Zapatos sin bolear. Autora: Pilar Torres Anguiano

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En más de una ocasión recuerdo haber rescatado mis tenis viejos de la basura y tener que regresar a cambiarme porque mi outfit no pasó la aduana en la puerta de mi casa. Muchos años después, se lo agradezco. Pero mis tenis viejos eran muy importantes para mí, dignos de un análisis fenomenológico.

Edmund Husserl es el padre de la fenomenología, una de las corrientes de pensamiento más influyentes del siglo XX, de acuerdo con la cual, el sujeto capta los objetos del mundo exterior con la conciencia, tal es el punto de partida de todo conocimiento. La conciencia capta objetos que se aparecen ante nosotros como fenómenos que se hacen presentes. Es activa y dinámica, y constituye su propio mundo a partir de sus vivencias; así, le da vida al objeto, lo vivifica y le da sentido.

Todo lo que percibimos se convierte en una representación, a través de la cual establecemos una correlación con el mundo. Para representar algo en la mente necesitamos percibirlo, no importa si se refiere a escuchar música, leer poesía, caminar por las calles con nuestros zapatos viejos. Todo aquello son vivencias, y para la fenomenología son la base de la conciencia. Fenomenológicamente, así de importantes eran para mí mis tenis.

Hablando de calzado desgastado y en medio de comentarios baratos, malintencionados y superfluos, recordé otro par de zapatos más célebres, más bellos y, sobre todo, de los que sí vale la pena hablar: “Viejos zapatos con cordones” el cuadro de Van Gogh, de 1886 cuya imagen ilustra este escrito y que fue elegida por Martin Heidegger para ilustrar su teoría sobre el origen del arte. 

Para los críticos, esta es una obra muy especial porque el creador describe, en un solo cuadro, toda una vida. Cada detalle está elegido en función de esa idea de pobreza que quiere transmitir: la composición, el color, la luz, etcétera, todo desempeña su importante papel en el conjunto.

La intención del artista no es precisamente hacer una reproducción exacta de la realidad, del colorido real, sino en expresar una idea: la pobreza, el trabajo, etcétera. Por ello, elige colores que crean un ambiente lúgubre, que da una sensación de tristeza, de miseria, de pobreza. Si Van Gogh hubiera elegido otros colores, más claros, más vivos, más reales: blancos, rojos, azules, verdes… la sensación de desamparo no habría sido la misma. Comunicaría algo distinto de lo que quiere expresar (esto último nos pasa a varios).

En la obra Arte y Poesía de Martin Heidegger, menciona lo siguiente, al respecto de esta obra:

“En el cuadro de Van Gogh ni siquiera podemos decir dónde están estos zapatos. En torno a este par de zapatos de labriego no hay nada a lo que pudieran pertenecer o corresponder, sólo un espacio indeterminado. Ni siquiera hay adheridos a ellos terrones del terruño o del camino, lo que al menos podía indicar su empleo. Un par de zapatos de labriego y nada más. Y sin embargo…

En la oscura boca del gastado interior bosteza la fatiga de los pasos laboriosos. En la ruda pesantez del zapato está representada la tenacidad de la lenta marcha a través de los largos y monótonos surcos de la tierra labrada, sobre la que sopla un ronco viento…

Bajo las suelas se desliza la soledad del camino que va a través de la tarde que cae. En el zapato vibra la tácita llamada de la tierra, su reposado ofrendar el trigo que madura y su enigmático rehusarse en el yermo campo en baldío del invierno.”

Como la mayoría de las personas, reconozco las obras más representativas y famosas de Van Gogh. Nada más. Dentro de lo ordinario que suena esto, el cuadro de los zapatos es una obra que siempre he apreciado mucho, sobre todo, al intentar explicarla a la luz de la fenomenología. Cuando comienza uno a entender un objeto, cambia su significado y se esclarece su sentido, pero, siempre hay algo que no se logrará entender. Tal vez al conocer definitiva y completamente las intenciones de Van Gogh al pintar esta obra, la magia que la envuelve se disolvería. Así como en el arte, en la vida real, siempre hay cosas cuyo significado va más allá de lo que se percibe a simple vista.

A propósito de los zapatos sin bolear del presidente, debe haber un punto medio entre el lamentable “es una pena que alguien así; represente al presidente de una nación”, del pseudo periodista Ferriz, imitador de su papá; y la absurda romantización de los fieles seguidores del presidente. Digo yo.

@vasconceliana

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