno, del ámbito público. Ahora, en el gobierno de López Obrador, el mensaje moral proveniente del Presidente es mucho más intenso que antes. Sin embargo, la impresión que queda es que esa prédica difícilmente tendrá algún efecto en el pueblo raso.

Pero otra cosa son los servidores públicos, sobre todo los cercanos a los círculos de poder de la llamada 4T. Ahí es donde el mensaje moral pesa, condiciona y angustia a buen número de ellos. Porque ese mensaje no solo alude a la ética del servidor público y la exigencia de que actúe con honestidad y eficiencia, lo cual está incluso en la legislación aplicable. Lo interesante está en que el mensaje moral abarca importantes franjas de la vida privada, las ideas y los comportamientos de esos servidores públicos. El tema es atractivo para la observación y la investigación acerca de los efectos que está teniendo ese mensaje, tanto en el desempeño de los funcionarios como en sus mentalidades. La Secretaria de Turismo de la CDMX, invitada a la boda de Santiago Nieto, fue cesada por trasladarse al evento en un avión privado. La Jefa de Gobierno fue clara y contundente: ningún servidor público de la 4T puede subirse a un avión privado. Son postulados implacables, habrá que ver si derivan en la formación de servidores públicos convencidos de la moral austera, o si devienen en simulación y erosión de la gestión pública.

@jos_redo

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