La reforma eléctrica: ¿Gran transformación o Waterloo de AMLO y/o del PRI? Autor: José Reyes Doria

Imagen ilustrativa. Foto: Michael Schwarzenberger.


José Reyes Doria

@jos_redo

La iniciativa de reforma energética del presidente López Obrador sacude el tablero político, su desenlace puede tener efectos impactantes en el futuro inmediato del país. El telón de fondo es una fuerte confrontación ideológica que expresa, como en los años ochenta cuando la implantación del neoliberalismo, una nueva versión de la disputa por la nación. La batalla apenas empieza, en la Cámara de Diputados Morena ya estableció que, si acaso, la iniciativa se votará en diciembre. Mientras se van decantando posturas e intereses, cabe revisar algunos de los numerosos ángulos de este proceso.

La seguridad energética:

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La cuestión fundamental es la obligación del Estado de garantizar el acceso continuo a la energía que requiere la economía nacional, así como satisfacer la necesidad de energía en el ámbito doméstico. Esto quiere decir que la energía debe suministrarse sin interrupciones, sin apagones, sin insuficiencias, con la certeza indispensable de que habrá continuidad en el mediano y largo plazos. Pero la seguridad energética implica también que el acceso a la energía se realice con base en precios que puedan pagar todos los sectores, tanto los empresarios, como los consumidores domésticos; de tal forma que el acceso garantizado a la energía no sea solamente para los que pueden pagarla, sino que se implemente con una perspectiva de inclusión y equidad.

También, la seguridad energética implica que el acceso a la energía debe darse en condiciones de sustentabilidad y sostenibilidad. Es decir, a partir del uso racional de los recursos naturales, en una perspectiva ecológica de conservación y protección del medio ambiente. Y a partir de un manejo responsable de las finanzas públicas, de modo que la generación, distribución y consumo de energía no implique déficit, deuda o subsidios excesivos que pongan en riesgo la Hacienda pública.

Todos estos elementos forman parte de las definiciones de seguridad energética internacionalmente aceptadas. La pregunta es: ¿el modelo de industria eléctrica que propone López Obrador logrará la seguridad energética de México? Desde luego, la misma pregunta debió haberse hecho en 2013, cuando se llevó a cabo la reforma de Enrique Peña Nieto. Es difícil encontrar las respuestas, porque ello requeriría un balance al paso de los años, pero una cosa es cierta: el acceso a la energía de la economía y la sociedad mexicanas es, desde hace décadas, incierto, precario, irregular, insuficiente y muy caro.

La disputa político-ideológica:

El presidente López Obrador está seguro que lo mejor para el pueblo de México es que el Estado tenga el control de la generación, distribución y comercialización de la energía eléctrica. Que la CFE opere en condiciones de preponderancia y las empresas privadas que puedan acreditar buena fe para participar en el mercado, estén supeditadas a las prioridades y lineamientos que determinen el gobierno popular y la propia CFE. El modelo que propone AMLO parte de la certeza de que moral y políticamente, la industria eléctrica debe gestionarse con base en los postulados ideológicos de Lázaro Cárdenas, quien tenía la superioridad moral de ser la expresión de la Revolución Mexicana, la cual es, a su vez, la Tercera Transformación, de la cual el presidente se siente heredero único y directo.

La derecha, por su parte, completa la lucha ideológica reduccionista, con los argumentos de que la reforma de AMLO destruye la libertad del sacro santo mercado, que va a burocratizar y corromper la industria eléctrica, y que va a quebrar las finanzas públicas. Advierte también un “tarifazo”, pues está segura, la derecha, de que la intervención del Estado en el mercado es intrínsecamente nociva para la economía, para la ciudadanía y para el país. La derecha pondera, con razón, que las empresas privadas perderán alrededor de 40 mil millones de dólares que han invertido en la industria eléctrica, pero eleva la protección de esas empresas a valor supremo, ideologizando así el argumento.

Mientras unos le apuestan todo al control del Estado, otros abominan toda óptica basada en el interés público y el bienestar del pueblo. Trazada así la disputa ideológica, es claro que los unos no van a convencer a los otros, pero es evidente que el presidente López Obrador ganará el debate, a la luz de lo distorsionada y disfuncional que está la industria eléctrica y las evidencias de corrupción y malos manejos en el pasado reciente.

