Por Raúl Menchaca
LA HABANA, 20 abr (Xinhua) — La política del gobierno del presidente estadounidense, Donald Trump, hacia América Latina está enmarcada en un contexto de ofensiva imperialista en la región, consideró el politólogo cubano Juan Angel Cordero.
«Washington ha emprendido una ofensiva diseñada desde la década de los 80 del pasado siglo, con la llamada Revolución neoconservadora que establecía el accionar para recuperar la relativa pérdida de hegemonía en la región», señaló a Xinhua el académico del habanero Centro de Investigaciones de Política Internacional (CIPI).
El investigador del CIPI consideró que Estados Unidos se siente amenazado por nuevos poderes emergentes que ya tienen una presencia significativa en la región, «y eso lo perciben como una amenaza a su seguridad nacional en el entendimiento de que su área de influencia no puede ser disputada por otros poderes globales».
Cordero, quien posee una Maestría en Estudios Políticos y Sociales en la Universidad de La Habana, ve en el enfoque estadounidense una mayor agresividad luego de que la región experimentó hace 15 años el ascenso de un conjunto de gobiernos progresistas.
«Ante ese dilema empiezan a emprender un conjunto de medidas e instrumentos con el objetivo de frenar ese relativo declive de hegemonía y la administración Trump ha apelado a todos los instrumentos a su alcance», señaló el especialista en temas latinoamericanos y caribeños.
«La respuesta de Washington es clásica y tiene que ver con la Doctrina Monroe, que preconiza América para los norteamericanos», dijo en referencia a la política atribuida al presidente James Monroe, en 1823, y que consideraba a América Latina como una zona de intereses exclusivos de Estados Unidos.
Sin embargo la región, en su larga relación con Estados Unidos, aprendió a preservar determinadas cuotas de intereses nacionales, por lo cual el camino más expedito que diseñó esta administración es la política del «Big Stick» (el Gran Garrote), basada en el uso de la fuerza contra quienes se opongan a los intereses norteamericanos, indicó.
«Por eso hay una ofensiva de cambio de régimen diseñada contra los procesos progresistas de América Latina, que tiene su mayor impronta en Venezuela, pero está el caso de Nicaragua y el caso de Cuba», afirmó Cordero.
En ese sentido, el experto mencionó que hay una ofensiva del «Poder duro», sobre todo con medidas de guerra económica, diplomática, mediática y psicológica, contra los procesos esos para provocar un cambio de régimen.
El académico citó particularmente el caso de México, cuyo presidente Andrés Manuel Obrador ha planteado una política de mejoramiento de la vecindad con Estados Unidos, pero recibe desde la Casa Blanca un discurso más duro, más agresivo.
«México es una alta prioridad para Washington que pretende otorgarle el papel de contención de esa migración que está cruzando por el territorio mexicano hacia la frontera norte con vista a llegar a Estados Unidos», explicó el experto.
En su opinión, el choque está dado por la intención de López Obrador de aplicar una política de contención migratoria al interior de México, basado en mejores condiciones de vida para que las personas encuentren las oportunidades en ese país y no se vean forzados a emigrar.
En Centroamérica, el diseño estadounidense está basado en el Programa del Triángulo Norte, que incluye a Guatemala, Honduras y El Salvador, donde posesionaban fuerzas militares a cambio de determinados tipos de ayuda, señaló.
«Ante la migración descontrolada en el Triángulo Norte la respuesta ha sido el recorte de todos esos programas y de una mayor utilización de los fondos para hacer regresar hacia los países de origen a los migrantes», agregó el politólogo.
Cordero es miembro del Consejo Editorial de la Revista «Cuadernos de Nuestra América» y jefe del Proyecto de Investigación del CIPI sobre América Latina y el Caribe.

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