La pregunta aquí es: ¿esa certeza moral e ideológica de AMLO bastará para doblegar a las fuerzas políticas y económicas que se oponen a su reforma? El panorama es impredecible. La cuestión se ha enfocado en el PRI, saber si va a ser un verdadero opositor fiel a la Alianza opositora, o la va a traicionar y, por las razones que sean, va a darle los votos suficientes a López Obrador en el Congreso. Es claro que sin los votos del PRI la reforma no pasa, por eso está siendo objeto de una intensa presión. Por un lado, AMLO lo emplaza públicamente a no traicionar al pueblo, a no apoyar a los corruptos; y es de suponer que, en privado, estaría presionando con abrir carpetas judiciales a un gran número de líderes tricolores para “convencerlos” de que apoyen la reforma eléctrica.

Por otro lado, el PRI está recibiendo presiones de grupos políticos internos y los demás partidos de oposición, advirtiéndole que si se entrega a AMLO perderá lo que le queda de fuerza e identidad y que, definitivamente, será expulsado de la Alianza opositora. Los empresarios inconformes también presionan al PRI, le advierten que, de apoyar la reforma eléctrica, se sumarán al boicot opositor contra ellos, cortando todo apoyo económico de cara a las elecciones por venir.

Pero no todo se resolverá en el seno del PRI. La reforma eléctrica de AMLO es tan polarizadora, que se no debemos descartar divisiones en el seno de la propia Morena y en el interior de la alianza oficialista integrada por ésta, el PT y el Verde. No olvidemos también que la reforma eléctrica ocurre en plena lucha soterrada por la sucesión presidencial, lo cual hace que cada posicionamiento de los grupos de poder al interior del bloque gobernante, se piensen una y otra vez, que se definan con una perspectiva de las conveniencias estratégicas de las diversas candidaturas presidenciales que se van perfilando. No olvidemos que dos de los aspirantes tienen clara incidencia en el Congreso: Ricardo Monreal como coordinador de los senadores de Morena y Marcelo Ebrard a través del presidente de Morena, Mario Delgado, quien tiene gran influencia en la Cámara de Diputados.

Si la reforma eléctrica no pasa en el Congreso, AMLO perdería inevitablemente poder político, sobre todo porque la imagen de poder que proyecta sería percibida como débil y menguante. En cuanto al PRI, probablemente salga perdiendo en cualquier escenario.

El modelo de control de la CFE:

La propuesta de reforma eléctrica de AMLO implica un control amplio, casi absoluto del sector eléctrico. Impone la presencia mayoritaria y preponderante, sin competencia significativa, de la CFE. Esto en sí mismo, ya es objeto de una fuerte disputa económica, además de la mencionada batalla ideológica. Pero la reforma de López Obrador también propone eliminar las regulaciones más o menos autónomas del sector eléctrico, pues tanto la CRE como el CENACE pasarían a ser áreas subordinadas de la CFE.

¿Acaso no es posible, por decirlo así, una convivencia entre una CFE preponderante y una regulación autónoma? El tema es también polémico, pues el esquema de reguladores autónomos también ha sido fuertemente cuestionado por López Obrador, y con cierta razón, pues los órganos reguladores no han podido o no han querido corregir las distorsiones de los mercados y sectores que regulan, permitiendo que sigan imperando condiciones de corrupción y abuso en perjuicio de consumidores, audiencias y usuarios. Lo cierto es que para un poder tan grande como el que tendría la CFE, debe haber una regulación confiable, eficiente e independiente.

Finta:

¿Y qué tal si es cierto lo que se maneja como posible motivación de la iniciativa: que AMLO en realidad no busca que se apruebe; que el verdadero objetivo es atizar la olla político-ideológica para profundizar posturas de cara a las consultas, revocaciones y elecciones que vienen?

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1 COMENTARIO

  1. Se aceptan todas las observaciones, señalamientos y hasta golpeteos, pero esto es RIDICULO, no es AMLO y/o el PRI, es un país completo, en autor lo reduce a un partido y a un patriota, tendenciosa, parcial y totalmente desinformado, PORQUÉ CALLÓ ANTE EL SAQUEO, ABUSO Y EL USUFRUCTUO de los recursos en los sexenios del prian?? EL SILENCIO TAMBIÉN DICE MUCHO, países de “primer” mundo -como si fueran muchos- están chillando por la falta de energías, ya ni siquiera “limpias” la qué sea, y el autor se centra en que si el PRESIDENTE PERDERÍA FUERZA!!! AMLO LLEGARÁ AL FINAL DE SU MANDATO MUY POR ENCIMA DE CUANDO ENTRÓ, MONREAL TRAIDOR Y AMBICIOSO, ya no le sirve ni a él mismo. PERO NOS VEMOS EN LAS URNAS, YA SABEMOS QUIENES SON LOS TRAIDORES A LA PATRIA, ADIOS PAN, ADIOS PRI SI TE SIGUES PROSTITUYENDO.

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